variante SARS-CoV-2El Ministerio de Salud Pública de la República Dominicana informó hoy que, hasta la fecha, no existe evidencia de circulación en el país de la subvariante BA.3.2 del SARS-CoV-2, conocida como “Cicada”.

De acuerdo con los datos del sistema nacional de vigilancia y la red de laboratorios, no se ha identificado la presencia de esta variante en el territorio nacional, aunque las autoridades mantienen una vigilancia epidemiológica continua para la detección oportuna de nuevas cepas, precisó.

Trascendió que durante las primeras 12 semanas epidemiológicas de 2026, las autoridades han observado una circulación sostenida de virus respiratorios, con predominio de la influenza A (H1N1 y H3N2) y la influenza B, esta última atendida mediante una estrategia de vacunación iniciada a finales del año pasado.

Asimismo, se ha detectado la presencia de otros virus como el adenovirus y el parainfluenza, lo que refleja una circulación simultánea de agentes respiratorios, situación habitual en esta época del año.

El viceministro de Salud Colectiva, Eladio Pérez, destacó que el sistema de vigilancia permite una identificación temprana de eventos respiratorios, incluyendo nuevas variantes, lo que fortalece la capacidad de respuesta del sistema sanitario.

El Ministerio reiteró que las decisiones se basan en datos epidemiológicos en tiempo real, integrando información de hospitales, direcciones provinciales y la red nacional de laboratorios.

Como medidas preventivas, recomendó el lavado frecuente de manos, el uso de mascarilla en caso de síntomas respiratorios, mantener el distanciamiento físico cuando se esté enfermo y acudir a los servicios de salud ante signos de alarma.

La subvariante BA.3.2 del SARS-CoV-2 fue identificada primero en África y luego en múltiples regiones de Europa y América. Se encuentra bajo monitoreo por la Organización Mundial de la Salud (OMS). 

10 abril 2026 | Fuente: Prensa Latina | Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2026. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A. | Noticia

optimismoEl optimismo aparece hoy como un nuevo elemento capaz de reducir la demencia, un hallazgo que los investigadores califican como un factor protector modificable.

Identificar el optimismo como un factor psicosocial protector subraya su valor potencial para favorecer un envejecimiento saludable, subraya el artículo publicado en la revista Journal of the American Geriatrics Society.

Los investigadores puntualizan que muchos de los avances en este campo llegaron muy tarde, y los factores de riesgo conocidos —genética, hipertensión, sedentarismo— son difíciles de cambiar cuando el daño ya está hecho.

En el mundo, la Organización Mundial de la Salud contabiliza 57 millones de personas con demencia hoy, y proyecta 139 millones para mediados de siglo.

Con ese horizonte, enfatizan los expertos, identificar qué factores pueden proteger el cerebro deja de ser un ejercicio académico para convertirse en algo mucho más urgente.

La demencia es la pérdida de las funciones cognitivas —el pensamiento, la memoria y el razonamiento— a tal grado que interfiere con la vida diaria y las actividades de la persona.

Algunas personas con este padecimiento no pueden controlar sus emociones y su personalidad puede cambiar.

Dicha dolencia varía en gravedad desde la etapa más leve, cuando recién comienza a afectar el funcionamiento de la persona, hasta la etapa más grave, cuando debe depender completamente de otros para las actividades básicas de la vida diaria, como alimentarse.

La demencia es un problema de salud significativo que afecta a millones de personas, y la enfermedad de Alzheimer es el tipo más común, pero también se pueden desarrollar otras como la vascular, la de cuerpos de Lewy, la frontotemporal y la mixta.

La prevalencia e incidencia de la mencionada enfermedad aumentan con la edad, y aunque no forma parte del envejecimiento normal, es un factor que contribuye a la dependencia y discapacidad en las personas mayores.

Esta enfermedad tiene un impacto profundo en las personas afectadas, sus familias y los sistemas de salud. 

08 marzo 2026 | Fuente: Prensa Latina | Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2026. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A. | Noticia

fatiga pandémicaUn ensayo clínico reveló que el antidepresivo fluvoxamina reduce significativamente la fatiga persistente asociada a la covid-19, uno de los síntomas más debilitantes y persistentes de la enfermedad, informó hoy una fuente especializada.

De acuerdo con la revista Annals of Internal Medicine, los pacientes que tomaron fluvoxamina informaron una mejora constante en la fatiga y en la calidad de vida durante 60 a 90 días con pocos efectos secundarios.

Un equipo de investigación global, codirigido por la Universidad McMaster, Canadá, midió los cambios utilizando una escala estándar de gravedad de la fatiga.

La fluvoxamina produjo una reducción significativa de la fatiga al día 60, con una mejora continua al día 90, y también cambió la calidad de vida general.

Una limitación importante del estudio fue la ausencia de evaluación de antecedentes de depresión. Por lo tanto, no se puede determinar si el efecto del tratamiento se debió a un efecto directo sobre la fatiga persistente por covid-19 o a un efecto sobre la depresión basal.

Según la literatura médica, «la fluvoxamina se utiliza para tratar el trastorno obsesivo-compulsivo (pensamientos molestos que no desaparecen y la necesidad de realizar ciertas acciones una y otra vez) y el trastorno de ansiedad social (miedo extremo a relacionarse con otros, o a actuar delante de ellos que interfiere en la vida normal)».

Dicho fármaco pertenece a una clase de medicamentos llamados inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y su acción consiste en aumentar la cantidad de serotonina, una sustancia natural del cerebro que ayuda a mantener el equilibrio mental. 

07 abril 2026 | Fuente: Prensa Latina | Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2026. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A. | Noticia

obesidadLa comunidad médica está hoy dividida entre los que prefieren el Índice de Masa Corporal (IMC) como método para definir la obesidad, y los que defienden la tesis de la obesidad preclínica.

El IMC es la referencia para diagnosticar este problema de salud, pero en los últimos tiempos surgió la propuesta de ir más allá de este indicador, y redefinir cómo se identifica esta condición.

Algunos lo ven como un avance hacia una medicina más precisa, otros advierten de posibles consecuencias que podrían afectar directamente a los pacientes, especialmente en el acceso a tratamientos y a una atención adecuada.

Según la revista The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism, la forma en que se define la obesidad tiene consecuencias reales para los pacientes.

Esto se debe a que las definiciones diagnósticas influyen en quién califica para el tratamiento, cómo los médicos manejan la atención y cómo las aseguradoras determinan la cobertura de medicamentos y cirugía.

Puntualiza la fuente, que «cualquier nuevo marco debe basarse en evidencia sólida, ser práctico para el uso clínico diario y estar diseñado para mejorar, en lugar de restringir, el acceso equitativo al tratamiento eficaz de la obesidad».

Los médicos deben demostrar que la disfunción orgánica es causada por la grasa corporal para diagnosticar la obesidad clínica e introducen una categoría de obesidad preclínica para personas sin evidencia de disfunción orgánica.

Este enfoque –en opinión de los expertos- puede retrasar y complicar el tratamiento.

Explican que al basarse en la demostración de que la disfunción orgánica es causada por un exceso de grasa corporal, es difícil de implementar en la atención clínica de rutina y puede retrasar el tratamiento o crear barreras de acceso.

Subrayan que la definición de obesidad preclínica es conceptualmente inestable y depende de la intensidad de las pruebas diagnósticas, mientras que la exclusión de la diabetes tipo 2 de los criterios clínicos es inconsistente con la evidencia científica y clínica actual.

Los autores proponen un enfoque más práctico para diagnosticar la obesidad que enfatiza el riesgo clínico y el impacto funcional, utiliza enfoques ya establecidos, y garantiza que las nuevas definiciones mejoren la atención sin crear barreras para el tratamiento. 

07 marzo 2026 | Fuente: Prensa Latina | Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2026. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A. | Noticia

abril 15, 2026 | Carlos Alberto Santamaría González | Archivado en: Medicina familiar y comunitaria,Nutrición,Obesidad | Etiquetas: , , |

imagen-cerebro2Una investigación propone sustituir el sedentarismo pasivo por el mentalmente activo tras quedar demostrado que reduce el riesgo de aparición de demencia en la edad adulta.

El estudio, publicado en la revista American Journal of Preventive Medicine, tiene el potencial de servir de base para las directrices de salud pública y las estrategias preventivas destinadas a reducir la incidencia de la mencionada dolencia.

Anteriormente se creía que todos los comportamientos sedentarios estaban asociados con un mayor riesgo de desarrollar demencia.

Ahora, los investigadores descubrieron que los comportamientos sedentarios mentalmente pasivos, como ver la televisión aumentaban el riesgo de depresión, mientras que leer y trabajar en la oficina parecía tener un efecto protector.

Está demostrado -recuerda la fuente- que permanecer sentado durante periodos prolongados e ininterrumpidos es un factor de riesgo para enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y depresión; también fue asociado con la demencia.

Este es el primer estudio que distingue entre la postura sentada pasiva y la mentalmente activa en relación con la demencia.

«Si bien estar sentado implica un gasto energético mínimo, puede diferenciarse por el nivel de actividad cerebral», aclara la revista American Journal of Preventive Medicine.

La forma en que usamos el cerebro mientras estamos sentados parece ser un determinante crucial del funcionamiento cognitivo futuro y puede predecir la aparición de la demencia, aseguran los expertos.

Por otra parte, el aumento del tiempo dedicado a comportamientos sedentarios mentalmente activos se asoció con una reducción significativa del riesgo de demencia, manteniendo al mismo tiempo los niveles de comportamiento sedentario pasivo y de actividad física ligera y moderada a vigorosa.

«El sedentarismo es un factor de riesgo omnipresente, pero modificable, para muchas afecciones de salud, incluida la demencia.

Los científicos concluyeron que no todos los comportamientos sedentarios son equivalentes; algunos pueden aumentar el riesgo de demencia, mientras que otros pueden ser protectores.

Mantenerse físicamente activo sigue siendo fundamental, pero, a medida que envejecemos, también lo es entrenar el cerebro, incluso cuando estamos sentados.

Sugirieron que cambiar parte del tiempo de sofá pasivo por lectura u otras tareas cognitivas podría ser un gesto sencillo con un impacto importante en la salud cerebral a largo plazo.

Según la fuente, la demencia es la tercera causa principal de mortalidad y la séptima causa principal de discapacidad entre los adultos mayores en todo el mundo. 

07 marzo 2026 | Fuente: Prensa Latina | Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2026. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A. | Noticia

dormirMantener un horario regular para acostarse podría mejorar la salud del corazón y reducir el riesgo de sufrir problemas cardiovasculares, como infarto o derrame cerebral, mostró un estudio publicado en la revista Science.

Investigadores de la Universidad de Oulu, en Finlandia, midieron la actividad del sueño de 3 231 personas de 46 años mediante dispositivos portátiles durante una semana.

Al dividir a los participantes que dormían menos de ocho horas en grupos según sus hábitos de sueño (regulares, bastante regulares e irregulares), los datos mostraron que quienes dormían de forma irregular tenían el doble de riesgo de sufrir un evento cardíaco grave en la próxima década, en comparación con quienes lo hacían de forma regular.

Una mayor variabilidad en el punto medio del sueño (el intervalo entre la hora de acostarse y la de despertarse) también se asoció con una peor salud cardiovascular.

Los datos mostraron que la hora de despertarse tampoco parecía importar, la relación solo se observó en las grandes variaciones a la hora de acostarse.

En el grupo con horarios irregulares, la variabilidad promedio en la hora de acostarse durante la semana fue de 108 minutos, en comparación con los 33 minutos del grupo con horarios regulares.

Si bien los investigadores controlaron factores como la presión arterial, el sexo y el ejercicio, no se puede demostrar una relación de causa y efecto, sino solo una asociación notable.

Los investigadores creen que los ciclos naturales de 24 horas que experimenta nuestro cuerpo —ritmos circadianos— podrían ayudar a explicar parte de esta asociación.

Cambiar la hora de acostarse cada noche probablemente altere estos ritmos, lo que a su vez impide que el corazón tenga los períodos adecuados de descanso y recuperación.

La pesquisa reconoció que el estrés cotidiano también podría desempeñar un papel importante.

Los desafíos de la vida diaria que afectan los horarios de sueño —como la carga de trabajo o los problemas de salud mental—suelen afectar la salud cardiovascular. 

07 abril 2026 | Fuente: Prensa Latina | Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2026. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A. | Noticia

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