Investigadores de la Universidad Pompeu Fabra sugieren que las regiones cerebrales del hemisferio cerebral no afectado suplen las funciones de la contraparte dañada.

Debido a la lateralidad que presentan los seres humanos, cada hemisferio cerebral está especializado en una serie de funciones. Por ejemplo, el lenguaje suele estar focalizado en el hemisferio izquierdo y la percepción en el derecho. Los niños que sufren una lesión cerebral prenatal o perinatal con derrame cerebral desarrollan funciones cognitivas notablemente normales en ciertas áreas, como las que tienen que ver con las competencias lingüísticas.

Una posible explicación a este hecho ha sido que las regiones cerebrales del hemisferio cerebral no afectado podrían suplir las funciones de la contraparte dañada. Pero a los neurólogos se les hace difícil determinar, después de una lesión cerebral, si los cambios en la actividad neuronal se deben a los daños causados por la lesión en sí misma, o si son causados por los procesos relacionados con la reorganización del cerebro después de esta.

Ahora, un estudio que se acaba de publicar en The Journal of Neuroscience , indaga en esta cuestión. El trabajo ha sido dirigido por Gustavo Deco, investigador ICREA del departamento de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (DTIC), y director del Centro de Cognición y Cerebro (CBC, Center for Brain and Coginition) de la Universidad Pompeu Fabra, con participación de Mohit Adhikari, miembro de su grupo y primer autor del artículo, e investigadores de Canadá, Estados Unidos y Suiza.

Como explican Deco y Adhikari, “en niños con diagnóstico de lesión temprana hemos tratado de diferenciar las causas de los cambios en la actividad neuronal tras un infarto cerebral mediante el estudio de la conectividad funcional en estado de reposo cerebral”.

Para llevarlo a cabo, los investigadores han empleado un modelo computacional. “Hemos sido capaces de simular una red a gran escala consistente en modelos realistas de las áreas cerebrales locales acopladas a través de los modelos de conectividad anatómica cerebral que disponemos, tanto de niños sanos como de niños con historia clínica de lesión cerebral”, añade Deco.

De los datos empíricos obtenidos de niños con zonas dañadas por derrame cerebral, se desprende que las partes afectadas se comportan como un cerebro sano y no como un cerebro lesionado, como cabría esperar.

Según Deco, “estos resultados indican que es poco probable que el daño estructural causado por una lesión cerebral temprana tenga un impacto adverso y sostenido en las conexiones funcionales de las áreas afectadas, al menos en lo que respecta al estado de reposo cerebral”.

Así, el estudio aporta pruebas de cómo estas áreas podrían seguir ejerciendo su función casi normal en ciertos dominios, como el del lenguaje, a pesar de que los niños hayan sufrido un accidente cerebrovascular temprano.

junio 21 / 2015 (Jano)

 

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