ejercicos aerobiosEl ejercicio aeróbico podría ayudar a luchar contra la enfermedad del hígado graso no asociada al consumo de alcohol, según un estudio realizado con modelos animales publicado en la revista Metabolism. Esta es la patología hepática más frecuente en todo el mundo —afecta cerca del 24 % de la población mundial— y a menudo también causa cierto estigma entre las personas afectadas. El trabajo abre nuevas vías para poder identificar este proceso en pacientes, y así diseñar nuevas estrategias para prevenir la progresión de la patología.

El artículo lo dirige la profesora María Isabel Hernández-Alvarez, de la Facultad de Biología de la Universidad de Barcelona, el Instituto de Biomedicina  (IBUB) y el Centro de Investigación Biomédica en Red de Diabetes y Enfermedades Metabólicas Asociadas (CIBERDEM), en colaboración con Rodrigo Troncoso, de la Universidad de Chile, y Víctor Cortés, de la Pontificia Universidad  Católica de Chile.

Cuando el hígado acumula grandes cuantidades de grasa

Una de las características de la enfermedad del hígado graso —o esteatohepatitis no alcohólica (NAFLD)— es la gran concentración de gotas de lípidos (LD) que se acumulan en las células del hígado. «Nuestros descubrimientos revelan que el ejercicio aeróbico —es decir, una actividad física moderada prolongada en el tiempo—, ayuda a metabolizar las grasas porque reduce el tamaño de las gotas de lípidos y, por tanto, la gravedad de la enfermedad», apunta la autora.

«Así pues, las demandas de energía inducidas por el ejercicio determinan cambios regulados en las relaciones físicas y funcionales entre las gotas de grasa y las mitocondrias, los orgánulos celulares que aportan energía al metabolismo».

Esta interacción tendría lugar con una población específica de mitocondrias, que se conoce como mitocondrias perigotas (peridroplet mitocondria, PDM). «Como resultado, hay una mayor oxidación de los lípidos en esta población específica de mitocondrias, un proceso que ayuda a evitar el progreso de la patología».

Descubriendo una conexión desconocida hasta ahora

«La interacción entre las gotas lipídicas (LD) y las mitocondrias es funcionalmente importante para la homeostasis del metabolismo de las grasas. El ejercicio mejora la enfermedad del hígado graso, pero hasta ahora no se sabía si la enfermedad tenía un efecto directo sobre las interacciones entre las LD hepáticas y las mitocondrias», detalla Maria Isabel Hernàndez-Alvarez, investigadora postdoctoral Ramón y Cajal del Departamento de Bioquímica y Biomedicina Molecular de la UB.

El trabajo también destaca que la mitofusina 2 (Mfn2) —una proteína localizada en la membrana externa de las mitocondrias— tiene un papel decisivo en este proceso cuando modifica la comunicación entre las gotas lipídicas y la población específica de mitocondrias.

«En el estudio, encontramos una disminución en el contenido relativo de ácidos grasos saturados en las membranas mitocondriales hepáticas de animales que habían hecho ejercicio. Esto nos sugiere que la fluidez de la membrana aumenta en estas mitocondrias», indica Hernàndez-Alvarez. «En el caso de los ratones sin el gen Mfn2 y en los expuestos a la actividad física, no se observaron cambios en la saturación y el metabolismo de los ácidos grasos. Estos resultados indican que la proteína Mfn2 participa en la regulación de la composición de ácidos grasos de las membranas mitocondriales en respuesta al ejercicio».

Según los autores, la proteína Mfn2 regularía la curvatura de la membrana mitocondrial cuando promueve la oxidación de grasa en una población específica de mitocondria, mediante su interacción y capacidad para formar dominios específicos con fosfolípidos de membrana. El nuevo trabajo es un paso para potenciar la investigación sobre mediadores y mecanismos moleculares que podría impulsar estrategias nuevas para prevenir la progresión de la NAFLD. «Teniendo en cuenta las funciones MFN2 en la morfología mitocondrial y en el hígado, las manipulaciones terapéuticas de los niveles y la actividad de Mfn2 podrían contribuir a mejorar la inflamación y la fibrosis asociada a la NAFLD», concluye la investigadora.

Referencia:  Bórquez JC, Díaz-Castro F, Pino-de La Fuente F, Espinoza K, Figueroa AM, Martínez-Ruíz I, et al. Mitofusin-2 induced by exercise modifies lipid droplet-mitochondria communication, promoting fatty acid oxidation in male mice with NAFLD. Metabolism[Internet].2024[citado 23 ene 2024];152. https://doi.org/10.1016/j.metabol.2023.155765

22 enero 2024│Fuente: EurekaAlert│ Tomado de│ Comunicado de prensa

enero 24, 2024 | gleidishurtado | Filed under: Gastroenterología | Etiquetas: , , , , , |

Aerbico

El ejercicio aeróbico regular, conocido popularmente como «cardio», está relacionado con un riesgo significativamente menor de muerte por gripe o neumonía, incluso a niveles semanales inferiores a los recomendados, según una investigación estadounidense publicada en línea en la revista British Journal of Sports Medicine.

Sin embargo, los resultados sugieren que puede haber un nivel por encima del cual los efectos se estabilizan o, en el caso de las actividades de fortalecimiento muscular, se vuelven potencialmente perjudiciales.

Se recomienda a los adultos que realicen al menos 150 minutos semanales de actividad física aeróbica de intensidad moderada, o 75 minutos de intensidad vigorosa, o una combinación equivalente, más una actividad de fortalecimiento muscular de intensidad moderada o superior al menos dos veces por semana.

El ejercicio aeróbico, que incluye caminar a paso ligero/velocidad, nadar, correr y subir escaleras, es sostenido, aumenta la frecuencia cardiaca y hace sudar. Las actividades de fortalecimiento muscular incluyen el uso de pesas y bandas de resistencia; ejercicios como sentadillas, estocadas y flexiones (calistenia); y jardinería pesada.

Además de ayudar a mantener un buen estado de salud y prevenir enfermedades graves, la actividad física regular también puede proteger contra la muerte por gripe o neumonía, según indican las pruebas.

Para determinar si los tipos y cantidades de actividad física podía estar relacionada a la reducción de riesgo se basaron en las respuestas de 577 909 adultos que habían participado en la Encuesta Nacional de Entrevistas de Salud (NHIS) representativa a nivel nacional de los Estados Unidos entre 1998 y 2018.

Se preguntó a los encuestados con qué frecuencia dedicaban 10 o más minutos a actividades aeróbicas de intensidad vigorosa y de intensidad ligera o moderada. Y se les preguntó con qué frecuencia realizaban actividades de fortalecimiento muscular.

A continuación, se clasificó a cada persona según el grado de cumplimiento de los objetivos semanales recomendados de actividad aeróbica + fortalecimiento muscular: sin cumplir ninguno de los dos; cumpliendo el objetivo de actividad aeróbica; cumpliendo el objetivo de fortalecimiento muscular; y cumpliendo ambos objetivos.

Se definieron cinco niveles de actividad física: menos de 10, 10-149, 150-300, 301-600 y más de 600 min/semana de actividad física moderada a vigorosa; y menos de 2, 2, 3, 4-6 y 7 o más sesiones/semana de actividades de fortalecimiento muscular.

La mitad de los encuestados (50,5%) no cumplía ninguno de los objetivos semanales. El grado en que lo hacían difería significativamente según los factores sociodemográficos y de estilo de vida, las condiciones de salud subyacentes y si se habían vacunado contra la gripe y/o la neumonía.

Un tercio (34%) eran aeróbicamente inactivos, y más de tres cuartas partes (78%) declararon menos de 2 sesiones semanales de actividades de fortalecimiento muscular.

Durante un periodo medio de seguimiento de 9 años, murieron 81.431 participantes; 1.516 de estas muertes se atribuyeron a la gripe y la neumonía.

«Aunque [10-150 min/semana] se suele calificar de ‘insuficiente’ porque queda por debajo de la duración recomendada, puede conferir beneficios para la salud en relación con la inactividad física», sugieren los investigadores.

En cuanto a las actividades de fortalecimiento muscular, en comparación con menos de 2 sesiones semanales, cumplir el objetivo semanal de 2 se asoció con un riesgo un 47% menor, pero 7 o más sesiones se asociaron con un riesgo un 41% mayor.

Aunque está fuera del alcance de este estudio, las explicaciones plausibles [para esta dicotomía] van desde respuestas inexactas (como informar de la actividad física ocupacional, que puede no conferir el mismo efecto protector que la actividad física en el tiempo libre) hasta ramificaciones hemodinámicas de [la actividad de fortalecimiento muscular] frecuente y de alta intensidad, explican los investigadores.

Se trata de un estudio observacional y, como tal, no puede establecer la causa, a lo que se añaden las diversas limitaciones que reconocen los investigadores. Por ejemplo, el estudio se basó en el recuerdo personal y en un momento dado; la encuesta NHIS sólo recogía la actividad física de ocio en tandas de 10 minutos o más, y tampoco distinguía entre actividades de intensidad ligera y moderada.

No obstante, los investigadores concluyen: «Los esfuerzos para reducir la mortalidad por gripe y neumonía entre los adultos podrían centrarse en disminuir la prevalencia de inactividad aeróbica y aumentar la prevalencia de lograr 2 episodios/semana de actividad de fortalecimiento muscular.»

 

Mayo 17/2023 (MedicalXpress) – Tomado de Health – Sports medicine & Kinesiology  Copyright Medical Xpress 2011 – 2023 powered by Science X Network.

 

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