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El optimismo aparece hoy como un nuevo elemento capaz de reducir la demencia, un hallazgo que los investigadores califican como un factor protector modificable.
Identificar el optimismo como un factor psicosocial protector subraya su valor potencial para favorecer un envejecimiento saludable, subraya el artículo publicado en la revista Journal of the American Geriatrics Society.
Los investigadores puntualizan que muchos de los avances en este campo llegaron muy tarde, y los factores de riesgo conocidos —genética, hipertensión, sedentarismo— son difíciles de cambiar cuando el daño ya está hecho.
En el mundo, la Organización Mundial de la Salud contabiliza 57 millones de personas con demencia hoy, y proyecta 139 millones para mediados de siglo.
Con ese horizonte, enfatizan los expertos, identificar qué factores pueden proteger el cerebro deja de ser un ejercicio académico para convertirse en algo mucho más urgente.
La demencia es la pérdida de las funciones cognitivas —el pensamiento, la memoria y el razonamiento— a tal grado que interfiere con la vida diaria y las actividades de la persona.
Algunas personas con este padecimiento no pueden controlar sus emociones y su personalidad puede cambiar.
Dicha dolencia varía en gravedad desde la etapa más leve, cuando recién comienza a afectar el funcionamiento de la persona, hasta la etapa más grave, cuando debe depender completamente de otros para las actividades básicas de la vida diaria, como alimentarse.
La demencia es un problema de salud significativo que afecta a millones de personas, y la enfermedad de Alzheimer es el tipo más común, pero también se pueden desarrollar otras como la vascular, la de cuerpos de Lewy, la frontotemporal y la mixta.
La prevalencia e incidencia de la mencionada enfermedad aumentan con la edad, y aunque no forma parte del envejecimiento normal, es un factor que contribuye a la dependencia y discapacidad en las personas mayores.
Esta enfermedad tiene un impacto profundo en las personas afectadas, sus familias y los sistemas de salud.
08 marzo 2026 | Fuente: Prensa Latina | Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2026. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A. | Noticia
abr
14
Una investigación propone sustituir el sedentarismo pasivo por el mentalmente activo tras quedar demostrado que reduce el riesgo de aparición de demencia en la edad adulta.
El estudio, publicado en la revista American Journal of Preventive Medicine, tiene el potencial de servir de base para las directrices de salud pública y las estrategias preventivas destinadas a reducir la incidencia de la mencionada dolencia.
Anteriormente se creía que todos los comportamientos sedentarios estaban asociados con un mayor riesgo de desarrollar demencia.
Ahora, los investigadores descubrieron que los comportamientos sedentarios mentalmente pasivos, como ver la televisión aumentaban el riesgo de depresión, mientras que leer y trabajar en la oficina parecía tener un efecto protector.
Está demostrado -recuerda la fuente- que permanecer sentado durante periodos prolongados e ininterrumpidos es un factor de riesgo para enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y depresión; también fue asociado con la demencia.
Este es el primer estudio que distingue entre la postura sentada pasiva y la mentalmente activa en relación con la demencia.
«Si bien estar sentado implica un gasto energético mínimo, puede diferenciarse por el nivel de actividad cerebral», aclara la revista American Journal of Preventive Medicine.
La forma en que usamos el cerebro mientras estamos sentados parece ser un determinante crucial del funcionamiento cognitivo futuro y puede predecir la aparición de la demencia, aseguran los expertos.
Por otra parte, el aumento del tiempo dedicado a comportamientos sedentarios mentalmente activos se asoció con una reducción significativa del riesgo de demencia, manteniendo al mismo tiempo los niveles de comportamiento sedentario pasivo y de actividad física ligera y moderada a vigorosa.
«El sedentarismo es un factor de riesgo omnipresente, pero modificable, para muchas afecciones de salud, incluida la demencia.
Los científicos concluyeron que no todos los comportamientos sedentarios son equivalentes; algunos pueden aumentar el riesgo de demencia, mientras que otros pueden ser protectores.
Mantenerse físicamente activo sigue siendo fundamental, pero, a medida que envejecemos, también lo es entrenar el cerebro, incluso cuando estamos sentados.
Sugirieron que cambiar parte del tiempo de sofá pasivo por lectura u otras tareas cognitivas podría ser un gesto sencillo con un impacto importante en la salud cerebral a largo plazo.
Según la fuente, la demencia es la tercera causa principal de mortalidad y la séptima causa principal de discapacidad entre los adultos mayores en todo el mundo.
07 marzo 2026 | Fuente: Prensa Latina | Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2026. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A. | Noticia
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Mantener un horario regular para acostarse podría mejorar la salud del corazón y reducir el riesgo de sufrir problemas cardiovasculares, como infarto o derrame cerebral, mostró un estudio publicado en la revista Science.
Investigadores de la Universidad de Oulu, en Finlandia, midieron la actividad del sueño de 3 231 personas de 46 años mediante dispositivos portátiles durante una semana.
Al dividir a los participantes que dormían menos de ocho horas en grupos según sus hábitos de sueño (regulares, bastante regulares e irregulares), los datos mostraron que quienes dormían de forma irregular tenían el doble de riesgo de sufrir un evento cardíaco grave en la próxima década, en comparación con quienes lo hacían de forma regular.
Una mayor variabilidad en el punto medio del sueño (el intervalo entre la hora de acostarse y la de despertarse) también se asoció con una peor salud cardiovascular.
Los datos mostraron que la hora de despertarse tampoco parecía importar, la relación solo se observó en las grandes variaciones a la hora de acostarse.
En el grupo con horarios irregulares, la variabilidad promedio en la hora de acostarse durante la semana fue de 108 minutos, en comparación con los 33 minutos del grupo con horarios regulares.
Si bien los investigadores controlaron factores como la presión arterial, el sexo y el ejercicio, no se puede demostrar una relación de causa y efecto, sino solo una asociación notable.
Los investigadores creen que los ciclos naturales de 24 horas que experimenta nuestro cuerpo —ritmos circadianos— podrían ayudar a explicar parte de esta asociación.
Cambiar la hora de acostarse cada noche probablemente altere estos ritmos, lo que a su vez impide que el corazón tenga los períodos adecuados de descanso y recuperación.
La pesquisa reconoció que el estrés cotidiano también podría desempeñar un papel importante.
Los desafíos de la vida diaria que afectan los horarios de sueño —como la carga de trabajo o los problemas de salud mental—suelen afectar la salud cardiovascular.
07 abril 2026 | Fuente: Prensa Latina | Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2026. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A. | Noticia
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Las nuevas técnicas desarrolladas por científicos buscan responder a uno de los grandes enigmas de la mente humana: cómo surgen la conciencia y las experiencias subjetivas a partir de los procesos cerebrales. El esfuerzo de mapear la estructura de las vivencias internas abre un enfoque experimental inédito para abordar el llamado “problema difícil de la conciencia”, en el centro del debate neurocientífico y filosófico actual, según New Scientist.
Investigadores de distintos países están logrando avances en la medición experimental de la conciencia humana. Utilizan métodos cuantitativos y comparativos para analizar cómo experiencias internas, como colores o emociones, se relacionan entre sí y con la actividad cerebral específica.
Se han descubierto patrones compartidos entre individuos de diferentes edades y culturas, lo que permite poner a prueba hipótesis sobre la generación de la vivencia consciente y proponer explicaciones empíricas para estos procesos.
El “problema difícil de la conciencia” plantea la desconcertante distancia entre la actividad física del cerebro y la riqueza de las experiencias subjetivas. Aunque existen instrumentos capaces de identificar si una persona está consciente, determinar exactamente por qué y cómo ciertas sensaciones —como el color rojo o el dolor— emergen de funciones neurobiológicas sigue siendo un reto para la ciencia y la filosofía, según explica New Scientist.
En las últimas décadas, ha cobrado fuerza el enfoque estructuralista, que prioriza las relaciones entre experiencias frente a cada sensación aislada. El filósofo David Chalmers, quien acuñó el término “problema difícil de la conciencia”, sostiene que estas relaciones podrían ser la clave científica.
Por su parte, Holger Lyre, de la Universidad de Magdeburgo, subraya que “cada experiencia depende de todas las demás”, como se observa al comparar los significados de los colores en distintos contextos perceptivos.
Avances en la medición estructural de la conciencia
En laboratorios de Australia, Japón, Alemania y Estados Unidos, investigadores recopilan miles de valoraciones sobre colores, formas, sonidos y emociones. El equipo dirigido por el psicólogo Nao Tsuchiya, al frente del Qualia Structure Project, desarrolla esquemas de clasificación geométrica para categorizar las posibles relaciones entre las experiencias subjetivas.
“Nuestro objetivo es categorizar todas las posibles relaciones entre experiencias subjetivas”, detalló Tsuchiya a New Scientist.
Las evaluaciones han revelado una notable coherencia. La vivencia sensorial primaria muestra patrones semejantes en diferentes culturas y edades, pese a las variaciones idiomáticas y culturales en los nombres de los colores. Según Tsuchiya, esto sugiere que el lenguaje y el entorno modifican poco la percepción inmediata.
El equipo ha transformado viejos dilemas filosóficos —como la pregunta “¿mi rojo es igual que tu rojo?”— en experimentos empíricos. Los resultados muestran que, dentro de cada grupo de visión normal o atípica, los juicios son consistentes. Entre grupos, en cambio, pueden diferir de manera significativa.
Tsuchiya destaca la existencia de “formas intermedias” de experiencia visual, como ciertos participantes con autopercepción singular, que actúan de puente entre distintas maneras de percibir los colores. “Lo que para un grupo es rojo, para otro puede ser verde”, explica el investigador.
Las pruebas se han extendido a las emociones, comparando la reacción ante videos diseñados para evocar sentimientos concretos, incluso personas con alexitimia —dificultad para expresar emociones— logran distinguir matices, aunque no puedan verbalizarlos.
Además, la neurociencia vincula estas estructuras con zonas cerebrales específicas. El científico Brian Wandell, de la Universidad de Stanford, demostró que la actividad en el córtex visual refleja el patrón de similitud entre estímulos observado en los estudios.
Así, la combinación de análisis conductual y resonancia magnética funcional permite a los expertos asociar la actividad neural con el “mapa” de la experiencia consciente.
Desafíos y perspectivas filosóficas en el estudio de la conciencia
No todos los expertos coinciden en el alcance del enfoque estructuralista. La neurocientífica Lucia Melloni, de la Universidad Ruhr de Bochum, advierte sobre posibles sesgos: “Quizá estemos evaluando solo la memoria, no la experiencia directa”, afirma en diálogo con New Scientist.
Melloni y su equipo llevan a cabo experimentos utilizando protocolos con ocultamiento visual para comparar la valoración de estímulos que los participantes no son plenamente conscientes de haber percibido.
Los resultados muestran diferencias claras: la estructura de los colores detectados conscientemente es coherente, pero la de los percibidos inconscientemente resulta caótica. Según Zefan Zheng, del mismo equipo, esto indicaría que únicamente la percepción consciente genera “mapas” significativos, un argumento que refuerza la utilidad del método estructuralista para distinguir estados de conciencia.
Aun con estos avances, algunos filósofos mantienen reservas. Hedda Hassel Mørch insiste en que ciertas cualidades parecen escapar a toda explicación relacional. Kristjan Loorits sostiene que sentir algo como “inexplicable” puede ser parte de la psicología humana y una función cerebral para evitar el estancamiento en una búsqueda de explicaciones infinitas.
Las discusiones persisten sobre si la vivencia subjetiva podrá ser capturada por ecuaciones y relaciones matemáticas. Científicos como Giulio Tononi, creador de la Teoría de la Información Integrada, consideran que estos avances abren posibilidades inéditas para descifrar, al menos parcialmente, el origen de aquello que llamamos conciencia.
Los nuevos experimentos han acercado la ciencia a respuestas antes inalcanzables, aunque aún falta saber si, fuera de las relaciones estructurales, existe algo irreductible en la experiencia interna.
El análisis de cómo se trenzan sensaciones y emociones sugiere que cualquier transformación en la percepción modifica, en cierta medida, la forma en la que las personas interpretan el mundo.
La propuesta estructural apunta a que, por la manera en que se entrelazan nuestras vivencias, todos compartimos una sensibilidad interconectada propia de la condición humana.
28 marzo 2026 | Fuente: Infobae | Tomado del sitio web | Noticia
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La cafeína, tan cotidiana en una taza de café, podría proteger la memoria social incluso cuando las horas de sueño no alcanzan. Según una investigación, que fue publicada en Neuropsychopharmacology, ese estimulante logró evitar el olvido en ratones privados de descanso y reparó daños en sus circuitos cerebrales.
Los hallazgos fueron realizados por científicos de la Universidad Nacional de Singapur y abren nuevas preguntas sobre el rol de la cafeína en la memoria, más allá de mantener la vigilia.
Detectaron que la cafeína restauró la memoria social en animales privados de sueño
Tras los resultados, los investigadores afirmaron que “la suplementación con cafeína restauró tanto la plasticidad sináptica de larga duración en la vía EC-CA2 como la memoria social en ratones privados de sueño, sin inducir hiperactividad en los animales de control”.
Olvidar rostros conocidos tras dormir poco puede parecer común. Los científicos de Singapur abordaron cómo la falta de sueño afecta la memoria social, que es la capacidad de reconocer y recordar a otros.
La memoria social permite distinguir a individuos familiares de desconocidos. Los investigadores estudiaron el hipocampo y su región CA2, que son fundamentales para este tipo de memoria.
El objetivo fue saber si la privación de sueño altera la función de la región CA2 y si la cafeína puede proteger esa función. Así se buscó entender los mecanismos cerebrales que unen sueño, memoria y cafeína.
El sueño insuficiente representa una amenaza para la salud mental. Los científicos analizaron el papel de la cafeína como posible protector de la memoria social, en un contexto donde cada vez se duerme menos.
Cómo se hizo el estudio y qué se encontró
Trabajaron con 119 ratones machos C57BL/6J, criados en ambientes controlados. Los animales estuvieron despiertos cinco horas con estímulos suaves, como mover la jaula o tocarlos.
La memoria social se evaluó con pruebas de reconocimiento entre ratones. Los privados de sueño tuvieron dificultad para reconocer a otros ya conocidos.
“Los ratones privados de sueño no lograron distinguir un ratón familiar de uno nuevo, lo que sugiere un deterioro de la memoria social”, detallaron los investigadores.
Durante una semana, un grupo de ratones recibió cafeína en el agua antes de la privación de sueño. Esto aseguró una dosis constante, similar al consumo humano cotidiano.
La cafeína protegió la memoria social y la plasticidad sináptica en la región CA2
A nivel molecular, la falta de sueño aumentó la enzima PDE4A5 y redujo proteínas como PKMζ, pERK1/2 y BDNF en el hipocampo CA2. La cafeína normalizó estos valores.
La cafeína también se aplicó de forma directa en cortes de cerebro. La transmisión sináptica mejoró, aunque los ratones no hubieran recibido cafeína antes.
La aplicación de cafeína mejoró la señalización en la región CA2, tanto en animales con sueño normal como en los privados de sueño, resaltaron.
El patrón de sueño de los ratones no presentó cambios con la cafeína y no se detectaron efectos adversos. La cafeína actuó sobre los receptores de adenosina, una molécula que se acumula cuando falta el sueño y que reduce la actividad de los circuitos de memoria.
Los investigadores aclararon que los resultados solo se demostraron en ratones. “Aunque ratones y humanos comparten muchas características biológicas, los hallazgos deben confirmarse en estudios con personas y sus hábitos de consumo de cafeína y sueño”, expresaron.
La región CA2 del hipocampo podría ser clave para tratar pérdidas de memoria por falta de sueño o en casos de demencia. Por eso, recomendaron investigar los efectos a largo plazo, diferencias por sexo, edad y aplicaciones en humanos.
27 marzo 2026 | Fuente: Infobae | Tomado del sitios web | Noticia
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Acercar la neurociencia a la sociedad, promover la salud cerebral y destacar la importancia de la investigación y la prevención en todas las edades centrará las actividades de la Semana Global del Cerebro, que comenzó este lunes 16 de marzo.
Instituida en 1996 por las organizaciones Dana Alliance for Brain Initiatives y la European Dana Alliance for The Brain, en la Semana Mundial del Cerebro participan unas 160 organizaciones profesionales de todo el planeta.
El cerebro es un órgano complejo que centraliza la actividad del sistema nervioso, ubicado en la parte anterior y superior de la cavidad craneal. Forma parte del Sistema Nervioso Central.
Diversas investigaciones precisan que al menos, un 13 por ciento de las causas de enfermedades entre la población mundial están relacionadas con el cerebro. Éstas van desde problemas neurológicos hasta trastornos mentales.
El cerebro, también conocido como «materia gris», es uno de los órganos vitales de nuestro cuerpo y a su vez, uno de los más complejos, ya que controla nuestras actividades cognitivas y nuestras acciones y funciones corporales.
En total hay más de 600 enfermedades de origen neurológico que se originan en el sistema nervioso (cerebro, medula espinal y nervios) como el caso del ictus, que puede dejar secuelas importantes como son alteraciones sensoriales, motoras cognitivas, del estado emocional y la conducta.
Una de las enfermedades neurológicas más comunes es la migraña, que afecta a millones de personas, y puede generar discapacidades graves o moderadas, dependiendo de su intensidad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha catalogado a la migraña como la sexta causa de incapacidad, afectando la funcionalidad de las personas.
Además, tener un accidente cerebrovascular, conocido como derrame cerebral, es el resultado de un coágulo de sangre alojado en el cerebro que bloquea el suministro sanguíneo local, afectando el tejido cerebral cercano.
Las enfermedades neurodegenerativas son causadas por la degeneración gradual de neuronas individuales, afectando el control del movimiento, la memoria y la cognición.
Entre ellas destacan el Alzheimer, Mal de Parkinson, la Esclerosis Múltiple, enfermedad de Hungtinton.
Provocados por anomalías en el cerebro son también los trastornos mentales, que comprenden patrones particulares del funcionamiento de la psique, vinculados con la función mental y somática. Entre los trastornos mentales podemos mencionar la depresión clínica, la esquizofrenia, el trastorno bipolar y el trastorno de estrés post-traumático.
De forma general, el cerebro consume un 20 por ciento de la energía y oxígeno que consume el organismo, y en una partícula casi microscópica se pueden localizar alrededor de 100 mil neuronas.
El órgano rector representa el dos por ciento del peso corporal y transporta la información a una velocidad de 268 millas por hora.
La funcionalidad del lado izquierdo del cerebro está asociada con el análisis, lógica, matemáticas, lenguaje y secuencia. Mientras que el lado derecho desarrolla la creatividad, la intuición, los sentimientos, la imaginación y las artes.
16 marzo 2026 | Fuente: Prensa Latina | Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2026. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A. | Noticia
