Los científicos ensayan con posibles terapias en personas que aún no presentan muchos síntomas del mal de Alzheimer, antes de que gran parte de su cerebro esté destruido: un cambio fundamental en la forma en que los especialistas suelen prevenir la devastación que causa la enfermedad.

El intento más ambicioso hasta la fecha es un estudio internacional anunciado recientemente, el cual dará seguimiento a un fármaco experimental para determinar si puede detener la enfermedad en personas que se ven saludables pero que tienen una predisposición genética a sufrir un tipo de alzhéimer del que ya hay antecedentes en su familia.

Si es así, sería una evidencia esperanzadora de que tal vez el alzhéimer más común también es prevenible.

Un segundo estudio analizará si un aerosol nasal que envía insulina al cerebro ayuda a la gente con problemas tempranos de memoria, con base en otra investigación que vincula la diabetes con un aumento en el riesgo de sufrir el mal de Alzheimer.

“Estamos en un momento excepcional” con más descubrimientos importantes sobre el alzhéimer en los últimos meses que en los años recientes, dijo el doctor Francis Collins, director de los Institutos Nacionales de Salud (NIH).

Sin embargo, una reunión esta semana de los principales científicos especializados en esta enfermedad en el mundo dejó en claro que alcanzar el plazo de 2025 requerirá desarrollar una mezcla de tratamientos para combatir las distintas formas en que el alzhéimer daña el cerebro, de la misma manera que se administra una combinación de fármacos para tratar la hipertensión o el virus del sida.

Tal vez aún más importante, requerirá probar posibles fármacos antes de que la enfermedad de  Alzheimer ataque con toda su fuerza, cuando sería demasiado tarde como para lograr mucho.

Después de todo, el alzhéimer comienza a destruir el cerebro al menos una década antes de que se presenten los problemas de memoria, y los doctores no aguardan a los peores síntomas antes de atender las enfermedades cardíacas, el cáncer o la diabetes, subrayó la doctora Reisa Sperling, de la Facultad de Medicina de Harvard.

“Una vez que parte el tren de la estación de la degeneración, podría ser demasiado tarde para tratar de detenerlo”, dijo Sperling. “Necesitamos definir el margen crucial para la intervención”.

Las terapias futuras contra el alzhéimer. Es un enfoque con dos ramas, que también promete proporcionar mejor apoyo para las acongojadas familias a lo largo del camino.

“Se necesita hacer mucho más y se requiere hacerlo ahora, porque la gente con el mal de Alzheimer y sus seres queridos y las personas que los atienden necesitan ayuda ahora”, dijo Kathleen Sebelius, la secretaria de Salud y Servicios Humanos, al anunciar el plan.

Entre los primeros pasos está un nuevo sitio en internet, en la dirección www.alzheimers.gov, que Sebelius consideró es muy completo para las familias y ofrece información fácil de entender sobre la demencia, así como vínculos a recursos en sus propias comunidades.

A mediados de año se lanzará una campaña para mejorar la consciencia de la ciudadanía en torno al alzhéimer, importante para disminuir el estigma que ayuda a azuzar que el mal se diagnostique en forma tardía y el aislamiento que sienten muchas familias afectadas.

No hay una cura. Los cinco medicamentos disponibles en el mercado solo disminuyen algunos síntomas en forma temporal.

Mientras tanto, hay pasos para proteger el cerebro, que cualquiera puede realizar y que podrían ser útiles, dijo el doctor Carl Cotman de la Universidad de California en Irvine, durante la reunión del martes de los NIH.

Las recomendaciones son: El cerebro es como un músculo, por lo que hay que ejercitarlo. La estimulación intelectual y social ayudan a construir lo que se llama “reserva cognitiva”: la capacidad de resistir los declives causados por el envejecimiento y la demencia.

Hacer ejercicio físico también es crucial. Las arterias obstruidas disminuyen el flujo de sangre al cerebro y la gente que es menos activa a la mitad de la vida tiene más riesgo de padecer alzhéimer cuando envejece.

“Cada vez que el corazón de uno está más saludable, el cerebro también”, dijo la doctora Elizabeth Head de la Universidad de Kentucky.

Y no hay que olvidar la dieta, agregó. Los mismos alimentos que son saludables para el corazón lo son para el cerebro, como los ácidos grasos omega 3 que se encuentran en los peces.
mayo 20/2012 (AP)

Tomado del Boletín de Prensa Latina: Copyright 2012 “Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A.”

mayo 21, 2012 | Lic. Heidy Ramírez Vázquez | Filed under: Neurología | Etiquetas: , |

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