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	<title>Servicio de noticias en salud Al Día &#187; juguetes</title>
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	<description>Editora principal - Especialista en Información  &#124;  Dpto. Fuentes y Servicios de Información, Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas, Ministerio de Salud Pública &#124; Calle 27 No. 110 e M y N. Plaza de la Revolución, Ciudad de La Habana, CP 10 400 Cuba &#124; Telefs: (537) 8383316 al 20, Horario de atención: lunes a viernes, de 8:00 a.m. a 4:30 p.m.</description>
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		<title>Juguetes para alimentar los jóvenes cerebros de ‘Homo ludens’</title>
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		<pubDate>Mon, 25 Apr 2022 05:02:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Dra. María Elena Reyes González]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Pediatría]]></category>
		<category><![CDATA[Psicología]]></category>
		<category><![CDATA[Puericultura]]></category>
		<category><![CDATA[Sociología]]></category>
		<category><![CDATA[aprendizaje]]></category>
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		<description><![CDATA[Dicen quienes saben de desarrollo infantil que lo que colocas en las manos de una niña o un niño define, en gran medida, la persona adulta que será. Por eso nos lo pensamos a la hora de elegir qué regalarles. Etólogos, neurocientíficos y expertos en aprendizaje temprano coinciden en que cuanto más simple y menos [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Dicen quienes saben de desarrollo infantil que lo que colocas en las manos de una niña o un niño define, en gran medida, la persona adulta que será. Por eso nos lo pensamos a la hora de elegir qué regalarles. Etólogos, neurocientíficos y expertos en aprendizaje temprano coinciden en que cuanto más simple y menos realista es un juguete, más favorece el desarrollo de habilidades cognitivas.<span id="more-103634"></span></p>
<p><img class="alignleft wp-image-82427 " title="Juguetes para alimentar los jóvenes cerebros de ‘Homo ludens’" src="http://boletinaldia.sld.cu/aldia/files/2020/03/niños-jugando-en-casa.jpg" alt="niños jugando en casa" width="188" height="110" />Llegas a casa de tu sobrina con un regalo en la mano. Seguro que le va a encantar. Al fin y al cabo, han sido semanas analizando opciones, poniendo todo tu empeño en elegir el mejor juguete para ella. Pero, una vez abierto, en vez de montar una fiesta, deja el bonito presente a un lado para ponerse a jugar con la tosca caja de cartón en la que venía envuelto. Caja ahora convertida en un coche de carreras, ahora en un cohete espacial, ahora en un almacén de fruta, ahora en la chistera de un mago en cuyo interior todo desaparece, ¡alehop!</p>
<p>Un juguete muy realista inhibe las posibilidades de juego; por el contrario, una caja, un palo o un puñado de cubos de madera pueden utilizarse de infinitas maneras y se ajustan a las necesidades y circunstancias de cualquier niño o niña, Jeffrey Trawick-Smith, experto en aprendizaje temprano.</p>
<p>Jeffrey Trawick-Smith, experto en aprendizaje temprano de la Eastern Connecticut State University, explica por qué este desplante infantil es tan habitual. «<em>Un juguete excesivamente realista puede inhibir las posibilidades de juego; por el contrario, una caja, un palo o un puñado de cubos de madera pueden utilizarse de infinitas maneras y se ajustan a las necesidades y circunstancias de cualquier niño o niña</em>«, aclara a SINC.</p>
<p>Sabe de lo que habla. Se ha pasado toda una década <em>evaluando junto a su equipo, </em>cuando se ponen distintos tipos de juguetes a su alcance. Uno de los que más les convenció consistía en una serie de figuras humanas y gatunas sin rostro ni ropa, de varios tamaños, colores y estaturas, sin indicadores que hagan pensar en un género o una raza concreta (los <a title="https://www.learningresources.com/all-about-me-family-counterstm" href="https://www.learningresources.com/all-about-me-family-counterstm" target="_blank"><em>muñecos Family Counters</em></a>).</p>
<p><em>«Esa neutralidad es ideal para educar en la diversidad»,</em> admite Trawick-Smith, que observando a los preescolares  jugar con las coloridas figuras pudo comprobar que todos veían a sus familias representadas en ellas, tanto si vivían con sus abuelos como si tenían dos madres o dos padres. «<em>Lo que da especial valor a estos juguetes es que no se exceden en detalles, dejan el juego abierto», aclara. «Y eso hace que sean, con diferencia, los que más beneficios aportan en diferentes dimensiones del desarrollo infantil».</em> Además de que les ayuda a crecer aceptando con normalidad las diferencias entre personas antes de que afloren los estereotipos y los sesgos.</p>
<p><strong>Cuanto más simple, mejor</strong></p>
<p>Lo mejor de los juguetes simples es que encajan como las piezas de un puzle con algo que los niños ya traen de serie: la imaginación. «Los juguetes que ofrecen cierto margen de libertad para que los pequeños imaginen e interaccionen son los que más favorecen el desarrollo de habilidades cognitivas», asevera Sergio M. Pellis, investigador canadiense experto en la neurociencia del juego y defensor a ultranza de lo que se conoce como juego no estructurado. «Soy muy escéptico respecto a los juguetes teóricamente diseñados con fines educativos: dudo que realmente consigan el objetivo para el que habían sido diseñados», confiesa a SINC el autor de <a title="https://oneworld-publications.com/the-playful-brain-pb.html" href="https://oneworld-publications.com/the-playful-brain-pb.html" target="_blank"><em>The Playfull Brain</em></a> (Oneworld, 2010).</p>
<p>Soy muy escéptico respecto a los juguetes teóricamente diseñados con fines educativos: dudo que realmente consigan el objetivo para el que habían sido diseñados, Sergio M. Pellis, investigador de la neurociencia del juego</p>
<p>Sus dudas están más que fundadas, según confirma Trawick-Smith. En los diez años que pasó analizando juguetes dentro del proyecto TIMPANI (de 2010 a 2019) llegó a la conclusión de que la mayoría de los juguetes que los fabricantes vendían como «educacionales» no se merecían ese adjetivo.</p>
<p><em>«Por ejemplo, estudiamos algunos juguetes electrónicos que les hacían preguntas a los niños o incluso conversaban con ellos», aclara. Llegaron a la conclusión de que, en realidad, aportaban poco valor. «Aquellos juguetes lo hacían todo por sí solos, así que no les reportaban ningún beneficio; por el contrario, juguetes menos realistas, como piezas de construcción o figuras de madera representando animales, ayudan a desarrollar la creatividad, el pensamiento simbólico y el lenguaje»</em>, subraya.</p>
<p>Otra que le ha puesto la cruz a los juguetes que lo dan todo hecho es Susana P. Gaytán Guía, profesora del Departamento de Fisiología de la Universidad de Sevilla y directora del Seminario de Etología Humana, que argumenta que convierten a los críos en <em>«meros espectadores de la maquinita»</em>. Está convencida de que no necesitamos productos infantiles con excesiva tecnología para adquirir capacidades y competencias, sino todo lo contrario. <em>«Pocos juguetes son tan potentes en el desarrollo del apego y de la ideación como las muñecas de toda la vida; y jugando a algo tan sencillo como el juego de la oca aprendemos que la sociedad se articula alrededor de una serie de convenios, y que si no los cumples pues&#8230; de puente a puente se te lleva la corriente»</em>, se ríe.</p>
<p>En general, Gaytán nos invita a tener muy presente que <em>«jugar nos permite explorar vías alternativas a las que en la vida real difícilmente tenemos acceso, por ejemplo, ser astronautas». «Jugando, los niños ensayan, se entrenan para afrontar el estrés y se enfrentan con más seguridad a la vida real»</em>, añade la investigadora sevillana. Ofrece, por tanto, importantes ventajas adaptativas.</p>
<p><strong>Retrato del cerebro juguetón</strong></p>
<p>Porque una cosa es que ni Gaytan, ni Pellis, ni Trawick-Smith tengan excesiva fe en los juguetes etiquetados como <em>«educativos»</em> y otra muy distinta es que pongan en duda cuánto se aprende jugando.</p>
<p><em>«A veces caemos en el error de tomarnos el juego infantil como algo simplemente divertido que les distrae y entretiene, pero el juego es más que eso: es la forma natural e instintiva que tiene el cerebro humano de adquirir conocimientos»</em>, defiende David Bueno, biólogo e investigador de la Sección de Genética Biomédica, Evolutiva y del Desarrollo de la Universidad de Barcelona (UB). <em>«Es también la mejor forma que tenemos de aprender a relacionarnos con nuestro entorno y experimentar cosas nuevas sin correr riesgos»</em>, añade. Además de que jugar mucho ayuda a tener una infancia feliz.</p>
<p>La etnología, esa aproximación antropológica que estudia comparativamente las expresiones culturales de distintos pueblos, reconoce que las personas (y los animales) juegan en todos los estadios de la vida, que el <a title="https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/21594937.2020.1720147" href="https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/21594937.2020.1720147" target="_blank"><em>juego humano es universal</em></a>, que además es terapéutico y que está fuertemente arraigado en nuestra neurobiología. Tanto que perfectamente podríamos haber bautizado a nuestra especie como Homo ludens en lugar de Homo sapiens.</p>
<p>Por lo que han podido averiguar los neurocientíficos, jugar involucra básicamente a dos zonas del cerebro: la parte emocional (amígdala) y la parte que activa recompensas (el estriado). <em>«Si hablamos de juegos que aportan creatividad e imaginación, entonces entra en acción también la corteza prefrontal, la que planifica, la que toma decisiones»</em>, puntualiza David Bueno, que dirige la Cátedra de Neuroeducación de la UB.</p>
<p><strong>Retrato del cerebro juguetón</strong></p>
<p>Porque una cosa es que ni Gaytan, ni Pellis, ni Trawick-Smith tengan excesiva fe en los juguetes etiquetados como «educativos» y otra muy distinta es que pongan en duda cuánto se aprende jugando.</p>
<p><em>«A veces caemos en el error de tomarnos el juego infantil como algo simplemente divertido que les distrae y entretiene, pero el juego es más que eso: es la forma natural e instintiva que tiene el cerebro humano de adquirir conocimientos»,</em> defiende David Bueno, biólogo e investigador de la Sección de Genética Biomédica, Evolutiva y del Desarrollo de la Universidad de Barcelona (UB). <em>«Es también la mejor forma que tenemos de aprender a relacionarnos con nuestro entorno y experimentar cosas nuevas sin correr riesgos»,</em> añade. Además de que jugar mucho ayuda a tener una infancia feliz.</p>
<p>Por lo que han podido averiguar los neurocientíficos, jugar involucra básicamente a dos zonas del cerebro: la parte emocional (amígdala) y la parte que activa recompensas (el estriado). «Si hablamos de juegos que aportan creatividad e imaginación, entonces entra en acción también la corteza prefrontal, la que planifica, la que toma decisiones», puntualiza David Bueno, que dirige la Cátedra de Neuroeducación de la UB.</p>
<p>Y luego están las áreas cerebrales motoras. «<em>Siempre defiendo que somos una especie paleolítica, porque nos forjamos como especie biológica en el Paleolítico, cuando no había mesas ni sillas y la &#8216;escuela&#8217; no era otra cosa que ir caminando a buscar comida», explica el científico catalán. Nuestro cerebro está adaptado a eso, al movimiento, y por eso potencia un aprendizaje más completo. «Para colmo, movernos activa las neuronas del estriado dorsal del cerebro, que está pegado al estriado ventral, ese que genera sensaciones de recompensa y que nos hace divertirnos»,</em> añade Bueno. Su conclusión: que el juego en movimiento es más juego, más diversión.</p>
<p><strong>Jugando se aprende a vivir</strong></p>
<p>Tampoco debemos perder de vista que todos los juegos que implican la participación de más de una persona ponen a funcionar las neuronas del cerebro social. Al fin y al cabo, esa es la principal función del juego, la que compartimos con el resto de los primates juguetones: desarrollar en la infancia la sociabilidad y la cooperación que, como adultos, necesitarán para conseguir alimentos, defenderse de los depredadores y vigilar su territorio.</p>
<p>El juego social obliga a negociar con los demás y jugando con diferentes personas aprendemos qué podemos hacer y qué no con cada una</p>
<p>¿Pero cómo aprenden a relacionarse los humanos en un contexto lúdico? De dos maneras, dice Sergio M. Pellis. <em>«En primer lugar, el juego social obliga a los niños a negociar con los otros a qué se juega, cómo se juega, cuáles son las reglas a seguir o qué infracciones aplicar si alguien las infringe»</em>, enumera el investigador canadiense. A medida que practican, su corteza prefrontal va adquiriendo nuevas habilidades que le serán útiles.</p>
<p>En segundo lugar, jugando con diferentes compañeros aprendemos acerca de sus peculiaridades, y entendemos qué podemos hacer (y que no) con cada uno. <em>«Sucintamente, el juego sirve para establecer y mantener relaciones sociales».</em></p>
<p><strong>Que no lo den todo hecho, sino que inviten a hacer</strong></p>
<p>¿Qué habría que pedirles entonces a los reyes magos o a Papá Noel? <em>«Para los más pequeños, soy partidario de juegos no realistas, básicos, abiertos, que puedan usar de mil maneras diferentes, como los bloques de construcción»</em>, recomienda Jeffrey Trawick-Smith.</p>
<p><em>«La música y la creación artística nacen con el proceso de hominización, nuestros abuelos de Atapuerca ya hacían ritmos y pintaban en las paredes. Por eso pocas cosas resultan tan estimulantes como un papel y un puñado de lápices, o un sencillo tambor»</em>, es la propuesta de Susana Gaytán, que para los bebés más pequeños sugiere como regalo estrella un espejo de plástico, «para aprovechar que somos una especie que reconoce muy pronto su propio reflejo».</p>
<p>Por su parte, David Bueno apuesta por <em>«juguetes que no lo dan todo hecho, que la tarea de los niños y niñas no sea mirar cómo el juguete juega solo, sino que deban aportar algo de su parte y crear su propia historia, como una cocinita con frutas y verduras». Aunque admite que tiene debilidad por «ese juego en el que lanzas una especie de ruleta en la que tienes que ir colocando manos y pies sobre círculos de colores en el suelo y terminas haciéndote un nudo con otras personas»</em> (el Twister). Considera que es muy completo porque implica movimiento, equilibrio, razonamiento (¿por dónde paso ahora mi brazo?), de cooperación y de interacción social.</p>
<p>Sergio M. Pellis no titubea ni un segundo cuando le planteamos la pregunta. El mejor regalo es uno que no se puede envolver, ni tampoco decorar con un lazo: <em>«La oportunidad de pasar tiempo con otros niños y niñas con los que exista interacción y juego social».</em></p>
<p><a title="https://www.agenciasinc.es/Reportajes/Juguetes-para-alimentar-los-jovenes-cerebros-de-Homo-ludens" href="https://www.agenciasinc.es/Reportajes/Juguetes-para-alimentar-los-jovenes-cerebros-de-Homo-ludens" target="_blank"><strong>abril 24/2022 (SINC)</strong></a></p>
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		<title>Los virus permanecen en los juguetes 24 horas</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Jul 2016 06:02:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Dra. María Elena Reyes González]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Infecciones virales]]></category>
		<category><![CDATA[Pediatría]]></category>
		<category><![CDATA[juguetes]]></category>
		<category><![CDATA[niños]]></category>
		<category><![CDATA[virus]]></category>

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		<description><![CDATA[Los niños se exponen en las áreas de juego comunes, como en los consultorios médicos, advierten los investigadores Es probable que usted aleje a sus hijos de sus compañeros de juego que estén tosiendo o estornudando. ¿Pero ha pensado en los juguetes del consultorio del médico o de la guardería? Un nuevo estudio encuentra que [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Los niños se exponen en las áreas de juego comunes, como en los consultorios médicos, advierten los investigadores</p>
<p style="text-align: justify">Es probable que usted aleje a sus hijos de sus compañeros de juego que estén tosiendo o estornudando. ¿Pero ha pensado en los juguetes del consultorio del médico o de la guardería?<span id="more-52106"></span></p>
<p style="text-align: justify">Un nuevo estudio encuentra que los juguetes ayudan a propagar la gripe y otros virus, porque los gérmenes pueden sobrevivir en las superficies plásticas durante hasta 24 horas.</p>
<p style="text-align: justify">«Las personas en realidad no piensan que pueden entrar en contacto con algún virus al tocar los objetos inanimados», comentó el autor del estudio, Richard Bearden II, de la Universidad Estatal de Georgia. «Piensan en los contagios a partir de otras personas».</p>
<p style="text-align: justify">Los hallazgos sugieren que se deben observar bien los juguetes que los niños usan, dijo Bearden.</p>
<p style="text-align: justify">«Creo que el principal enfoque debe ser que padres, guarderías, consultorios médicos y otros lugares donde los niños comparten juguetes implementen algún tipo de estrategia de descontaminación, para garantizar que esos juguetes no sean depósitos de enfermedades», planteó Bearden en un comunicado de prensa de la universidad.</p>
<p style="text-align: justify">Los niños contraen enfermedades infecciosas más fácilmente que los adultos, porque meten las manos y objetos extraños en la boca, y sus sistemas inmunitarios no están desarrollados del todo, explicó.</p>
<p style="text-align: justify">Estudios anteriores han encontrado que los juguetes contaminados en las áreas comunes de juego propagan infecciones. El equipo de Bearden investigó cuánto tiempo los virus podían permanecer activos en la superficie de un juguete a temperatura y niveles de humedad típicos bajo techo.</p>
<p style="text-align: justify">Específicamente, evaluaron la capacidad de los llamados virus envueltos de sobrevivir tras ser colocados en una rana de plástico. Los virus envueltos, que tienen capas externas protectoras que les ayudan a crecer, incluyen la gripe, el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS) y el síndrome respiratorio del Oriente Medio (SROM).</p>
<p style="text-align: justify">Con una humedad relativa del 60 %, el 1 % de los virus siguieron siendo infecciosos en el juguete, mostró el estudio.</p>
<p style="text-align: justify">«Es probable que el equipo de investigación hubiera podido conseguir agentes infecciosos más allá de las 24 horas», dijo Bearden.</p>
<p style="text-align: justify">Con una humedad relativa del 40 %, que es más típica en interiores, el virus fue menos estable. En un plazo de dos horas, quedaba apenas un 0.01 %r del virus. Pero los investigadores anotaron que pudieron recuperar un 0.0001 %r del virus infeccioso tras 10 horas, lo que pone a los niños en riesgo de infección.</p>
<p style="text-align: justify">Para reducir las probabilidades de infección, hay que desinfectar los juguetes compartidos frecuentemente con soluciones de limpieza efectivas, como la lejía para el hogar, planteó Bearden.</p>
<p style="text-align: justify">También se deben eliminar los juguetes de las salas de espera en los ámbitos de atención sanitaria, aconsejaron los investigadores. Añadieron que los pomos de las puertas, los botones de los elevadores y otras superficies que son tocadas de forma común se deben descontaminar de forma rutinaria.</p>
<p style="text-align: justify">Los hallazgos aparecen en una edición reciente de la revista The Pediatric Infectious Disease Journal.</p>
<p style="text-align: justify"><a title="https://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/news/fullstory_159732.html" href="https://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/news/fullstory_159732.html" target="_blank"><strong>julio 09/ 2016 (HealthDay)</strong> </a></p>
<p style="text-align: justify">
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		<title>Alertan sobre peligrosidad de juguetes que superen 80 decibeles</title>
		<link>https://boletinaldia.sld.cu/aldia/2013/01/03/alertan-sobre-la-peligrosidad-de-los-juguetes-que-superen-los-80-decibelios/</link>
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		<pubDate>Thu, 03 Jan 2013 06:02:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Dra. María T. Oliva Roselló]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Otorrinolaringología]]></category>
		<category><![CDATA[Pediatría]]></category>
		<category><![CDATA[juguetes]]></category>

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		<description><![CDATA[La entidad de atención a la deficiencia auditiva Clave recomienda proteger la audición del niño desde una edad temprana. La entidad benéfica de atención a la deficiencia auditiva «Clave» ha alertado sobre las lesiones que pueden causar en los niños los juguetes que superan los 80 decibeles y ha llamado a no confundir «las prestaciones [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La entidad de atención a la deficiencia auditiva Clave recomienda proteger la audición del niño desde una edad temprana.<span id="more-26504"></span></p>
<p>La entidad benéfica de atención a la deficiencia auditiva «Clave» ha alertado sobre las lesiones que pueden causar en los niños los juguetes que superan los 80 decibeles y ha llamado a no confundir «las prestaciones sonoras con una mayor receptividad y agrado» por parte de los pequeños. En un comunicado, ha detallado que muchas de las pistolas y armas de juguetes que funcionan con pilas llegan a generar un ruido de entre 110 y 135 decibelios, el equivalente al que producen un camión pesado o un concierto de rock.</p>
<p>Asimismo, ha señalado que el ruido, menor aunque constante, de cajas de música y robots -sobre los 85 y 95 decibelios- puede ser también «perjudicial» si el juego se prolonga más allá de un cuarto de hora, pues los niños tienden a acercar el oído a los altavoces.</p>
<p>Clave ha recordado que la pérdida de audición inducida por ruido es «acumulativa», por ello aconseja «comenzar a proteger la audición del niño a una edad temprana».</p>
<p>En este sentido, ha presentado una serie de consejos propuestos por la asociación norteamericana «Heart It», dedicada a la lucha contra el ruido y la protección de la salud auditiva en la infancia, tales como que se tenga en cuenta que si el ruido de los juguetes es demasiado alto para el adulto también lo será para el niño; o que se coloque cinta adhesiva en los altavoces para amortiguar el volumen.</p>
<p>Por último, ha advertido de que en el mercado europeo «los artículos seguros deben llevar el sello CE e indicar las emisiones acústicas nocivas»<br />
<a href="http://www.jano.es/jano/actualidad/ultimas/noticias/janoes/alertan/peligrosidad/juguetes/superen/80/decibelios/_f-11+iditem-18772+idtabla-1" target="_blank"><strong>enero 2/2013 (JANO)</strong></a></p>
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