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Especialistas en nutrición y salud pública insisten en la urgencia de implementar tributos a comestibles insanos junto con incentivos fiscales para alimentos frescos, evaluando el impacto de estas políticas ante el repunte de la obesidad y sus graves consecuencias sociales.
La consulta médica detecta con mayor regularidad casos de hígado graso en menores, una situación que antes resultaba atípica y que actualmente se atribuye al alto consumo de azúcares de absorción rápida presentes en alimentos ultraprocesados, según publicó el medio fuente. Esta tendencia se suma a la aparición de diabetes tipo 2 en la infancia y al descenso en la edad de inicio de los factores de riesgo cardiovascular, fenómenos que antes no se observaban entre los niños, según declararon especialistas durante la jornada ‘Comer sano no es un tema menor. Regulando la publicidad de alimentos no saludables’, realizada en el Congreso de los Diputados en Madrid.
De acuerdo con el informe, Lydia Serrano, secretaria del Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas y Nutricionistas (CGCODN), insistió en la necesidad de establecer impuestos para productos con azúcar añadido, grasas de baja calidad y sal, además de promover subsidios para alimentos frescos. Serrano afirmó que la combinación de estas medidas fiscales y comerciales genera mejores resultados que su aplicación individual. Detalló, además, que la efectividad de este enfoque integrador cuenta con respaldo en la literatura científica, lo que justificaría una intervención estatal decidida.
El medio reportó que Serrano enfatizó la importancia de diseñar políticas fiscales “valientes” y, al mismo tiempo, evaluar su impacto a través de sanciones específicas. Durante la jornada en el Congreso, diversas voces recalcaron la necesidad de implementar estas acciones de manera sistemática y de comprobar su alcance a corto y largo plazo, especialmente en quienes presentan un riesgo mayor de enfermedades asociadas a la alimentación insana.
La subdirectora general de Promoción de la Salud y Prevención del Ministerio de Sanidad, Estefanía García, en su intervención durante la jornada, valoró los avances logrados a través de la implementación del “Plan Estratégico Nacional para la Reducción de la Obesidad Infantil”. Este plan involucra la colaboración de 18 ministerios y dispone de un Consejo Asesor con la participación de distintas asociaciones, detalló el medio fuente. García defendió que estas políticas públicas permiten abordar de forma coordinada y transversal el complejo escenario de la obesidad infantil en el país.
Tal como consignó la fuente, la doctora Susana Viver, de la Asociación Española de Pediatras de Atención Primaria (AEPap), calificó a la obesidad infantil como una pandemia. Viver comentó que, si bien se han observado algunas mejoras en los últimos años, los avances resultan insuficientes para revertir la prevalencia elevada de esta condición en el ámbito nacional. A este respecto, alertó sobre el estancamiento en los indicadores de salud infantil y detalló que, en consulta, cada vez aparecen más casos de enfermedades relacionadas con la mala alimentación, como la inflamación sistémica y afecciones psicológicas.
Durante el evento en el Congreso, la doctora Patricia Estevan, portavoz del Grupo de Nutrición y Obesidad de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC), centró su intervención en los efectos de los alimentos ultraprocesados sobre la salud de los menores. Según detalló el medio fuente, Estevan explicó que estos productos inciden de forma directa en el desarrollo de obesidad, trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), dificultades en los circuitos de autorregulación, hipercolesterolemia, alteraciones del sueño, estrés, síndrome metabólico y episodios de ansiedad en la infancia.
La representante de semFYC explicó que los ultraprocesados, definidos como productos resultantes de la transformación industrial de alimentos, aportan una elevada cantidad de calorías y escaso valor nutricional. Añadió que su diseño, orientado a maximizar la palatabilidad, fomenta el consumo excesivo y desplaza a los productos frescos en la cesta de la compra familiar. Según Estevan, la estrategia de marketing y publicidad de las empresas que los fabrican ocupa “el centro del problema”, ya que promueve hábitos de consumo perjudiciales desde edades tempranas.
Serrano, citada por la fuente, reiteró la necesidad de restringir la publicidad de estos productos, en vez de regularla únicamente. Subrayó que las condiciones de vida actuales limitan las opciones conscientes de consumo, lo que refuerza la relevancia de las decisiones institucionales en la protección de la salud pública.
La jornada recogió también el punto de vista de Silvia Domínguez, de la Federación de Asociaciones de Enfermería Familiar y Comunitaria (FAECAP), quien subrayó el papel determinante de la publicidad en la perpetuación del consumo de alimentos no saludables. Domínguez propuso regular o prohibir directamente la difusión de estos mensajes promocionales, dada la persistencia del problema de la obesidad infantil y sus consecuencias estructurales.
En este contexto, Domínguez destacó la función central de la enfermería tanto en el entorno familiar como escolar, formando parte esencial de la estrategia de prevención de enfermedades relacionadas con malos hábitos alimentarios. Señaló que estos profesionales abordan los determinantes sociales y ambientales que influyen en la salud comunitaria y recordó las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) acerca de la intervención en entornos alimentarios. Según el testimonio recogido, la desigualdad territorial condiciona más fuertemente la salud que la genética, pues el lugar de residencia afecta de forma significativa el acceso y las oportunidades para desarrollar hábitos saludables.
Serrano, mencionada por el medio fuente, admitió que la población percibe cada vez más el riesgo asociado a los malos hábitos alimentarios y a la composición de algunos productos, aunque resaltó las barreras existentes para el desarrollo de patrones dietéticos saludables. Reivindicó, además, la ampliación del acceso a servicios profesionales de nutrición, al considerar que el trabajo en la cultura alimentaria y en la integración de pautas dietéticas saludables constituye una acción prioritaria.
En el transcurso del encuentro, también se abordaron las consecuencias de la alimentación inadecuada en la población adulta. De acuerdo con la exposición de Estevan, este patrón alimentario se vincula con diversas patologías como depresión, trastornos de la movilidad intestinal, hipertensión, diabetes, síndrome metabólico y ciertos tipos de cáncer. La especialista remarcó que el aumento de la mortalidad general es uno de los efectos observados, y planteó la importancia de reducir la ingesta calórica y favorecer la actividad física para llegar en mejores condiciones a la vejez.
Para Serrano, el ritmo de vida acelerado obstaculiza la implantación de prácticas como cocinar en el hogar, lo que afecta directamente la salud colectiva. A su juicio, la falta de tiempo limita la educación del gusto y contribuye a la distorsión de la percepción natural de los sabores, influida por la presencia de potenciadores de sabor en productos ultraprocesados. En ese sentido, promover la cocina y dedicar tiempo a la preparación de alimentos contribuiría a restaurar una relación saludable con el acto de comer.
La jornada concluyó con el llamado de los especialistas a la acción tanto institucional como social, al considerar las graves consecuencias de la obesidad y la alimentación insalubre sobre la salud y el bienestar. Tal como recogió el medio fuente, los participantes coincidieron en la importancia de avanzar en políticas públicas que prioricen la intervención integral en la dieta de la población, a través de gravámenes, subsidios y regulación publicitaria, apoyados en el trabajo de los profesionales de la nutrición y la salud comunitaria.
02 marzo 2026 | Fuente: Europa Press | Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2026. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A. | Noticia
feb
26
Una tesis revela hoy que beber agua tibia al levantarse en las mañanas puede garantizar comenzar el día con energía y despedir aquellas libras que consideramos que están demás en nuestro cuerpo.
Según el sitio Mirror.co.uk, el médico Kunal Sood explicó que esta práctica puede ofrecer numerosos beneficios para la salud, como una mejor digestión, y al mismo tiempo controlar el peso.
Sood describe otros beneficios claves como un aumento del flujo sanguíneo y una óptima circulación. Explicó que consumir agua a 37°C tiene un impacto positivo en el tránsito intestinal.
En cuanto a la pérdida de peso, asegura que el agua tibia puede acelerar temporalmente el metabolismo, pues el cuerpo trabaja para calentar el agua tibia; y este ligero aumento en la tasa metabólica ayuda a quemar calorías.
Respecto a la circulación y el flujo sanguíneo, Sood argumentó que beber agua tibia dilata los vasos sanguíneos, pero advirtió estar atento a la temperatura del preciado líquido para evitar quemaduras.
25 febrero 2026 | Fuente: Prensa Latina | Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2026. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A. | Noticia
feb
17
El ayuno intermitente no está a la altura de su fama para perder peso. La mayor revisión de la evidencia científica llevada a cabo hasta la fecha sobre esta práctica, muy popularizada en las redes sociales por sus «beneficios metabólicos», indica que no es más efectiva que hacer dieta o llevar una vida saludable.
El metaanálisis que publica este lunes el Sistema Cochrane ha incluido 22 estudios sobre el ayuno intermitente, con casi 1 995 participantes adultos de Norteamérica, Europa, China, Australia y Sudamérica a los que se hizo un seguimiento durante 12 meses.
La revisión evalúa las diversas modalidades de ayuno intermitente, incluyendo la restricción de alimentación en días alternos, el ayuno periódico y la alimentación limitada por intervalos de tiempo.
Los investigadores, entre ellos Eva Madrid, del Institut de Recerca Sant Pau de Barcelona, comparan el ayuno intermitente con los consejos alimentarios tradicionales para no engordar y con qué ocurre cuando no hay ninguna intervención.
La evidencia no justifica el entusiasmo
Sus conclusiones apuntan a que el ayuno intermitente no resulta especialmente eficaz para la pérdida de peso en adultos con obesidad o sobrepeso, los cuales mostraron una pérdida de peso moderada con esta práctica.
Además, los autores tampoco aprecian ninguna diferencia significativa respecto al asesoramiento dietético habitual o a la mejora en los hábitos de salud.
“El ayuno intermitente podría ser una opción razonable para algunas personas, pero la evidencia actual no justifica el entusiasmo que vemos en las redes sociales hacia esta práctica”, señala uno de los autores de la revisión, Luis Garegnani, investigador en el Hospital Italiano de Buenos Aires.
Los investigadores reconocen que aún hay pocos estudios que hayan estudiado el impacto del ayuno intermitente a largo plazo.
Teniendo en cuenta que la obesidad es, precisamente, una enfermedad a largo plazo, eso dificulta que el ayuno intermitente tenga un respaldo científico fuerte, al menos de momento, como para darse su recomendación clínica, señalan.
La mayoría de los estudios incluidos reclutaron predominantemente a poblaciones blancas en países de ingresos altos. Por ello, los autores advierten de que sus resultados podrían dar pistas, pero que no se pueden extrapolar a toda la población, ya que podrían variar según el sexo, la edad, el origen étnico, el estado de la enfermedad o los trastornos o conductas alimentarios subyacentes.
“Con la evidencia actual disponible, es difícil hacer una recomendación general. Los médicos deberán adoptar un enfoque individualizado para cada caso a la hora de asesorar a adultos con sobrepeso para adelgazar”, señala Eva Madrid.
La obesidad requiere tratamientos personalizados
La obesidad es un problema importante de salud pública que se ha convertido en una de las principales causas de muerte en los países de ingresos altos. Según la OMS, 2 500 millones de habitantes de países ricos sufrían sobrepeso en 2022, y de ellos 890 millones padecían obesidad.
“Estamos ante una revisión rigurosa. Sin embargo, la calidad de muchos estudios es limitada y el seguimiento es corto, por tanto, no es la última palabra», señala Ana Belén Crujeiras, jefa de Epigenómica en el grupo de Endocrinología y Nutrición del Instituto de Investigación en Salud de Santiago de Compostela (IDIS), en una reacción recogida por Science Media Centre.
Crujeiras explica que si el ayuno intermitente está bien hecho se crea una situación de cetosis nutricional que puede conferir beneficios para la salud, ya que las moléculas cetónicas tienen propiedades antioxidantes, y antiinflamatorias.
«Se ha observado que este estado de cetosis nutricional se asocia con mejor bienestar y calidad de vida», apunta.
No obstante, la investigadora incide en que la obesidad es una enfermedad crónica, y en que su tratamiento debe ser personalizado y siempre bajo prescripción de un profesional de la nutrición o la endocrinología.
«A unas personas les funcionan unas estrategias terapéuticas y a otras, otras, depende de su estilo de vida, sus gustos personales y su perfil molecular y fisiológico”, concluye.
16 febrero 2026 | Fuente: EFE | Tomado del sitio web de la agencia | Noticia
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9
El peso perdido por las personas tratadas con los exitosos fármacos adelgazantes basados en la hormona GLP-1 vuelve en menos de dos años y con ello las afecciones cardíacas y metabólicas asociadas al sobrepeso, según ha constatado un metaanálisis recogido este miércoles en la revista The British Medical Journal.
El desarrollo de medicamentos para el control del peso, como los agonistas del receptor del péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1), ha transformado, para bien, el tratamiento de la obesidad hasta el punto de que la Organización Mundial de la Salud los reconoce ya como esenciales para la humanidad y considera que deben ser universalmente accesibles.
Para comprobar si sus beneficios se mantienen en caso de interrumpir el tratamiento, un equipo internacional de investigadores ha analizado 37 estudios publicados hasta febrero de 2025, con un total de 9 341 participantes. La duración media del tratamiento con fármacos para la pérdida de peso fue de 39 semanas (unos 3,2 años).
Un seguimiento medio posterior de unos 3 años, de media, constató que, tras dejar los fármacos, los pacientes recuperaron el peso a un ritmo aproximado de 0,4 kilos al mes y la mayoría habían vuelto a su peso anterior en 1,7 años.
Riesgos cardiometabólicos regresan tras la interrupción
De esos 37 estudios se extrae que todos los marcadores de riesgo cardiometabólico que habían mejorado con la pérdida de peso, como el colesterol alto, la hipertensión arterial o la diabetes, volvieran a los niveles previos al tratamiento en un plazo de 1,4 años tras interrumpir los fármacos.
Los investigadores también han visto que la tasa de recuperación de peso tras dejar de tomar medicamentos para adelgazar es casi cuatro veces más rápida que el cambio de peso que se produce tras modificar la dieta o el nivel de actividad física.
«Esta evidencia indica que, a pesar de su éxito en la pérdida de peso inicial, el tratamiento puntual con estos medicamentos por sí solo no es suficiente para controlar el peso a largo plazo», concluyen los investigadores.
¿Terapia a largo plazo?
Expertos como John Wilding, catedrático de Medicina Cardiovascular y Metabólica de la Universidad de Liverpool (Reino Unido), recuerdan que la obesidad es una enfermedad crónica que suele recaer cuando se suspende el tratamiento.
«No esperamos que las intervenciones para otras enfermedades crónicas como la diabetes o la hipertensión sigan funcionando cuando se interrumpe el tratamiento y no existe ninguna razón científica para esperar que la obesidad sea diferente. Por lo tanto, deberíamos considerar estos tratamientos como terapias a largo plazo y no como una solución rápida», apunta Wilding en una reacción a este estudio.
«Los hallazgos refuerzan que el manejo de la obesidad suele requerir planificación a largo plazo. Si las personas suspenden la medicación, muchas probablemente necesitarán apoyo nutricional y conductual continuo. Es necesario seguir investigando estrategias eficaces y escalables para el mantenimiento de la pérdida de peso a largo plazo junto con la farmacoterapia”, señala la investigadora de la Universidad de Cambridge Marie Spreckley, en una reacción para Science Media Centre.
08 enero 2026 | Fuente: EFE | Tomado de | Noticia
ene
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Un nuevo estudio publicado en la revista PLOS One revela que la obesidad en adultos está aumentando en muchos países africanos, a menudo acompañada de una desnutrición persistente.
Dicha coexistencia genera una doble carga de malnutrición cada vez mayor, con graves consecuencias sanitarias, sociales y económicas, agregó el trabajo.
Los 10 países con mayor prevalencia de obesidad son Sudáfrica, Eswatini, Seychelles, Argelia, Mauritania, Lesotho, Gabón, Botswana, Mauricio y Namibia, y los 10 últimos estados incluyeron a Etiopía, Madagascar, Eritrea, Ruanda, Burundi, Níger, República Centroafricana, Malawi, República Democrática del Congo y Sierra Leona.
Sudáfrica tuvo la prevalencia más alta (30,8 %), seguida de Eswatini (30,1) y Seychelles (29,4), mientras que Etiopía (2,8), Madagascar (4,3) y Eritrea (4,8) informaron las tasas más bajas.
La investigación también reveló que en casi todos los países africanos las mujeres mostraron una prevalencia de obesidad considerablemente mayor que los hombres.
En Sudáfrica, la prevalencia de obesidad femenina fue de 45,8 %, en comparación con 13,9 % en los hombres, para una diferencia de 31,8 puntos porcentuales.
Igualmente se observaron grandes disparidades entre sexos en Esuatini (28,8), Mauritania (26,1), Lesoto (24,2), Guinea Ecuatorial (21,8) y Seychelles (19,4).
Sólo pocos países, como Burundi, Chad y Madagascar, mostraron una prevalencia de obesidad insignificante o ligeramente superior para los hombres.
El estudio proporcionó estimaciones comparables y desagregadas por sexo de la prevalencia de obesidad en adultos, con un índice de masa corporal (IMC) de 30 o más en 47 países africanos.
Los datos se obtuvieron del kit de herramientas de evaluación de la equidad en salud de la Organización Mundial de la Salud, que abarca a personas de 18 años o más.
31 diciembre 2025 | Fuente: Prensa Latina | Tomado de | Noticia
dic
10
La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó hoy su primera guía sobre el uso de nueva clase de medicamentos para bajar de peso, centrada en las terapias GLP-1, surgidas inicialmente para tratar la diabetes.
La guía se elaboró a petición de los Estados Miembros y se basó en evidencia científica, revisiones de expertos y aportaciones de personas con obesidad.
Se centra en las terapias GLP-1 (medicamentos como liraglutida, semaglutida y tirzepatida), y ofrece recomendaciones sobre cómo utilizarlas de forma segura como parte del tratamiento a largo plazo. Datos del organismo sanitario muestran que más de mil millones de personas en el mundo viven con obesidad, una condición que se vinculó con 3,7 millones de muertes en 2024.
Los expertos prevén que, de no adoptarse medidas más contundentes, el número de personas afectadas podría duplicarse para 2030.
En opinión de Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, la obesidad es un importante problema de salud mundial.
“Nuestras nuevas directrices reconocen que la obesidad es una enfermedad crónica que puede tratarse con atención integral y de por vida. Si bien los medicamentos por sí solos no resolverán esta crisis sanitaria mundial, las terapias con GLP-1 pueden ayudar a millones de personas a superar la obesidad y reducir sus efectos adversos”, aseveró.
La OMS enfatizó que la obesidad no es simplemente el resultado de elecciones de estilo de vida, sino una condición crónica compleja que involucra factores genéticos, ambientales, biológicos y sociales.
Es un factor importante en el desarrollo de enfermedades cardíacas, diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer, y también puede empeorar el pronóstico de enfermedades infecciosas.
Las terapias con GLP-1 funcionan imitando una hormona natural que ayuda a regular el apetito, el azúcar en sangre y la digestión.
Estos medicamentos pueden conducir a una pérdida de peso significativa y a mejoras en la salud de las personas con obesidad.
La agencia sanitaria de la ONU añadió esas terapias a su Lista de Medicamentos Esenciales en 2025 para el control de la diabetes tipo 2 en grupos de alto riesgo, y sus nuevas directrices ahora recomiendan su uso a largo plazo en adultos con obesidad, excepto durante el embarazo.
01 diciembre 2025 | Fuente: Prensa Latina | Tomado de | Noticia
