Una revisión publicada en Critical Care anima a desterrar la idea de que apenas existen herramientas para combatir el ictus hemorrágico. Prevención, diagnóstico temprano y actuación urgente son cruciales.

La hemorragia cerebral se describe como el subtipo de ictus con peor pronóstico.

Los autores de una revisión que se acaba de publicar en Critical Care  aluden a estudios observacionales que muestran que el pesimismo con el que muchos profesionales sanitarios afrontan su tratamiento puede llevar a “la retirada del soporte vital en pacientes que podrían tener un resultado clínico aceptable con un manejo agresivo”. Actuar a tiempo y de forma intensa puede mitigar las lesiones cerebrales.

La hemorragia intracerebral espontánea afectó a 5,3 millones de personas en todo el mundo en 2010, causando más de tres millones de fallecimientos. Son cifras que no animan al optimismo, y tampoco resulta de gran ayuda observar que casi no se han registrado avances frente a este tipo de accidente cerebrovascular en los últimos 20 años, mientras que el ictus isquémico o infarto cerebral se ha beneficiado de los grandes progresos en técnicas como la trombolisis intravenosa o la trombectomía mecánica.

PREVENCIÓN

Ante estas limitaciones terapéuticas, el conocimiento de los factores de riesgo cobra mayor interés. Tal y como recalca Jaume Roquer, jefe del Servicio de Neurología del Hospital del Mar y coordinador del Grupo de Investigación Neurovascular del IMIM, en Barcelona, “el enemigo número uno de las hemorragias cerebrales es la hipertensión. Reducirla disminuye claramente la incidencia de este tipo de eventos”.

Se trata, por lo tanto, del principal frente en el que se pueden aplicar medidas de prevención. De hecho, los autores de la revisión, cuyo primer firmante es Airton Leonardo,  de la Universidad de Toronto (Canadá), constatan que “la incidencia de hemorragias cerebrales relacionadas con la hipertensión está disminuyendo en algunas regiones del mundo gracias a las mejoras en el tratamiento de la hipertensión crónica”.

En cambio, ha ganado relevancia el uso de anticoagulantes. Estos fármacos, según Roquer, “salvan muchas vidas, pero pueden aumentar las hermorragias cerebrales; por eso es muy importante prescribirlos de forma adecuada”.

Hay otra posible causa muy relevante que está relacionada con el envejecimiento: la angiopatía amiloide, que lleva a la acumulación de proteína amiloide en las paredes de las arterias cerebrales, que por eso se pueden romper con mayor facilidad. También hay que considerar factores como el consumo de alcohol y drogas ilegales. El tabaco es, no obstante, más relevante en el infarto cerebral.

Una vez que la prevención ha fallado y se ha producido una hemorragia, aún queda margen de acción. Y aquí juega un papel fundamental el tiempo. El paciente debe acudir cuanto antes al hospital, y para ello es fundamental que conozca bien los síntomas, que pueden ser muy diversos: hormigueo, entumecimiento o debilidad repentinos, paralización de la cara o una extremidad (particularmente, en un solo lado del cuerpo), dolor de cabeza repentino y agudo, pérdida de equilibrio o coordinación, dificultad para comprender o hablar, letargo, cambios en el nivel de lucidez.

TRATAMIENTO

Ya en el hospital, los neurólogos son muy conscientes de la urgencia de un diagnóstico certero para no retrasar el tratamiento. Las técnicas de imagen son las grandes aliadas del primer punto, pero el segundo es más complejo. Roquer puntualiza que, a pesar de que no existen terapias específicas, “el tratamiento de soporte ha mejorado mucho, en buena parte gracias a las unidades de ictus, y se centra sobre todo en la vigilancia neurológica”.

La Unidad de Ictus del Hospital Ramón y Cajal, de Madrid, acaba de cumplir 10 años. El jefe de Neurología de este centro, Jaime Masjuan, reconoce que las hemorragias dentro del cerebro “muy pocas veces son quirúrgicas” y que también hay una carencia de fármacos. En todo caso, se están investigando diversas moléculas -en ClinicalTrials.gov hay actualmente casi 600 ensayos clínicos registrados- y su grupo participa en la investigación de un protrombótico.

Jaime Gállego, coordinador del Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología (SEN), añade otro elemento esencial: la prevención secundaria. “El control de la hipertensión es el factor que más puede influir en la repetición de la hemorragia cerebral”.

Retrato del ictus más devastador

La hemorragia cerebral, aunque sólo supone aproximadamente el 15 % de todos los ictus, es el segundo tipo de accidente cerebrovascular en cuanto a prevalencia (el ictus isquémico se sitúa en primer lugar con un 80 % y la hemorragia subaracnoidea supone el 5 %). Se coloca sin embargo a la cabeza en cuanto a mortalidad.

  1. Prevalencia: 15 casos por cada 100 000 habitantes.
  2. Principal factor de riesgo: La hipertensión arterial está presente en el 60 % de los casos.
  3. Prevención: Control de la hipertensión arterial y estilo de vida saludable (dieta equilibrada, ejercicio físico, evitar la obesidad, limitar el consumo de alcohol…).
  4. Diagnóstico: Constituye una urgencia neurológica. El diagnóstico incluye pruebas de laboratorio y de neuroimagen.
  5. Tratamiento: Mantenimiento del soporte vital y monitorización neurológica (en casos muy contados, cirugía).
  6. Mortalidad: El 40 % de los pacientes fallecen durante el primer mes.
  7. Secuelas: Alto grado de discapacidad. Sólo un 20 % de pacientes son independientes al cabo de seis meses.

Diferencias en función del sexo

Neurólogos del Hospital del Mar de Barcelona e investigadores del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM), dirigidos por Jaume Roquer, han publicado recientemente en Neurology los resultados de un estudio realizado en más de 500 pacientes con hemorragias intracerebrales primarias con el objetivo de determinar si existen diferencias entre hombres y mujeres.

La primera divergencia significativa es que las mujeres que sufren una hemorragia cerebral tienen de media seis años más que los hombres con la misma dolencia (81 frente a 75 años).

También se han observado diferencias en la localización del hematoma cerebral. En hombres es más frecuente el hematoma profundo, mientras que en mujeres es más común en la zona lobular del cerebro, más superficial.

Asimismo, en el análisis se observaron diferencias respecto al consumo de ciertas sustancias que son factores de riesgo conocidos. Los hombres resultaron ser más consumidores de alcohol y tabaco que las mujeres que habían padecido una hemorragia cerebral. Ellos también padecían en mayor medida otras enfermedades cardiovasculares, como la patología arterial periférica o enfermedades coronarias.

octubre 08/ 2016 (Correo farmacéutico)

octubre 10, 2016 | Dra. María Elena Reyes González | Filed under: Neurología, Psicología, Psiquiatría | Etiquetas: , , |

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