La mal llamada gripe española, la gran pandemia del siglo XX que provocó el virus influenza A H1N1, tuvo cinco olas entre 1918 y 1921 y causó unos 40 millones de muertos en todo el mundo. Y cinco llevamos ya con la de la COVID-19, causada por el SARS-CoV-2, de la que se calculan 4,55 millones de fallecidos en todo el planeta. ¿Habrá sexta ola de esta primera, y esperemos que la última, gran pandemia del siglo XXI? ¿Seguiremos sumando infectados, enfermos graves y con secuelas y muertos?

variante SARS-CoV-2No es por chafar la guitarra, ahora que la incidencia de la infección por el nuevo coronavirus en España ha bajado del umbral de los 100 casos por cada 100 000 habitantes a 14 días por primera vez desde finales de junio y que estamos recuperando rápidamente la normalidad prepandémica, pero: esto no se ha acabado.

La actividad social y económica despierta, tras casi 19 meses seguidos de pesadilla (empezó en España en marzo de 2020), y la sanidad respira algo aliviada, pero, y no lo digo yo sino Margarita del Val, viróloga del CSIC: «Las oleadas van a seguir. En cuanto entre un poco de fresco por las noches, vamos a empezar a meternos en interiores y llegará una nueva a finales de septiembre” (entrevista en LaSexta). Aunque, vaticina: “Tendrá una mortalidad menor».

Con casi tres cuartas partes de la población nacional vacunada y revacunando (tercera dosis) ya a inmunodeprimidos, mayores de residencias y otros colectivos de especial riesgo, hay motivo para el optimismo y para perder algo de miedo en todos los ámbitos, incluyendo el laboral, educativo y de ocio.

Pero la presencia de la variante delta hace que el riesgo siga ahí (los infectados con ella tienen aproximadamente el doble de riesgo de ingresar en hospital respecto a los infectados con la variante alfa y de desarrollar neumonía).

Además, el virus puede mutar a peor en cualquier lugar del mundo, especialmente en los países pobres, donde menos del 2 % de la población está vacunada, según calcula la OMS. La variante Mu (B.1.621), detectada por primera vez en Colombia en enero, por ejemplo, podría escapar a la inmunización que producen las actuales vacunas.

El registro de fallecidos diariamente es otra dramática evidencia clara de que esto aún no se ha acabado, por más que el dato parezca haber perdido interés mediático.

Los que no se han vacunado aún, por el motivo que sea, háganlo, por su propio bien al menos, y prestemos especial atención a los niños: si algo bueno ha tenido esta pandemia es que los ha respetado bastante. No obstante, en Estados Unidos, ya han alertado de que las infecciones han aumentado «exponencialmente» entre los menores y ahora representan casi el 29 % de todos los casos notificados.

Que la COVID-19 haya venido para quedarse, como es posible que así suceda (aunque de forma atenuada o menos dañina), no significa que tengamos que cruzarnos ya de brazos y seguir adelante como si tal cosa. Esperemos que no llegue a cundir eso de que “cuando no se puede corregir algo, lo mejor es saberlo sufrir” (Séneca el Joven -Córdoba, 4 a.C.-Roma, 65 d.C.-, filósofo, político, orador y escritor romano).

septiembre 29/2021 (Diario Médico)

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