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Las llamadas drogas recreativas como el cannabis, cocaína y anfetaminas aumentan significativamente el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular, incluso entre los consumidores más jóvenes, reveló hoy una fuente especializada.
Según la revista International Journal of Stroke, el consumo de cocaína y anfetaminas es doblemente peligroso.
De hecho, la primera aumenta el riesgo en 96 por ciento, las anfetaminas en 122, mientras que el cannabis lo incrementaba en aproximadamente 37.
Según un estudio de la Universidad de Cambridge, Reino Unido, cada vez hay más pruebas de que estos medicamentos pueden aumentar el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular, pero a menudo estas pruebas son de diferente calidad y sólo observacionales.
En opinión de los expertos, los trastornos por consumo de cocaína se asociaron particularmente con hemorragia cerebral y el accidente cerebrovascular cardioembólico, es decir que se forma un coágulo de sangre en el corazón y viaja al cerebro, bloqueando el flujo sanguíneo y dañando el tejido cerebral.
Los trastornos provocados por el cannabis fueron relacionados con el accidente cerebrovascular en general, en particular con el accidente cerebrovascular de arterias grandes.
Recuerda la fuente que el accidente cerebrovascular es un importante problema de salud mundial, de hecho, es la tercera causa principal de muerte y discapacidad combinadas.
Los investigadores aclaran que los factores de riesgo son modificables, de ahí que deban mejorarse los hábitos alimenticios, realizar ejercicios físicos, entre otras cuestiones relacionadas con el estilo de vida.
10 marzo 2026 | Fuente: Prensa Latina | Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2026. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A. | Noticia
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Un estudio realizado en la República Dominicana identificó hoy posibles marcadores cerebrales, neuropsicológicos y psicológicos asociados a hombres condenados por feminicidio, con el objetivo de aportar herramientas para la prevención de la violencia de género desde la salud mental.
La investigación fue desarrollada por especialistas de los Centros de Diagnóstico y Medicina Avanzada y de Conferencias Médicas y Telemedicina (Cedimat), la Universidad Autónoma de Santo Domingo (Uasd) y la Fundación Manantial de Vida, con apoyo de otras instituciones vinculadas al sistema penitenciario y programas de rehabilitación.
El estudio utilizó resonancia magnética estructural y funcional, además de evaluaciones psicológicas, para analizar el funcionamiento del cerebro y la conducta de hombres que han cometido este tipo de crimen.
Para ello, los investigadores compararon tres grupos de participantes: hombres condenados por feminicidio, varones remitidos a programas de atención por violencia contra sus parejas y un tercer grupo sin antecedentes de violencia.
Según los resultados, los sentenciados por feminicidio presentaron menor densidad de materia gris en zonas del cerebro relacionadas con el control del comportamiento y la regulación de las emociones.
También se detectaron alteraciones en la amígdala, una estructura cerebral que interviene en el procesamiento del miedo y otras emociones intensas.
Las evaluaciones psicológicas mostraron además dificultades para controlar los impulsos, problemas para manejar emociones fuertes y patrones de pensamiento rígidos, así como inseguridad y autocrítica elevada.
En el plano social y familiar, el estudio identificó algunos factores comunes entre los participantes, como niveles educativos más bajos y la ausencia o distancia de la figura paterna durante la infancia.
La investigación surge en respuesta a la magnitud del problema en el país. De acuerdo con datos de la Oficina Nacional de Estadística (ONE), 348 mujeres fueron asesinadas por sus parejas o exparejas entre 2020 y 2024.
A estas cifras se suman 49 casos registrados en 2025 y al menos seis en enero de 2026, lo que evidencia la necesidad de fortalecer las estrategias de prevención.
Los investigadores señalaron que el objetivo del estudio es aportar evidencia científica que ayude a mejorar la evaluación del riesgo, la detección temprana y las intervenciones preventivas, incorporando la neurociencia y la salud mental en las políticas para enfrentar la violencia de género.
12 marzo 2026 | Fuente: Prensa Latina | Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2026. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A. | Noticia
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Los pediatras han valorado la propuesta de prohibir la venta de bebidas energéticas a menores de 16 años «alineada con la evidencia científica y con las advertencias que se venían trasladando sobre el impacto en su salud» y piden reforzar también la protección frente al vapeo.
Para las sociedades pediátricas se trata de «una medida necesaria y coherente» y subrayan que el consumo habitual de bebidas energéticas en este grupo de población se asocia a insomnio, ansiedad, irritabilidad, cefaleas y problemas cardiovasculares y metabólicos.
“Las bebidas energéticas no son inocuas, contienen altas dosis de cafeína, azúcares y otras sustancias estimulantes cuyos efectos son especialmente perjudiciales en cerebros aún en desarrollo”, señala la doctora Paula Armero, coordinadora del Comité de Salud Mental de la Asociación Española de Pediatría. “Limitar su acceso a menores es una medida de protección ante un problema de salud pública que preocupa a los pediatras”.
Bebidas energéticas y alcohol
Los profesionales han observado que se repite con frecuencia entre los menores la combinación de esas bebidas con el alcohol. Según la encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias en España (Estudes) cerca del 20 % de los estudiantes españoles admitió haber consumido bebidas energéticas junto con alcohol en el último mes.
“En los servicios de Urgencias vemos con preocupación este patrón de consumo porque, además de facilitar el desarrollo de intoxicaciones etílicas graves, al potenciar el efecto desinhibidor del alcohol aumenta el riesgo de realizar conductas peligrosas”, explica Lidia Martínez, de la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría.
Al mismo tiempo, los expertos advierten de otro fenómeno creciente que están detectando en las consultas: el aumento del uso de vapeadores entre menores.
La misma encuesta muestra que el 38 % de los estudiantes de entre 14 y 18 años declaró haber consumido bebidas energéticas en el último mes y más del 27 % afirmó haber utilizado vapeadores en ese mismo periodo.
La nicotina tiene consecuencias sobre la atención, el aprendizaje y el control emocional de los menores, además de causar efectos deletéreos en pulmones y corazón, advierten en un comunicado conjunto, la Sociedad Española de Pediatría, la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría, la Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia, la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria y la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria.
26 febrero 2026 | Fuente: EFE | Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2026. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A. | Noticia
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España y Japón son dos sociedades en las que el envejecimiento extremo trae como consecuencia una ruptura del relevo generacional y un crecimiento acelerado de la necesidad de recursos paliativos y comunitarios y, por tanto, ambos países se enfrentan al reto de encontrar un modelo compasivo para atender a quien está en el final de su vida.
Un equipo de personas de cuatro universidades japonesas ha mantenido en Zaragoza un encuentro con personal de la Cátedra Dignia de Cuidados y Ecosistema Paliativo de la Universidad de Zaragoza para compartir experiencias y metodología de innovación sobre modelos de atención comunitaria o ciudades compasivas.
Las comunidades compasivas son una herramienta para mejorar la calidad de vida de la ciudadanía con necesidades paliativas, en fase avanzada de una enfermedad o al final de la vida y, a medio plazo, para ahorrar recursos al sistema sanitario.
Rogelio Altisent, director del proyecto Ecosistema Paliativo (Ecopal) de esta cátedra, define la comunidad compasiva, en una entrevista con EFE, como una iniciativa que supone la toma de conciencia de que la atención a las personas con enfermedad avanzada y en el final de vida «debe trascender al sistema sanitario», y enfatiza que la pretensión es que «el sufrimiento no pase desapercibido».
Redes de ayuda
Explica que para aliviar el sufrimiento y mejorar la calidad de vida es necesario activar a toda la comunidad y crear redes de ayuda. “Los profesionales sanitarios son esenciales, pero unos cuidados paliativos de calidad necesitan que el paciente y su familia reciban el apoyo de las redes comunitarias: los vecinos, los comercios, las farmacias, los servicios sociales, las residencias de mayores, las asociaciones de voluntarios… Allí donde se cruza la gente se debe promover y generar este espíritu de solidaridad”.
Son comunidades con «un inmenso radar de detección» de personas con necesidades paliativas que facilitan la implementación de medidas y recursos eficaces, tanto sanitarios como espirituales y de acompañamiento.
Insiste en que las comunidades compasivas tienen dos objetivos clave: control de síntomas y acompañamiento. Con el primero se busca regular el dolor, la disnea, la fatiga o las náuseas del paciente y con el segundo, “suplir la soledad”.
“Los dos elementos fundamentales son rodear de humanidad y dar calidad de vida a la vida de la gente”, asevera. Y para ello, el factor humano es esencial.
Un equipo de personas de cuatro universidades japonesas ha mantenido en Zaragoza un encuentro sobre modelos de atención comunitaria o ciudades compasivas.
Añade que Japón está viviendo una revolución demográfica y España va en esa misma dirección. “Si ahora mismo ya está muy tensado el sistema sanitario, esa revolución demográfica puede romper el sistema a la mitad”, afirma.
El índice de envejecimiento en España alcanzó su máximo histórico en 2025: hay 148 personas mayores de 64 años por cada 100 menores de 16. Según estudios realizados en Europa sobre prevalencia de enfermedades crónicas susceptibles de recibir cuidados paliativos, en sociedades con altas tsas de envejecimiento las necesidades paliativas afectan al 1,5 % de la población.
Para hacer frente a esta situación, Altisent apunta que tanto en España como en Japón se están implementando al menos media docena de comunidades compasivas que ya están arraigando en la sociedad.
Isidoro Jurado, patrono de la Fundación Dignia y presidente de la Asociación Málaga Abraza, habla, por ejemplo, del caso de un jubilado que vive solo: si desaparece una semana y nadie sabe de él existen recursos donde poder alertar y posteriormente un equipo evaluador, con previo consentimiento, se encarga de cubrir las necesidades de la persona necesitada.
“Todos tenemos compasión en la mente, pero para explorar la compasión, la gente necesita algún entrenamiento”, añade a EFE Satoko Otta, experta en co-creación y políticas de salud, referente en Japón.
Modelos flexibles
Ambos equipos han llegado a la conclusión de que no hay un modelo específico de comunidad compasiva. Es “flexible en España, es flexible en Japón y es flexible en la relación entre Japón y España”, pero comparten una característica en común: los seres humanos, afirma Altisent.
Shinichi Murota, líder del proyecto tecnológico “Chofu-Digital-Choju”, que destaca por el uso de la tecnología para combatir el aislamiento social en personas mayores, afirma por su parte que existe una regla 95-5. “Los profesionales solo pueden ofrecer el 5 % del cuidado de una persona en paliativos, el resto, el 95 %, tiene que ser ofrecido por los miembros de la familia o los miembros de la comunidad”.
Un equipo de personas de cuatro universidades japonesas ha mantenido en Zaragoza un encuentro sobre modelos de atención comunitaria o ciudades compasivas.
Revistas científicas demuestran, además, que las personas “bien cuidadas” en una comunidad compasiva ingresan menos en los hospitales, visitan menos los servicios de urgencias y tienen menos días de hospitalización. Esto significa un ahorro, pese a que no hay un objetivo economicista en estos proyectos.
El menor número de hospitalizaciones se debe a una “buena atención” de todo el entramado de la red social que aporta la comunidad compasiva. “Hay pacientes que necesitan el hospital, pero en otros casos, hay un exceso de frecuentación del hospital por falta de soporte social y comunitario”, añade Altisent.
26 febrero 2026 | Fuente: EFE | Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2026. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A. | Noticia
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Más del 80 % de las mujeres en España ve condicionada su vida cotidiana y solo una de cada seis logra mantener su rutina diaria, según revela un macroestudio con más de 4 000 participantes que ha analizado cómo el estigma menstrual influye en la vida cotidiana, la participación social y el bienestar.
El trabajo, liderado por el Instituto Ingenio, centro mixto de la Universitat Politècnica de València (UPV) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), muestra que sólo el 15,4 % de las participantes mantiene su vida cotidiana sin cambios durante la menstruación, según un comunicado del CSIC.
El impacto social de la menstruación
Esta investigación constituye la cuarta publicación de esta radiografía sobre la salud menstrual en España. Tras abordar la educación menstrual, el estigma y el acceso a la atención sanitaria, el nuevo artículo publicado en la revista BMC Women’s Health pone el foco en el impacto social de la menstruación en la vida cotidiana.
“La forma en que se vive no depende únicamente de los síntomas físicos, sino también del contexto social en el que ocurre”, destaca Sara Sánchez-López, investigadora del Ingenio (UPV-CSIC). Los resultados muestran que la menstruación sigue condicionando actividades cotidianas.
Solo el 15,4 % de las participantes —lo que representa aproximadamente a una de cada seis mujeres— afirma mantener su rutina sin cambios durante la menstruación, mientras que muchas adaptan su comportamiento debido al dolor, a sangrados abundantes o para evitar incomodidad o exposición.
Ante estos síntomas y situaciones, las estrategias más comunes incluyen cambios en la vestimenta —como evitar prendas blancas (48 %) o ciertos tipos de ropa (36 %)—, reducir la práctica deportiva (21 %) o limitar actividades como nadar o acudir a la playa (22 %).
El dolor es la principal razón que motiva estas estrategias de adaptación o incluso ausencias sociales y laborales. Sin embargo, los autores destacan que estas decisiones no responden únicamente al malestar físico. Factores como la ansiedad ante posibles manchas, la falta de espacios adecuados o el temor a reacciones negativas del entorno reflejan la persistencia de normas sociales relacionadas con una gestión de la salud menstrual estrictamente privada.
El estigma en el ámbito laboral y educativo
En el ámbito educativo y laboral, muchas participantes describen haber acudido a sus centros de estudio o trabajo pese a experimentar dolor intenso, náuseas o fatiga. En concreto, mientras que el 41 % de las encuestadas se ha ausentado en alguna ocasión por estos síntomas, un 44 % afirma no haber interrumpido su asistencia por motivos menstruales.
Los testimonios recogidos muestran que, incluso ante síntomas incapacitantes, algunas mujeres continúan asistiendo por miedo a perder el empleo o a ser percibidas como menos comprometidas.
“A menudo, el malestar menstrual no se reconoce como una necesidad legítima de apoyo, sino como algo que puede restar credibilidad. En un contexto donde la menstruación se ha usado para excluir a las mujeres de ciertos roles, mostrar vulnerabilidad puede percibirse como un riesgo colectivo”, apunta Sánchez-López.
El estudio recoge testimonios de burla y situaciones de humillación relacionadas con la menstruación que las participantes sitúan tanto en la adolescencia como en la vida adulta. En etapas tempranas, estas experiencias suelen manifestarse en forma de comentarios o ridiculización por parte de compañeros de clase o amigos, mientras que en la edad adulta se expresan con mayor frecuencia a través del rechazo o de actitudes condescendientes en el entorno cercano, como parejas o compañeros de trabajo.
Los resultados también muestran cómo la menstruación se ha utilizado para cuestionar o desacreditar emociones, decisiones o conflictos en contextos cotidianos, especialmente en el ámbito interpersonal o doméstico.
“Estas situaciones refuerzan estereotipos que vinculan la menstruación con falta de control emocional o irracionalidad, lo que puede traducirse en una menor credibilidad”, señala Rocío Poveda Bautista, investigadora de Ingenio y coautora del estudio.
Educación, información y empatía
Frente a estas barreras sociales y laborales, los resultados también identifican factores protectores que fomentan el bienestar, la salud y la resiliencia durante el ciclo menstrual.
El equipo investigador señala que contar con entornos comprensivos y flexibles —en el trabajo, la escuela o la familia— contribuye a reducir el impacto del estigma y facilita una mayor participación y bienestar.
“Las experiencias más positivas se asocian a contextos donde hablar de menstruación no genera incomodidad y donde se reconocen las necesidades físicas o emocionales vinculadas al ciclo”, afirma Santiago Moll López, del Departamento de Matemática Aplicada de la Universitat Politècnica de València y coautor del estudio.
26 febrero 2026 | Fuente: EFE | Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2026. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A. | Noticia
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La Organización Mundial de la Salud (OMS) informó que Europa y Asia central se perfilan hoy como las regiones con mayor prevalencia de consumo de tabaco en 2030. Según la Oficina Regional de la OMS, el área geográfica constituida por Asia central y un total de 53 países del llamado viejo continente seguirán siendo los de mayor prevalencia en este nocivo hábito.
Tal previsión está fundamentada en los datos más recientes de su décimo informe sobre la epidemia global de tabaquismo y que revelan un estancamiento del progreso en la lucha contra ese hábito.
Dicho informe -precisa la OMS– mantiene a mujeres y jóvenes como los segmentos más preocupantes.
El informe asegura que tales estadísticas no son accidentales, sino que es resultado de una estrategia deliberada de la industria dirigida a los jóvenes con productos saborizados y marketing sofisticado en las redes sociales.
La dirección regional de la OMS para Europa reportó que el consumo de tabaco causa cada año más de 1,1 millones de muertes por enfermedades no transmisibles en esa región.
La OMS advirtió que, sin una acción acelerada, Europa continuará siendo la zona con peores estadísticas en el mundo para 2030.
El tabaquismo tiene graves consecuencias para la salud, incluidos múltiples tipos de cáncer, enfermedades cardiovasculares y problemas respiratorios y resulta la principal causa evitable de muerte en el planeta.
26 febrero 2026 | Fuente: Prensa Latina | Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2026. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A. | Noticia
