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	<title>Servicio de noticias en salud Al Día &#187; frecuencia cardíaca</title>
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	<description>Editora principal - Especialista en Información  &#124;  Dpto. Fuentes y Servicios de Información, Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas, Ministerio de Salud Pública &#124; Calle 27 No. 110 e M y N. Plaza de la Revolución, Ciudad de La Habana, CP 10 400 Cuba &#124; Telefs: (537) 8383316 al 20, Horario de atención: lunes a viernes, de 8:00 a.m. a 4:30 p.m.</description>
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		<title>Incluso los cuadros leves o moderados de COVID-19 pueden alterar el sistema cardiovascular de los jóvenes</title>
		<link>https://boletinaldia.sld.cu/aldia/2022/03/29/incluso-los-cuadros-leves-o-moderados-de-covid-19-pueden-alterar-el-sistema-cardiovascular-de-los-jovenes/</link>
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		<pubDate>Tue, 29 Mar 2022 05:01:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Dra. María Elena Reyes González]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cardiología]]></category>
		<category><![CDATA[COVID-19]]></category>
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		<category><![CDATA[índice de masa corporal (IMC)]]></category>

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		<description><![CDATA[Los datos indican que la obesidad y la inactividad física contribuyen para aumentar el impacto de la enfermedad sobre el sistema nervioso autónomo, responsable de la regulación de funciones tales como la presión arterial y la frecuencia cardíaca. Un estudio realizado en la Universidad Estadual Paulista (Unesp), en Brasil, indica que incluso las infecciones leves [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Los datos indican que la obesidad y la inactividad física contribuyen para aumentar el impacto de la enfermedad sobre el sistema nervioso autónomo, responsable de la regulación de funciones tales como la presión arterial y la frecuencia cardíaca.<span id="more-102947"></span></p>
<p><img class="alignleft wp-image-76430 size-thumbnail" title="Incluso los cuadros leves o moderados de COVID-19 pueden alterar el sistema cardiovascular de los jóvenes" src="http://boletinaldia.sld.cu/aldia/files/2019/06/Corazón-y-estetoscopio-150x100.jpg" alt="Corazón y estetoscopio" width="150" height="100" />Un estudio realizado en la Universidad Estadual Paulista (Unesp), en Brasil, indica que incluso las infecciones leves y moderadas provocadas por el SARS-CoV-2 pueden provocar un desequilibrio en el sistema cardiovascular de adultos jóvenes y sin enfermedades preexistentes.</p>
<p>En dicha investigación, se arribó a la conclusión también de que tanto la obesidad como el bajo nivel de actividad física constituyen factores determinantes pos-COVID-19, que ayudan a alterar el sistema nervioso autónomo, responsable de funciones vitales del organismo, tales como la presión arterial y la frecuencia cardíaca y respiratoria.</p>
<p>Durante este trabajo, que contó con el apoyo de la FAPESP, se realizó un seguimiento de personas con edades entre los 20 y los 40 años antes de vacunarse. <em>“Estos resultados nos aportan elementos como para incentivar a las personas a que, aun cuando manifiesten síntomas leves de COVID, busquen un diagnóstico más minucioso tras la contaminación. Lo que el virus deja en el organismo puede tener consecuencias y el paciente no lo sabe”</em>, sostiene el coordinador del proyecto, el profesor Fábio Santos de Lira, del Departamento de Educación Física de la Facultad de Ciencias y Tecnología de la Unesp, en su campus de la localidad de Presidente Prudente. El investigador es uno de los autores del artículo publicado en el <a title="https://www.mdpi.com/1660-4601/19/4/2457/htm" href="https://www.mdpi.com/1660-4601/19/4/2457/htm" target="_blank"><em><strong>International Journal of Environmental Research and Public Health</strong></em></a>, en la edición especial intitulada <a title="https://www.mdpi.com/journal/ijerph/special_issues/Inflammation_Vascular_Health" href="https://www.mdpi.com/journal/ijerph/special_issues/Inflammation_Vascular_Health" target="_blank"><em>Impact of Lifestyle Interventions in Immune Response, Inflammation and Vascular Health.</em></a></p>
<p>Esta investigación forma parte de un proyecto más amplio llamado FIT-COVID, cuyo objetivo es estudiar las lagunas existentes en el conocimiento científico sobre la enfermedad, enfocándose específicamente en los marcadores inmunológicos, inflamatorios y metabólicos, y explorando los efectos moduladores temporales de la actividad física y la composición corporal.</p>
<p>Para el estudio, los investigadores reclutaron a pacientes infectados con el SARS-CoV-2 en Presidente Prudente, un municipio del interior de São Paulo que tiene alrededor de 231 mil habitantes y que, hasta finales de febrero, registraba 39 049 casos confirmados de COVID-19 y 982 muertes.</p>
<p>Los individuos recibieron la confirmación del diagnóstico mediante test de RT-PCR (reacción en cadena de la polimerasa con transcriptasa inversa) y cursaron una infección con síntomas entre leves y moderados. El grupo de control sano se emparejó por edades. En total fueron evaluadas 57 personas, pero, tras las exclusiones, en el resultado final fueron consideradas 38.</p>
<p>Se efectuó una medición del índice de masa corporal (IMC, un parámetro que se aplica para evaluar el sobrepeso y la obesidad y que corresponde a la razón entre el peso y la altura al cuadrado) y de los niveles de actividad física (utilizando un acelerómetro triaxial), además de la evaluación del sistema nervioso autónomo a través de la variabilidad de la frecuencia cardíaca.</p>
<p>El principal hallazgo indicó que, aun en infecciones leves y moderadas, los adultos jóvenes contaminados con el SARS-CoV-2 presentaron una mayor actividad simpática (el sistema que ajusta al organismo para soportar situaciones de peligro, esfuerzos intensos y estrés), menor actividad parasimpática (responsable de hacer que el cuerpo se calme tras una situación de estrés), y una variabilidad global cuando se los comparó con individuos no infectados. Es decir, en el grupo pos-COVID hubo un aumento de la frecuencia cardíaca y una menor actividad del organismo para “frenar” esa frecuencia.</p>
<p>Al comparar a los individuos con sobrepeso y obesidad y/o inactivos físicamente, la modulación cardíaca autónoma exhibió peores índices. De este modo, los resultados suministran nuevos insights sobre el rol del IMC y el de la actividad física en la desregulación posterior a la infección con COVID-19, que pueden contribuir en la comprensión de la fisiopatología y del tratamiento de los síntomas agudos posteriores.</p>
<p><em> “No esperábamos encontrar un sistema cardiovascular tan alterado, pues se trata de jóvenes que no padecen otras enfermedades. Nuestro trabajo muestra que las personas que se infectaron con COVID, aun cuando no hayan padecido síntomas graves, pueden presentar alteraciones funcionales importantes. Esta variación de la frecuencia cardíaca, por ejemplo, puede convertirse en una arritmia en el futuro”,</em> afirma la posdoctoranda de la Unesp Luciele Guerra Minuzzi, una de las investigadoras que participaron en la redacción del artículo junto a la primera autora, Ana Paula Coelho Figueira Freire, de la Universidad do Oeste Paulista (Unoeste), y a Bruna Spolador de Alencar Silva, también posdoctoranda en la Unesp y una de las coordinadoras del proyecto.</p>
<p>El reflejo de estas variaciones se registró en ciertas actividades diarias de los pacientes, tales como la capacidad de realizar ejercicios físicos, de subir escaleras e incluso de caminar. Las personas informaron sentir cansancio y fatiga. Para detectar el problema, es posible realizar un examen sencillo conocido como test de caminata de seis minutos.</p>
<p>Según Guerra Minuzzi, el grupo ya había demostrado la existencia de desregulaciones metabólicas –tales como una mayor concentración de lípidos en el torrente sanguíneo y la glucemia alterada– en pacientes con SARS-CoV-2 que sufrieron cuadros más graves y con internación.</p>
<p><a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/34174086" target="_blank"><em>Otro estudio publicado en agosto</em></a> del año pasado por científicos de la Universidad Estatal de los Apalaches, en Carolina del Norte (Estados Unidos), apuntó que los adultos jóvenes en recuperación del COVID-19 exhibieron una desregulación autonómica. Cabe acotar, sin embargo, que en ese trabajo se aplicó un método invasivo, en tanto que en la investigación de los brasileños se adoptó una forma de evaluación más sencilla, más barata y no invasiva.</p>
<p>En aquel momento, la conclusión indicó que hubo un impacto fisiológico prolongado de la infección provocada por el SARS-CoV-2, con una duración de entre dos y tres meses, en la frecuencia cardíaca en reposo, lo que puede constituir un reflejo de la disfunción autonómica. Se les atribuyeron estos hallazgos al aumento del estado de inflamación que se generó durante la infección con COVID-19 y a la infusión directa de citoquinas inflamatorias.</p>
<p><strong>Los próximos resultados</strong></p>
<p>Según Santos de Lira, los investigadores están ahora evaluando otros resultados obtenidos en los análisis, que se publicarán en poco tiempo más. El proyecto es multicéntrico y cuenta con la participación de científicos de la Universidad de Coímbra y del Instituto Politécnico de Coímbra (ambos de Portugal).</p>
<p>Asimismo, los mismos pacientes siguen siendo objeto de un seguimiento tras su vacunación. Ya se ha efectuado una evaluación seis semanas después de la aplicación de las vacunas, y la próxima será al 18º mes posterior a la inmunización.</p>
<p><a title="https://www.dicyt.com/noticias/incluso-los-cuadros-leves-o-moderados-de-covid-19-pueden-alterar-el-sistema-cardiovascular-de-los-jovenes" href="https://www.dicyt.com/noticias/incluso-los-cuadros-leves-o-moderados-de-covid-19-pueden-alterar-el-sistema-cardiovascular-de-los-jovenes" target="_blank"><strong>marzo 28/2022(Dicyt)</strong></a></p>
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		<title>Una proteína mitocondrial reduciría la frecuencia cardiaca</title>
		<link>https://boletinaldia.sld.cu/aldia/2015/01/30/una-proteina-mitocondrial-reduciria-la-frecuencia-cardiaca/</link>
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		<pubDate>Fri, 30 Jan 2015 06:13:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Lic. Heidy Ramírez Vázquez]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cardiología]]></category>
		<category><![CDATA[frecuencia cardíaca]]></category>

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		<description><![CDATA[Una proteína mitocondrial podría ser clave para desarrollar fármacos que puedan corregir el aumento excesivo de la frecuencia cardiaca, según expone un estudio en «Nature Communications«. La proteína, el uniportador de calcio mitocondrial (MCU), se encuentra en la membrana de la mitocondria, donde cumple su función de transportadora de los iones de calcio en la [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Una proteína mitocondrial podría ser clave para desarrollar fármacos que puedan corregir el aumento excesivo de la frecuencia cardiaca, según expone un estudio en «<a href="http://www.nature.com/ncomms/2015/150120/ncomms7081/full/ncomms7081.html" target="_blank">Nature Communications</a>«.<span id="more-39398"></span></p>
<p>La proteína, el uniportador de calcio mitocondrial (MCU), se encuentra en la membrana de la mitocondria, donde cumple su función de transportadora de los iones de calcio en la célula.</p>
<p>Mark Anderson y sus colegas del Instituto Médico Johns Hopkins, en Baltimore, han comprobado en experimentos con ratones que cuando presentan una versión anómala de la proteína su frecuencia cardiaca es normal, pero no así la respuesta al estrés. Los fármacos que disminuyen la frecuencia cardiaca excesiva plantean el problema de que también reducen la frecuencia cardiaca en reposo.</p>
<p>Una eventual terapia que actuara frente a la proteína MCU sería potencialmente más beneficiosa, pues podría reducir la frecuencia sin afectar la FC en reposo.<br />
<a href="http://cardiologia.diariomedico.com/2015/01/21/area-cientifica/especialidades/cardiologia/investigacion/proteina-mitocondrial-reduciria-frecuencia-cardiaca" target="_blank">enero 29/2015  (Diario Médico) </a></p>
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		<title>A los 40 no se es demasiado viejo para iniciar el ejercicio intensivo</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Jun 2014 06:39:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Lic. Heidy Ramírez Vázquez]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Bienestar, salud y calidad de vida]]></category>
		<category><![CDATA[Enfermedades cardiovasculares]]></category>
		<category><![CDATA[entrenamiento de resistencia]]></category>
		<category><![CDATA[frecuencia cardíaca]]></category>

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		<description><![CDATA[Los hombres que comienzan el ejercicio de resistencia después de los 40 podrían obtener beneficios cardiacos a largo plazo similares que los de aquellos que comienzan a entrenar antes de los 30, halla una investigación reciente. El estudio incluyó a 40 hombres sanos de 55 a 70 años que no tenían factores de riesgo de [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Los hombres que comienzan el ejercicio de resistencia después de los 40 podrían obtener beneficios cardiacos a largo plazo similares que los de aquellos que comienzan a entrenar antes de los 30, halla una investigación reciente.<span id="more-34316"></span></p>
<p>El estudio incluyó a 40 hombres sanos de 55 a 70 años que no tenían factores de riesgo de enfermedad cardiovascular. Diez de los hombres nunca habían hecho ejercicio durante más de dos horas por semana. Los otros treinta habían hecho ejercicio durante al menos siete horas a la semana durante más de cinco años, comenzando antes de los 30 o después de los 40. Su ejercicio regular era montar bicicleta o correr.</p>
<p>Los hombres que comenzaron con su ejercicio de resistencia «relativamente intenso» antes de los 30 habían estado realizándolo durante un promedio de 39 años (desde los 22 años), mientras que los que comenzaron después de los 40 lo habían estado haciendo durante un promedio de 18 años (desde los 48 años).</p>
<p>La frecuencia cardiaca en descanso fue similar entre los hombres de ambos grupos de ejercicio (de 57 a 58 latidos por minuto), pero mucho mayor entre los hombres que no hacían ejercicio (de casi 70 latidos por minuto). Los hombres en los dos grupos de ejercicio también tenían una absorción máxima de oxígeno más alta que los del grupo que no hacía ejercicio.</p>
<p>Los hombres de ambos grupos de ejercicio mostraron evidencias similares de mejoras relacionadas con el ejercicio en la estructura y la función del corazón, según el estudio, a ser presentado el viernes en la reunión EuroPRevent en Ámsterdam, Países Bajos. Las investigaciones presentadas en reuniones se deben considerar preliminares hasta que se publiquen en una revista médica revisada por profesionales.</p>
<p>«Entonces, a pesar de los cambios biológicos con la edad, el corazón parece seguir estando abierto a la modificación mediante el entrenamiento de resistencia, incluso a los 40. Comenzar a los 40 no pareció afectar a los beneficios cardiacos», señaló en un comunicado de prensa de la Sociedad Europea de Cardiología (European Society of Cardiology) el autor del estudio, David Matelot, del Instituto Francés de Investigación en Salud y Médica.</p>
<p>«Pero el entrenamiento de resistencia también beneficia a la densidad ósea, la masa muscular y el estrés oxidativo. Y se sabe que esos beneficios son mayores si el entrenamiento comienza a una edad más temprana», añadió.</p>
<p>Aunque la actividad física no puede detener los declives en la estructura y la función del corazón relacionados con la edad, puede ralentizarlos, anotó Matelot.</p>
<p>Dijo que «nunca es demasiado tarde para cambiar su forma de vida y hacerse más activo físicamente. Siempre habrá un beneficio para el corazón y el bienestar. Y no hay necesidad de un alto nivel de entrenamiento durante varias horas por semana. Usar las escaleras en lugar del elevador, o trabajar regularmente en el jardín, también puede resultar beneficioso».<br />
<a href="http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/news/fullstory_146179.html" target="_blank">junio 2/2014 (HealthDay News) </a></p>
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		<title>La música como «medicamento» para el corazón</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Mar 2013 06:04:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Dra. María T. Oliva Roselló]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Enfermedades cardiovasculares]]></category>
		<category><![CDATA[frecuencia cardíaca]]></category>
		<category><![CDATA[música]]></category>
		<category><![CDATA[presión arterial]]></category>

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		<description><![CDATA[El matemático griego Pitágoras decía que la música curaba el alma. Ahora, las investigaciones del cardiólogo Predrag Mitrovic demuestran que, consumida en dosis diarias como «medicamento», la música también cura y refuerza nuestro corazón. Según lo descubierto por este médico serbio, una buena selección del género musical, la tonalidad y el tempo de una composición [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El matemático griego Pitágoras decía que la música curaba el alma. Ahora, las investigaciones del cardiólogo Predrag Mitrovic demuestran que, consumida en dosis diarias como «medicamento», la música también cura y refuerza nuestro corazón.<span id="more-27669"></span></p>
<p>Según lo descubierto por este médico serbio, una buena selección del género musical, la tonalidad y el tempo de una composición tienen efectos positivos en los pacientes con enfermedades cardíacas, porque inicia la secreción de endorfinas, las conocidas como hormonas del placer.</p>
<p>«Cuando se segregan en cantidad suficiente, reducen las frecuencias cardíacas y causan la caída de la presión arterial, lo que es lo más importante cuando el corazón está dañado», explica el doctor Mitrovic en declaraciones a Efe.</p>
<p>Su «receta» prescribe que la música, seleccionada para cada paciente por separado, se «tome» dos veces al día, con una dosis mínima de 12 minutos cada una, tiempo necesario para poner en marcha los complejos mecanismos en el organismo que dan buen efecto.</p>
<p>Las investigaciones de Mitrovic, cardiólogo en el Centro clínico de Belgrado y docente en la Facultad de Medicina, se realizaron entre 2002 a 2009, con varios experimentos de dos años de duración.</p>
<p>La investigación no ha parado desde entonces, con diferentes enfoques y, según el médico serbio, los resultados son alentadores.</p>
<p>«El estudio se hizo en los pacientes previamente operados de corazón, con «baipás», que después sufrieron un infarto cardíaco.</p>
<p>Más tarde, observamos también otros pacientes», explica el cardiólogo, aficionado de la música desde la infancia.</p>
<p>La idea inicial de vincular música y problemas cardiacos nació hace más de doce años, cuando cobraban popularidad los conceptos de que la «vida dulce» se recomienda sólo en cantidades muy reducidas.</p>
<p>Con consumir un vaso de vino tinto, un poco de chocolate pero con alto porcentaje de cacao, unas cuantas almendras o avellanas al día, y actividades físicas moderadas bastaba.</p>
<p>Y íqué pasaba con el consumo de la música?. íHabía que limitarlo o controlarlo de alguna manera?, se preguntó entonces Mitrovic.</p>
<p>Al escuchar música empezó primero a seguir sus propias reacciones, medirse la presión arterial y el latido del corazón, y notó algunas regularidades.</p>
<p>«Decidí investigar si es posible controlar la música, darla al paciente como se toman medicamentos, en dos o tres dosis, y si esa música que se receta al paciente tiene efecto de medicamento», dice.</p>
<p>Para establecer con exactitud la reacción del enfermo a la música clásica, jazz, rock, pop o folclórica, observó el movimiento de sus pupilas, un complejo mecanismo neurológico que refleja el efecto en el organismo.</p>
<p>Además del género, es necesario determinar la tonalidad y el tempo, otros dos elementos clave, según sus investigaciones, para elaborar recopilaciones musicales específicas para cada paciente.</p>
<p>Se cambian las composiciones cada dos o tres meses para que los pacientes no se acostumbren y pierdan la concentración necesaria.</p>
<p>Se usa, ante todo, la música instrumental, para evitar que las letras provoquen emociones adicionales.</p>
<p>La música clásica da un efecto positivo en la mayoría de los enfermos, indistintamente de sus preferencias musicales.</p>
<p>«Lo esencial es que cada paciente tenga su música, porque cada uno reacciona a la música que le gusta y también a la que agrada a su organismo. Cada persona es una historia por sí», explica.</p>
<p>La investigación abarcó 740 pacientes, divididos en dos grupos iguales, con características similares. Un grupo tenía incluida la música entre los medicamentos que tomaban.</p>
<p>Los controles y análisis regulares mostraron que en el grupo al que se aplicaba música hubo menos ataques cardíacos, anginas de pecho, muertes y nuevas operaciones y, también, una notable caída de la presión arterial y de la frecuencia cardíaca.</p>
<p>Los resultados fueron presentados por primera vez en un congreso de cardiólogos europeos en Barcelona en 2009.</p>
<p>Desde entonces, el doctor Mitrovic comparece con los estudios actualizados en prácticamente todos los congresos internacionales de cardiología.</p>
<p>El potencial de investigación es enorme y el equipo de Mitrovic, junto con gastroenterólogos, ha empezado a investigar si la música aplicada reduce la excesiva excreción de acidez que puede causar úlcera, ya que el efecto de la música discurre por el nervio vago, tanto para el estómago como para el corazón.<br />
marzo 16/2013 (EFE).-</p>
<p>Tomado del boletín de selección temática de Prensa Latina: Copyright 2011 <strong>«Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A.»</strong></p>
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		<title>Betabloqueadores podrían alimentar epidemia de obesidad</title>
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		<pubDate>Sat, 19 Mar 2011 12:00:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Lic. Ada Beatriz Ruiz Jhones]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Endocrinología]]></category>
		<category><![CDATA[Endocrinopatías]]></category>
		<category><![CDATA[Enfermedades crónicas no transmisibles]]></category>
		<category><![CDATA[Enfermedades nutricionales]]></category>
		<category><![CDATA[Higiene y epidemiología]]></category>
		<category><![CDATA[Obesidad]]></category>
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		<category><![CDATA[betabloqueadores]]></category>
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		<description><![CDATA[Los betabloqueadores influirían en el crecimiento de la epidemia de obesidad al reducir la capacidad del organismo de quemar calorías y grasa a largo plazo.Engordar es un efecto adverso conocido de esos fármacos, en especial los más antiguos como el atenolol (Tenormin) y el metoprolol (Lopressor, Toprol-XL). Las versiones más modernas, como carvedilol (Coreg), no [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Los betabloqueadores influirían en el crecimiento de la epidemia de obesidad al reducir la capacidad del organismo de quemar calorías y grasa a largo plazo.<span id="more-14056"></span>Engordar es un efecto adverso conocido de esos fármacos, en especial los más antiguos como el atenolol (Tenormin) y el metoprolol (Lopressor, Toprol-XL). Las versiones más modernas, como carvedilol (Coreg), no aumentarían tanto el riesgo de sumar kilos.</p>
<p style="text-align: justify">Un estudio realizado en Australia y publicado en <em>International Journal of Obesity</em> (doi: 10.1038/ijo.2010.284) reveló que, entre más de 11 400 adultos con hipertensión y/o diabetes, los pacientes tratados con betabloqueadores pesaban más y tenían un perímetro de cintura mayor que el resto.</p>
<p style="text-align: justify">Al analizar un subgrupo de 30 pacientes con presión alta, los autores hallaron que el grupo tratado con betabloqueadores quemaba menos calorías y grasa después de las comidas. Esos pacientes también hacían menos actividad física diaria.</p>
<p style="text-align: justify">Existe la sospecha de que los betabloqueadores influyen en la disminución de la actividad física porque reducen la frecuencia cardíaca y aceleran la sensación de cansancio.<br />
Para los autores, los resultados sugieren que los betabloqueadores aumentarían la posibilidad de ganar peso porque reducen el gasto calórico.</p>
<p style="text-align: justify">\»Nuestra hipótesis es que el uso generalizado de esos fármacos alimentaría la epidemia de obesidad\», resumió el doctor Paul Lee, del Hospital St. Vincent de Sídney y autor principal del estudio.</p>
<p style="text-align: justify">La mayoría de los participantes formaban parte de un ensayo clínico sobre los efectos de la reducción de la presión en los diabéticos. El resto eran pacientes con diabetes o hipertensión bajo tratamiento en el hospital.</p>
<p style="text-align: justify">Los pacientes tratados con betabloqueadores pesaban entre 5 y 16,7 kg más que el resto, reveló el equipo de investigadores.<!--more-->En el estudio más pequeño sobre pacientes con hipertensión, el equipo comparó el gasto de calorías y grasa en 11 personas tratadas con betabloqueadores y en 19 adultos de la misma edad y peso bajo tratamiento con distintos antihipertensivos.</p>
<p style="text-align: justify">El equipo observó que después de una comida, los que consumían betabloqueadores quemaban entre un 30 y un 50% menos de calorías y grasa que los que recibían otros fármacos.<br />
\»El uso crónico de los betabloqueadores causaría obesidad al inhibir el gasto de energía\», concluyen los autores.</p>
<p style="text-align: justify">Nueva York, marzo 14, 2011 (Reuters Health), <a title="MedlinePlus" href="http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/news/fullstory_109856.html" target="_blank">MedlinePlus</a><br />
Nota: Los usuarios del dominio *.sld.cu pueden acceder al texto completo de este artículo a través de Hinari.<br />
<em>International Journal of Obesity: Metabolic sequelae of β-blocker therapy: weighing in on the obesity epidemic? </em>: advance online publication 8 February 2011; doi: 10.1038/ijo.2010.284</p>
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