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	<title>Servicio de noticias en salud Al Día &#187; principios bioéticos</title>
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	<description>Editora principal - Especialista en Información  &#124;  Dpto. Fuentes y Servicios de Información, Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas, Ministerio de Salud Pública &#124; Calle 27 No. 110 e M y N. Plaza de la Revolución, Ciudad de La Habana, CP 10 400 Cuba &#124; Telefs: (537) 8383316 al 20, Horario de atención: lunes a viernes, de 8:00 a.m. a 4:30 p.m.</description>
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		<title>La deliberación ética en una pandemia</title>
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		<pubDate>Sun, 05 Apr 2020 04:05:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Dra. María Elena Reyes González]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El lenguaje bélico se ha adueñado del discurso presidencial y gubernativo: la guerra contra el coronavirus. No es el único lenguaje: emotivo, para infundir ánimos (“<em>esta batalla la vamos a ganar”; “vamos a derrotar al virus</em>”); científico, para informar sobre el estado de salud de la población en términos estadísticos; o político, para transmitir las medidas adoptadas. No obstante, aquel resulta comunicativamente predominante.<span id="more-82839"></span></p>
<p><img class="alignleft wp-image-58149 size-thumbnail" title="La deliberación ética en una pandemia." src="http://boletinaldia.sld.cu/aldia/files/2017/05/medicos-12-150x150.jpg" alt="medicos-12" width="150" height="150" />Aun aceptando su sentido metafórico, este lenguaje origina dos errores. El primero es un error de diagnóstico: no hay que hablar de guerra, sino de <em>crisis sanitaria</em>. Es decir, de una mutación profunda con consecuencias importantes en el cuidado de la salud. El segundo es un error de enfoque y de tratamiento, pues el estado de guerra alumbra un modelo de relación y de toma de decisiones de naturaleza excepcional, más allá del juicio moral y de las normas comunes: inter arma silent leges (et mores).</p>
<p>La Bioética puede corregir ambos errores. “<em>Crisis</em>” proviene del latín crisis, y este del griego krísis, decisión, lo que revela que esta situación no exige combatir a un enemigo sino enjuiciarla para tomar buenas decisiones que orienten una intervención acertada con medidas científicas y clínicas frente al virus, y medidas personales, sociales y económicas.</p>
<p>Respecto del segundo, conviene recordar que la guerra no es un mundo aparte en el que nos despojamos de la civilización. No vale todo y ni siquiera la importancia del fin perseguido (salvar vidas) legitima cualquier medio elegido para lograrlo. Incluso en la guerra actuamos en un mundo moral, y aunque las decisiones concretas sean difíciles, problemáticas o atroces, nuestro lenguaje permite formular juicios morales compartidos.</p>
<p><strong>«<em>No vale todo y ni siquiera la importancia del fin perseguido (salvar vidas) legitima cualquier medio elegido para lograrlo»</em></strong></p>
<p>La deliberación es el método de la ética clínica. Elegir el lenguaje de la deliberación significa acoger voces minoritarias o discordantes y fomentar el diálogo con ellas. En cambio, escoger el lenguaje bélico lleva a enfrentar posiciones antagónicas que pugnan por imponerse: cada una persigue un objetivo diferente y vence quien elimina al enemigo. No existen fines comunes y la decisión conduce a un curso de acción extremo y a la derrota de uno de los valores en juego. Por el contrario, en el escenario deliberativo se comparte un objetivo común aunque se propongan vías distintas para alcanzarlo, y por eso es indispensable dialogar, escuchar e integrar perspectivas diferentes para comprender la realidad de forma más plena y mejorar la decisión.</p>
<p><strong>«La deliberación es el método de la ética clínica»</strong></p>
<p>La deliberación ética nos enseña a alejarnos de los cursos extremos. A rechazar el tratamiento uniforme y cuantificador de los problemas desde la primacía de los datos, desatendiendo la influencia del contexto y la condición biográfica. A no dejarnos dominar por emociones como el miedo o la angustia y descartar el emotivismo, que decide emocionalmente sin el filtro de la razón. A que la ausencia de jerarquías y la incertidumbre no son una debilidad sino un rasgo de la racionalidad práctica: <em>deliberamos sobre el cuidado de la salud porque no siempre se materializa de la misma manera.</em></p>
<p>Y así se proyecta en la realidad. Si no se trata solo de curar sino también de cuidar y atender las situaciones de vulnerabilidad, flexibilicemos los criterios de visitas de los pacientes para facilitar el acompañamiento y evitar una despedida en soledad: la vida no es el único valor a proteger. Si la angustia y el estrés moral y asistencial de los profesionales dificultan su actividad, separemos la toma de decisiones sobre el triaje y la atención a los pacientes, que responden a criterios y fines diferentes, y asignemos aquella a un comité interdisciplinario independiente. Si la distribución equitativa de los recursos combina eficiencia y justicia, resistamos la fuerza apremiante de la regla de rescate y recordemos que la COVID-19 no es la única patología ni siempre la necesidad prioritaria del sistema sanitario y sociosanitario. Es probable que existan más muertes de personas con necesidades urgentes de atención que de pacientes diagnosticados con COVID-19.</p>
<p><strong>COVID-19: Las UCI deben priorizar a las personas «con más posibilidades de sobrevivir»</strong></p>
<p>En situaciones extraordinarias como esta seguimos reconociéndonos como agentes morales, y la Bioética debe saber adaptarse, ya que la respuesta éticamente correcta no aparece <em>a priori</em>, sino tras la deliberación prudente sobre el caso concreto.</p>
<p><strong>La pregunta</strong></p>
<p>Por ejemplo, ¿debería tener acceso preferente a la prueba diagnóstica un profesional que atiende a pacientes con coronavirus? La integridad física, la salud o la vida son valores que merecen respeto en cualquier persona con síntomas o riesgo de infección. Pero en este contexto excepcional no se trata solo de la salud individual, sino de la salud pública, que afecta a la colectividad y se garantiza mediante la labor asistencial de los profesionales.</p>
<p>El profesional asistencial no es <em>per se</em> más digno o valioso que los demás, pero el contexto justifica la prioridad del profesional cuya intervención resulta decisiva para atender la pandemia y proteger la salud individual en un mayor número de casos. Se ha fundamentado esta prioridad en su valor instrumental: sirve para salvar a otros y maximizar los beneficios esperables, razonamiento que va más allá de un mero criterio pragmático o utilitarista y combina <em>eficacia y equidad.</em> Otro argumento de principio justifica este curso de acción intermedio: la reciprocidad, entendida como reciprocidad proporcional y no basada en la estricta igualdad. Se trata de prestar a los profesionales una atención proporcional a su conducta y a los riesgos asumidos en el cumplimiento de sus deberes profesionales.</p>
<p><strong>«El contexto justifica la prioridad del profesional cuya intervención resulta decisiva para atender la pandemia»</strong></p>
<p>La Ética ha comparecido para afrontar la crisis sanitaria de la COVID-19, confirmando que la Bioética afecta a todos y que una educación ética es esencial para formar la <em>capacidad de reconocer, articular y resolver los desafíos éticos, y guiar a las personas y los órganos deliberativos</em>. Hagámoslo deliberando.</p>
<p><a href="https://www.diariomedico.com/medicina/opinion/la-deliberacion-etica-en-una-pandemia.html" target="_blank"><strong>abril 03/2020 (Diario Médico)</strong></a></p>
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