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Boletín de Noticias Al Día
Infomed
Fecha: jueves, 07 de mayo de 2020
Año 27 No. 110
Titulares:
1.- La hipoxemia silente replantea el tratamiento de la COVID-19 en la UCI
2.- Crean anticuerpo monoclonal contra coronavirus SARS-Cov-2
3.- Un derivado de toxina del escorpión podría ser útil en el tumor cerebral
4.- OMS solicita estudiar casos de neumonía previos a la COVID-19
5.- La gripe del 68, una letal pero discreta pandemia
6.- Nuevas dianas terapéuticas para tratar los déficits de memoria en el síndrome de Down
Noticias ampliadas:
1.- La hipoxemia silente replantea el tratamiento de la COVID-19 en la UCI
En la fase inicial de la COVID-19, los pacientes pueden experimentar una hipoxemia silente, un cuadro que resulta llamativo con respecto a otras neumonías, por el que los enfermos pueden presentar niveles de saturación de oxígeno en sangre muy bajos, por debajo del 90 %, e incluso rondando el 80 %, sin mostrar dificultad para respirar o, como denominan los especialistas, sin “trabajo respiratorio”.
Mientras que lo habitual en otras neumonías es que los enfermos acusen sensación de ahogo, bien por una obstrucción de los bronquios o por la dificultad para expandir el tórax porque los pulmones se han llenado de líquido, en los enfermos con la COVID-19, un nivel bajo de oxígeno no les impide aumentar la frecuencia respiratoria, sin mostrar esfuerzo para respirar.
En las Unidades de Cuidados Intensivos (UCIs), la hipoxemia silenciosa ha marcado un tratamiento centrado en la ventilación mecánica, sobre todo en los primeros momentos de la pandemia, y que ahora es objeto de debate entre los médicos. Candelaria de Haro, coordinadora del Grupo de Trabajo de Insuficiencia Respiratoria Aguda de la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (Semicyuc), expone que “algunas de las intubaciones que hemos realizado quizá no fueron necesarias. Por lo que estamos observando, en la primera fase de esta enfermedad, con hipoxemia silente donde no se aprecia un trabajo respiratorio, seguramente podría haber sido suficiente la administración de oxígeno externo”, reflexiona la especialista.
“Pero no estábamos acostumbrados a ver pacientes con niveles tan bajos de oxígeno hablando por el móvil, y tampoco existen certezas sobre hasta qué punto aguantar esos niveles de oxígeno tan bajos”; hay que tener en cuenta que la oxigenoterapia en cantidad elevada “puede resultar tóxica”, matiza.
A la luz de la evidencia actual, se empieza a considerar que un porcentaje de los enfermos ingresados en vigilancia intensiva con ventilación mecánica como tratamiento para unos bajos niveles de oxígeno podrían, quizá, no haber necesitado la intubación. “Distinta situación es la segunda fase de la enfermedad, cuando los enfermos evolucionan y necesitan claramente estos tratamientos”.
Como en tantas otras cosas sobre la COVID-19, todavía no hay certezas. “Debemos esperar a tener más datos de la literatura científica y, en especial, de las autopsias, que ayudarán a describir con precisión el mecanismo de la hipoxemia”, confía De Haro.
Entre las hipótesis más extendidas que explicarían la reducción del nivel de oxígeno en la neumonía por SARS-CoV-2, se encuentran las alteraciones en la perfusión (relación desequilibrada de la ventilación/perfusión de los pulmones), debidas a microtrombos en la vasculatura pulmonar. Otra explicación que postulan los especialistas es la vasoconstricción hipóxica, un mecanismo de compensación de la propia vasculatura pulmonar a la hipoxemia por la que las arterias del pulmón sufren una vasoconstricción que redistribuye el flujo de la sangre a otras zonas, para mejorar la oxigenación.
Estas teorías por ahora no están contrastadas. “Si finalmente se constata que el mecanismo inicial es una vasoconstricción hipóxica o una alteración de la perfusión seguro que cambiará el tratamiento, y tendremos que aguantar a los enfermos durante más días con aportes de oxígeno altos y mientras no muestren signos de trabajo respiratorio o de disconfort no recurrir a la ventilación mecánica”, apunta De Haro, quien también recuerda que en bastantes enfermos se ha visto que “a pesar de ponerles ventilación mecánica no se conseguía revertir la hipoxemia”, lo que indica que es un acción que “tendremos que revalorar”.
Pulsioxímetros generalizados y mal de altura
La información sobre la naturaleza de esta nueva enfermedad se sirve casi al minuto, a través de las redes sociales y los medios de comunicación; algunos hallazgos están contrastados científicamente y otros son meras observaciones, no siempre acertadas. Acerca de esta primera fase de la COVID-19, caracterizada por la hipoxemia silente, hay quien ha insinuado un papel imprescindible de los pulsioxímetros en el ámbito doméstico, similar al de los termómetros.
Para la intensivista es importante tener en cuenta que estos medidores ofrecen unos datos que no se interpretan con la misma facilidad que los de un termómetro: “El pulsioxímetro puede dar falsas lecturas; estos dispositivos emiten una longitud de onda para captar la saturación de oxígeno en los capilares del dedo que puede estar afectada por diferentes interferencias, como el esmalte, el tipo de pigmento y la temperatura ambiental, entre otros factores. Además, la saturación de oxígeno no refleja de forma fiable la presión arterial de oxígeno. El pulsioxímetro muestra la saturación de la hemoglobina, y se pueden tener saturaciones más altas que equivalen a presiones más bajas o a la inversa. Al final, la cifra que aporta es un valor orientativo, pero no siempre es sinónimo de la presión arterial de oxígeno”.
También se ha escuchado comparar la hipoxemia por SARS-CoV-2 con el “mal de altura” de los alpinistas. Ellos pueden verse afectados por niveles bajos de oxígeno en sangre, pero porque la presión parcial de oxígeno en el aire inspirado está disminuida por la altura. “No tiene sentido compararlos, ni sugerir que estas enfermedades puedan compartir tratamiento”, aduce De Haro, pues su “mecanismo fisiopatológico es totalmente diferente”.
2.- Crean anticuerpo monoclonal contra coronavirus SARS-Cov-2
Científicos de la Universidad de Utrecht, Países Bajos, crearon un anticuerpo monoclonal contra el coronavirus SARS CoV-2, lo cual es considerado un avance incipiente, pero prometedor, para frenar la propagación de la COVID-19.
El anticuerpo experimental neutralizó al SARS-Cov-2, causante de dicha enfermedad, en cultivos celulares, y se encuentra en una fase inicial del proceso de desarrollo de medicamentos, antes de la investigación en animales y los ensayos en humanos, divulgó la revista Nature Communications.
Podría ayudar, agregó la publicación, a prevenir o tratar la COVID-19 y las enfermedades relacionadas en el futuro, ya sea solo o utilizado en combinación con otros fármacos.
Según el investigador Berend-Jan Bosch y sus colegas de la mencionada universidad, resulta necesaria una mayor investigación para determinar si los hallazgos se confirman en un entorno clínico.
Conocido como 47D11, el anticuerpo ataca a la proteína espiga que da al nuevo coronavirus una forma de corona y le permite ingresar a las células humanas.
Los anticuerpos monoclonales son proteínas creadas en el laboratorio que se parecen a las versiones naturales que el cuerpo desarrolla para combatir las bacterias y los virus.
En este caso, apuntaron reportes de prensa, los científicos utilizaron ratones genéticamente modificados para producir diferentes anticuerpos contra las proteínas de los coronavirus.
Después de un proceso de selección posterior, el 47D11 mostró tener actividad neutralizante, y los expertos reformatearon ese anticuerpo con el fin de crear una versión completamente humana.
Bosch y el resto subrayaron que los anticuerpos monoclonales que se dirigen a sitios vulnerables de las proteínas de la superficie viral son cada vez más reconocidos como un tipo prometedor de medicamentos contra enfermedades infecciosas.
También, recalcaron, han demostrado eficacia terapéutica para varios virus.
mayo 06/2020 (Prensa Latina). Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2019. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A.
3.- Un derivado de toxina del escorpión podría ser útil en el tumor cerebral
El escorpión esconde el ingrediente de una nueva terapia CAR diseñada para acabar con el glioblastoma. Un equipo de científicos del Centro Médico Nacional City of Hope, California, Estados Unidos, ha construido y probado en modelo experimental el primer tratamiento de linfocitos T con un receptor de antígeno quimérico (CAR) basado en la clorotoxina, un péptido presente en el veneno del escorpión.
Este pequeño péptido de 36 aminoácidos no es un recién llegado al campo biomédico. La clorotoxina (CLTX) se ha utilizado como tinción para marcar células tumorales en la neurocirugía y también como vehículo de fármacos, aprovechando su capacidad para superar la barrera hematoencefálica.
La idea de utilizar el derivado del veneno en una terapia CAR la ha aportado Michael Barish, profesor del City of Hope y director del Departamento de Desarrollo y Biología de Células Madre. “Al igual que un escorpión usa toxinas de veneno para atacar y matar a sus presas, nosotros usamos la clorotoxina para dirigir a las células T al ataque de las células tumorales, con la ventaja adicional de que las células T CAR-CLTX se mueven y vigilan activamente el cerebro buscando objetivos”, explica Barish, que es coautor de esta investigación.
Aunque podría pensarse que es la clorotoxina lo que destruye las células del cáncer, lo que realmente las erradica es la unión específica a las células y la activación de los linfocitos T modificados.
El objetivo de este nuevo compuesto celular es el glioblastoma, el tumor cerebral más frecuente, y también uno de los cánceres más letales; además del hecho de estar diseminado por todo el cerebro, otra dificultad que plantea su tratamiento es que es un tipo de tumor con un elevado grado de heterogeneidad.
Muestras de 15 pacientes
Para demostrar la capacidad de unión de la CLTX a las células tumorales, los investigadores utilizaron 23 muestras de resecciones de 15 pacientes con glioblastoma. La clorotoxina se unía a una gran proporción, cerca del 80 %, de las células, según publicaron en Science Translational Medicine.
También estudiaron líneas celulares derivadas del glioblastoma, donde constataron que el receptor se unía al tumor en 21 de las 22 líneas cultivadas, al menos en una proporción del 70 %. Para los científicos estos datos muestran la capacidad de la clorotoxina para unirse a células en tumores heterogéneos.
Además, el receptor se adhiere a las células madre del tumor, que se cree están detrás de la reaparición del cáncer. Asimismo, las células T CAR-CLTX reconocieron y eliminaron amplias poblaciones de células del cáncer cerebral, sin dañar las células no tumorales del cerebro ni las de otros órganos, demostrando así una acción específica.
Otra de las investigadoras, Christine Brown, profesora de Inmunoterapia del City of Hope y subdirectora del Laboratorio de Investigación en Tratamiento con Células T, considera que la inmunoterapia que incorpora la clorotoxina tiene potencial frente a tumores sólidos, lo que resulta “especialmente necesario en pacientes con cánceres difíciles de tratar, como el glioblastoma”. Brown también destaca que “esta es una estrategia completamente nueva para la terapia CAR”, en la que el receptor de antígeno utilizado incorpora una estructura de reconocimiento diferente de otros constructos de este tipo.
Sobre la base de los hallazgos de este estudio, sus autores ya trabajan para llevar la nueva terapia a enfermos diagnosticados con cáncer cerebral con la esperanza de mejorar los resultados clínicos en esta grave enfermedad. Ya cuentan con la aprobación de la agencia reguladora estadounidense FDA para iniciar el primer ensayo clínico con las células T CAR-CLTX.
4.- Organización Mundial de la Salud solicita estudiar casos de neumonía previos a la COVID-19
La Organización Mundial de la Salud (OMS) solicitó a varios países estudiar casos tempranos de neumonía previos a la aparición de la COVID-19 en China.
Ese organismo sanitario internacional recomendó que las naciones analizaran sus registros de finales de 2019 para tener una foto más clara de la pandemia, y entender mejor el potencial de contagio de la enfermedad, causada por el nuevo coronavirus SARS CoV-2.
El portavoz de la OMS Christian Lindmeier, pidió en conferencia de prensa que en todos los casos sin especificar de neumonía en diciembre y noviembre del pasado años se realicen test diagnósticos.
La solicitud responde a informes médicos de Francia y Estados Unidos que identificaron posibles casos de COVID-19 en el mes de diciembre, aunque China no lo hizo hasta finales del 2019.
Lindmeier consideró pertinente continuar estos estudios y sugirió que no sería raro que el nuevo coronavirus estuviera ya fuera de China en fechas tan tempranas, ya que los primeros casos de la enfermedad se remontan a principios de diciembre.
Añadió que es una práctica habitual entre profesionales de la medicina guardar muestras de pacientes con neumonías sospechosas, para realizar test posteriores ante posibles brotes de nuevas enfermedades.
La COVID-19 está presente en 182 países y ha provocado a nivel global tres millones 596 mil 142 casos confirmados y 251 mil 718 fallecidos.
mayo 06/2020 (Prensa Latina) Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2019. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A.
5.- La gripe del 68, una letal pero discreta pandemia
Un virus respiratorio emerge en China, franquea las fronteras, se convierte en pandemia y se cobra varios miles de muertos en países como Estados Unidos y Francia. ¿El coronavirus de 2020? No, la gripe de Hong Kong de finales de los 60.
Esta epidemia de gripe A (H3N2), detectada a mediados de 1968 en Hong Kong, dio la vuelta al mundo en un año y medio, matando un millón de personas.
La gente llegaba en camilla, en un estado catastrófico. Se morían de hemorragia pulmonar, con cianosis en los labios, completamente grises. Había de todas las edades, 20, 30, 40 años y más, recordaba el infectólogo Pierre Dellamonica en 2005 en el diario galo Libération.
Los cadáveres se amontonaban en hospitales y morgues durante el pico de la epidemia en Francia en diciembre de 1969, explica el historiador especialista en cuestiones sanitarias Patrice Bourdelais.
Pero entonces, la pandemia no copó títulos, el gobierno no tomó ninguna medida y no hubo siquiera una alerta sanitaria. La calma se impuso a una posible movilización, afirma Bourdelais.
¿Cómo explicar semejante placidez? En esa época, el entorno médico, los dirigentes, los medios y la población en general tenían una fe casi ciega en el progreso y sus nuevas armas, como las vacunas y los antibióticos milagrosos, que habían funcionado por ejemplo con la tuberculosis, según este experto.
Además, la sensibilidad a la muerte no era la misma que hoy en día: Las 31 000 víctimas de la gripe de Hong Kong (en Francia) no crearon ningún escándalo, incluso pasaron varias décadas desapercibidas, comenta el historiador. Hubo que esperar a 2003 y los trabajos del epidemiólogo Antoine Flahault para conocer esa cifra.
Era además la época de los 30 gloriosos, del boom económico posterior a la Segunda Guerra Mundial. En esta curva de progreso multidimensional un accidente como una gripe mortal no era tan intolerable como hoy.
Las tensiones internacionales con guerras en curso como la de Vietnam y la crisis humanitaria derivada del conflicto de Biafra en África permitieron relativizar la desdicha causada por una epidemia más mortal que las otras.
Todo lo contrario que en la actualidad: la epidemia de la COVID-19 aniquiló de la esfera pública cualquier otro asunto y condujo a una parálisis gigantesca.
Quizás porque la salud se convirtió en la preocupación individual primordial y que la sociedad estaba convencida de forma inconsciente de que disponía de todas las armas para combatir las epidemias, según Bourdelais.
Para el geógrafo Michel Lussault, la aplastante importancia que cobró la pandemia de la COVID-19 refleja simplemente la envergadura de los grandes cambios de la globalización, con una movilidad internacional extrema para las mercancías, las personas y la información.
El infectólogo Philippe Sansonetti ilustra la propagación internacional del coronavirus en el hemisferio norte, mostrando un mapa de vuelos internacionales desde China a Europa y América del Norte: la difusión del virus coincide perfectamente con la densidad de las conexiones aéreas.
Estas enfermedades emergentes infecciosas son enfermedades del Antropoceno, la época en que la incidencia de la actividad humana en la Tierra se vuelve preponderante, y están relacionadas en exclusiva con la apropiación del planeta por parte del hombre, explica Sansonetti en el marco de su cátedra Microbiología y enfermedades infecciosas, en el Colegio de Francia.
La pandemia de la COVID-19 cuenta una historia en tres episodios: un salto de especie con el paso del coronavirus del murciélago al hombre, un desbordamiento con el contagio de un hombre a otros y una tercera etapa que tiene que ver con la explosión del virus debido a la acción del hombre en el planeta, mediante los transportes intercontinentales, indica.
En 1968 y 1969, el virus de la gripe A (H3N2) tardó varios meses en pasar de Asia a Estados Unidos y Europa. Esta vez, bastaron unas cuantas semanas.
mayo 06/2020 (AFP) -Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2019. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A.
6.- Nuevas dianas terapéuticas para tratar los déficits de memoria en el síndrome de Down
Un estudio analiza por primera vez cómo se comporta el cerebro de ratones con síndrome de Down y cómo responde al tratamiento crónico con un componente del té verde que, según anteriores investigaciones, mejora la función ejecutiva en adultos con este trastorno genético. El síndrome de Down es una alteración genética que se produce por la presencia de una copia extra del cromosoma 21.
Un equipo de investigadores liderado por Victoria Puig, del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM), ha estudiado las bases neuronales de la discapacidad intelectual en ratones con síndrome de Down.
El trabajo, en el que también participa el Centro de Regulación Genómica (CRG), ha descubierto que las redes neuronales de circuitos cerebrales relevantes para la memoria y el aprendizaje están demasiado activadas y que la conectividad de los circuitos es deficiente.
Asimismo, los expertos han observado que la actividad neuronal durante el sueño también está alterada y probablemente interfiere en la consolidación de la memoria. Además, han identificado biomarcadores en los ritmos cerebrales que pueden predecir los déficits de memoria de los ratones.
En ratones con síndrome de Down, la conectividad de los circuitos cerebrales relevantes para la memoria y el aprendizaje es deficiente
Los autores han comprobado que dichos déficits se corrigen con un tratamiento crónico con un componente natural del té verde, la epigalocatequina galato, que anteriores investigaciones ya valoraron que mejoraba la función ejecutiva en adultos con síndrome de Down.
“Tanto la hiperactividad de redes neuronales como las deficiencias en la conectividad de circuitos cerebrales específicos son posibles mecanismos disfuncionales que contribuyen en los déficits de memoria en el síndrome de Down y, por tanto, abren nuevas posibilidades terapéuticas para el tratamiento de la discapacidad intelectual”, explica Puig.
Hasta ahora se sabía que los déficits cognitivos en el síndrome de Down estaban asociados a determinadas alteraciones a nivel molecular y celular derivadas de la trisomía del cromosoma 21. Sin embargo, faltaba una descripción más dinámica de la actividad cerebral.
Según los autores, esta es la primera vez que se estudia cómo se comporta el cerebro en ratones, a nivel funcional, en condiciones de trisomía y cómo responde al tratamiento crónico con epigalocatequina galato.
El síndrome de Down es una alteración genética que se produce por la presencia de una copia extra del cromosoma 21, por eso este síndrome también se lo conoce como trisomía 21. Es la principal causa de discapacidad intelectual y la alteración genética humana más común. Se estima que en España viven unas 34 000 personas con este síndrome y un total de seis millones en el mundo.
Mejorar la capacidad de memoria
En el estudio se registró la actividad neuronal simultáneamente en dos regiones cerebrales críticas para el aprendizaje y la memoria, la corteza prefrontal y el hipocampo, en ratones trisómicos y sus hermanos no trisómicos, durante períodos de descanso durante la vigilia, durante el sueño y durante la realización de una tarea sencilla de memoria.
El síndrome de Down es la principal causa de discapacidad intelectual y la alteración genética humana más común. En España viven unas 34 000 personas con este trastorno genético
Los registros se realizaron antes y después del tratamiento durante un mes con epigalocatequina galato, y se analizaron las alteraciones en la actividad y la conectividad del circuito que correlacionaban con las capacidades de memoria. Así, se advirtió que se corregían con el extracto de té verde.
Para Mara Dierssen, del CRG, “este estudio da claves para comprender los mecanismos celulares subyacentes a las mejoras de la función ejecutiva observadas en personas con síndrome de Down tras el tratamiento crónico con epigalocatequina galato”.
María Alemany, primera firmante del trabajo e investigadora del IMIM, apunta “que se está evaluando los efectos que tiene la estimulación cognitiva durante el desarrollo cerebral en la actividad neuronal de los ratones con síndrome de Down. Esto es relevante para comprender los mecanismos celulares de esta técnica que se utiliza habitualmente en personas para mejorar la discapacidad intelectual”.
Referencia:
Alemany-González M., Gener T., Nebot P., Vilademunt M., Dierssen M., Puig V. . Prefrontal-hippocampal functional connectivity encodes recognition memory and is impaired in intellectual disability. PNAS
Selección, edición y composición: Dra. María Elena Reyes González
