El insomnio es el trastorno  más común entre las alteraciones  del sueño.  Un 20-30 % de la población general lo sufre alguna vez.

Entre un 20-30 % de la población general lo presenta en algún momento, si bien no resulta frecuente en sus formas más graves (un 15 % de los diagnosticados). También es uno de los más costosos de curar. Teóricamente, parece sencillo, porque si no tiene causa orgánica, su erradicación suele basarse en medidas conductuales y cognitivas, pero al igual que sucede con las recomendaciones higiénicas en otros trastornos, cuesta ponerlas en práctica.

Gran parte de estos enfermos con trastornos del sueño no necesitan ser tratados  con el psiquiatra o el psicólogo; de ahí que la coordinación entre atención primaria y especializada resulta esencial, y así se ha puesto de manifiesto en la Jornada de Medicina del Sueño dirigida por Jesús Pastor, jefe del Servicio de Neurofisiología Clínica del Hospital de La Princesa, en Madrid.

Uno de los primeros pasos con las alteraciones del sueño es determinar la causa y descartar motivos orgánicos del trastorno. Por ejemplo, el síndrome de apnea, el hipertiroidismo, el síndrome de piernas inquietas o incluso la epilepsia pueden debutar con signos de hipersomnia.

En los últimos años se ha intensificado la investigación de los mecanismos fisiológicos implicados en el sueño. Así, se ha profundizado en el conocimiento de los ritmos circadianos, sobre todo en animales inferiores. No obstante, esos hallazgos no han tenido apenas trascendencia clínica. En cambio, sí ha habido un impacto en las consultas por el descubrimiento del papel de las hipocretinas- orexinas en la regulación del sueño.

“Este sistema neurroregulador, descrito a finales del siglo XX, se ha comprobado fundamental para el mantenimiento de la vigilia y ha revolucionado los conceptos fisiopatológicos de muchas enfermedades del sueño y el diagnóstico de algunas enfermedades, como la narcolepsia”, ha expuesto Pastor. Ahora el diagnóstico de esta enfermedad rara se realiza por la presencia de hipocretinas-orexinas en el líquido cefalorraquídeo.

También para los enfermos con narcolepsia, el tratamiento con los fármacos modafinilo y el oxibato sódico ha obtenido gran eficacia. Se plantea así el interés por adelantar el diagnóstico de una enfermedad que, de media, tarda en detectarse ocho años.

La Fundación Nacional del Sueño de Estados Unidos acaba de publicar sus nuevas recomendaciones sobre el tiempo de descanso, que oscila entre las 9-11 horas para los escolares, y las 7-9, de los adultos (hasta 65 años).

Con todo, Jesús Pastor reconoce que la normalidad es subjetiva. “Las horas de sueño necesarias vienen marcadas por factores genéticos y/o epigenéticos aún poco determinados. El problema viene cuando dormimos lo que podemos, no lo que necesitamos”.

febrero 5/ 2015 (Diario Médico)

 

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