El despertar de un virus prehistórico congelado, el regreso de la viruela, el dengue que se instala en Europa, entre otras hipótesis dignas de películas de cine catástrofe, están siendo seriamente estudiados por los científicos, preocupados por el riesgo de epidemias vinculadas al calentamiento climático.

calentamiento globalLa pandemia de COVID-19, con su virus sin duda procedente de un murciélago, ha sacado a la luz los peligros de las interferencias cada vez más importantes entre las actividades humanas y la naturaleza.

Pero el riesgo de epidemias también lo puede generar el cambio climático, que provoca el desplazamiento de mosquitos portadores del paludismo o el dengue, y el inicio del deshielo del permafrost, donde están atrapados microbios de otras épocas.

“En mis momentos más pesimistas veo un futuro realmente horrible para el Homo sapiens”, dice Birgitta Evengard, microbióloga de la Universidad de Umea, en Suecia.

 “Nuestro mayor enemigo es nuestra propia ignorancia porque la naturaleza está llena de microorganismos”, en particular el permafrost, “verdadera caja de pandora”, explica a la AFP.

Estos suelos permanentemente congelados, que recubren un cuarto de las tierras del hemisferio norte, en Rusia, Canadá o en Alaska, son una bomba de tiempo climático: una parte “importante” podría descongelarse para 2100, liberando decenas o centenares de miles de millones de toneladas de gas de efecto invernadero, según los expertos del clima de la ONU (Giec).

Y no solo eso. “Los microorganismos pueden sobrevivir en un medio congelado mucho tiempo”, advierte el profesor Vladimir Romanovsky, de la Universidad de Alaska en Fairbanks.

“En cuanto se descongela el suelo, el agua empieza a correr, arrastrando partículas, materias orgánicas o microorganismos que estuvieron aislados durante centenares o miles de años”, explica el geofísico.

La ciencia ha demostrado que algunos de estos microorganismos pueden revivir.

“Cuando se pone un grano en un suelo helado durante miles de años, no ocurre nada. Pero cuando se calienta el suelo, el grano va a germinar. Es lo mismo con un virus”, explica a la AFP el profesor Jean-Michel Claverie.

Con su equipo del Instituto de Microbiología del Mediterráneo, ha logrado reactivar virus siberianos de hace 30 000 años.

Estos organismos revividos solo atacan a las amebas. Pero en estas regiones heladas, “los hombres de Neandertal, los mamuts, los rinocerontes lanudos tuvieron enfermedades, murieron, cayeron. Es posible que todos los virus que causaron sus problemas estén todavía en el suelo”, advierte.

El número de bacterias o virus aprisionados es incalculable. Pero lo que preocupa es saber si son peligrosos y sobre ese punto los científicos están divididos.

“El ántrax (o carbunco) prueba que una bacteria puede dormir en el permafrost durante centenares de años y ser reanimada”, sostiene Birgitta Evengard.

En 2016, en Siberia, un niño murió por carbunco pese a que esta bacteria había desaparecido de la región hacía 75 años.

Este contagio se suele atribuir al deshielo de los cadáveres de reno atrapados en el permafrost. Algunos expertos creen que las carcasas se encontraban en la superficie del suelo que se deshiela cada año, por lo que nada demostraría que un patógeno congelado desde hace mucho tiempo en el permafrost pueda matar todavía.

Otros patógenos conocidos, como los virus de la gripe de 1917 o de la viruela, estarían también preservados en las capas heladas de los cementerios árticos donde fueron enterradas las víctimas de viejas epidemias.

Algunos, como Vladimir Romanovsky, piensan que “probablemente han sido desactivados”; otros no están tan seguros.

El “verdadero peligro“, según el profesor Claverie, estaría en las capas profundas que pueden tener 2 millones de años y que potencialmente esconden patógenos desconocidos.

Pero en cualquier caso, dichos patógenos necesitarían un huésped para sobrevivir. Un encuentro que el cambio climático podría propiciar.

“Con la explotación industrial del Ártico, tenemos todas las condiciones de riesgo reunidas: un peligro potencial con la presencia de gente”, insiste Claverie.

El calentamiento del planeta podría convertirse también en un buen aliado para virus más actuales, que ya causan estragos en el mundo.

Paludismo, dengue, chikungunya, zika… Algunos mosquitos vectores de enfermedades tropicales podrían llegar a Europa o a Norteamérica.

“Los mosquitos se propagan hacia el Norte y son ahora capaces de sobrevivir al invierno en algunas regiones templadas”, subraya Jeanne Fair, investigadora del laboratorio estadounidense Los Alamos, que trabaja con modelos para predecir hasta dónde podrían llegar.

La presencia de este vector (garrapata, mosquito, mosca) no basta. Es necesario un huésped, así como “condiciones particulares de temperatura para que el patógeno pueda replicarse en el mosquito“, insiste Cyril Caminade, epidemiólogo de la Universidad de Liverpool.

Por ejemplo, el mosquito tigre (Aedes albopictus), originario de bosques tropicales del sureste asiático se ha convertido en una de las peores especies invasoras del mundo, presente en la cuenca mediterránea europea e incluso en París, y podría seguir su avance hacia el norte.

Por el momento, el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) solo ha reportado algunos casos autóctonos de enfermedades que puede transmitir: una cuarentena de casos de dengue entre 2010 y 2019, dos casos de zika en Francia en 2019, y varios centenares de casos de chikungunya entre 2007 y 2017, principalmente en Italia.

El Aedes aegypti, principal vector del dengue, también está bajo vigilancia.

“Un aumento de la temperatura media podría conducir a una transmisión estacional del dengue en el sur de Europa si el A.aegypti infectado por el virus se establece”, advierte el ECDC.

En cuanto al riesgo de que vuelva el paludismo en las regiones donde otrora fue endémica, en Europa y Norteamérica, está menos claro.

La prevalencia de esta enfermedad transmitida por el anófeles y para la que existe un tratamiento, está muy relacionada con las condiciones socioeconómicas.

Según un estudio publicado en 2011, citado por el último informe de referencia del Giec, 5 200 millones de personas podrían vivir en 2050 en zonas afectadas por el paludismo, si no se controla el calentamiento y no mejoran las condiciones socioeconómicas.

Aunque todavía no es preocupante la incidencia de enfermedades tropicales en partes del mundo donde no había, la presencia de vectores “muestra el inicio“, dice Cyril Caminade.

“Y solo estamos en el aperitivo del cambio climático”, advierte.

agosto 18/2020 (AFP) – Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2019. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A.

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