Después de haber batallado para conseguir dosis de vacunas contra la COVID-19, Sudáfrica tiene que luchar ahora contra el rechazo que provoca su campaña de vacunación en parte de sus ciudadanos.

movimiento antivacunasHace unas semanas, la cola era larga delante del centro de vacunación de Johannesburgo. Sin embargo, este inmenso gimnasio cedido en mayo para la campaña de inmunización, en días actuales, parece desierto, con solo tres personas que esperan para recibir su dosis.

Muzi, un conductor de minibus-taxi de 32 años que estaciona enfrente de la entrada, mira al gimnasio con desconfianza. «Me da mucho miedo la vacuna», confiesa a la AFP. Según cuenta, conoce a una mujer que murió después de recibir la vacuna: «Antes de eso estaba perfectamente», afirmó.

A día de hoy, solo el 11 % de un país de 58 millones de habitantes tiene la pauta completa de vacunación.

El país, que según datos oficiales es el más afectado por la pandemia en África, vacuna actualmente a los mayores de 35 años y, a partir del viernes, con los mayores de 18. Sudáfrica ha registrado más de 2,6 millones de casos y cerca de 78 700 muertos.

Con todas las curvas de la pandemia al alza, menos de 200 000 personas se presentan cada día para vacunarse, muy por debajo del objetivo de 300 000. El gobierno prevé tener vacunados a 28 millones de personas de aquí a final de año, es decir, el 70 % de los adultos.

El país se enfrenta a «la apatía o el cansancio ante las vacunas», alertó el jueves Nomafrench Mbombo, ministro de Salud de la provincia del Cabo Occidental.

Al gobierno le llovieron las críticas por su retraso en la compra de las vacunas. Pero desde entonces consiguió decenas de millones de dosis y es incluso el primer país africano en producir sus propias vacunas.

Lori Bentley, de 59 años, espera en la cola del gimnasio para recibir su dosis. Sin embargo, en su familia casi nadie cree en la eficacia de la vacuna. Los científicos «no pudieron desarrollar una vacuna eficaz en tan poco tiempo», cuenta que le dicen.

En Sudáfrica preocupa sobre todo el rechazo entre los hombres. Según un estudio reciente, el 60 % de los vacunados son mujeres, explicó hace poco el ministro de Salud.

Para obligar a los hombres a vacunarse, la poetisa y actriz sudafricana Lebogang Mashile pidió a sus conciudadanas que hagan una «huelga de sexo». «Por nuestro bien, las mujeres tienen que poner como condición para el ‘pumpum’ (sexo) que se vacunen», escribió en Twitter.

El gobierno, por su parte, inició una campaña de mensajes SMS animando a «todos los hombres de Sudáfrica a registrarse» para la vacunación.

Pero según la periodista especializada en salud, Pontsho Pilane, la falta de confianza en el gobierno es un factor en el rechazo de las vacunas. Por su parte, las autoridades acusan a los antivacunas de llevar a cabo una campaña de desinformación.

Según un estudio realizado en julio por la Universidad de Johannesburgo, el escepticismo se basa sobre todo en tres puntos: los efectos secundarios, la eficacia de la vacuna y la desconfianza que generan la vacuna y las instituciones.

Desde los centros de vacunación, que funcionan al ralentí, el personal sanitario lanzó llamados por las redes sociales.

En paralelo, mezquitas, granjas, farmacias o compañías de seguros pusieron en marcha sus propios espacios para facilitar el acceso a las dosis.

agosto 20/2021 (AFP) – Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2019. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A.

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