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Un experimento tan insólito como arriesgado puso a prueba los límites del cuerpo humano: un estudiante se ofreció como voluntario para enfrentarse a 100 mosquitos hambrientos dentro de una cámara cerrada. La escena, tan incómoda como reveladora, buscaba descifrar el comportamiento de un insecto que, pese a su aparente simpleza, sigue desconcertando a la ciencia.
Chris Zuo, estudiante de pregrado, fue el protagonista de la prueba inicial y permaneció cuatro minutos en la habitación, cubierto apenas por un traje de malla que, en teoría, lo protegería. Sin embargo, el resultado fue contundente: una serie de picaduras registradas que dejaron en evidencia que la vestimenta no era suficiente frente al ataque.
Este experimento marcó el inicio de un proceso de tres años, en el que un equipo de investigadores, encabezado por un profesor de Georgia Tech con más de dos décadas de experiencia en el estudio del movimiento animal, buscó comprender cómo los mosquitos toman decisiones al interactuar con los humanos.
La investigación siguió todos los protocolos éticos, garantizando la seguridad del voluntario y asegurando que los insectos utilizados estuvieran libres de enfermedades y fueran nativos del estado de Georgia. La sesión inicial fue la única en la que un participante humano sufrió picaduras directas.
Motivos y relevancia del estudio sobre mosquitos
Los mosquitos son responsables de la transmisión de enfermedades como la malaria y el dengue, ocasionando más de 700 000 muertes cada año, una cifra que supera a las de víctimas de conflictos armados, indica un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
La humanidad invierte anualmente 22 000 millones de dólares en insecticidas, larvicidas y mosquiteros tratados, en un intento constante por controlar a un insecto que pesa 10 veces menos que un grano de arroz y posee únicamente 200 000 neuronas. A pesar de estos esfuerzos, estos bichos se adaptan rápidamente a los entornos urbanos y propagan enfermedades con mayor eficiencia, en parte por el cambio climático.
Comprender cómo detectan y eligen a sus víctimas se ha vuelto crucial, ya que logran localizar a los humanos a pesar de su limitada visión y simpleza aparente. El ensayo científico buscó, mediante la observación directa y el seguimiento de los vuelos de los mosquitos, modelar sus decisiones y reacciones ante la presencia humana, con la esperanza de aportar herramientas más eficaces para su control y, en última instancia, reducir el impacto global de las enfermedades que transmiten.
Uno de los desafíos clave fue recopilar datos precisos sobre las trayectorias de vuelo de cada ejemplar. Inicialmente, se consideró replicar antiguos “estudios de picaduras” donde los voluntarios se desnudaban para eliminar variables como el color de la ropa, pero se prefirió una aproximación menos riesgosa.
Chris, ya protegido con ropa de manga larga lavada con detergente sin perfume, guantes y mascarilla, posó inmóvil mientras los mosquitos lo rodeaban, permitiendo la observación sin más picaduras.
Para registrar el comportamiento de los insectos, el equipo utilizó el Photonic Sentry, una cámara especializada recomendada por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos. Este dispositivo es capaz de rastrear cientos de insectos voladores simultáneamente, grabando a razón de 100 fotogramas por segundo y una resolución de 5 mm en espacios similares a un estudio grande.
En cuestión de horas, Chris y un colega de posgrado, Soohwan Kim, lograron recolectar más datos de vuelo de los insectos que los que se habían documentado previamente a nivel mundial.
El resultado del estudio de mosquitos
El análisis de los datos recogidos permitió a los investigadores obtener resultados valiosos. Tras la prueba, los expertos analizaron millones de puntos de velocidad y posición, empleando principios de inferencia bayesiana para respaldar las hipótesis matemáticas con observaciones reales.
Gracias a la enorme cantidad de trayectorias registradas, los científicos lograron identificar cómo reacciona un mosquito ante distintos tipos de señales.
Uno de los resultados más relevantes fue que los insectos modifican su vuelo según el estímulo presente. Ante un objeto visual oscuro, tienden a sobrevolar la zona sin detenerse; la presencia de dióxido de carbono, en cambio, provoca que reduzcan su velocidad y se concentren cerca de la fuente.
Cuando se combina una señal visual con las moléculas, adoptan patrones de vuelo orbital a alta velocidad alrededor del objetivo. Este comportamiento, inédito en estudios previos, se observó repetidamente tanto con maniquíes de poliestireno como en humanos, vestido de blanco y con sombrero negro, en la cámara experimental.
El modelo predictivo desarrollado por el equipo fue capaz de anticipar con precisión la distribución de los mosquitos alrededor de un humano, identificando “zonas de peligro” donde la probabilidad de ser rodeado por los insectos era significativamente mayor. Esto representa un avance sustancial respecto a los métodos de ensayo y error utilizados comúnmente para diseñar trampas o medidas de protección.
La revisión demostró que una comprensión matemática del comportamiento de los mosquitos puede servir como base para mejorar los sistemas de control y captura, contribuyendo así a la reducción de enfermedades transmitidas por estos insectos.
El experimento permitió comprender con mayor precisión cómo los mosquitos detectan y eligen a sus víctimas, y sentó las bases para el desarrollo de modelos predictivos aplicables al diseño de nuevas estrategias de control. La integración de observaciones directas, tecnología avanzada y análisis matemático proporciona un enfoque sólido para enfrentar el desafío que representa este diminuto y letal insecto.
23 marzo 2026 | Fuente: Infobae | Tomado del sitio web | Noticia
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A medida que la presencia humana expulsa a los animales de sus hábitats, los mosquitos que antes se alimentaban de una gran variedad de huéspedes podrían estar encontrando nuevos objetivos humanos para saciar su «sed de sangre», según un nuevo estudio.
Los detalles de este trabajo, que no obstante precisa de más análisis, se publican en la revista Frontiers in Ecology and Evolution, en un artículo que firman científicos de centros brasileños. Según estos, investigar el comportamiento alimentario de los mosquitos es fundamental para comprender la dinámica ecológica y epidemiológica de los patógenos que transmiten.
Y es que las picaduras son más que una simple picazón. Mosquitos infectados transmiten virus como la fiebre amarilla, el dengue, el zika o el chikunguña, que causan enfermedades que amenazan gravemente la salud humana y pueden tener consecuencias adversas a largo plazo.
El estudio se centra en la mata atlántica, que se extiende a lo largo de la costa brasileña albergando cientos de especies de aves, anfibios, reptiles, mamíferos y peces. Sin embargo, debido a la expansión humana, solo un tercio de su superficie original permanece intacta, según un comunicado de la revista.
Como resultado, los mosquitos cambian sus hábitos y hábitats y se acercan a los seres humanos, de los que acaban alimentándose por conveniencia.
«Aquí demostramos que las especies de mosquitos que capturamos en los restos de la mata atlántica tienen una clara preferencia por alimentarse de humanos», resume Jeronimo Alencar, del Instituto Oswaldo Cruz de Río de Janeiro.
Los huéspedes más apetecidos de los mosquitos
Esto es crucial porque en un entorno como el bosque atlántico, con una gran diversidad de posibles huéspedes vertebrados, la preferencia por los humanos aumenta significativamente el riesgo de transmisión de patógenos, añade por su parte Sergio Machado, de la Universidad Federal de Río de Janeiro.
Para su estudio, los investigadores utilizaron trampas luminosas para capturar mosquitos en dos reservas naturales del estado de Río de Janeiro.
En el laboratorio se separaron, para su análisis, las hembras de mosquitos saciadas. Los investigadores extrajeron ADN de la sangre y utilizaron su secuenciación para analizar un gen específico que funciona como un código de barras único para cada especie de vertebrado.
Al comparar los códigos de barras encontrados en la sangre con una base de datos, pudieron determinar de qué animal se había alimentado el mosquito.
De un total de 1 714 mosquitos capturados pertenecientes a 52 especies, 145 hembras estaban hinchadas de sangre. Se pudieron identificar las «comidas de sangre» consumidas por 24 ejemplares, que procedían de 18 humanos, un anfibio, seis aves, un cánido y un ratón; algunas procedían de múltiples fuentes.
¿Por qué la sangre humana?
Los investigadores plantearon la hipótesis de que múltiples factores podrían influir en su preferencia por nuestra sangre.
El comportamiento de los mosquitos es complejo, explica Alencar. «Aunque algunas especies de mosquitos pueden tener preferencias innatas, la disponibilidad y la proximidad del huésped son factores extremadamente influyentes».
A pesar de que se trata de un estudio inicial y son necesarias exploraciones con más datos y métodos más precisos, los resultados ya pueden contribuir al desarrollo de políticas y estrategias mejoradas para controlar los mosquitos portadores de enfermedades y ayudar a predecir y prevenir futuros brotes, según los autores.
«Saber que los mosquitos de una zona tienen una fuerte preferencia por los seres humanos sirve como alerta del riesgo de transmisión», concluye Machado.
15 enero 2026 | Fuente: EFE | Tomado de | Noticia
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El Ministerio de Salud Pública y Población de Haití está hoy en alerta sanitaria con medidas preventivas reforzadas para evitar la expansión del oropouche en la nación caribeña.
Según un informe preliminar, publicado por la Dirección de Epidemiología, Legislación e Investigación y el Laboratorio Nacional de Salud Pública, los primeros casos son niños varones en las edades comprendidas de cinco a 22 meses.
Estos fueron confirmados por pruebas de reacción en cadena de la polimerasa, una técnica de diagnóstico precisa que permite detectar material genético de patógenos y células anormales en muestras biológicas.
Según el sitio digital Noticias Kominotek, el 12 de septiembre fueron notificados 11 nuevos casos, que afectaron no solo a niños sino también a adultos.
Las instituciones científicas investigan activamente para evaluar el alcance de la circulación del virus y recomendar las medidas adecuadas.
Estas indicaron medidas de protección individual que incluyen el uso de repelentes, vestirse con ropa protectora, dormir con mosquiteros y la eliminación del agua limpia estancada.
De acuerdo con la literatura médica, «el virus Oropouche, es un arbovirus transmitido por mosquitos llamados bigay, y causa síntomas similares a los del dengue, chikungunya o malaria, como fiebre, escalofríos, dolor de cabeza, dolor muscular y articular».
Los científicos la consideran una dolencia leve, pero podría complicar al paciente con problemas neurológicos o hemorrágicos. Actualmente, no existe un tratamiento específico para esta enfermedad.
Actualmente, el virus Oropouche circula en varios países del Caribe, América Central y América Latina.
Precisa Noticias Kominotek, que recientemente fueron detectados casos en Guyana, Colombia, Perú, Panamá y Brasil.
20 septiembre 2025 | Fuente: Prensa Latina | Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2025. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A. | Noticia
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El Ministerio de Salud (Minsa) de Panamá registró hoy el primer deceso por el virus Oropouche, un hombre de 82 años de edad.
De acuerdo con el comunicado de la institución, esa persona fue infectada por la picadura de los mosquitos Culicoides y Culex, luego de viajar recientemente a la provincia de Darién, de los territorios más afectados por la dolencia.
El fallecido tenía antecedentes de hipertensión arterial y diabetes mellitus, agregó la nota.
Según el titular de la cartera sanitaria, Fernando Boyd, el paciente presentó síntomas de deterioro neurológico y fue hospitalizado con un diagnóstico inicial de neuroinfección.
En el centro asistencial se le realizaron estudios complementarios, incluyendo análisis de líquido cefalorraquídeo, que confirmaron la infección por el virus Oropouche.
En su informe epidemiológico, el Minsa indicó que en la semana Número 9 se registraron 221 casos del virus sobre todo en Darién (207), Panamá Este (13) y Panamá Metro (1).
El mayor número de pacientes son personas entre 35 y 49 años de edad. Por sexo, predominan las mujeres (115), frente a 106 del sexo masculino que han contraído la enfermedad.
10 marzo 2025|Fuente: Prensa Latina |Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2025. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A.|Noticia
