El síndrome de piernas inquietas (SPI) o enfermedad de Willis-Ekbom, denominación recomendada por el Grupo Internacional para el Estudio del citado síndrome, es un trastorno neurológico que se caracteriza por una necesidad imperiosa de mover las piernas.

Frecuentemente se acompaña de sensaciones molestas en situaciones de reposo, sobre todo por la tarde/noche, lo que provoca gran dificultad para conciliar y mantener el sueño.

Las personas con síndrome crónico de piernas inquietas tienen hasta 2-2,5 veces más probabilidades de desarrollar una cardiopatía, mientras que el riesgo de hipertensión arterial aumenta hasta 1,5 veces más frente a la población general. Los pacientes con esta enfermedad también presentan un riesgo superior a padecer enfermedades cerebrovasculares, diabetes u obesidad. “De alguna forma, el SPI crónico acentúa las posibilidades de enfermedad cardiovascular o síndrome metabólico a largo plazo”, ha explicado Diego García-Borreguero, presidente de la Sociedad Española de Sueño, que está celebrando en Burgos su XXI Reunión Anual.

Frente a estas importantes complicaciones a largo plazo, los estudios sobre nuevos tratamientos se han basado en periodos de tiempo muy cortos, fundamentalmente de 12 semanas, para ropinirol y pramipexol, dos de los agonistas dopaminérgicos orales más comercializados.

Los últimos estudios que se han llevado a cabo en este último año se han realizado a seis meses con los agonistas dopaminérgicos orales ropinirol y pramipexol. Se demuestra que, aunque la eficacia terapéutica de estos dos fármacos a los seis meses continúa siendo superior a la de placebo, es claramente inferior a la demostrada a las 12 semanas, lo que indica una pérdida de eficacia progresiva.

En consonancia con estos datos, existen estudios retrospectivos realizados en periodos de tiempo de cinco y diez años que muestran que la pérdida de eficacia en periodos tan largos aumenta con el tiempo. “En el 20 al 40 % de los pacientes se observa una pérdida total de eficacia o empeoramiento de los síntomas, también denominada potenciación dopaminérgica”.

Con estos datos en la mano, los especialistas reconocen que los fármacos agonistas dopaminérgicos orales aprobados por la EMA están insuficientemente estudiados en su eficacia a largo plazo. “Han aparecido complicaciones tras su aprobación, lo que tiene una especial relevancia, ya que es una enfermedad crónica en la que vamos a necesitar tratamiento a largo plazo”.

Además de la pérdida de eficacia, los agonistas dopaminérgicos orales han demostrado provocar el síndrome de potenciación.

Los cambios físicos y hormonales, la mayor prevalencia de ansiedad y depresión o una mayor tendencia a la ferropenia hacen que los trastornos de sueño sean más frecuentes en las mujeres. Estas diferencias parecen acentuarse con la edad, de manera que las mayores de 65 años presentan tasas de insomnio más elevadas.Así, mientras su prevalencia en mujeres premenopáusicas está en torno al 33-36 %, aumenta hasta el 41-61 % en posmenopáusicas, debido a una mayor frecuencia de problemas como la ansiedad, la depresión o trastornos primarios del sueño como el síndrome de piernas inquietas o la apnea del sueño.
Marzo 3/2012 (Diario Médico)

marzo 10, 2012 | Dra. María T. Oliva Roselló | Filed under: Neurología | Etiquetas: , , , |

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