En células tumorales humanas, un grupo de investigadores de la Universidad de Carolina del Norte (Chapel Hill) ha desentrañado las vías por las que aparece la resistencia al tratamiento en el cáncer de mama HER2 positivo. El hallazgo plantea también una posible opción terapéutica, según se recoge en un estudio que publica “Cell Reports“.

En concreto, el estudio, llevado a cabo por veinte investigadores de la citada universidad americana, sugiere por primera vez que un inhibidor de bromodominio BET combinado con lapatinib podría prevenir las resistencias en este subtipo concreto de tumor mamario.

Los inhibidores de bromodominio son una nueva clase farmacológica que actúa sobre proteínas implicadas en la transcripción genética, o la copia de partes de ADN al ARN, que constituye el primer paso en la generación de enzimas.

Gary Johnson, jefe del Departamento de Farmacología y coordinador del trabajo, explica cómo en los experimentos con las células tumorales observaron que había muchas formas en que estas líneas celulares del cáncer de mama HER2 positivo compensaran el bloqueo de la proteína HER2, a través de diferentes cinasas y generando así la resistencia.

Por ello, iba a resultar complicado actuar en las cinasas específicas, al margen de que la inhibición de todas ellas se asociaría a una alta toxicidad para el paciente y  decidieron emplear un inhibidor de bromodominio, que actúa precisamente en la fase previa necesaria a la generación de enzimas, entre ellas, las cinasas.

El grupo de Johnson probó varios de esos inhibidores BET, incluyendo uno que se encuentra ahora en un ensayo clínico para el tratamiento de cánceres hematológicos.

Finalmente, los científicos hallaron que estos inhibidores actuaban en el gen de transcripción de la mayoría de las cinasas responsables de la resistencia. Al combinarlos con lapatinib, vieron que se bloqueaba con éxito la cinasa HER2 y que la posterior respuesta de activación de otras cinasas, causa de la resistencia, no se producía.

“Lo impedimos antes de que ocurriese”, dice Tim Stuhlmiller, primer firmante del artículo. “En las cinco líneas de células tumorales que probamos, no vimos restos de cáncer, porque la combinación farmacológica impidió su crecimiento. En esencia, logramos que la actividad de lapatinib perdurase”. Ahora tendrán que demostrarlo en un modelo animal del cáncer.
abril 17/2015 (Diario Médico)

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