En este Foro de políticas, Ezekiel Emanuel y los principales especialistas en ética de todo el mundo describen una propuesta para un nuevo plan en tres fases para la distribución de vacunas para la COVID-19 -denominado Modelo de Prioridad Justa-, que señalan que es “la mejor encarnación de los valores éticos de limitar daños, beneficiar a los desfavorecidos y reconocer una preocupación igual hacia todas las personas”.

vacuna Mientras continúa la pandemia de COVID-19 y el mundo espera una vacuna, quedan dudas sobre un marco de distribución global único para la vacuna (o vacunas) que esté disponible en primer lugar. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha abogado por una distribución de vacunas proporcional a la población de un país, pero este enfoque es defectuoso, según apuntan Emanuel y sus colegas, porque “asume erróneamente que la igualdad consiste en tratar de manera idéntica a países en diferentes situaciones”.

Los autores también destacan las preguntas que quedan sobre un eventual plan de distribución que priorizaría los países en función de la cantidad de trabajadores de atención médica de primera línea, la proporción de la población mayor de 65 años y la cantidad de personas con comorbilidades dentro de cada país, en un enfoque que, según afirman, podría terminar entregando la vacuna en gran parte a los ricos como única consideración. Los autores afirman que se necesita más investigación sobre cuál puede ser la priorización del impacto de estos grupos.

Emanuel y sus colegas enfatizan tres valores fundamentales que creen que deben tenerse en cuenta a la hora de distribuir una vacuna contra la COVID-19 entre los distintos países: beneficiar a las personas y limitar daños, priorizar a los desfavorecidos y mostrar la misma preocupación moral hacia todas las personas.

El denominado Modelo de Prioridad Justa aborda estos valores centrándose en mitigar tres tipos de daños causados por la COVID-19: muerte y daño permanente a órganos, consecuencias indirectas para la salud, como tensión y estrés en el sistema de atención sanitaria, y destrucción económica. Los autores indican que la implementación de este modelo corresponderá a los líderes políticos, la OMS y los fabricantes.

Para aquellos que puedan considerar que un marco ético es irrelevante debido a la creencia de que muchos países perseguirán el “nacionalismo de las vacunas”, argumentan que dicho marco sigue teniendo una amplia relevancia. Sería razonable, afirman, que los países se concentraran en la distribución de vacunas dentro de sus fronteras hasta alcanzar una tasa de transmisión inferior a 1, momento en el que no existiría suficiente daño prevenible por vacunación para justificar la retención de una vacuna. Los autores afirman que “cuando un gobierno alcanzara el límite de la parcialidad nacional, debería liberar vacunas para otros países”.

septiembre 12/2020  (Dicyt)

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