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Mantener un horario regular para acostarse podría mejorar la salud del corazón y reducir el riesgo de sufrir problemas cardiovasculares, como infarto o derrame cerebral, mostró un estudio publicado en la revista Science.
Investigadores de la Universidad de Oulu, en Finlandia, midieron la actividad del sueño de 3 231 personas de 46 años mediante dispositivos portátiles durante una semana.
Al dividir a los participantes que dormían menos de ocho horas en grupos según sus hábitos de sueño (regulares, bastante regulares e irregulares), los datos mostraron que quienes dormían de forma irregular tenían el doble de riesgo de sufrir un evento cardíaco grave en la próxima década, en comparación con quienes lo hacían de forma regular.
Una mayor variabilidad en el punto medio del sueño (el intervalo entre la hora de acostarse y la de despertarse) también se asoció con una peor salud cardiovascular.
Los datos mostraron que la hora de despertarse tampoco parecía importar, la relación solo se observó en las grandes variaciones a la hora de acostarse.
En el grupo con horarios irregulares, la variabilidad promedio en la hora de acostarse durante la semana fue de 108 minutos, en comparación con los 33 minutos del grupo con horarios regulares.
Si bien los investigadores controlaron factores como la presión arterial, el sexo y el ejercicio, no se puede demostrar una relación de causa y efecto, sino solo una asociación notable.
Los investigadores creen que los ciclos naturales de 24 horas que experimenta nuestro cuerpo —ritmos circadianos— podrían ayudar a explicar parte de esta asociación.
Cambiar la hora de acostarse cada noche probablemente altere estos ritmos, lo que a su vez impide que el corazón tenga los períodos adecuados de descanso y recuperación.
La pesquisa reconoció que el estrés cotidiano también podría desempeñar un papel importante.
Los desafíos de la vida diaria que afectan los horarios de sueño —como la carga de trabajo o los problemas de salud mental—suelen afectar la salud cardiovascular.
07 abril 2026 | Fuente: Prensa Latina | Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2026. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A. | Noticia
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La cafeína, tan cotidiana en una taza de café, podría proteger la memoria social incluso cuando las horas de sueño no alcanzan. Según una investigación, que fue publicada en Neuropsychopharmacology, ese estimulante logró evitar el olvido en ratones privados de descanso y reparó daños en sus circuitos cerebrales.
Los hallazgos fueron realizados por científicos de la Universidad Nacional de Singapur y abren nuevas preguntas sobre el rol de la cafeína en la memoria, más allá de mantener la vigilia.
Detectaron que la cafeína restauró la memoria social en animales privados de sueño
Tras los resultados, los investigadores afirmaron que “la suplementación con cafeína restauró tanto la plasticidad sináptica de larga duración en la vía EC-CA2 como la memoria social en ratones privados de sueño, sin inducir hiperactividad en los animales de control”.
Olvidar rostros conocidos tras dormir poco puede parecer común. Los científicos de Singapur abordaron cómo la falta de sueño afecta la memoria social, que es la capacidad de reconocer y recordar a otros.
La memoria social permite distinguir a individuos familiares de desconocidos. Los investigadores estudiaron el hipocampo y su región CA2, que son fundamentales para este tipo de memoria.
El objetivo fue saber si la privación de sueño altera la función de la región CA2 y si la cafeína puede proteger esa función. Así se buscó entender los mecanismos cerebrales que unen sueño, memoria y cafeína.
El sueño insuficiente representa una amenaza para la salud mental. Los científicos analizaron el papel de la cafeína como posible protector de la memoria social, en un contexto donde cada vez se duerme menos.
Cómo se hizo el estudio y qué se encontró
Trabajaron con 119 ratones machos C57BL/6J, criados en ambientes controlados. Los animales estuvieron despiertos cinco horas con estímulos suaves, como mover la jaula o tocarlos.
La memoria social se evaluó con pruebas de reconocimiento entre ratones. Los privados de sueño tuvieron dificultad para reconocer a otros ya conocidos.
“Los ratones privados de sueño no lograron distinguir un ratón familiar de uno nuevo, lo que sugiere un deterioro de la memoria social”, detallaron los investigadores.
Durante una semana, un grupo de ratones recibió cafeína en el agua antes de la privación de sueño. Esto aseguró una dosis constante, similar al consumo humano cotidiano.
La cafeína protegió la memoria social y la plasticidad sináptica en la región CA2
A nivel molecular, la falta de sueño aumentó la enzima PDE4A5 y redujo proteínas como PKMζ, pERK1/2 y BDNF en el hipocampo CA2. La cafeína normalizó estos valores.
La cafeína también se aplicó de forma directa en cortes de cerebro. La transmisión sináptica mejoró, aunque los ratones no hubieran recibido cafeína antes.
La aplicación de cafeína mejoró la señalización en la región CA2, tanto en animales con sueño normal como en los privados de sueño, resaltaron.
El patrón de sueño de los ratones no presentó cambios con la cafeína y no se detectaron efectos adversos. La cafeína actuó sobre los receptores de adenosina, una molécula que se acumula cuando falta el sueño y que reduce la actividad de los circuitos de memoria.
Los investigadores aclararon que los resultados solo se demostraron en ratones. “Aunque ratones y humanos comparten muchas características biológicas, los hallazgos deben confirmarse en estudios con personas y sus hábitos de consumo de cafeína y sueño”, expresaron.
La región CA2 del hipocampo podría ser clave para tratar pérdidas de memoria por falta de sueño o en casos de demencia. Por eso, recomendaron investigar los efectos a largo plazo, diferencias por sexo, edad y aplicaciones en humanos.
27 marzo 2026 | Fuente: Infobae | Tomado del sitios web | Noticia
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Entre el trabajo, los estudios, las relaciones y las obligaciones diarias, muchas personas postergan el cuidado de la salud en sus primeros años de adultez. Sin embargo, expertos advierten que las decisiones que se toman en esta etapa pueden influir de manera directa en cómo funcionará el cuerpo décadas después.
Adoptar hábitos saludables entre los 20 y los 30 años puede influir de manera decisiva en la salud a largo plazo, según expertos de la Universidad de Stanford. Iniciar rutinas beneficiosas desde etapas tempranas funciona como una inversión que ayuda a prevenir enfermedades y favorece el bienestar integral con el paso de los años.
El desarrollo de buenos hábitos durante la juventud es el eje de las recomendaciones de los especialistas. Los profesores Michael Fredericson, Abby King, Clete Kushida y David Spiegel coinciden en que las decisiones de esta etapa establecen la base de la salud física y mental en el futuro. Incluso pequeños cambios sostenidos en alimentación, movimiento, descanso y manejo emocional generan beneficios acumulativos, aunque en el presente no parezcan urgentes.
- Ejercicio de fuerza para proteger músculos y huesos
Uno de los pilares señalados es el entrenamiento de fuerza. Fredericson explica que durante los 20 y 30 años se alcanza el punto máximo de masa ósea y muscular, lo que ofrece protección frente a lesiones y fragilidad en etapas posteriores. Este tipo de ejercicio implica trabajar los músculos contra una resistencia, ya sea con pesas, bandas elásticas o el propio peso corporal.
El especialista remarca que el estímulo debe ser suficiente para generar adaptación: el esfuerzo tiene que acercarse a la fatiga muscular, cuando solo es posible completar una o dos repeticiones más. Se recomiendan al menos dos sesiones semanales, una práctica especialmente importante en mujeres, ya que contribuye a preservar la densidad ósea y reducir el riesgo de osteoporosis.
- Actividad cardiovascular para reducir el riesgo de enfermedades
En paralelo, la actividad aeróbica cumple un rol clave en la prevención de enfermedades. Estudios recientes citados por la institución muestran que mejorar la capacidad aeróbica reduce el riesgo de infarto, accidente cerebrovascular, diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer. Un análisis indicó que aumentar la aptitud física puede disminuir la mortalidad general entre un 11 % y un 17 %.
King subraya que no se trata solo de entrenar, sino de moverse más a lo largo del día. Caminar alrededor de 7 000 pasos diarios ya aporta beneficios relevantes. Permanecer sentado más de ocho horas por jornada, advierten los expertos, implica un riesgo comparable al del tabaquismo. Por eso, recomiendan interrumpir el sedentarismo con pausas activas cada media hora.
- Alimentación basada en alimentos reales
La alimentación equilibrada es otro eje fundamental. El estudio CARDIA, que siguió a más de 5 000 adultos jóvenes durante 35 años, mostró que una dieta rica en vegetales, cereales integrales y baja en comida ultraprocesada se asocia con menor riesgo de enfermedades cardíacas y resistencia a la insulina en la mediana edad.
King aconseja priorizar alimentos reales y fáciles de incorporar a la rutina diaria. Tanto ella como Fredericson destacan los beneficios de la dieta mediterránea, basada en verduras, frutas, legumbres, granos integrales, grasas saludables y proteínas magras. También sugieren consumir entre 0,8 y 1 gramo de proteína por kilo de peso corporal por día, llenar la mitad del plato con frutas y verduras y limitar el alcohol.
- Dormir lo suficiente y con buena calidad
El descanso adecuado es igual de determinante. Kushida señala que dormir más de siete horas por noche es lo óptimo para la mayoría de los adultos. La falta crónica de sueño se asocia con mayor riesgo de obesidad, diabetes y problemas cardiovasculares, incluso si se intenta compensar durmiendo más los fines de semana.
Para mejorar la calidad del sueño, recomienda mantener horarios regulares, exponerse a la luz solar por la mañana y reducir el uso de pantallas antes de acostarse. Si el cansancio persiste pese a dormir lo suficiente, puede existir un trastorno no diagnosticado, como apnea o insomnio, que también afecta a adultos jóvenes.
- Desarrollar herramientas para manejar el estrés
Spiegel destaca que la presión emocional constante puede afectar tanto la salud mental como la física. Técnicas como la respiración profunda, la meditación y la auto-hipnosis demostraron ser útiles para reducir ansiedad y dolor en distintos estudios.
Además, mantener una rutina saludable en general contribuye a mejorar la capacidad de afrontar situaciones exigentes. Spiegel subraya que pedir ayuda profesional cuando el malestar se sostiene en el tiempo es una estrategia de cuidado, no una señal de debilidad, y que aprender a gestionar las emociones desde la juventud facilita la adaptación a los desafíos futuros.
Establecer estos hábitos desde temprano aumenta las probabilidades de llegar a la adultez con mejor salud física y mental y reduce la necesidad de revertir daños acumulados con el paso del tiempo. Para los especialistas, el cuidado no comienza cuando aparecen los problemas, sino mucho antes, en las decisiones cotidianas que se repiten a lo largo de los años.
15 enero 2026 | Fuente: Infobae | Tomado de | Noticia
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La calidad del sueño y algunos hábitos de vida saludable como comer fruta y verdura o hacer deporte, constituyen beneficios psicológicos en los jóvenes, asegura una investigación publicada hoy en la revista Plos One.
Científicos de la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda, demostraron que estos hábitos son independientes y acumulativos, por lo que su adopción escalonada podría aumentar el bienestar psicológico.
Esta generación de jóvenes se enfrenta a tensiones únicas como el estrés financiero, presiones educativas y otros factores sociales que pueden reducir la felicidad, advirtió el líder de la investigación y profesor en la Universidad neozelandesa, Tamlin Conner.
Por ello, comprender cuáles son los desencadenantes conductuales que mejoran dicho confort emocional puede ayudarlos no solo a sobrevivir, sino a prosperar durante esta etapa tan difícil de sus vidas, señaló.
Para los autores, aunque el estudio no demuestre ningún vínculo causal entre estos hábitos y la salud mental, los resultados puedan ser de ayuda para mejorar la calidad de vida de estos adultos.
Investigaciones anteriores vinculaban los hábitos de vida con una mejora en el estado de salud. Sin embargo, la evidencia de que también influía en la mente era muy reducida.
Por aquel entonces, los estudios solían describir siempre enfermedades mentales y obviaban cómo el comportamiento humano podría interactuar con nuestra psicología.
La evidencia de que los hábitos saludables también influyen en nuestra psicología era muy reducida
Para abordar este enfoque, el equipo científico comparó tres hábitos saludables –el sueño, la alimentación y la actividad física– con el bienestar emocional que generaba su implementación en adultos entre 17 y 25 años.
Usaron datos de una encuesta de más de mil personas de países anglosajones, otra investigación cualitativa de 13 días en la que pidieron a los participantes que llevaran un diario; y finalmente, un estudio de ocho días para monitorizar la actividad física.
Los resultados demostraron que todas estas rutinas se asociaban a sensaciones de plenitud, aunque el sueño prevalecía sobre todas las demás. Comer frutas y verduras o hacer deporte, por otro lado, se asociaron a un mayor confort psicológico en tiempo real. Aumentar la ingesta de alimentos basados en plantas podría mitigar los efectos de una mala noche de sueño, sugirieron.
28 agosto 2025 | Fuente: Prensa Latina | Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2025. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A. | Noticia
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Un equipo de científicos de Estados Unidos y China ha descubierto una nueva variante genética humana asociada al sueño corto natural, una condición en la que algunas personas se sienten completamente descansadas con solo entre cuatro y seis horas de sueño por noche. El hallazgo, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), podría abrir nuevas vías terapéuticas para mejorar la calidad del sueño.
La investigación fue liderada por los expertos Ying-Hui Fu y Guangsen Shi, de la Universidad de California en San Francisco y la Academia China de Ciencias. Utilizando secuenciación del exoma completo, los científicos identificaron una mutación en el gen SIK3, hasta ahora no vinculada al sueño corto.
La mutación detectada, conocida como N783Y, altera la estructura de la proteína SIK3 y dificulta su función principal: transferir grupos fosfato a otras proteínas, un proceso esencial para la regulación del sueño. Experimentos en ratones genéticamente modificados mostraron que los animales con la mutación dormían 30 minutos menos por noche que los normales.
El estudio reveló que, aunque los niveles de la proteína no se alteran, su actividad sí se ve afectada, lo que sugiere que el gen SIK3 juega un papel clave en la duración del sueño humano.
Este hallazgo se suma a otros cuatro genes previamente asociados con el sueño corto natural y, según los autores, amplía la comprensión de las bases genéticas del sueño, con posibles implicaciones terapéuticas. «Brinda respaldo a estrategias para mejorar la eficiencia del sueño», concluyen los investigadores.
05 mayo 2025 | Fuente: EFE | Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2025. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A. | Noticia
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La Sociedad Española de Sueño (SES), con motivo del Día Mundial de la Diabetes, quiere reivindicar la importancia de incluir la educación en higiene de sueño en las estrategias de prevención de esta enfermedad, ya que «la evidencia científica demuestra que mejorar el descanso de los españoles podría ser una herramienta poderosa para reducir el riesgo de diabetes».
La coordinadora del grupo de trabajo de Cronobiología de la SES, María José Martínez Madrid, explica que la evidencia científica ha demostrado una doble relación del sueño con la diabetes. Por un lado, diversos estudios han sugerido que un sueño insuficiente, tanto en duración como en calidad, incrementa la resistencia a la insulina, lo cual favorece el desarrollo de la diabetes tipo 2.
Mientras que, por otro lado, investigaciones lideradas desde el Laboratorio de Cronobiología de la Universidad de Murcia, han demostrado que la privación de sueño altera los ritmos circadianos, afectando tanto el metabolismo de la glucosa como al apetito y la regulación hormonal.
«Los mecanismos detrás de la relación entre la falta de sueño y la diabetes son complejos y multifactoriales. Uno de los aspectos clave es la alteración en la secreción de insulina y la sensibilidad de las células a esta hormona. Estudios han mostrado que la privación de sueño disminuye la sensibilidad a la insulina y aumenta la liberación de hormonas del estrés, como el cortisol, lo que promueve la hiperglucemia y, en última instancia, puede contribuir al desarrollo de la diabetes», argumenta la experta.
Del mismo modo, Martínez Madrid señala que la falta de sueño tiene un impacto directo sobre los ritmos circadianos y la secreción de melatonina, una hormona clave en la regulación de los ciclos de sueño y alimentación. «Esta desincronización circadiana aumenta la predisposición a desarrollar resistencia a la insulina y a tener niveles elevados de glucosa en sangre», sostiene.
Por último, la experta concluye asegurando que «cuando el reloj interno de una persona está desfasado respecto a sus horarios sociales y laborales, esto genera una discordancia entre las señales internas y externas, lo que impacta en la regulación hormonal y el metabolismo, y en última instancia incrementa el riesgo de enfermedades como la diabetes».
12 noviembre 2024|Fuente: Europa Press |Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2024. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A.|Noticia
