La estimulación cerebral profunda (ECP) y las técnicas de imagen se alían con éxito en el tratamiento de ciertas enfermedades mentales, según lo expuesto en el congreso nacional de Psiquiatría.
Los últimos avances en estimulación cerebral profunda (ECP) han centrado una de las mesas de la última jornada del Congreso Nacional de Psiquiatría, en Santiago de Compostela.

En la mesa estuvieron José Manuel Menchón, del Servicio de Psiquiatría del Hospital Beltvige y Bryan Strange, del laboratorio de Neurociencia clínica CTB, en la Universidad de Politécnica de Madrid. El simposio estuvo moderado por Blanca Reneses Prieto, del Instituto de Psiquiatría del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

Los avances en las técnicas de neuroimagen y el conocimiento del sustrato neurobiológico de las enfermedades psiquiátricas, especialmente la implicación de los circuitos neuronales, están facilitando el estudio de nuevas dianas.

La estimulación cerebral profunda supone una oportunidad de mejorar, y a veces de suprimir, los síntomas resistentes a otros tratamientos pero también es una vía de interesante para el conocimiento de los circuitos cerebrales que están en el sustrato de algunas enfermedades psiquiátricas y del humor, la cognición y la conducta en los individuos sanos.

“La ECP es un procedimiento quirúrgico eficaz y seguro para algunos trastornos del movimiento y para una serie de trastornos psiquiátricos resistentes como el trastorno obsesivo compulsivo, la depresión mayor o el síndrome de Gilles de la Tourette. Otras indicaciones se encuentran en fase experimental como los trastornos de la conducta alimentaria, adicciones y esquizofrenia”, afirmó la coordinadora de la mesa.

En este sentido, los especialistas explicaron que a partir de este pasado mes de julio los sistemas de estimulación cerebral profunda tienen aprobada la compatibilidad con técnicas de neuroimagen. Así, José Manuel Menchón Magrina subrayó que la neuroimagen es “un procedimiento útil en pacientes con electrodos, con muy buenos resultados. Antes de que se aprobara este protocolo, no se podía hacer resonancia magnética porque había un riesgo de que se sobrecarguen los dispositivos”.

“Esto nos permite, en primer lugar, saber cómo están colocados los electrodos y por tanto ver si son precisos, si la persona tiene alguna complicación más y si necesita pruebas de resonancia magnética, o de cuerpo incluso.”, afirmó.

Por su parte, Bryan Strange, neurólogo, explicó que la neuroimagen “da una visión de la actividad cerebral en este tipo de pacientes, se ve cómo reaccionan a los estímulos, y permite estudiar los efectos clínicos de la estimulación. Los primeros empleos de la técnica con ECP están siendo satisfactorios”.
septiembre 30/2015 (Diario Médico)

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