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Un equipo de investigadores del University College London desarrolló Diet-MisRAT, una herramienta capaz de clasificar el riesgo de desinformación sobre dietas y nutrición en internet según el daño potencial, y no solo por su veracidad, según una investigación publicada en Scientific Reports. Esta innovación representa un avance frente al aumento de información engañosa sobre salud en redes sociales.
Diet-MisRAT está diseñada para identificar y graduar el nivel de peligro en contenidos sobre alimentación, superando el tradicional filtro binario de verdadero/falso. Este modelo evalúa diversos factores, como el grado de inexactitud o manipulación, la omisión de datos críticos y la posibilidad de causar daños a la salud pública. Así, facilita a las autoridades, plataformas digitales y profesionales la toma de decisiones proporcionales según el riesgo.
Diet-MisRAT funciona como una herramienta de evaluación de riesgos específica para contenidos digitales sobre alimentos y salud. El sistema traduce los principios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) al entorno digital, donde la información puede difundirse a gran escala y amplificarse. Esta aproximación permite detectar no solo falsedades claras, sino también contenidos verídicos que, por omisión o manipulación, pueden inducir a conductas peligrosas.
Ejemplos de daños asociados a la desinformación sobre dietas
La desinformación sobre dietas provocó consecuencias graves, incluso mortales, de acuerdo con University College London. Entre los ejemplos documentados, una adolescente falleció tras seguir un ayuno de solo agua inspirado en recomendaciones encontradas en línea.
También se identificó el caso de una persona hospitalizada luego de sustituir sal común por bromuro de sodio, siguiendo el consejo de un sistema de inteligencia artificial. Otro incidente relatado fue el de un hombre que desarrolló lesiones cutáneas graves tras adoptar una dieta carnívora, impulsada por tendencias virales y comunidades en redes sociales.
El estudio indica además que el consumo de suplementos dietéticos, promovido por consejos erróneos en internet, está ligado al 20 % de las lesiones hepáticas inducidas por fármacos registradas anualmente en Estados Unidos.
La herramienta también detectó que información engañosa puede inducir a pacientes a abandonar tratamientos médicos eficaces y optar por alternativas alimentarias sin respaldo científico, lo que duplica el riesgo de mortalidad, según los expertos consultados.
Validación científica y fiabilidad de la herramienta Diet-MisRAT
El proceso de validación de Diet-MisRAT incluyó cinco rondas de pruebas sucesivas. Se comenzó con una revisión por parte de un panel de expertos, siguió la aplicación del modelo con estudiantes de posgrado en nutrición y dietética, y luego con profesionales experimentados. Finalmente, se evaluó el funcionamiento de la herramienta mediante modelos de inteligencia artificial como ChatGPT.
Los resultados evidenciaron una correlación muy fuerte (r = 0,94 y r = 0,97, respectivamente) entre los juicios de los expertos y los de la herramienta. En las pruebas de ChatGPT, la precisión promedio alcanzó el 97,1 %, lo que permite considerar su uso en procesos automatizados con un alto grado de confiabilidad.
La profesora Anastasia Kalea recalcó la necesidad de contar con especialistas en la calibración de riesgos y validación de la herramienta. Por su parte, el profesor Michael Reiss destacó que los criterios de evaluación pueden aplicarse en programas de formación dirigidos a docentes y profesionales de salud, facilitando la identificación de contenidos engañosos.
La investigación subraya que cada nivel de Diet-MisRAT fue ajustado para reflejar fielmente el potencial de daño, desde mensajes con riesgo bajo hasta aquellos considerados de riesgo muy alto.
Implicaciones para políticas, plataformas y educación en salud
La creación de Diet-MisRAT tiene repercusiones directas en la elaboración de políticas públicas y la regulación digital, afirma University College London. Su integración se propone como una herramienta clave para que las plataformas digitales moderen contenidos y los reguladores apliquen acciones proporcionales al riesgo detectado.
El profesor Reiss señaló que estos criterios de clasificación de riesgo pueden trasladarse al ámbito educativo, dotando a estudiantes y profesionales de recursos para analizar la veracidad y el potencial daño de la información nutricional.
Asimismo, los desarrolladores de Diet-MisRAT sugieren que incorporar el sistema en motores de búsqueda o modelos de inteligencia artificial contribuiría a prevenir la diseminación de consejos peligrosos antes de que tengan consecuencias reales.
El estudio señala que no existía antes una aproximación capaz de clasificar el riesgo de desinformación de manera escalonada. Diet-MisRAT incorpora una estructura de cinco niveles de riesgo —desde “muy bajo” hasta “muy alto”— alineada con expectativas regulatorias como las de Ofcom en el Reino Unido.
El autor principal, Alex Ruani, recalcó que la desinformación sobre dieta y nutrición suele operar mediante omisiones y manipulaciones que ocultan riesgos, y que los métodos tradicionales de verificación no son suficientes frente al uso generalizado de inteligencia artificial y la fragmentación de la información en línea.
El University College London añade que la herramienta podría adaptarse en el futuro a otros ámbitos donde la desinformación afecta la salud o la sociedad, ofreciendo así un modelo para la gestión de riesgos en distintos sectores.
Asumir la desinformación digital como un riesgo equiparable al de factores ambientales o biológicos implica que la respuesta institucional y tecnológica debe ser proporcional a la gravedad y urgencia del daño potencial, según concluyen los autores.
28 marzo 2026 | Fuente: Infobae | Tomado del sito web | Noticia
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Las nuevas técnicas desarrolladas por científicos buscan responder a uno de los grandes enigmas de la mente humana: cómo surgen la conciencia y las experiencias subjetivas a partir de los procesos cerebrales. El esfuerzo de mapear la estructura de las vivencias internas abre un enfoque experimental inédito para abordar el llamado “problema difícil de la conciencia”, en el centro del debate neurocientífico y filosófico actual, según New Scientist.
Investigadores de distintos países están logrando avances en la medición experimental de la conciencia humana. Utilizan métodos cuantitativos y comparativos para analizar cómo experiencias internas, como colores o emociones, se relacionan entre sí y con la actividad cerebral específica.
Se han descubierto patrones compartidos entre individuos de diferentes edades y culturas, lo que permite poner a prueba hipótesis sobre la generación de la vivencia consciente y proponer explicaciones empíricas para estos procesos.
El “problema difícil de la conciencia” plantea la desconcertante distancia entre la actividad física del cerebro y la riqueza de las experiencias subjetivas. Aunque existen instrumentos capaces de identificar si una persona está consciente, determinar exactamente por qué y cómo ciertas sensaciones —como el color rojo o el dolor— emergen de funciones neurobiológicas sigue siendo un reto para la ciencia y la filosofía, según explica New Scientist.
En las últimas décadas, ha cobrado fuerza el enfoque estructuralista, que prioriza las relaciones entre experiencias frente a cada sensación aislada. El filósofo David Chalmers, quien acuñó el término “problema difícil de la conciencia”, sostiene que estas relaciones podrían ser la clave científica.
Por su parte, Holger Lyre, de la Universidad de Magdeburgo, subraya que “cada experiencia depende de todas las demás”, como se observa al comparar los significados de los colores en distintos contextos perceptivos.
Avances en la medición estructural de la conciencia
En laboratorios de Australia, Japón, Alemania y Estados Unidos, investigadores recopilan miles de valoraciones sobre colores, formas, sonidos y emociones. El equipo dirigido por el psicólogo Nao Tsuchiya, al frente del Qualia Structure Project, desarrolla esquemas de clasificación geométrica para categorizar las posibles relaciones entre las experiencias subjetivas.
“Nuestro objetivo es categorizar todas las posibles relaciones entre experiencias subjetivas”, detalló Tsuchiya a New Scientist.
Las evaluaciones han revelado una notable coherencia. La vivencia sensorial primaria muestra patrones semejantes en diferentes culturas y edades, pese a las variaciones idiomáticas y culturales en los nombres de los colores. Según Tsuchiya, esto sugiere que el lenguaje y el entorno modifican poco la percepción inmediata.
El equipo ha transformado viejos dilemas filosóficos —como la pregunta “¿mi rojo es igual que tu rojo?”— en experimentos empíricos. Los resultados muestran que, dentro de cada grupo de visión normal o atípica, los juicios son consistentes. Entre grupos, en cambio, pueden diferir de manera significativa.
Tsuchiya destaca la existencia de “formas intermedias” de experiencia visual, como ciertos participantes con autopercepción singular, que actúan de puente entre distintas maneras de percibir los colores. “Lo que para un grupo es rojo, para otro puede ser verde”, explica el investigador.
Las pruebas se han extendido a las emociones, comparando la reacción ante videos diseñados para evocar sentimientos concretos, incluso personas con alexitimia —dificultad para expresar emociones— logran distinguir matices, aunque no puedan verbalizarlos.
Además, la neurociencia vincula estas estructuras con zonas cerebrales específicas. El científico Brian Wandell, de la Universidad de Stanford, demostró que la actividad en el córtex visual refleja el patrón de similitud entre estímulos observado en los estudios.
Así, la combinación de análisis conductual y resonancia magnética funcional permite a los expertos asociar la actividad neural con el “mapa” de la experiencia consciente.
Desafíos y perspectivas filosóficas en el estudio de la conciencia
No todos los expertos coinciden en el alcance del enfoque estructuralista. La neurocientífica Lucia Melloni, de la Universidad Ruhr de Bochum, advierte sobre posibles sesgos: “Quizá estemos evaluando solo la memoria, no la experiencia directa”, afirma en diálogo con New Scientist.
Melloni y su equipo llevan a cabo experimentos utilizando protocolos con ocultamiento visual para comparar la valoración de estímulos que los participantes no son plenamente conscientes de haber percibido.
Los resultados muestran diferencias claras: la estructura de los colores detectados conscientemente es coherente, pero la de los percibidos inconscientemente resulta caótica. Según Zefan Zheng, del mismo equipo, esto indicaría que únicamente la percepción consciente genera “mapas” significativos, un argumento que refuerza la utilidad del método estructuralista para distinguir estados de conciencia.
Aun con estos avances, algunos filósofos mantienen reservas. Hedda Hassel Mørch insiste en que ciertas cualidades parecen escapar a toda explicación relacional. Kristjan Loorits sostiene que sentir algo como “inexplicable” puede ser parte de la psicología humana y una función cerebral para evitar el estancamiento en una búsqueda de explicaciones infinitas.
Las discusiones persisten sobre si la vivencia subjetiva podrá ser capturada por ecuaciones y relaciones matemáticas. Científicos como Giulio Tononi, creador de la Teoría de la Información Integrada, consideran que estos avances abren posibilidades inéditas para descifrar, al menos parcialmente, el origen de aquello que llamamos conciencia.
Los nuevos experimentos han acercado la ciencia a respuestas antes inalcanzables, aunque aún falta saber si, fuera de las relaciones estructurales, existe algo irreductible en la experiencia interna.
El análisis de cómo se trenzan sensaciones y emociones sugiere que cualquier transformación en la percepción modifica, en cierta medida, la forma en la que las personas interpretan el mundo.
La propuesta estructural apunta a que, por la manera en que se entrelazan nuestras vivencias, todos compartimos una sensibilidad interconectada propia de la condición humana.
28 marzo 2026 | Fuente: Infobae | Tomado del sitio web | Noticia
