jul
18
La historia clínica medioambiental del paciente será «una herramienta básica» para el médico del futuro, fundamental para orientar la causa de las enfermedades, sostiene su principal impulsor en España, el pediatra Juan Antonio Ortega.
Unos 400 profesionales participan actualmente en un curso sobre medicina medioambiental que ofrece la Asociación Española de Pediatría y que coordina Ortega, pionero en una materia en la que trabaja desde hace veinte años, cuando hablar sobre la incidencia del medio en las enfermedades era «motivo de incredulidad», cuando no «de burla».
Pese a que «los futuros líderes de la medicina ambiental están ahora mismo acabando sexto de primaria», Ortega está seguro de que esta rama «va a revolucionar la medicina».
El especialista, que coordina la Unidad de Salud Medioambiental Pediátrica del Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca (Murcia), compara la situación con la de los genetistas hace 40 años. «A ver quién pone ahora un hospital sin unos servicios de genética clínica. En medicina ambiental pasará lo mismo», anticipa.
«Haces a un paciente unas pruebas genéticas y le parece fantástico. Pero le hablas de un cribado de salud ambiental y te pregunta para qué. Y el fondo es lo mismo, intentar comprender las causas de las enfermedades», señala.
«Seamos realistas: ¿quién le pregunta a los enfermos dónde trabajan y qué exposiciones tienen? Creo que la inmensa mayoría de los enfermos crónicos lo son por enfermedades ambientalmente relacionadas y todos tienen el derecho a una cuidadosa historia clínica ambiental que les permita resolver sus dudas y planificar mejor su futuro», dice a EFE el pediatra, que confía en que la generalización de esa historia sea «la mejor herencia» de su paso por la medicina.
Ortega apunta que, ante un paciente con riesgo cardiovascular, un médico pide una analítica para medir el colesterol, los triglicéridos o la creatinina, «pero todavía no pide los niveles de plomo, cuando se sabe que algunos metales pesados aportan tanto o más riesgo cardiovascular que el colesterol».
«No es difícil hacerlo, pero todavía no forma parte del acervo del médico», señala.
Anemia, párkinson: casos concretos
El doctor cita varios casos, expuestos durante el curso, de enfermedades causadas o agravadas por factores ambientales (cáncer, enfermedades endocrinas, trastornos del neurodesarrollo). Y refiere ejemplos concretos, como el de un pequeño que sufrió anemia aplásica y requirió un trasplante después de que el interior de su vivienda se decorase con pintura para fachadas; o el de niños inmunodeprimidos que reducen sus infecciones.
El doctor cita varios casos, expuestos durante el curso, de enfermedades causadas o agravadas por factores ambientales (cáncer, enfermedades endocrinas, trastornos del neurodesarrollo). Y refiere ejemplos concretos, como el de un pequeño que sufrió anemia aplásica y requirió un trasplante después de que el interior de su vivienda se decorase con pintura para fachadas; o el de niños inmunodeprimidos que reducen sus infecciones respiratorias gracias a la instalación de un filtro HEPA (recogedor de partículas) en su casa.
También habla de una persona de 26 años con párkinson, que llevaba desde la adolescencia expuesta a pesticidas por su trabajo en un invernadero: «No encontraron nada genético y le mandaron a nuestra consulta. Hicimos una evaluación de riesgos, un detalle de los pesticidas a los que estuvo expuesto, lo sacamos de la exposición y mejoró».
Asesor del Hospital San Juan de Dios de Barcelona, profesor en la Facultad de Medicina de Murcia, Ortega ha conseguido que en su programa de estudios se incluya la asignatura de medicina medioambiental pediátrica y prevé que pronto se impartirá en todas las facultades.
Pero en algunos aspectos habla de un necesario retorno a prácticas del pasado.
«Hubo un tiempo en el que el médico visitaba el domicilio del enfermo y reconocía el entorno en el que vivía. Hoy tenemos mucha información de los domicilios y de los barrios, de los índices de contaminación, sin necesidad de desplazarnos, pero es probable que en el futuro volvamos a recuperar esa visita, quizá mediante la inteligencia artificial o un gemelo digital, quién sabe», dice.
Ortega considera que, una vez desentrañado el ADN humano, el reto es «reconocer el exposoma, el ambiente que rodea a las personas». Hay una dificultad adicional: el genoma no cambia, pero el exposoma varía en el espacio y en el tiempo.
Negacionismo reactivo
Este pediatra ambiental admite que la actual es «una época de negacionismo absoluto» respecto a la emergencia climática y sus consecuencias, pero no se muestra excesivamente preocupado porque lo considera «un negacionismo reactivo».
«Los jóvenes, incluso los votantes de ultraderecha, tienen una conciencia verde y ambiental que sus padres nunca tuvieron. Es un negacionismo pasajero. La propia naturaleza es convulsa y los cambios los haremos probablemente al borde del precipicio. El impacto que tiene el cambio climático en la salud de las personas es imparable y tenemos que trabajar por mitigarlo», argumenta.
Juan Antonio Ortega, convencido también de que en el futuro todos los hospitales tendrán un espacio natural incorporado a su cartera de servicios, cree que el desafío en la relación médico-paciente no es tanto humanizar la medicina como «naturalizarla» y «enraizarla».
30 junio 2025 | Fuente: EFE | Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2025. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A. | Noticia
jul
18
Los centros escolares, los servicios de urgencias, los transportes, incluso el legendario torneo de Wimbedon, se han visto afectados por la ola de calor que sofoca a Europa por un anticiclón procedente de África que ha disparado los termómetros, sobre todo en los países del sur continental, por encima de los 40 °C.
Europa se encuentra en vela, víctima de noches tropicales (sin bajar de 20 grados) y ecuatoriales (por encima de 25) que no parecen tener fin, pues las altas temperaturas que debían dar una tregua a partir del martes pueden prolongarse al menos hasta el jueves.
Las autoridades insisten en sus consejos a la población para que todos, pero especialmente los más vulnerables, se protejan del sol en las horas centrales del día, se hidraten y vistan ropa ligera. Pero la actividad laboral cotidiana y los turistas que inundan prácticamente todas las ciudades europeas proporcionan imágenes de multitudes desafiando al calor en las calles, buscando fuentes y sombras para refrescarse.
Los respectivos servicios meteorológicos de Portugal y de Italia han decretado en algunas zonas la alerta roja, que contempla un riesgo extremo.
En Portugal son siete los distritos con esa etiqueta, entre ellos Lisboa, en una jornada con previsión de más de 40 grados en varios puntos del país. Según el Instituto del Mar y la Atmósfera (IPMA), la capital registrará este lunes una máxima de 41.
La ciudad de Beja, en el Alentejo, espera la temperatura más alta entre las capitales de distrito, con 44 grados.
En Italia son veinte las ciudades en alerta roja, en particular en las regiones de Lombardía, Emilia Romaña y Véneto, donde este lunes se podrán superar los 40, según la página especializada sobre meteorología en Italia.
Los termómetros han superado los 34-36 grados de norte a sur. También se rebasarán los 38 en la isla de Cerdeña, a lo largo de las costas de Marcas, sin olvidar el interior de Toscana, Umbría y Lacio, donde la humedad hará que la temperatura percibida sea aún mayor.
Las solicitudes de intervención al servicio de urgencias debido al calor han aumentado un 4% en los últimos siete días.
Hasta el jueves en España
La ola de calor continuará golpeando a España al menos hasta el jueves, con máximas entre los 36 y 38 grados en amplias zonas de la península y Baleares y hasta 42-43 en el Guadalquivir y Guadiana (sur),
Solo el tercio norte peninsular acusará un «descenso significativo» a mitad de semana, pero en el resto del país todo seguirá sin grandes cambios.
A este episodio de calor se sumará la posibilidad de tormentas durante la segunda mitad de la semana, especialmente en zonas montañosas del norte y este.
Las mínimas no darán tregua y las noches tropicales se repetirán en muchas regiones, especialmente en el centro, sur y áreas del Mediterráneo.
Fenómenos sin precedentes en Francia
La ministra francesa de Transición Ecológica, Agnès Pannier-Runacher, ha calificado los actuales episodios de calor como «fenómenos sin precedentes» en el país, en una entrevista para Sud Radio.
Algunos municipios han cerrado las escuelas, siguiendo las consignas del Ministerio de Educación, mientras que el de Sanidad ha habilitado un número gratuito con consejos para combatir el calor.
Se esperan hoy máximas de entre 37 y 40 grados en la mayor parte del país, según Météo-France, que prevé que este capítulo dure al menos hasta el jueves.
Del centenar de departamentos del país, 84 están en alerta naranja. Pero los episodios de calor más duros se esperan el martes y el miércoles, con temperaturas máximas entre 36 y 40 grados y algunos picos puntuales de 41, además de noches tropicales de entre 20 y 24 grados.
Trenes ralentizados y Wimbledon pendiente
El Reino Unido, especialmente Londres y las afueras de la capital, espera temperaturas en torno a los 34 grados para cerrar el mes de junio más caluroso registrado.
Los servicios ferroviarios pueden verse afectados debido al recalentamiento de las vías y algunos servicios ya tienen la velocidad restringida.
Las altas temperaturas coinciden con el comienzo del torneo de tenis de Wimbledon, donde esta mañana había largas filas para entrar en el All England Club.
Según la BBC, si las temperaturas llegan a los 34 grados puede ser el comienzo de Wimbledon más caluroso en la historia del torneo. Los organizadores han anunciado que está vigente la “regla del calor”: cualquier jugador puede solicitar un descanso de 10 minutos si hay más de 30,1 grados.
Tampoco se libran en Alemania de las temperaturas «extremas», sobre todo en la frontera con Francia y en el oeste y el suroeste del país, según el Servicio Metereológico (DWD).
Es posible que la ola de calor culmine el miércoles con temperaturas de más de 35 grados, que podrían alcanzar incluso los 39, y noches tropicales en las que no refresque por debajo de los 20 grados.
Algunos centros de enseñanza primaria en el sur del país ya recortaron este lunes el horario lectivo a causa del calor y las autoridades sanitarias ya han apelado a ciudadanos y empresas a que tomen precauciones.
Récord de altura de los 0 °C en Suiza
Suiza, que también atraviesa su primera ola de calor (hasta 30 grados de día y 20 de noche), tiene en los valles y las zonas llanas del país, como los alrededores del lago Lemán, las áreas más afectadas.
La ciudad de Ginebra ha tomado medidas como permitir la entrada gratuita a piscinas o salas de cine a las personas mayores mientras dure el episodio.
El servicio meteorológico advirtió de temperaturas excepcionalmente altas también en altura, con la línea de los 0 grados en los 5 200 metros de altitud (muy por encima del pico más alto del país), un récord nunca antes registrado en junio y que supera los 4 912 metros registrados en 2017.
También Bélgica viene de atravesar una primavera inusualmente soleada, seca y calurosa, como demuestra que el pasado 13 de junio fue el más caluroso jamás registrado en el pequeño país centroeuropeo por el Instituto Real de Meteorología (IRM), con 31,5 grados y rebasando la marca de 31,3 grados de 2006.
Esta semana, el reino belga volverá a lidiar con temperaturas que, si bien no son tan altas como en otros puntos de Europa, será excepcionales a inicios de julio en Centroeuropa y rondarán los 40 grados el miércoles, antes de que los termómetros vuelvan a situarse por debajo de los 30 de máxima.
La República Checa atraviesa un episodio inusual de calor para finales de junio, con noches que no bajan de los 20 grados y días que superan los 30, y también se espera que esta semana sea especialmente intensa en Austria, con un pico previsto para el jueves, cuando las temperaturas podrían alcanzar hasta 38 grados, sobre todo en el este del país.
Remite en Grecia
La ola de calor que azotó Grecia los pasados jueves y viernes, con temperaturas que alcanzaron en ciertas zonas hasta los 43,2 grados, ha remitido y actualmente el termómetro se encuentra en niveles normales para la época, pero se mantiene el riesgo de incendios forestales, sobre todo en la región capitalina de Ática, en las Islas Cícladas, y la isla de Creta, con «riesgo muy alto» de fuegos (cuarta de las cinco escalas de alerta).
En la provincia turca de Izmir, los bomberos luchan contra incendios forestales avivados ayer por fuertes vientos de hasta 120 kilómetros por hora y donde al menos 21 personas fueron atendidas en hospitales, aunque ya han sido dadas de alta, según datos oficiales.
En Serbia se espera que las temperaturas ascenderán el martes y miércoles a entre 30 y 35 grados, y advierten que a partir del jueves se pronostican temperaturas aún mayores, de hasta 39 grados, mientras que en Croacia también están volviendo a subir tras varios días de cierto alivio y en Macedonia podrían alcanzar los 38 a 40 grados el sábado y el domingo.
30 junio 2025 | Fuente: EFE | Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2025. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A. | Noticia
jul
18
Un equipo del Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid (ICMM-CSIC) ha desarrollado un método para descontaminar el agua basado en el uso de nanopartículas que consiguen adsorber contaminantes y recuperarlas tras el proceso de una forma sencilla.
«La presencia de contaminantes en medios acuosos es un problema que la sociedad y la industria actual deben abordar», ha señalado Javier Pérez-Carvajal, investigador del ICMM-CSIC y uno de los creadores de esta nueva fórmula, ha informado el CSIC en una nota de prensa.
En la actualidad, se emplean diferentes métodos para descontaminar las aguas mediante el uso de nanopartículas, y en esos procesos la retirada o la recuperación de las partículas es clave para evitar su liberación al medio ambiente, pero su tamaño nanométrico dificulta que se asienten fácilmente para ser recuperadas o que puedan ser retenidas por los procesos convencionales.
«Los métodos que se usan implican procesos de recuperación o de filtración en los que el coste es mayor cuanto menor es el tamaño del contaminante», ha explicado Pilar Aranda, investigadora del ICMM-CSIC y creadora también del nuevo método.
La solución de este equipo pasa por el uso de partículas nano y microcristalinas de una red ‘MOF’ (siglas en inglés de un tipo de material que combina moléculas orgánicas con átomos de metales) con muchos poros de pocos nanómetros (la millonésima parte de un milímetro), que atrapan contaminantes orgánicos del agua.
«Estas partículas interaccionan entre sí y forman microobjetos que tienden a flotar sobre la superficie del agua, lo que permite que sea fácil retirarlas una vez han cumplido su función», ha explicado Pérez-Carvajal.
Frente a este proceso, los métodos tradicionales emplean propiedades físicas para separar las nanopartículas del agua, como la centrifugación, que utiliza la fuerza centrífuga para acelerar su sedimentación, o la ultrafiltración, en la que se bombea agua a través de las membranas que atrapan las nanopartículas, de tamaño superior al de los poros de las estas láminas, pero en estos casos se requiere de una fuente externa de energía.
«Tradicionalmente, las nanopartículas requieren de mucha energía para su recuperación del medio, por lo que, aunque son muy eficientes para eliminar contaminantes orgánicos, su retirada puede ser un problema o requerir el uso de procesos que son demasiado costosos», ha descrito Aranda.
Este nuevo desarrollo es sostenible ya que «permite reducir el coste de recuperación de las micro y las nanopartículas adsorbentes al no requerir el uso de sistemas de centrifugado u otros métodos habituales y, además, se evita la formación de lodos», ha agregado la investigadora.
El CSIC ha informado de que se trata de una tecnología cuya patente prioritaria europea ya se ha aprobado, y que está disponible para demostración en laboratorio.
30 junio 2025 | Fuente: EFE | Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2025. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A. | Noticia
may
10
La cuarta campaña de ciencia ciudadana de medición de dióxido de nitrógeno en entornos escolares organizada por Ecologistas en Acción y Clean Cities revela que solo dos de los 174 centros analizados cumplen con los niveles recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El 99% de las 174 escuelas analizadas en la cuarta campaña de ciencia ciudadana de medición de dióxido de nitrógeno (NO₂) en entornos escolares supera los niveles recomendados por la Organización Mundial de la Salud, según revela este lunes Ecologistas en Acción.
La organización ecologista, que participa en la campaña Clean Cities (Ciudades Limpias), ha tomado mediciones en escuelas y también en centros de salud y zonas «especialmente sensibles» de 14 núcleos urbanos en media docena de comunidades autónomas: Andalucía, Cantabria, Cataluña, País Vasco, Madrid y Navarra.
Solo dos escuelas, ambas en Olot (Girona), cumplen las recomendaciones de la OMS, mientras que en el resto de los entornos escolares analizados la concentración de NO₂ supera los 10 microgramos por metro cúbico (µg/m3), por lo que «el 99 % de los entornos analizados están respirando un aire que no cumple con las recomendaciones de la OMS», subraya el comunicado.
De los 174 entornos analizados, solo 28 «están por debajo del nuevo límite marcado por la Directiva de Calidad del Aire», situado en los 20 µg/m3; y 12 de estas escuelas «están incluso por encima del límite legal actualmente vigente», establecido en 40 µg/m3.
Ecologistas advierte que la contaminación del aire afecta «muy gravemente a la salud de los niños» y «puede ocasionar alergias, asma, enfermedades cardiorrespiratorias y trastornos neurocognitivos crónicos».
Por ello, para preservar la salud infantil y conseguir entornos educativos saludables y seguros, «se debe aplicar una serie de medidas dirigidas a reducir la contaminación en las vías perimetrales de los centros escolares» como por ejemplo restringir el tráfico motorizado y limitar la velocidad de circulación a 20 km/h en estas zonas.
La organización ecologista recomienda controlar y monitorizar los niveles de contaminación atmosférica y acústica en los centros, naturalizar los entornos escolares para mejorar la calidad ambiental y hacer cumplir la normativa vigente penalizando la doble fila en la puerta de las escuelas.
Las cuatro campañas de ciencia ciudadana de este tipo realizadas hasta ahora han recopilado datos de un total de 573 entornos, de los cuales solo el 0,52% cumple las recomendaciones de la OMS en relación a la calidad del aire.
Los ecologistas concluyen que ante este panorama «resulta urgente la acción local para reducir la contaminación que respiran» los menores.
05 mayo 2025 | Fuente: Europa Press | Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2025. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A. | Noticia
may
7
Un estudio del Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada (ibs.GRANADA) en el que participa la Universidad de Granada ha identificado una posible asociación entre la exposición a bisfenoles, compuestos químicos presentes en ciertos alimentos, y una mayor probabilidad de desarrollar sobrepeso y obesidad en niñas.
El estudio analizó una muestra de 303 niños y niñas de entre 3 y 12 años, evaluando su dieta y midiendo los niveles de exposición dietética a bisfenoles: bisfenol A (BPA) y bisfenol S (BPS). Los resultados indicaron que las niñas que consumían mayores cantidades de BPA, especialmente a través de la carne y los huevos, tenían casi tres veces más probabilidades de tener sobrepeso u obesidad en comparación con aquellas con menor exposición al BPA. No se encontraron asociaciones claras en los niños.
«Los resultados sugieren que la exposición a bisfenoles a través de la dieta podría desempeñar un papel en el desarrollo del sobrepeso infantil, especialmente en niñas, lo que refuerza la necesidad de seguir investigando el impacto de estos compuestos en la salud», explica Alberto Zafra, catedrático de la Universidad de Granada, coinvestigador responsable del grupo E15-EXPODIET: Exposición alimentaria a contaminantes ambientales del ibs.GRANADA y autor principal del estudio.
Un hallazgo llamativo del estudio es que, en las niñas, una mayor calidad de la dieta se asoció paradójicamente con niveles más altos de exposición total a bisfenoles. Por el contrario, en los niños del grupo de control (sin sobrepeso), se observó una mejor calidad de dieta independientemente del nivel de exposición.
CONTAMINANTES AMBIENTALES Y ENFERMEDADES METABÓLICAS
Este estudio destaca la necesidad de seguir investigando sobre la relación entre contaminantes ambientales y enfermedades metabólicas, con el objetivo de mejorar la salud pública y el bienestar de la población infantil.
Además, la investigación reveló que la ingesta estimada de bisfenol A y bisfenol S en la dieta de los menores superaba los limites considerados seguros por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). Esto sugiere que la exposición a estos compuestos es un problema generalizado que requiere medidas regulatorias urgentes más estrictas para limitar su presencia en los alimentos y reducir su impacto en la salud infantil.
Por otro lado, el estudio subraya que los bisfenoles son solo una de las muchas sustancias químicas presentes en el entorno que pueden influir en el desarrollo de enfermedades metabólicas, como el sobrepeso y la obesidad. Por ello, insisten en la necesidad de adoptar un enfoque integral que tenga en cuenta factores ambientales, genéticos y conductuales, con el fin de diseñar estrategias de prevención más eficaces y mejorar la salud pública infantil.
30 abril 2025 | Fuente: EFE | Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2025. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A. | Noticia
abr
21
En los meses más calientes de 2024, un año en el que México y el mundo alcanzaron temperaturas récord, Yanine Quiroz empezó a sentir una fatiga y una angustia que le impedía trabajar por el día.
«Sentí mucho miedo de ver esa escasez de agua y cómo toda mi familia y mis amigos estábamos sufriendo», cuenta esta periodista de 33 años de Ecatepec, uno de los municipios que más padece la sequía del Estado de México, aledaño a la capital, donde el año pasado se temió por la llegada del inminente «día cero», en el que se acabaran las reservas de agua potable.
Diversos estudios han confirmado que la exposición prolongada al calor afecta a la salud física y mental, aumenta el riesgo de agotamiento, insolación, trastornos del estado de ánimo, ansiedad e incluso provoca pensamientos suicidas.
En el caso de Quiroz, a las preocupaciones relacionadas con el clima se sumó un episodio de ansiedad aguda que ya padecía, y comenzó a tener ataques de pánico, que le llevaron a solicitar un permiso por incapacidad en su trabajo. También buscó ayuda profesional que le ha ayudado a hablar más abiertamente sobre su salud mental.
Quiroz cree que estaba sufriendo lo que se ha denominado ecoansiedad, un estado de agitación, inquietud o zozobra del ánimo frente a la crisis climática.
Aunque todavía no se reconoce formalmente como una afección médica, este concepto, popularizado por la Asociación Americana de Psicología (APA) en 2017 en su informe Salud mental y Nuestro Clima Cambiante, se refiere a la angustia y el malestar emocional que una persona experimenta debido a la preocupación por el estado del medioambiente y los desastres climáticos.
Es una sensación que, según se ha observado, afecta principalmente a las nuevas generaciones y a quienes trabajan en temas ambientales. Un estudio de 2021 publicado en la revista médica The Lancet arrojó que más de la mitad de sus 10 000 encuestados, todos jóvenes de entre 16 y 25 años y de diez países diferentes, experimentaron emociones negativas como ansiedad e impotencia ante el cambio climático.
Con desastres más potentes y frecuentes, y un clima más errático que amenaza con sequías, inundaciones y olas de calor a las comunidades, es urgente que los profesionales de la salud comprendan el impacto del cambio climático en la salud mental, explica la doctora Ana Laura Torlaschi, asesora de la Organización Panamericana de Salud (OPS) para proyectos sobre salud y cambio climático.
«Puedes tener un profundo conocimiento sobre enfermedades, pero si no reconoces que una persona está expuesta a factores ambientales que la afectan, no podrás ofrecer la ayuda adecuada», afirma.
La salud mental en los desastres climáticos
Estudios han demostrado que las personas que viven un desastre natural de primera mano están expuestas a sufrir impactos agudos en su salud mental. Ese fue el caso de Diana Ruiz, de 35 años, y su madre, que no alcanzaron a prepararse para la llegada del huracán Otis en 2023, la peor tormenta en golpear el Pacífico mexicano en más de tres décadas, que arrasó con el balneario turístico de Acapulco.
Otis solo tardó 12 horas en pasar de tormenta tropical a un huracán categoría cinco, la mayor posible, algo inédito. Ante el rápido fortalecimiento del ciclón, madre e hija no alcanzaron a evacuar, y no les quedó más remedio que encerrarse en el baño de su casa en la ciudad balneario de Acapulco con su gato a la espera de que pasara.
«Fue un shock. Estábamos asustadas. Intentamos dormir, pero había un ruido muy extraño del viento», recuerda Diana. Por la mañana, ilesas, pudieron hacer recuento de daños: su casa estaba muy dañada y habían perdido el local en el que vendían accesorios y ropa.
En las siguientes semanas, el reto fue conseguir comida y evitar que los ladrones entraran a su casa, ya que los robos se hicieron frecuentes tras la tormenta. «Mi mamá se aguantaba muchas cosas, dolor. No lloramos», recuerda la hija. «Tiempo después, te empiezan a caer las cosas y te das cuenta de cómo pasaron», añade.
Tras ese huracán, psicólogos de Médicos Sin Fronteras (MSF) y del Estado de Guerrero llegaron para atender la salud mental de las personas en Acapulco y Coyuca de Benítez, dos de los municipios más afectados.
«Llegamos dentro de lo que se considera la fase inmediata posterior al desastr», explica Berzaida López, encargada de la intervención en salud mental de MSF tras Otis. Según detalla, en esa etapa prevalece la sensación de incredulidad, y los afectados sienten como si estuvieran viviendo una pesadilla.
«El estrés está muy elevado en esos primeros días. Las personas hablan de dificultad para dormir, de tener sobresaltos o estar en constante vigilancia», dice López. «Si venía un viento fuerte que provocaba ruidos que se asocian con el huracán, la gente volvía a experimentar el trauma», agrega. Estos flashbacks, revivir el huracán, son señales de estrés agudo.
La importancia que se le da a la salud mental y el hecho de que existan profesionales que atiendan a las personas en desastres es relativamente nuevo.
En 2011, después del terremoto de Sendai, Japón, que dejó más de 18 000 muertos y problemas agudos de salud mental a los supervivientes, se creó el Marco de Sendai para la reducción del Riesgo de la ONU, que recomienda mejorar los planes de recuperación y ofrecer apoyo psicosocial a los afectados.
Aunque es emergente, especialmente en América Latina, la evidencia de que estos eventos pueden aumentar los riesgos de depresión, ansiedad, trastorno de estrés postraumático, abuso de sustancias y comportamiento suicida resalta su importancia. La organización de Médicos sin Fronteras, por ejemplo, lleva desde la década de 1990 implementando intervenciones de salud mental como parte de su labor de emergencia.
A más de dos años de Otis, la salud mental todavía es un reto para Diana y su mamá. Ella tiene secuelas por el dengue que sufrió tras Otis, una enfermedad que se disparó tras el desastre, que también infligió un golpe a la economía local y que llevó a Diana a trasladarse a la Ciudad de México.
Más allá del desastre: el dolor de perder el paisaje
La ecoansiedad también le afectó a Regeane Oliveira Suares, una joven indígena terena que dejó su comunidad en Nioaque, en el estado brasileño de Mato Grosso do Sul hace más de cinco años para estudiar medicina en la capital del estado Campo Grande.
Para muchos de los pueblos indígenas latinoamericanos, cuyas tradiciones, culturas y medios de vida suelen basarse en una estrecha relación con su entorno, la ecoansiedad también puede ser una respuesta a un paisaje y un clima cambiantes.
«Salí de un pequeño municipio donde todos se conocían y la rutina era diferente. Cuando comencé a vivir en la ciudad, mi salud mental sufrió mucho. Empecé a desarrollar depresión y ansiedad», recuerda.
En su aldea, todo le daba sensación de libertad. Podía caminar o montar en bicicleta sin peligro. Pero si dejar su comunidad fue un reto, describe que también lo fue volver a Nioaque y ver que la tierra y el paisaje habían cambiado.
«Noté cambios drásticos en los cultivos, la falta de lluvias empobreció el suelo y el fuerte sol acabó con la mayor parte de lo que se sembraba para comer o vender», dice. El río cada vez estaba más seco y muchas veces incluso desviado, generando un paisaje que describe como «triste».
Tanto Mato Grosso como su vecino del sur, Mato Grosso do Sul, se encuentran entre los estados agrícolas más importantes de Brasil por sus productos como cereales, caña de azúcar, ganado y soja.
Sin embargo, en las últimas décadas, esta posición también ha llevado a los estados a situarse entre los diez primeros estados líderes en deforestación ―en parte ilegal―, lo que ha provocado cambios en el paisaje y otros impactos en los ecosistemas.
Al desarraigo, a Oliveira se le sumó lo que el filósofo Glenn Albrecht bautizó en 2005 como solastalgia, «un dolor que se experimenta cuando se reconoce que el lugar en el que se reside y se ama está sometido a un asalto». Es una especie de duelo por la pérdida del lugar conocido y un fenómeno que varios estudios, incluida la investigación de Albrecht, han tratado de explorar más a fondo.
«Pienso que mis hijos tal vez no verán de qué fui parte, en dónde crecí. Esto me deprime aún más, porque, poco a poco, vi que ese lugar se estaba desmoronando ante nuestros ojos», comenta.
En 2021, Oliveira participó en una investigación de la Escuela de Medicina de la Universidad Estatal de Mato Grosso do Sul (UEMS), donde ella misma estudia, liderada por el profesor Antonio Grande que buscaba explorar las acciones que se necesitan para mejorar la salud mental de los indígenas en relación con el cambio climático.
«Estos pueblos están perdiendo su perspectiva de vida, la esperanza, así que, para ellos, todo lo que sucede tiene un significado más profundo», asegura Grande en una videollamada. «En este punto, todo tiene que ver con el cambio climático. Las tierras han sido devastadas y ellos ya no se pueden comunicar con la naturaleza. Incluso algunos hablan de que ya no la pueden escuchar», detalla.
Estudios y organizaciones internacionales, incluidas la Organización de Naciones Unidas (ONU) y la Organización Panamericana de la Salud, han puesto de relieve el aumento de los problemas de salud mental en las comunidades indígenas de todo el mundo, a menudo relacionados con la expropiación de tierras y los cambios medioambientales.
La investigación de Grande y su equipo propone preservar su territorio, respetar sus formas de vida y romper el tabú sobre la enfermedad mental que existe en estas comunidades. «Es algo político, que empieza por no destruir sus tierras», comenta Grande.
El que lidera es uno de los pocos estudios sobre salud mental y cambio climático hechos en América Latina y da pistas de la transformación que necesita la región para empezar a abordar un tema que ha sido estigmatizado históricamente.
Oliveira, por su parte, arroja sus percepciones como mujer indígena que también está a punto de graduarse de médica.
Las facultades de medicina, dice, deben trabajar en esta relación entre la salud mental indígena y el cambio climático, pero la clave está en abordar las causas fundamentales de los factores que generan ansiedad y presiones en las comunidades.
«Los gobiernos deben garantizar el derecho a la tierra ancestral y a la asistencia financiera, y en las escuelas se debe educar sobre nuestros orígenes, nuestros derechos y nuestros valores como seres humanos en la sociedad», asegura.
La acción: un camino para trabajar la salud mental
Mientras se prevé que los eventos climáticos adversos aumenten, es probable que más personas sientan su salud mental afectada.
La doctora Nora Leal Marchena, psiquiatra que en 2023 impulsó la creación del Capítulo de Salud Mental Ambiental y Urbana de la Asociación de Psiquiatras de Argentina, subraya la importancia de trabajar con acciones concretas para manejar estas emociones. «Cuando se empieza a trabajar por un tema, las acciones motorizan respuestas positivas que ayudan a mitigar la preocupación», dice.
Estudios como el de The Lancet sobre la ecoansiedad juvenil han demostrado que la magnitud de la crisis climática, de escala global, puede llevar a caer en el apocalíptico «ya es muy tarde».
Pero por lo menos a nivel mental, actuar salva. Marchena lo ve sobre todo con los niños y adolescentes, en cuya salud mental se ha especializado. «Hay que llevarlos a tomar acción, porque si no, les generas impotencia», afirma.
Alice Poma, doctora en ciencias sociales e investigación de emociones y movimientos sociales en la Universidad Nacional Autónoma de México, lo corrobora. «Uno de los resultados de las investigaciones es que el activismo es casi terapéutico en tema de emociones climáticas,» explica. «Porque, al organizarte, al participar, consigues manejar algunas de las emociones climáticas», prosigue.
Tener esperanza en la acción colectiva, en crear espacios de discusión, permite pensar en un futuro diferente, explica Poma. «El cariño o los vínculos afectivos que se forman en la colaboración ayudan a no tenerle tanto miedo al futuro distópico que nos imaginamos», concluye.
Por eso, personas como Yanine Quiroz, buscan estrategias para afrontar el impacto emocional del clima extremo. «Tengo algunas ideas en mente para responder a corto plazo a esas futuras situaciones que podrían desencadenar la ecoansiedad otra vez», dice.
Sus estrategias van desde soluciones individuales, como climatizar sus espacios, hasta acciones colectivas, como participar en reforestaciones con ONG. «Pero definitivamente el miedo aparece cada vez que el calor se vuelve más intenso», reconoce.
14 abril 2025 | Fuente: IPS | Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2025. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A. | Noticia
