Investigadores del Instituto de Neurociencias de Castilla y León (Incyl) y del Instituto Cajal de Madrid colaboran en el estudio del sentido más enigmático.

cerebro y olfatoLa pérdida de olfato puede ser una pista que ayude a diagnosticar de forma temprana enfermedades neurodegenerativas como el párkinson o el alzhéimer. Sin embargo, este sentido es uno de los más desconocidos y menos estudiados, así que los científicos no saben cuáles son los mecanismos que explicarían esta conexión. Así lo ha explicado en Salamanca el investigador Ángel Acebes, del Instituto Cajal de Madrid, perteneciente al CSIC, que colabora con científicos del Instituto de Neurociencias de Castilla y León (Incyl) dentro de la Red Olfativa Española.

Ángel Acebes ha explicado en una conferencia algunos avances de su grupo de investigación. Durante los últimos 10 años, ha trabajado con el insecto Drosophila melanogaster, conocido como mosca de la fruta o mosca del vinagre, que sirve como modelo genético para estudiar enfermedades, entre ellas, el párkinson o el alzhéimer. «Vengo a presentar los últimos datos sobre disminución del número de sinapsis, porque se sabe que al comienzo del alzhéimer lo que ocurre es una pérdida de estas conexiones», ha comentado en declaraciones a DiCYT.

La sinapsis es «la manera en que una neurona habla con otra, es el beso que las neuronas se dan para transmitirse información», así que, «nuestro interés está en poder encontrar herramientas para restablecer esa pérdida en el número de sinapsis antes de que ocurran todos los procesos de muerte de las neuronas que acontecen en las enfermedades neurodegenerativas», asegura.

De hecho, su equipo ha desarrollado una estrategia que permite incrementar el número de sinapsis. «Estamos intentando tratar moscas que puedan mimetizar lo que ocurre en el alzhéimer. No vamos a curar humanos estudiando moscas, pero sí vamos a entender cómo la enfermedad va progresando y vamos a intentar parar esa pérdida de sinapsis en las moscas de una manera temprana para ver si podemos encontrar una mejora», afirma.

Olfato y enfermedades

La colaboración con el Incyl se ha establecido a través del equipo de Eduardo Weruaga y José Ramón Alonso en el contexto de la Red Olfativa Española. En principio, se trata de una línea de investigación radicalmente diferente a la del alzhéimer. Sin embargo, el modelo que utilizan los investigadores del Instituto Cajal para estudiar ambas es la mosca del vinagre y existe una interesante conexión.

«Hay una ligazón entre ambos, hay anosmias (pérdidas del sentido del olfato) relacionadas con el alzhéimer o el párkinson, ya que los pacientes de estas enfermedades comienzan a perder olfato sin que sepamos aún cómo, de manera que podría ser un marcador temprano de enfermedades como el alzhéimer».

El objetivo general de la red es conocer cómo funciona el proceso de oler, «cómo el cerebro reconoce los olores y esto produce un cambio de comportamiento o una evocación de la memoria«, apunta Acebes. Hay poca investigación hecha, pero «ya empezamos a entender cómo un olor es procesado y las zonas del cerebro relacionadas con la memoria olfativa, que es muy fuerte».

Muchos aspectos del olfato se desconocen y, precisamente por eso, «es un lugar en el que invertir», apunta el científico, que se queja de la falta de presupuesto. Factores como una rinitis, gripes, golpes o una cirugía cerebral acarrean en algunos casos una pérdida de olfato y aún se desconoce qué neuronas se pierden o qué sinapsis dejan de ocurrir.

 febrero 09/2021 (Dicyt)

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