«La biopsia de piel es una herramienta fiable para el diagnóstico de la neuropatía de fibras pequeñas, puesto que es un procedimiento seguro e indoloro que permite que las fibras somáticas se diferencien de las fibras autónomas», ha explicado Óscar de León, del Departamento de Anestesiología del Instituto Roswell Park de Búfalo (Nueva York), durante el X Congreso Nacional de la Sociedad Española del Dolor (SED), celebrado en Granada.

En este sentido, la pérdida de fibras nerviosas intraepidérmicas se correlaciona con una mayor gravedad de la neuropatía y un mayor riesgo de desarrollar dolor neuropático, «por lo que podría ser un marcador de daño axonal precoz en pacientes con riesgo de neuropatía periférica», ha apostillado De León, y ha subrayado que «la biopsia de piel se puede repetir con el fin de evaluar la progresión de la neuropatía y la respuesta al tratamiento».

El dolor neuropático se reconoce clínicamente como la excitabilidad aumentada del sistema somatosensorial percibida en términos subjetivos como sensaciones desagradables asociadas a descriptores verbales como dolor quemante, dolor lancinante, frío doloroso…

A pesar de que existen diferencias en la presentación clínica entre las múltiples entidades relacionadas con el dolor neuropático, hay elementos fisiopatológicos comunes, como la axonopatía y desmielinización o alteraciones en la expresión de canales iónicos.

Perfiles de pacientes
En opinión de De León, «realizar perfiles de pacientes con dolor neuropático todavía es complicado, ya que existen evidencias de que hay una diversidad en cuanto a variabilidad en los síntomas, lo que implica la necesidad de enfoques de tratamiento diferentes».

En el congreso también se ha abordado el prurito. «Se ha considerado tradicionalmente un hermano pequeño del dolor, cuyo estudio era de escaso interés fuera de la dermatología, a pesar de la alta prevalencia de pacientes sin enfermedades cutáneas con este síntoma», ha informado Antonio Martínez Salío, neurólogo del Hospital Universitario 12 de Octubre, de Madrid.

Se consideraba una forma leve de dolor, una experiencia sensorial y emocional desagradable, provocada por los mismos estímulos que, cuando son superficiales o leves, originan picor y cuando son profundos o intensos causan dolor.

Pero «varios hechos contradecían esta teoría. Por ejemplo, que los opioides provoquen prurito o que el picor evocado por estimulación eléctrica no se transforme en dolor al aumentar su frecuencia». Según el experto, «la hipótesis de que sean sensaciones diferentes se ha visto refrendada por el hallazgo de fibras nerviosas específicas para el prurito, neuronas con receptores diferenciados en el asta dorsal, fibras en el haz espinotalámico particulares o una matriz central similar pero no idéntica a la del dolor».

Según Martínez Salío, «existe la presencia de varías vías de transmisión somatosensorial del prurito, algunas compartidas con el dolor y otras no. Es así, como, de modo equivalente al dolor neuropático, surge el concepto de prurito neuropático, como aquel provocado por una lesión o disfunción del sistema somatosensorial de transmisión del prurito, y que representa un reto diagnóstico y terapéutico».
abril 16/2013 (Diario Médico)

abril 22, 2013 | Dra. María T. Oliva Roselló | Filed under: Anestesiología | Etiquetas: , , , |

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