El esófago de Barrett aumenta en parte debido al incremento en el peso de la población. La endoscopia se consolida en el manejo de esta enfermedad.

La sensación de ardor de estómago y de reflujo gastroesofágico (RGE) es muy frecuente entre la población, tanto que el 20 por ciento de los adultos españoles tienen estas molestias al menos una vez a la semana. Esa percepción de RGE ácido tan prevalente “ha permitido visualizar a muchos pacientes con esófago de Barrett en los que si el daño por el ácido continúa puede conducir a una situación de displasia e incluso a adenocarcinoma de esófago”, advierte José Miguel Esteban, jefe del Servicio de Endoscopia Digestiva del Hospital Ruber Internacional, de Madrid.

El esófago de Barrett es una enfermedad que ha experimentado un notable incremento en los últimos años. “Dentro de las enfermedades relacionadas con el ácido, es la que más ha aumentado”, asegura Esteban, que atribuye esa alza a los hábitos de vida, entre ellos el aumento de peso, pero también a otros aspectos que “han llevado a la disminución de otras enfermedades y esto hace que exista una mayor concienciación hacia esa sensación de pirosis”. Además, los investigadores buscan factores genéticos que pudiesen estar implicados en el esófago de Barrett, aunque “la causa fundamental es el daño que produce el reflujo ácido y en algunos casos el reflujo biliar”, insiste.

Pero frente a esa suma de factores que ha llevado al aumento de los casos de esta lesión premaligna, se encuentra su mejor diagnóstico gracias a los nuevos y mejores endoscopios, que posibilitan “el tratamiento de la displasia de alto grado sobre el esófago de Barrett, que hasta hace unos años era mediante el abordaje quirúrgico”. Esto supone un cambio muy importante en el manejo de la enfermedad, puesto que “la cirugía del adenocarcinoma de esófago (un tipo de tumor que ha aumentado un 500 por ciento en los últimos 30 años) tiene una morbimortalidad muy alta incluso en centros con mucha experiencia”.

Según el especialista, el tratamiento endoscópico, con ablación por radiofrecuencia o la mucosectomía, permite abordar de forma ambulatoria y curativa la displasia de alto grado y el adenocarcinoma cuando es muy superficial (adenocarcinoma intramucoso). Este tratamiento conservador frente a la radicalidad quirúrgica puede llevar a temer un aumento de las recidivas. Esteban es tranquilizador ante esta hipótesis: “Una vez que tenemos que extirpar el adenocarcinoma o la displasia de alto grado, nuestro objetivo es eliminar todo el Barrett, y cuando lo hemos hecho, controlando bien el tratamiento frente al reflujo, con operación de la hernia o con medicación, la posibilidad de recidiva es muy baja; puede haber un 3 por ciento de casos que vuelvan a tener focos de esófago de Barrett. Pero si tenemos bien controlado el paciente, y con una estrecha vigilancia, no habrá problema con esos focos”, una afirmación que basa en los buenos resultados obtenidos por su equipo desde el año 2007, cuando comenzaron con los tratamientos endoscópicos.

A pesar de las ventajas que supone el abordaje endoscópico -para el paciente y desde una perspectiva coste económica-, no todos los esófagos de Barrett se pueden tratar endoscópicamente, aunque “está absolutamente indicada en la displasia de alto grado, y hay estudios que defienden la posibilidad de realizar estos tratamientos en una displasia de bajo grado, ya que en ocasiones tenemos pacientes con displasia de bajo grado que al repetirle la endoscopia, y revisar las biopsias por patólogos expertos, encontramos que no son realmente displasias de bajo grado”.

José Miguel Esteban subraya que “todos los pacientes que tengan displasia de alto grado son candidatos a tratamiento endoscópico; no existen limitaciones por factores como la edad, aunque siempre hay que individualizar el tratamiento”.

El abordaje endoscópico del esófago de Barret se ha debatido en un curso teórico práctico dirigido por el digestólogo del Hospital Ruber Internacional y al que han asistido “médicos que quieren introducir los tratamientos endoscópicos del esófago de Barrett y patólogos que han expuesto los criterios diagnósticos para definir las displasias sobre el esófago de Barrett”.
noviembre 13/2015 (Diario Médico)

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