Investigadores de las universidades de Leeds, Edimburgo y Dundee, en el Reino Unido, han averiguado la forma como el cerebro se protege del daño cuando se encuentra bajo de energía. Los hallazgos podrían conducir a nuevos tratamientos para aquellos pacientes en riesgo de accidente cerebrovascular, debido a daños en los vasos sanguíneos que se encargan del suministro de energía.

Muchas regiones del cerebro consumen más energía que los músculos de las piernas durante una maratón; incluso cuando dormimos, el cerebro necesita combustible de forma regular. Gran parte de esta energía se necesita para activar los impulsos eléctricos que alimentan las células nerviosas. Estos impulsos eléctricos liberan mensajes químicos en las terminaciones nerviosas, lo que permite que el cerebro procese la información y las funciones de control del cuerpo.

Normalmente, la sangre suministra suficiente glucosa y oxígeno al cerebro para generar la cantidad de energía necesaria para activar estos potenciales de acción; sin embargo, si los vasos sanguíneos que irrigan el cerebro se estrechan o bloquean, se restringe el suministro de nutrientes vitales.

Los investigadores, dirigidos conjuntamente por los profesores Chris Peers (Leeds), Mark Evans (Edimburgo) y Graham Hardie (Dundee), han identificado un proceso de protección cerebral que se activa cuando el suministro de energía comienza a agotarse. Esta estrategia de protección, provocada por una proteína conocida como AMPK, reduce la frecuencia de los impulsos eléctricos, ahorrando energía.

Esta actividad de la proteína AMPK fue descubierta por el profesor Hardie, quien explica que “la primera vez que se identificó el sistema AMPK mediante el estudio del metabolismo de la grasa en el hígado, en los ochenta, no sospechamos que podría regular también diferentes funciones en otros órganos, como la conducción nerviosa en el cerebro.

Según el profesor Peers, “nuestros hallazgos sugieren que si las células del cerebro se quedan sin energía, comienzan a actuar más lentamente. Es posible que este descubrimiento conduzca, a largo plazo, al desarrollo de nuevos tratamientos para los pacientes con problemas de circulación cerebral, que tienen un mayor riesgo de padecer enfermedades como el accidente cerebrovascular”.
octubre 8/2011 (Jano.es)

octubre 24, 2011 | Lic. Heidy Ramírez Vázquez | Filed under: Fisiología, Neurología | Etiquetas: , , , |

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