La conexión entre el sistema inmune y el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares puede inspirar tratamientos alternativos a los clásicos.

Ateroesclerosis-un-mal-que-consume-las-arteras-2016Desde hace mucho tiempo se sabe que el sistema inmune juega un papel crucial en la ateroesclerosis, ya que son, precisamente, células inmunes las que inician las reacciones inflamatorias que conducen a la formación de la placa de ateroma en respuesta a las alteraciones del metabolismo lipídico debidas a un exceso de colesterol.

La importancia de la inflamación en la ateroesclerosis y en su relación con la enfermedad cardiovascular es especialmente palpable en pacientes con ciertas enfermedades crónicas inflamatorias. Por ejemplo, quienes sufren artritis reumatoide tienen una incidencia dos veces superior de enfermedad coronaria.

Este conocimiento puede servir de inspiración para el diseño de nuevas estrategias terapéuticas, como la que propone un equipo de investigadores dirigido por Oliver Shöhlein, de la Universidad de Múnich (Alemania), en un estudio que se ha publicado en EBioMedicine. En resumen, han descubierto que ciertas células del sistema inmune implicadas en el desarrollo de la ateroesclerosis, los neutrófilos, contienen una proteína (HNP1) que en los experimentos llevados a cabo en ratones reduce los niveles de colesterol y, de este modo, ayuda a inhibir o mitigar la enfermedad.

Los investigadores consideran que sus hallazgos pueden conducir a nuevas estrategias en el tratamiento de la hiperlipidemia: “Dado que HNP1 es un componente natural del organismo, su uso terapéutico estaría relativamente libre de efectos secundarios y no comprometería el sistema inmune”. Se trata probablemente del hallazgo más reciente de un área de investigación que podría conducir al diseño de terapias diferentes de las actuales.

Inmunoterapia
Sin embargo, lo cierto es que, pese a la intensa investigación llevada a cabo, todavía no hay ningún tratamiento para la ateroesclerosis basado en el sistema inmune. La inmunoterapia, tan en boga en cáncer, aún es solo un planteamiento teórico o sumamente experimental en este ámbito.

¿A qué se debe ese estancamiento? Una de las razones puede ser que no existe una gran urgencia en la búsqueda de alternativas por la gran efectividad de las estatinas y la aparición de una nueva generación de fármacos que, en palabras de Josep Masip, vocal de la Sección de Cardiopatía Isquémica y Cuidados Agudos Cardiovasculares de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), “pulverizan el colesterol”.

El jefe de Sección de Inmunología del Hospital Clínico de Barcelona, Manel Juan, cita otro obstáculo: que el conocimiento dista de ser completo. “Se saben muchas cosas, pero deslabazadas”, sentencia. No obstante, aclara que sí existen fármacos dirigidos al proceso inflamatorio, aunque tratan la ateroesclerosis de una forma indirecta. Serían, sobre todo, los antiagregantes y los antiinflamatorios no esteroideos.

Otra vía de investigación es la vinculación del proceso ateroesclerótico con la infección. Josep Masip aclara que se trata de una relación de asociación, sin que se haya podido establecer aún una causalidad.
enero 30/2017 (diariomedico.com)

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