chikungunya diagnósticoTras una década sin contagios, el Ministerio de Salud y Asistencia Social (Mspas) confirmó el primer caso de chikungunya en Guatemala, en el departamento de San Marcos, fronterizo con México, trascendió hoy.

En principio reportaron el contagio como dengue, pero luego dio positivo a esta enfermedad transmitida por el mosquieto Aedes aegypti, el mismo que provoca además una tercera: el zika, describió el diario local Prensa Libre.

Ocurrió en una zona cercana a los estados mexicanos de Chiapas y Quintan Roo, en los cuales las autoridades notificaron 12 infestados, amplió el reporte.

Al ser un área de alta movilidad, se incrementa el riesgo de introducción y expansión de la enfermedad en territorio chapín, acotó.

El Mspas, según el texto, también mencionó otros cuatro casos sospechosos en los departamentos de Escuintla, Chiquimula y en la capital.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) mantiene una alerta epidemiológica desde el año pasado por el aumento sostenido del chikungunya en países de América.

Igualmente, por la “reanudación” de la transmisión autóctona en zonas donde la enfermedad no se registraba desde hace años.

Frente a la propagación de la enfermedad, instó a las naciones a intensificar la vigilancia epidemiológica y de laboratorio, así como a la detección temprana y el manejo clínico de los casos.

La OPS recomendó, asimismo, fortalecer las acciones para el control del vector que transmite el virus.

Al cierre de marzo pasado, a partir de sus propios datos, existían más de 23 mil 600 casos en la región, con aproximadamente ocho mil 400 confirmados por laboratorio.

De acuerdo con datos divulgados por el propio medio, en 2015 Guatemala archivó 658 casos positivos de chikungunya, al año siguiente solo 11 y desde entonces estuvo sin contagios.

09 abril 2026 | Fuente: Prensa Latina | Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2026. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A. | Noticia

Imagen: Prensa Latina.La batalla para frenar la malaria se ha complicado porque los mosquitos que la transmiten están cambiando más rápido de lo que los venenos pueden eliminarlos. Al usar los mismos productos químicos durante años, los insectos que logran sobrevivir a ellos terminan siendo los que más se reproducen. Así, las nuevas generaciones heredan esa fortaleza y el resultado es que cada vez hay más mosquitos resistentes, indica un estudio de marzo de 2026.

En tanto, la malaria es una enfermedad infecciosa causada por parásitos del género Plasmodium, transmitidos al ser humano a través de la picadura de la clase Anopheles. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2024 se estimaron 282 millones de casos y más de 600 000 muertes en 80 países endémicos.

La región más afectada es África, que concentra el 94 % de los casos mundiales y el 95 % de las muertes, principalmente entre niños menores de cinco años. Sin embargo, sudamérica también cuenta con estos ejemplares, ya que investigadores recolectaron los insectos tanto en la costa atlántica de Brasil como en los andes colombianos.

El fenómeno de la resistencia comprobada por la investigación surge a partir de la selección natural: los mosquitos con variantes genéticas capaces de sobrevivir a los insecticidas son los que predominan en generaciones sucesivas. Desde mediados de la década de 1990, la mayoría de los Anopheles africanos eran vulnerables a los piretroides, pero en la actualidad sobreviven a concentraciones diez veces superiores a las dosis letales anteriores.

Esta rápida adaptación ha sido potenciada no solo por los esfuerzos intensivos de control, sino también por el uso agrícola de estos mismos productos, que expone a los insectos a dosis subletales y favorece la selección de individuos resistentes.

En zonas de África, el problema ha escalado al punto de que este género muestra resistencia a las cuatro principales clases de insecticidas empleadas contra la malaria. Esta evolución acelerada implica que los métodos tradicionales pierden eficacia, incrementando el riesgo de transmisión y mortalidad asociada a la enfermedad.

El mecanismo genético detrás de la resistencia puede variar, pero el resultado es claro: las poblaciones se adaptan más rápido de lo que los químicos pueden eliminarlas, lo que obliga a repensar las estrategias de control y vigilancia.

La situación de los mosquitos en sudamérica

En el continente sudamericano, la situación de la malaria presenta características propias, ya que el principal transmisor es el Anopheles darlingi. A diferencia de sus parientes africanos, este mosquito ha evolucionado tanto que algunos científicos consideran que podría pertenecer a otro grupo llamado Nyssorhynchus.

Para entender cómo se adapta, el grupo de investigadores de la revisión publicada en la revista Science analizó el ADN de más de 1 000 mosquitos recolectados desde Brasil hasta la vertiente pacífica de los Andes en Colombia.

El resultado más llamativo fue que el Anopheles darlingi tiene una diversidad genética muy alta: más de 20 veces mayor que la de los seres humanos. Esto significa que hay muchísimos ejemplares distintos entre sí, lo que les da más posibilidades de encontrar cambios en sus genes que los ayuden a sobrevivir frente a los insecticidas. Cuando un mosquito presenta una mutación que le da ventaja, esta puede propagarse rápidamente, porque hay una gran cantidad de individuos y es difícil que desaparezca por casualidad.

Este nivel de adaptación genética los convierte en rivales difíciles para cualquier campaña de control, enfatiza Jacob Tennessee, autor del ensayo científico. A modo de comparación, los expertos mencionan a las águilas calvas en Estados Unidos, que nunca lograron desarrollar resistencia al insecticida DDT y estuvieron cerca de extinguirse. La diferencia radica en que los insectos son millones, lo que hace que la evolución sea mucho más rápida y efectiva.

En las últimas décadas, los investigadores han detectado señales claras de que el Anopheles darlingi está cambiando sus genes para resistir los venenos. Por ejemplo, en vez de modificar la parte del organismo sobre la que actúan los insecticidas, este mosquito ha fortalecido un grupo de genes que producen enzimas conocidas como P450, capaces de descomponer sustancias tóxicas. Se ha visto que estos genes han cambiado de manera independiente en varias regiones de Sudamérica desde que se empezaron a usar insecticidas, y que, en lugares con más actividad agrícola, la resistencia es aún más notoria.

Retos para el control de la malaria

Si bien la ciencia desarrolla vacunas e insecticidas habitualmente, el control de los mosquitos para reducir los casos de malaria sigue siendo un desafío. Ante la reciente resistencia, algunos países están probando métodos de manipulación genética, introduciendo cambios en los mosquitos para reducir su cantidad o disminuir su capacidad de transmitir el parásito Plasmodium.

Estas técnicas, aunque prometedoras, enfrentan el reto de la extraordinaria capacidad de los mosquitos para adaptarse y evolucionar frente a cualquier presión externa.

Otro enfoque en desarrollo es el monitoreo constante de la resistencia a los insecticidas. Investigadores están perfeccionando métodos para detectar rápidamente si los mosquitos están comenzando a resistir nuevos productos. La secuenciación genética a gran escala permite identificar cambios inesperados en sus genes, lo que ayuda a anticipar y responder a la evolución de la resistencia.

El riesgo de que los mosquitos se adapten aumenta cuando se usan siempre los mismos productos y de forma intensiva. Por eso, los expertos recomiendan alternar y espaciar el uso de insecticidas, así como emplear diferentes tipos de compuestos en distintas zonas o momentos. De esta manera, se dificulta que desarrollen resistencia generalizada.

Innovaciones y desafíos globales en la lucha contra la resistencia del mosquito de la malaria

Nuevos abordajes científicos buscan anticipar y contrarrestar la adaptación acelerada de los mosquitos transmisores de la malaria. Entre las estrategias emergentes se destacan el desarrollo de mosquitos modificados genéticamente mediante tecnologías de impulso génico, que persiguen reducir la capacidad de transmisión o limitar el ciclo vital del parásito Plasmodium en el vector. Estas herramientas, aún en fase experimental, despiertan expectativas y debates en la comunidad científica por su potencial y los desafíos éticos que plantean.

A esto se suma la aprobación y despliegue progresivo de vacunas como la RTS,S/AS01, que mostró eficacia para disminuir casos graves en niños africanos, aunque los expertos insisten en que no reemplaza los métodos tradicionales de prevención y control vectorial. Investigaciones recientes exploran el uso combinado de nuevas familias de insecticidas, la rotación programada de principios activos y el monitoreo genético en tiempo real para identificar focos emergentes de resistencia.

El cambio climático representa otro factor que complica la situación. Modificaciones en la temperatura y los patrones de precipitaciones favorecen la expansión de los mosquitos hacia regiones previamente libres de la enfermedad, lo que obliga a adaptar las estrategias de vigilancia y respuesta sanitaria. Organismos internacionales advierten que la cooperación transfronteriza y la educación comunitaria serán claves para evitar la propagación de cepas resistentes y frenar el avance de la malaria en la próxima década. 

27 marzo 2026 | Fuente: Infobae | Tomado del sitio web | Noticia

Identifican-el-gen-que-atrae-a-los-mosquitos-al-sudor-humano_image_380Un experimento tan insólito como arriesgado puso a prueba los límites del cuerpo humano: un estudiante se ofreció como voluntario para enfrentarse a 100 mosquitos hambrientos dentro de una cámara cerrada. La escena, tan incómoda como reveladora, buscaba descifrar el comportamiento de un insecto que, pese a su aparente simpleza, sigue desconcertando a la ciencia.

Chris Zuo, estudiante de pregrado, fue el protagonista de la prueba inicial y permaneció cuatro minutos en la habitación, cubierto apenas por un traje de malla que, en teoría, lo protegería. Sin embargo, el resultado fue contundente: una serie de picaduras registradas que dejaron en evidencia que la vestimenta no era suficiente frente al ataque.

Este experimento marcó el inicio de un proceso de tres años, en el que un equipo de investigadores, encabezado por un profesor de Georgia Tech con más de dos décadas de experiencia en el estudio del movimiento animal, buscó comprender cómo los mosquitos toman decisiones al interactuar con los humanos.

La investigación siguió todos los protocolos éticos, garantizando la seguridad del voluntario y asegurando que los insectos utilizados estuvieran libres de enfermedades y fueran nativos del estado de Georgia. La sesión inicial fue la única en la que un participante humano sufrió picaduras directas.

Motivos y relevancia del estudio sobre mosquitos

Los mosquitos son responsables de la transmisión de enfermedades como la malaria y el dengue, ocasionando más de 700 000 muertes cada año, una cifra que supera a las de víctimas de conflictos armados, indica un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La humanidad invierte anualmente 22 000 millones de dólares en insecticidas, larvicidas y mosquiteros tratados, en un intento constante por controlar a un insecto que pesa 10 veces menos que un grano de arroz y posee únicamente 200 000 neuronas. A pesar de estos esfuerzos, estos bichos se adaptan rápidamente a los entornos urbanos y propagan enfermedades con mayor eficiencia, en parte por el cambio climático.

Comprender cómo detectan y eligen a sus víctimas se ha vuelto crucial, ya que logran localizar a los humanos a pesar de su limitada visión y simpleza aparente. El ensayo científico buscó, mediante la observación directa y el seguimiento de los vuelos de los mosquitos, modelar sus decisiones y reacciones ante la presencia humana, con la esperanza de aportar herramientas más eficaces para su control y, en última instancia, reducir el impacto global de las enfermedades que transmiten.

Uno de los desafíos clave fue recopilar datos precisos sobre las trayectorias de vuelo de cada ejemplar. Inicialmente, se consideró replicar antiguos “estudios de picaduras” donde los voluntarios se desnudaban para eliminar variables como el color de la ropa, pero se prefirió una aproximación menos riesgosa.

Chris, ya protegido con ropa de manga larga lavada con detergente sin perfume, guantes y mascarilla, posó inmóvil mientras los mosquitos lo rodeaban, permitiendo la observación sin más picaduras.

Para registrar el comportamiento de los insectos, el equipo utilizó el Photonic Sentry, una cámara especializada recomendada por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos. Este dispositivo es capaz de rastrear cientos de insectos voladores simultáneamente, grabando a razón de 100 fotogramas por segundo y una resolución de 5 mm en espacios similares a un estudio grande.

En cuestión de horas, Chris y un colega de posgrado, Soohwan Kim, lograron recolectar más datos de vuelo de los insectos que los que se habían documentado previamente a nivel mundial.

El resultado del estudio de mosquitos

El análisis de los datos recogidos permitió a los investigadores obtener resultados valiosos. Tras la prueba, los expertos analizaron millones de puntos de velocidad y posición, empleando principios de inferencia bayesiana para respaldar las hipótesis matemáticas con observaciones reales.

Gracias a la enorme cantidad de trayectorias registradas, los científicos lograron identificar cómo reacciona un mosquito ante distintos tipos de señales.

Uno de los resultados más relevantes fue que los insectos modifican su vuelo según el estímulo presente. Ante un objeto visual oscuro, tienden a sobrevolar la zona sin detenerse; la presencia de dióxido de carbono, en cambio, provoca que reduzcan su velocidad y se concentren cerca de la fuente.

Cuando se combina una señal visual con las moléculas, adoptan patrones de vuelo orbital a alta velocidad alrededor del objetivo. Este comportamiento, inédito en estudios previos, se observó repetidamente tanto con maniquíes de poliestireno como en humanos, vestido de blanco y con sombrero negro, en la cámara experimental.

El modelo predictivo desarrollado por el equipo fue capaz de anticipar con precisión la distribución de los mosquitos alrededor de un humano, identificando “zonas de peligro” donde la probabilidad de ser rodeado por los insectos era significativamente mayor. Esto representa un avance sustancial respecto a los métodos de ensayo y error utilizados comúnmente para diseñar trampas o medidas de protección.

La revisión demostró que una comprensión matemática del comportamiento de los mosquitos puede servir como base para mejorar los sistemas de control y captura, contribuyendo así a la reducción de enfermedades transmitidas por estos insectos.

El experimento permitió comprender con mayor precisión cómo los mosquitos detectan y eligen a sus víctimas, y sentó las bases para el desarrollo de modelos predictivos aplicables al diseño de nuevas estrategias de control. La integración de observaciones directas, tecnología avanzada y análisis matemático proporciona un enfoque sólido para enfrentar el desafío que representa este diminuto y letal insecto. 

23 marzo 2026 | Fuente: Infobae | Tomado del sitio web | Noticia

aedesCon cuatro muertes y 3 811 enfermos de chikunguña, Santa Cruz constituye hoy el epicentro de esta epidemia en Bolivia y permanece con alerta roja, según el Servicio Departamental de Salud (Sedes).

Advierte la fuente que, en solo dos meses, el número de casos ya superó el total registrado en 2025, y en la última semana quedaron confirmados 901 contagios.

Precisa el Sedes que más de la mitad de los pacientes, 2 094 (57 %), se concentran en Santa Cruz de la Sierra, capital departamental, y ya son 31 los municipios que reportan casos positivos.

Menciona entre las jurisdicciones afectadas a La Guardia, San Julián; El Torno y Montero, que suman 37 pacientes internados, ocho en estado grave.

Las autoridades piden a la población reforzar la eliminación de criaderos del mosquito Aedes aegypti, agente transmisor de la enfermedad, y asumir mayor compromiso en hogares y barrios.

El 9 del mes en curso fue declarada la alerta roja, tras confirmarse la primera muerte, y desde entonces brigadas sanitarias intensificaron campañas de fumigación y eliminación de criaderos en barrios urbanos y periurbanos de los 27 municipios afectados.

Alertó el responsable de Epidemiología de la Secretaría Municipal de Salud de Santa Cruz de la Sierra, Christian Quiroga, que circula una nueva cepa del virus con mayor capacidad de transmisión.

Según describió, esta variación podría estar asociada a cuadros clínicos más severos, pues además de los habituales síntomas, han sido confirmadas complicaciones neurológicas como la inflamación de las membranas cerebrales y de la médula espinal (meningitis), con un mayor riesgo de letalidad de los pacientes.

Por su parte, el director departamental de Educación, Nelson Alcócer, confirmó que los estudiantes podrán obtener licencia inmediata con solo comunicar síntomas por vía telefónica y cada distrito podrá modificar la modalidad de clases, si más de la mitad del alumnado resulta afectado.

Un tercio del personal cruceño médico y de enfermería se reporta entre los enfermos, lo cual complica la situación.

Con más de tres millones de habitantes, Santa Cruz constituye el departamento más poblado y motor económico de Bolivia, y encara en estos momentos la temporada de lluvias, situación favorable para el incremento de criaderos del mosquito A. aegypti.

Causante de fiebre alta repentina, agudos dolores musculares e inflamación de las articulaciones, el chikunguña es una enfermedad viral transmitida por ese vector, al igual que la fiebre amarilla, el dengue y el zika.

El médico cubano Carlos Juan Finlay confirmó a finales del siglo XIX la teoría del mosquito como agente transmisor de la fiebre amarilla, con lo cual aportó el método para el combate a todas estas enfermedades. 

24 febrero 2026 | Fuente: Prensa Latina | Tomado de | Noticia

mosquito.jpnA medida que la presencia humana expulsa a los animales de sus hábitats, los mosquitos que antes se alimentaban de una gran variedad de huéspedes podrían estar encontrando nuevos objetivos humanos para saciar su «sed de sangre», según un nuevo estudio.

Los detalles de este trabajo, que no obstante precisa de más análisis, se publican en la revista Frontiers in Ecology and Evolution, en un artículo que firman científicos de centros brasileños. Según estos, investigar el comportamiento alimentario de los mosquitos es fundamental para comprender la dinámica ecológica y epidemiológica de los patógenos que transmiten.

Y es que las picaduras son más que una simple picazón. Mosquitos infectados transmiten virus como la fiebre amarilla, el dengue, el zika o el chikunguña, que causan enfermedades que amenazan gravemente la salud humana y pueden tener consecuencias adversas a largo plazo.

El estudio se centra en la mata atlántica, que se extiende a lo largo de la costa brasileña albergando cientos de especies de aves, anfibios, reptiles, mamíferos y peces. Sin embargo, debido a la expansión humana, solo un tercio de su superficie original permanece intacta, según un comunicado de la revista.

Como resultado, los mosquitos cambian sus hábitos y hábitats y se acercan a los seres humanos, de los que acaban alimentándose por conveniencia.

«Aquí demostramos que las especies de mosquitos que capturamos en los restos de la mata atlántica tienen una clara preferencia por alimentarse de humanos», resume Jeronimo Alencar, del Instituto Oswaldo Cruz de Río de Janeiro.

Los huéspedes más apetecidos de los mosquitos

Esto es crucial porque en un entorno como el bosque atlántico, con una gran diversidad de posibles huéspedes vertebrados, la preferencia por los humanos aumenta significativamente el riesgo de transmisión de patógenos, añade por su parte Sergio Machado, de la Universidad Federal de Río de Janeiro.

Para su estudio, los investigadores utilizaron trampas luminosas para capturar mosquitos en dos reservas naturales del estado de Río de Janeiro.

En el laboratorio se separaron, para su análisis, las hembras de mosquitos saciadas. Los investigadores extrajeron ADN de la sangre y utilizaron su secuenciación para analizar un gen específico que funciona como un código de barras único para cada especie de vertebrado.

Al comparar los códigos de barras encontrados en la sangre con una base de datos, pudieron determinar de qué animal se había alimentado el mosquito.

De un total de 1 714 mosquitos capturados pertenecientes a 52 especies, 145 hembras estaban hinchadas de sangre. Se pudieron identificar las «comidas de sangre» consumidas por 24 ejemplares, que procedían de 18 humanos, un anfibio, seis aves, un cánido y un ratón; algunas procedían de múltiples fuentes.

¿Por qué la sangre humana?

Los investigadores plantearon la hipótesis de que múltiples factores podrían influir en su preferencia por nuestra sangre.

El comportamiento de los mosquitos es complejo, explica Alencar. «Aunque algunas especies de mosquitos pueden tener preferencias innatas, la disponibilidad y la proximidad del huésped son factores extremadamente influyentes».

A pesar de que se trata de un estudio inicial y son necesarias exploraciones con más datos y métodos más precisos, los resultados ya pueden contribuir al desarrollo de políticas y estrategias mejoradas para controlar los mosquitos portadores de enfermedades y ayudar a predecir y prevenir futuros brotes, según los autores.

«Saber que los mosquitos de una zona tienen una fuerte preferencia por los seres humanos sirve como alerta del riesgo de transmisión», concluye Machado. 

15 enero 2026 | Fuente: EFE | Tomado de | Noticia

Fiebre amarillaEl Ministerio de Salud y Protección Social de Colombia pidió hoy a la ciudadanía priorizar la vacunación contra la fiebre amarilla para prevenir la transmisión de esa enfermedad.

En un comunicado apuntó que en lo que va de año se confirmaron 118 casos del padecimiento y 49 fallecidos en 10 departamentos.

Señaló que Tolima es el territorio más afectado pues, desde el inicio del brote en 2024, reporta 121 enfermos con 47 decesos. Asimismo, alertó que entre los días 26 y 27 del mes en curso se confirmaron otros tres diagnósticos y dos de las personas infectadas murieron.

La cartera ministerial comunicó que, ante la situación y en coordinación con la Secretaría de Salud de Tolima, los gerentes de las instituciones prestadoras de salud, entre otras entidades, desarrolla acciones de control de la enfermedad que se centra en la gestión integral de la contingencia.

También se intensifica la vigilancia, la prevención primaria de la transmisión, el manejo integral de casos y la comunicación del riesgo, con el fin de controlar la propagación.

De acuerdo con la comunicación, desde el inicio del brote, los equipos básicos de salud aplicaron cerca de cinco millones de vacunas contra la fiebre amarilla en todo el país, gracias a lo cual se alcanzó una cobertura superior al 95 % en las zonas de alto riesgo.

Según declaró el ministro, Guillermo Jaramillo, el análisis de los casos reportados en el último periodo permitió concluir que las personas afectadas por la enfermedad son aquellas que se negaron a recibir la vacuna o aquellas que se desplazaron a zonas de alto riesgo y no se inmunizaron previamente. 

30 diciembre 2025 | Fuente: Prensa Latina | Tomado de | Noticia

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