Las células cancerosas que son positivas en receptores de hormonas vagabundean a través de la sangre de los ratones, en espera de introducirse en los vasos sanguíneos de la médula ósea que contienen la molécula E-selectina.

Científicos del Instituto del Cáncer de Duke, en Durham, Carolina del Norte, Estados Unidos, han identificado en ratones una clave molecular que las células tumorales utilizan para invadir la médula ósea, donde pueden protegerse frente a la quimioterapia o las terapias hormonales que de lo contrario les podrían erradicar.

A través de años de experimentos en ratones, los científicos han encontrado la manera de superar esta táctica sigilosa, no sólo evitando que las células de cáncer de mama entren en la médula ósea, sino también descargando las células cancerosas en el torrente sanguíneo, donde pueden ser objeto de destrucción.

Los resultados proporcionan información de una de las tendencias más devastadoras de algunos cánceres de mama: la capacidad de volver a aparecer después de ser aparentemente vencidos. Los investigadores esperan que los hallazgos, si se replican en pruebas adicionales con animales y humanos, eventualmente podrían conducir a nuevas terapias para el tratamiento del cáncer de mama.

“Los estudios clínicos han encontrado que el cáncer de mama puede ser detectado a tiempo y tratado y los pacientes pueden no tener signos de la enfermedad”, explica Dorothy A. Sipkins, profesora asociada de la División de Enfermedades Malignas Hematológicas y Terapia Celular en Duque. “Y luego 5, 10 o incluso 15 años más tarde, un paciente puede recaer. Muy a menudo, el sitio de la metástasis del cáncer es en el hueso”, detalla.

En un artículo publicado en Science Translational Medicine, los investigadores describen cómo las células de cáncer de mama que son positivas en receptores de hormonas vagabundean a través de la sangre y los tejidos de los ratones y están a la caza de los vasos sanguíneos específicos en la médula ósea que contienen la molécula de E-selectina.

Con sus claves moleculares –moléculas en la superficie que se unen a la E-selectina–, las células cancerosas entran en el tejido esponjoso dentro de los huesos, a menudo en estado latente durante años. Los cánceres de mama positivos en receptores de hormonas son el tipo más común de cáncer de mama, según la Sociedad Americana de Oncología Clínica, y crecen mediante la explotación del estrógeno o la progesterona del cuerpo.

En pacientes humanos, estas células latentes pueden resurgir más adelante y provocar la recaída del cáncer metastásico, para el cual no existe cura, apunta Sipkins, autor principal del artículo. Las biopsias de médula ósea en pacientes con cáncer de mama han demostrado que, incluso en etapas muy tempranas del cáncer, las células del cáncer itinerantes, o micrometástasis, están realizando su camino fuera de la mama y en la médula ósea, añade Sipkins.

Sacarlas de su escondite

“Ahora, sabemos la forma en que están entrando -dice–. También se identificó un importante mecanismo que les permite permanecer ancladas en la médula ósea. En el ratón, nuestros hallazgos podrían ofrecer nuevas estrategias para intervenir a nivel molecular antes de que las células latentes pueden afianzarse y provocar recaída”.

Una estrategia es encontrar una manera de inhibir la E-selectina, lo que podría limitar la capacidad del cáncer para viajar hasta el hueso y resurgir como cáncer metastásico, plantea. Los científicos utilizaron un inhibidor de la E-selectina llamada GMI-1271, que se encuentra actualmente en ensayos clínicos en humanos, y vieron que el compuesto impidió con éxito que las células de cáncer de mama entren en la médula ósea en ratones.

Debido a que las metástasis microscópicas pueden propagarse a la médula ósea antes de que los pacientes estén aún diagnosticados con cáncer de mama, los investigadores también probaron una estrategia que parece poner a las células del cáncer de mama latentes fuera de su ámbito de seguridad en la médula ósea y de nuevo en la circulación. En concreto, dieron a los ratones Plerixafor, un agente utilizado en donantes de médula ósea humana para llevar las células madre al torrente sanguíneo para su recogida.

El fármaco fue capaz de forzar la salida de las células de cáncer de mama inactivas fuera del tejido óseo al torrente sanguíneo. Los investigadores presumen que la expulsión de estas células cancerosas latentes al torrente sanguíneo puede dar al sistema inmunológico, la quimioterapia o la terapia hormonal otra oportunidad para matarlas, según Sipkins.

“Tenemos la esperanza de que mediante la comprensión de cómo estas células de cáncer de mama migran a través del cuerpo y cuál es su ciclo de vida, podemos descubrir maneras de hacerlas más vulnerables y tratables -señala Sipkins-. Nuestra esperanza es seguir adelante con estudios adicionales en ratones para comprender mejor nuestro enfoque antes de pasar a los estudios en seres humanos”

junio 03/ 2016 (JANO)

junio 6, 2016 | Dra. María Elena Reyes González | Filed under: Neoplasias, Oncología | Etiquetas: , , , , |

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