La expedición científica JC134 del Royal Research Ship James Cook, organizada por el NIOZ Royal Netherlands Institute for Sea Research y en la que ha participado el investigador ICREA del ICTA-UAB, Antoni Rosell, en España, pretende estudiar los procesos de transporte y deposición del polvo procedente del desierto del Sáhara y de incendios en África para determinar su importancia en la regulación del clima del planeta y los ecosistemas marinos

 El crucero, el último crucero que atraviesa el Atlántico en el marco del proyecto Dusttraffic, liderado por Jan Berend Stuut y financiado a través del European Research Council (ERC), cuantificará los flujos transatlánticos del polvo y hollín desde África y su influencia en el cambio climático mediante los procesos de fertilización oceánica y cambio en el balance energético de la atmósfera.

 Para ello, los investigadores recogieron muestras de polvo del desierto captadas a lo largo del trayecto oceánico que va desde el Caribe, cerca de Venezuela, hasta las islas de Cabo Verde y las Canarias. Según los expertos, las muestras se han tomado en un buen momento, ya que ha coincidido con la época de vientos que van desde el continente africano hasta América del Sur, siendo el Sáhara el desierto más polvoriento del planeta, y el África tropical el lugar donde ocurren un mayor número de incendios.

 Durante cuatro semanas, la expedición científica ha recogido muestras de polvo mineral desértico y hollín suspendido en el aire sobre el océano Atlántico y camino de Sudamérica, mediante captadores de aerosoles y boyas marinas.

 “Queremos analizar el proceso de transporte y redistribución de estos materiales por todo el planeta y en concreto, desde el continente africano hasta el océano e incluso hasta otros continentes”, explica Antoni Rosell, quien destaca la importancia del papel del polvo en la regulación del clima global del planeta.

 El polvo atmosférico contribuye al enfriamiento del planeta debido a que, suspendido en la atmósfera, realiza un efecto de apantallamiento, reflejando la luz solar hacia el espacio. Rosell añade que “al depositarse en los océanos, los nutrientes que aporta permiten fertilizar el mar y contribuyen a una mayor productividad de algas, que absorben el CO2 de la atmósfera”.

 Los científicos consideran necesario estudiar en profundidad la función de este polvo mineral y los efectos de su desplazamiento por todo el planeta. “Es importante conocer la composición de las partículas, cómo se transporta y los efectos que generan en aquellos puntos del planeta donde se depositan”, afirma el experto.

En la actualidad, el equipo analiza el tamaño de las partículas, la composición de cada una de ellas y su nivel de movilidad según dicha composición. Asimismo, aprovechará para estudiar cómo se transporta el polvo procedente de los incendios del África Subsahariana, para así analizar su composición orgánica.

El objetivo final es entender los procesos actuales para poder hacer una reconstrucción de los cambios climáticos en el pasado y poder, de este modo, predecir los procesos y tendencias del futuro.

 mayo 08/2016 (UAB)

mayo 8, 2016 | Dra. María Elena Reyes González | Filed under: Medicina Ambiental, Medio Ambiente | Etiquetas: , , |

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