En años recientes, ha habido en diversos países del mundo importantes brotes epidémicos de listeriosis, una forma severa de intoxicación alimentaria, causada principalmente por la bacteria Listeria monocytogenes.

Aunque por regla general la enfermedad se puede tratar con éxito, a veces provoca la muerte de la persona infectada, más frecuentemente en mujeres embarazadas o en personas con su sistema inmunitario debilitado. Incluso cuando el tratamiento es eficaz, la persona lo pasa muy mal, ya que los síntomas son fuertes e incluyen fiebre y dolores musculares junto con diarrea y otros trastornos gastrointestinales. El viejo adagio es claramente cierto: En casos como estos, adquiere todo su significado el viejo refrán de que es mejor prevenir que curar.

La prevención de la listeriosis se basa en matar el agente causante, normalmente la bacteria Listeria monocytogenes, en instalaciones de procesamiento de alimentos. Un buen número de desinfectantes son utilizados con este propósito, principalmente compuestos a base de cloruro de benzalconio.

La listeria, aquí teñida de verde, puede adquirir resistencia a sustancias químicas mediante la transferencia de genes foráneos.

Desafortunadamente, muchas cepas de listeria parecen haber desarrollando resistencia a algunos de estos productos químicos, aunque los mecanismos subyacentes todavía son desconocidos. Esta situación de desconocimiento puede que empiece a cambiar de manera decisiva ahora, gracias a los resultados de una investigación reciente. Junto con colegas en Irlanda, el grupo de Stephan Schmitz-Esser, del Instituto de Higiene de la Leche, adscrito a la Universidad de Medicina Veterinaria (Vetmeduni) de Viena, en Austria, ha proporcionado pruebas convincentes de que en esa resistencia bacteriana al cloruro de benzalconio está implicado un nuevo componente del ADN de las bacterias.

Los científicos utilizaron técnicas de secuenciación de vanguardia para determinar las secuencias de ADN de dos cepas de listeria conocidas por ser resistentes al cloruro de benzalconio. Cuando examinaron las secuencias, se percataron de una región de ADN que era sorprendentemente diferente en composición al resto del genoma. Las bacterias parecen haber adquirido este nuevo componente en fechas bastante recientes, y Schmitz-Esser lo denominó Tn6188.

Por supuesto, la presencia del Tn6188 en dos cepas resistentes al cloruro de benzalconio podría ser simple coincidencia. Los investigadores examinaron entonces 90 cepas adicionales de listeria en busca del nuevo componente, encontrándolo en diez de ellas. Las diez cepas que contenían Tn6188 eran mucho más resistentes al cloruro de benzalconio que las carentes del Tn6188. Una de las cinco proteínas que pueden ser codificadas por el Tn6188, denominada QacH, era activada por la presencia de cloruro de benzalconio en el medio de cultivo. Y en un último experimento, los científicos lograron demostrar que, eliminando el gen QacH, la listeria carente del mismo se volvió nuevamente vulnerable a los desinfectantes a base de cloruro de benzalconio.

En la investigación también han trabajado Anneliese Müller, Kathrin Rychli, Meryem Muhterem-Uyar, Andreas Zaiser, Beatrix Stessl, Caitriona M. Guinane, Paul D. Cotter y Martin Wagner.
noviembre 22/2013 (NYCT)

noviembre 29, 2013 | Dra. María T. Oliva Roselló | Filed under: Infecciones Bacterianas | Etiquetas: , , , |

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