Como en otras enfermedades, en la fibromialgia, «el tratamiento debe ser individualizado y multidisciplinario combinando algunos medicamentos con terapias no farmacológicas», dice la Sociedad Española de Reumatología (SER) en la última guía titulada Aprendiendo a convivir con la Fibromialgia, que acaba de lanzar dirigida a los pacientes.

post-fibromialgiaAdemás, hay que explicar al enfermo que no todo vale e insistirles en «aquellos tratamientos que han demostrado alguna eficacia en el control de los síntomas». Y es aquí donde el farmacéutico puede tomar nota de lo que se recoge en la guía para transmitir los mismos mensajes que los especialistas. Así pues, los autores de la guía comentan que «las modalidades terapéuticas que han demostrado alguna eficacia son la realización de ejercicio físico aeróbico, las terapias psicológicas del tipo cognitivo-conductual y algunos fármacos».

Por tanto, quedan descartadas «la estimulación nerviosa eléctrica transcutánea, la acupuntura, la balneoterapia, los ultrasonidos, el láser, la magnetoterapia, el ozono, la oxigenoterapia hiperbárica, la quiropraxia y la osteopatía» al no haber «demostrado una eficacia clara en la fibromialgia», dicen. A esta lista los expertos responsables del texto añaden otras opciones, como los suplementos dietéticos, dietas especiales, la medicina homeopática.

Sobre estas terapias, Javier Rivera, portavoz de la SER y reumatólogo del Hospital General Universitario Gregorio Marañón (Madrid), confirma que, efectivamente, «hay pocos ensayos clínicos de calidad que permitan afirmar la eficacia de las terapias. Es una lástima que los promotores de dichas terapias no se esfuercen en realizar ensayos clínicos de calidad para que sepamos hasta dónde pueden llegar sus efectos beneficiosos. En general, prefieren vender el producto antes de realizar el ensayo clínico sobre su eficacia», critica.

A pesar de ello, el especialista constata que el paciente pregunta por ellas y, de hecho, recurre a ellas. «Habitualmente, el paciente te cuenta que se ha sometido a algún tipo de terapia complementaria cuando ya lo ha hecho, cuando lo ideal sería que preguntaran antes de hacerla para que pudiéramos orientarle correctamente en relación a los posibles beneficios».

Según sus datos, algunos estudios muestran que el 70 % de los pacientes con fibromialgia realizan algún tipo de terapia complementaria a lo largo de su enfermedad.

Preguntado en concreto por la eficacia de los complementos alimenticios en esta enfermedad, dice que él no conoce «ninguno que tenga un efecto beneficioso en los pacientes con fibromialgia».

Respecto al ejercicio, la SER recomienda el de tipo aeróbico, frente al que se centra en la flexibilización y estiramiento, y lo define como «uno de los pilares del tratamiento de la fibromialgia y cualquiera de sus modalidades (natación, gimnasio, bicicleta, danza, etc.)», ya que, dice, «ha demostrado en ensayos clínicos un efecto beneficioso en las manifestaciones clínicas de la enfermedad, principalmente dolor, salud mental, ansiedad e impacto global, con una efectividad incluso algo mayor que muchos fármacos». Asimismo, subraya que no se ha encontrado ninguna evidencia de que el ejercicio físico empeore las manifestaciones clínicas de la enfermedad.

Las ideas que puede transmitir el farmacéutico sobre el ejercicio son las que se contemplan en la guía, como:

Es mejor hacer algo de ejercicio que nada

El ejercicio físico moderado no representa ningún riesgo para las personas con fibromialgia.
Se deben evitar los deportes que requieren contacto físico como fútbol, baloncesto, balonmano…
Debe hacerse, además de las actividades diarias. Se puede realizar durante el día, con sesiones de 20 minutos como mínimo.
Siempre comenzar lentamente y con poca actividad y modificar la actividad si los síntomas de fibromialgia aumentan.
Los ejercicios dentro del agua (natación, acuagym, etc.) son una buena opción, porque ejercen menos tensión en las articulaciones que el ejercicio que se practica en tierra, especialmente cuando ya existe daño en las articulaciones que soportan el peso del cuerpo.

Terapia cognitiva conductual

La terapia cognitiva conductual y el mindfulness «son las intervenciones psicológicas que han demostrado mayor eficacia para el tratamiento de la fibromialgia», constatan los autores del texto, quienes sostienen que ambas opciones mejoran el componente emocional de la enfermedad, con un impacto positivo en la «ansiedad, depresión, dolor e impacto de la enfermedad en la vida del paciente».

Excesiva medicación

Respecto a los medicamentos, la guía hace hincapié en que la mejor evidencia disponible en cuanto a su eficacia se ha visto solo con algunos antidepresivos, anticonvulsivantes y analgésicos simples. Y hace una advertencia: «Es importante evitar la excesiva medicación, un problema que se observa con frecuencia en estos enfermos, porque produce múltiples efectos secundarios y perjudica claramente la situación del paciente a largo plazo».

Precisamente, Rivera aporta datos en este sentido: «Un 40 % de los pacientes con fibromialgia consumen más de cinco fármacos simultáneamente. Los fármacos más utilizados por los pacientes con fibromialgia son los analgésicos, los antinflamatorios, las benzodiacepinas y los antidepresivos, en este orden. Si tenemos en cuenta que solo los antidepresivos y analgésicos simples han demostrado eficacia en el tratamiento de estos pacientes, el uso de antinflamatorios y de benzodiacepinas no está indicado y, por tanto, podría considerase como un abuso».

Este exceso de medicación puede producir problemas en los pacientes con esta enfermedad, según Rivera: «Cuando se consumen varios al mismo tiempo se producen también interacciones entre ellos ocasionando nuevos efectos secundarios o aumentando los ya existentes. En los pacientes con fibromialgia a veces resulta difícil saber si un síntoma es debido a la propia enfermedad o a un efecto secundario de los fármacos. Muchos síntomas de estos pacientes mejoran cuando se reduce la medicación».

Para evitar este mal uso, el experto apuesta por la información al paciente y la formación al médico: «La fibromialgia no tiene un tratamiento curativo en la actualidad, por lo que el paciente debe saber muy bien qué es lo que puede esperar con el tratamiento. En este sentido, es importante informarle sobre los tratamientos que pueden mejorar sus síntomas y que evite aquellos otros que solo pueden empeorar su situación. Por otra parte, desgraciadamente, todavía no existe un buen grado de formación de los médicos sobre la fibromialgia y esto puede conducir a errores en su tratamiento», lamenta.

Respecto al farmacéutico, insistió en su papel a la hora de informar sobre los riesgos de la polimedicación, o de lo inútil que resulta estar tomando fármacos que no producen ningún efecto beneficioso para el paciente y de los riesgos que tiene consumir fármacos contraindicados en la fibromialgia, como son los opioides, antinflamatorios o benzodiacepinas».

También la guía explica por qué está tan extendido el uso de los antinflamatorios, cuando no están recomendados en esta rnfermedad, ya que no tiene un componente inflamatorio. «Su uso a dosis bajas –por debajo de lo indicado para la inflamación– en donde se comportan más como analgésicos que como antinflamatorios, quizás explique su frecuente utilización. Sin embargo, desde hace tiempo se conocen bien los efectos secundarios graves que pueden ocasionar, por lo que no están recomendados en la fibromialgia y se desaconseja su empleo».

Por otra parte, se descartan los opiáceos mayores, como morfina, oxicodona/naloxona, buprenorfina, fentanilo, codeina o tapentadol, entre otros, «por los efectos secundarios graves que producen».

Los expertos de la SER apuntan que los antidepresivos son los fármacos más utilizados en el tratamiento de los pacientes con fibromialgia. «Se ha comprobado -como se recoge en la guía- que estos fármacos poseen capacidad analgésica propia, independiente de su efecto antidepresivo, y mejoran también otras manifestaciones clínicas». Y añaden que se ha visto que existe un efecto favorable de la mayoría de ellos sobre el dolor, las alteraciones del sueño, el estado de ánimo, la fatiga y la calidad de vida, aunque su efectividad es en general moderada.

Eso sí, acertar con el antidepresivo que es eficaz en cada paciente no es fácil. «El fallo de un antidepresivo no descarta la posibilidad de que otro tenga un efecto beneficioso, por lo que en muchos casos hay que probar varios de ellos hasta encontrar el que mejore el cuadro clínico», informan.

Los anticonvulsivantes se utilizan también en el tratamiento de los pacientes con fibromialgia. «Se pueden dar conjuntamente con los antidepresivos, pero siempre teniendo en cuenta los efectos secundarios de ambos, ya que muchos de ellos son similares», advierte la guía.

De las benzodiacepinas aclaran que «no existe ninguna evidencia acerca de la eficacia de este grupo de fármacos en el tratamiento de la fibromialgia a largo plazo». Según los expertos, «podrían mejorar calidad del sueño y la crisis de ansiedad en períodos cortos, pero no tienen ninguna acción sobre el resto de las manifestaciones clínicas de la enfermedad». Dicho esto, añaden: «No obstante, son muy empleadas en los pacientes con fibromialgia, pero no se dispone de información de hasta dónde son capaces de mejorar otras manifestaciones clínicas o la calidad de vida».

La guía da un mensaje importante sobre lo que se está probando actualmente para el tratamiento de la fibromialgia y dice que, aunque «se han probado múltiples fármacos que actúan sobre el sistema nervioso central para tratar los síntomas de la enfermedad, en general, los resultados han sido decepcionantes y los efectos secundarios importantes que tienen muchos de ellos desaconsejan claramente su uso». En esta línea, los tratamientos hormonales utilizados hace algún tiempo, también se han abandonado porque tampoco han demostrado un buen grado de eficacia

Duración del tratamiento

«La fibromialgia es una enfermedad crónica que cursa en forma de brotes de reagudización de los síntomas con una duración e intensidad distinta en cada paciente. Como regla general, una vez controlados los brotes se debe valorar la posibilidad de reducir y suspender la medicación, pero siempre dependerá de cómo responda el paciente». Este es el mensaje que se debe dar a pie de mostrador y que recoge la guía.

Circuito del paciente

El farmacéutico también puede explicar a quién debe dirigirse si comienza a tener síntomas compatibles con la fibromialgia (dolor crónico generalizado, cansancio intenso, alteraciones del sueño, alteraciones cognitivas o trastornos del ánimo, entre otros). Según la guía, se debe acudir siempre al médico de Atención Primaria y no acudir inicialmente a diferentes especialistas para evaluar de forma aislada los diversos síntomas de la enfermedad, ya que «esto ocasiona con frecuencia exploraciones y tratamientos innecesarios».

La guía da un mensaje importante sobre lo que se está probando actualmente para el tratamiento de la fibromialgia y dice que, aunque «se han probado múltiples fármacos que actúan sobre el sistema nervioso central para tratar los síntomas de la enfermedad, en general, los resultados han sido decepcionantes y los efectos secundarios importantes que tienen muchos de ellos desaconsejan claramente su uso». En esta línea, los tratamientos hormonales utilizados hace algún tiempo, también se han abandonado porque tampoco han demostrado un buen grado de eficacia.

enero 07/2021 (Diario Médico)
enero 8, 2021 | María Elena Reyes González | Filed under: Enfermedades crónicas no trans., Rehabilitación, Reumatología | Etiquetas: , , |

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