La técnica permite recuperarse de sesiones intensas de entrenamiento y competición y tiene efecto analgésico, antiinflamatorio e inmunoestimulante.

Los tratamientos con frío existen desde hace siglos, no son nada nuevo. La población general conoce los beneficios del hielo aplicado en lesiones, que sigue siendo el mejor método antinflamatorio, pero no la crioterapia corporal, una terapia que consiste en la aplicación de bajas temperaturas sobre el cuerpo humano. La exposición al frío tiene conocidos beneficios para la salud, tanto para recuperaciones de molestias y lesiones musculares como para fortalecer las defensas, según asegura Rafael Hervás, médico de familia del Servicio Cántabro de Salud.

«Desde pequeño, movido por mi espíritu inquieto, practiqué distintos deportes y en los últimos 20 años me he dedicado a entrenar y competir en carreras de fondo a pie, habiendo participado en numerosos medios maratones y maratones por todo el mundo y dirigido en sus entrenamientos a un gran número de atletas populares», recuerda Hervás. Movido por este interés, en 2001 se incorporó al Grupo de Actividad Física y Salud de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria, con el que ha impartido cursos y talleres en España, además de elaborar varios capítulos de una guía que es referencia a nivel internacional en este campo.

Ahora, Hervás ha dado un paso hacia adelante, y se ha adentrado en el estudio y la utilización de la crioterapia para reducir lesiones, acelerar la recuperación y mejorar el rendimiento. Pero, ¿cuáles son los beneficios de la crioterapia? «Está especialmente indicada para recuperarse de sesiones intensas de entrenamiento, así como de competiciones. Ayuda a liberar endorfinas, calma el dolor, reduce el estrés, contribuye a eliminar toxinas, incrementa nuestra sensación de energía, mejora el estado de la piel, ayuda a controlar el insomnio y acelera la recuperación de lesiones», ha enumerado.

Rafael Hervás ha utilizado a plena satisfacción el avanzado sistema de crioterapia del Club Deportivo Marisma, en su Clínica Santander, que dirige Isabel Vega, en donde ha instalado las cabinas Cryosense. «Este sistema utiliza vapor de nitrógeno, con lo que se consiguen exposiciones de hasta -190, siempre de una forma controlada y durante breves periodos de tiempo de hasta 3 minutos. A pesar de lograr estar temperaturas, la ausencia de humedad debida al nitrógeno líquido hace que el frío sea seco y la sensación térmica no sea tan intensa como si nos expusiéramos directamente a agua helada».

Efecto antinflamatorio
La crioterapia, mediante la exposición controlada al frío, posee efectos antiinflamatorios, analgésicos e inmunoestimulantes, ha añadido Hervás. Por todo ello, abre innumerables campos de actuación, tanto a nivel médico-deportivo como estético y de bienestar. Sus efectos son los siguientes, según Hervás: hace trabajar el músculo cardiaco; favorece la acción de la insulina; aumenta la correcta secreción de enzimas pancreáticos y sustancias gástricas; favorece la absorción de nutrientes en el intestino delgado, y mejora la circulación del sistema, con lo que el organismo consigue eliminar mejor sustancias tóxicas acumuladas en los tejidos blandos, como los músculos.

Cryosense dispone de varios programas: deportivo, reafirmante, insomnio, calor -para aumentar el gasto calórico-, dolor, piernas cansadas y antiestrés.

«Durante la sesión la persona que se introduce en la cabina va completamente desnuda -salvo manos y pies, que van protegidos por guantes y calcetines- y solo queda fuera de la cabina la cabeza. Mediante una herramienta informática y con la supervisión de un instructor que comprueba que tanto la persona como la cabina están en condiciones, lleva a cabo el programa correspondiente, que no dura más de tres minutos. Mientras dura la sesión, el vapor va aplicándose de manera ascendente, y el usuario puede moverse lentamente en el interior de la cabina. Al finalizar, debe beber una infusión con efecto diurético y abrigarse de nuevo.

Como es lógico, la crioterapia también tiene contraindicaciones: tumores, miomas; enfermedades cardiovasculares crónicas, accidentes cerebrovasculares; embarazo/lactancia; fiebre; tuberculosis pulmonar activa; urticaria por frío; vasculitis sistémicas; hipertensión arterial esencial mal controlada; anemia severa; neurosis histérica; hipo o hipertiroidismo mal controlado; intolerancia de la persona al frío; y mal estado general del paciente, entre otras.
junio 25/2015 (Diario Médico)

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