La Sociedad Española de Medicina Interna publicó recientemente en The Journal of Clinical Medicine, uno de los estudios derivados del Registro SEMI-COVID donde se comparaban las características clínicas entre hombres y mujeres con datos de 12 063 hospitalizados en España. Entre otras diferencias, concluían que los varones necesitaron ingreso en Unidades de Cuidados Intensivos (UCI), con mayor frecuencia que las mujeres (10 % frente a 6,1 %) y presentaron mayor mortalidad intrahospitalaria (23,1 % frente a 18,9 %).

coronavirusYa desde febrero del año pasado se empezó a observar que los hombres eran más propensos a morir de COVID-19 que las mujeres. Todos los estudios epidemiológicos posteriores han confirmado este sesgo feminista o anti machista, si se le pudieran atribuir intenciones a un virus, del SARS-CoV-2.

Los datos mundiales que recoge The Sex, Gender and COVID-19 Project, hasta febrero de este año indican que, aunque hay más mujeres analizadas (57 %) que hombres, representan un poco más de la mitad de todos los casos confirmados (51 %). Sin embargo, los hombres constituyen una mayor proporción de hospitalizaciones (53 %), admisiones en UCI (68%) y muertes (57 %): por cada 10 mujeres fallecidas por la COVID-19 hay 15 muertes de varones.

Distinta inmunidad

Sabra Klein, bióloga de la Escuela de Salud Pública Bloomberg de la Universidad Johns Hopkins, que estudia las respuestas inmunes a las infecciones virales desde hace más de dos décadas, decía en The Scientist, que la COVID-19 ha servido para divulgar que los virus y otros patógenos no afectan por igual a mujeres y hombres, algo que los especialistas saben desde hace mucho.

Los análisis retrospectivos de los brotes del SRAS de 2003 y 2013-2014, por ejemplo, ya mostraron el mayor riesgo de los hombres. Y otros virus, como el de la hepatitis C, causan infecciones más graves en varones. En cambio, afecciones autoinmunes como el lupus, la esclerosis múltiple y la artritis reumatoide son mucho más frecuentes en las mujeres.

Marcus Altfeld, inmunólogo del Instituto Heinrich Pette en Hamburgo, explica que, en los mamíferos, las hembras desarrollan respuestas inmunes «más fuertes» a las infecciones virales que los machos. La diferencia es más acusada en el sistema inmune innato, que reacciona con más rapidez en las hembras. Sus estudios sobre el receptor 7 (TLR7), una señal de alerta temprana de invasión vírica, dedujeron que, gracias a él, las mujeres producían más interferones que los hombres en respuesta a la estimulación con fragmentos de ARN del VIH.

Las diferencias se extienden a la inmunidad adaptativa. Klein ha descubierto con virus gripales que las hembras de ratón generan respuestas más altas de anticuerpos neutralizantes, de células T. La mayor activación de células T la ha comprobado el equipo de Akiko Iwasaki, de la Universidad de Yale, en la infección por el SARS-CoV-2, lo que explicaría su mayor protección.

Pero es una espada de doble filo: esa mejor inmunidad les limita la cantidad de virus, la carga viral -se ha observado con el VIH (virus de inmunodeficiencia humana), y les confiere mejor protección de anticuerpos después de la vacunación contra la gripe, la fiebre amarilla, el dengue y otros virus; pero también las predispone a enfermedades derivadas de la hiperactividad inmune: “El 80 por ciento de todos los pacientes con enfermedades autoinmunes son mujeres».

Estrógenos y testosterona

Las hormonas constituyen el otro factor diferencial. El SARS-CoV-2 utiliza las proteínas ACE2 y TMPRSS2 para entrar en las células. Algunos estudios han sugerido que la expresión de ACE2 puede estar regulada por estrógenos, mientras que la de TMPRSS2 lo estaría por hormonas masculinas, o andrógenos.

José Antonio Uranga, profesor de Biología Celular e Histología en la Universidad Rey Juan Carlos, de Madrid, recordaba en The Conversation que el cromosoma X contiene más genes relacionados con nuestro sistema inmune que ningún otro. “Esto es una ventaja para las mujeres y sus dos cromosomas X”.

Por eso, los ratones machos se infectan más que las hembras, si bien las posibilidades se igualan al inhibir los estrógenos, lo que ha propiciado ensayos clínicos con estrógenos en varones frente a la COVID-19. Y en esta línea, un estudio pre publicado en medRxiv  el año pasado sugería que las mujeres posmenopáusicas, con menos estrógenos y progesterona, pueden tener mayor riesgo de COVID-19 y experimentar síntomas más graves.

En sentido contrario, un estudio italiano comprobaba que el cáncer de próstata aumentaba el riesgo de la COVID-19, pero que en los afectados que recibían terapia anti androgénica el riesgo bajaba. Y otro estudio del Hospital Ramón y Cajal de Madrid en 122 pacientes varones, publicado en Journal of the American Academy of Dermatology, registró que un 79 % eran calvos, el doble de la frecuencia habitual.

Quizá la pérdida de pelo que se observa en algunos pacientes se relacione con este fenómeno. La calvicie masculina está fuertemente asociada con un nivel más alto de dihidrotestosterona (DHT), derivado activo de la testosterona. Diferencias biológicas que, ante los virus, vuelven a desmentir el estereotipo de ‘sexo débil’.

mayo 04/2021 (Diario Médico)

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