La terapia celular para pacientes que sufren secuelas tras un ictus puede convertirse en una realidad clínica. Es la hipótesis del trabajo del equipo formado por José Castillo, Tomás Sobrino y Francisco Campos, miembros del Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago de Compostela (IDIS), que ha sido el ganador del Premio de Investigación 2014 de la Real Academia Gallega de Ciencias, dotado con 6000 euros.

El estudio ha demostrado en un modelo experimental que la terapia celular facilita la recuperación de la zona de penumbra isquémica consiguiendo desarrollar nuevas neuronas al tiempo que estimula al resto de las células cerebrales y los vasos sanguíneos, facilitando el proceso de angiogénesis. En estos momentos, el grupo ya ha iniciado la fase de seguridad, en la que se incluirá a 60 pacientes y que finalizará a finales de este año. El siguiente pasoserá el ensayo clínico para demostrar la eficacia.

La ventana terapéutica para el tratamiento del ictus en fase aguda es muy estrecha: un máximo de cuatro horas y media para utilizar los fármacos fibrinolíticos y alrededor de cinco horas para los procedimientos de trombectomía, lo que reduce su aplicación a entre el 3 y el 5 % de los pacientes. El resultado es que la mitad de las personas que sufren un ictus y sobreviven sufren secuelas incapacitantes. La investigación de Santiago busca ofrecer una solución a esa fase crónica.

Nichos neuronales
Según ha resaltado Castillo, director científico del IDIS, las conclusiones de Álvarez Buylla y García Verdugo sobre que el cerebro adulto alberga nichos neuronales con capacidad de regeneración supusieron un punto de partida necesario en este camino. El hallazgo de las células de pluripotencialidad inducida (iPS), que una vez reprogramadas pueden tener una capacidad igual a la de las células originarias y que pueden obtenerse de cualquier parte del cuerpo, abrió la puerta al desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas.

Con estos mimbres, el objetivo principal de la terapia celular que propone el grupo de Santiago es mimetizar los procesos de reparación que se producen de forma natural, restaurando la función cerebral a través del relevo de las células muertas durante el ictus mediante el trasplante de otras nuevas o la estimulación de las células progenitoras propias.

«Diferenciamos iPS en neuronas y las vectorizamos para hacerlas llegar a la zona de penumbra isquémica, que es aquella que rodea el área del infarto», ha explicado Castillo. Un estudio previó identificó los antígenos que se liberan en la zona de penumbra para provocar la adhesión de esas células a través de unos anticuerpos que se pegan a ellas. El procedimiento se probó en animales con muy buenos resultados.
enero 14/2015 (Diario Médico)

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