Expertos en paleogenética, ética y conservación museística han acordado unas normas mínimas para investigar el ADN antiguo. Entre ellas destacan el compromiso a que los datos genéticos obtenidos sean de dominio público y a colaborar con grupos de interés para garantizar el respeto y la sensibilidad a los grupos nativos implicados.

fractura ósea en enterramiento medievalGracias a las nuevas tecnologías de secuenciación masiva, en el año 2010 se publicó el primer genoma humano antiguo, procedente de una momia de Groenlandia. Hasta el momento se han publicado más de 5 000 genomas humanos prehistóricos e históricos y un trabajo reciente (todavía sin publicar) aporta más de 800 nuevos en un solo artículo.

No solo hay cantidad, sino que además cada vez se acercan más a la actualidad, con lo cual es posible establecer vínculos de ancestralidad y, tal vez, genealógicos con poblaciones actuales. Es evidente que se necesita un marco ético ampliamente aceptado para poder seguir llevando a cabo estos estudios que pueden afectar percepciones de identidad fundamentales para las poblaciones humanas actuales.

Hasta el momento se han publicado más de 5 000 genomas humanos prehistóricos e históricos y un trabajo reciente todavía sin publicar aporta más de 800 nuevos.

Normas en la investigación del ADN

Hace unos meses, un conjunto de 64 investigadores de 24 países distintos, entre los que se encontraban las máximas autoridades mundiales en paleogenética, así como expertos en ética y en conservación museística, nos reunimos para acordar unas normas mínimas en la investigación en ADN antiguo que nos comprometíamos a respetar.

Estas normas se han publicado en la revista Nature, así como las traducciones a más de 20 idiomas distintos, realizadas por los propios autores. Yo he intervenido en la traducción al español y he hecho también la del catalán.

En este marco de indiscutible repercusión mundial proponemos cinco puntos a seguir para los estudios futuros de ADN antiguo:

1. Cumplir las normativas de los países donde se originan y se conservan los restos y las de los propios centros de investigación donde se analizan.
2. Preparar un plan de trabajo detallado antes de empezar el estudio.
3. Minimizar el daño (que, aunque pequeño, es inevitable) a los restos humanos.
4. Comprometerse a que los datos genéticos obtenidos sean de dominio público.
5. Colaborar con grupos de interés para garantizar el respeto y la sensibilidad a los grupos nativos implicados.

Respetar las culturas indígenas

El estudio apunta también a la necesidad de revisar las concepciones de ser indígena y de no exportar normativas que se han creado en Estados Unidos como si se tuvieran que aplicar a otros países de forma acrítica. Por ejemplo, hay países como México y Perú, donde el patrimonio indígena está integrado en nociones actuales de identidad nacional y donde importar estas normativas norteamericanas podría interpretarse como una forma de paternalismo.

En el documento, los principales investigadores en el campo nos comprometemos a no repetir errores del pasado colonial, que son especialmente evidentes en países africanos, y a crear repositorios de datos en los países de origen, así como revertir beneficios de la investigación a los grupos implicados y hacer que estos puedan intervenir activamente en discusiones sobre el significado de los resultados científicos.

Hay que tener en cuenta que estos resultados paleogenéticos pueden integrarse en concepciones tradicionales de la identidad de cada colectivo y que todas estas ideas son elementos importantes en la compleja concepción del pasado de la humanidad.

La idea básica subyacente es que los restos humanos antiguos deben de ser tratados con el respeto que merecen: pertenecen a personas que existieron y cuyo legado en la historia es en buena medida su historia genética, que puede ser integrada en una visión amplia de una humanidad común. En realidad, dichas normativas deberían también aplicarse a los estudios genéticos de humanos actuales, que con frecuencia presentan problemas similares de interlocución con las comunidades indígenas.

Carles Lalueza-Fox es paleogenetista e investigador principal del laboratorio de paleogenómica en el Instituto de Biología Evolutiva (IBE) del CSIC y la Universidad Pompeu Fabra.

octubre 25/2021 (SINC)
octubre 25, 2021 | Dra. María Elena Reyes González | Filed under: Antropología, Bioética, Epidemiología, Genética, Investigaciones, Sociología | Etiquetas: , , , , |

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