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	<title>Servicio de noticias en salud Al Día &#187; estrés</title>
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	<description>Editora principal - Especialista en Información  &#124;  Dpto. Fuentes y Servicios de Información, Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas, Ministerio de Salud Pública &#124; Calle 27 No. 110 e M y N. Plaza de la Revolución, Ciudad de La Habana, CP 10 400 Cuba &#124; Telefs: (537) 8383316 al 20, Horario de atención: lunes a viernes, de 8:00 a.m. a 4:30 p.m.</description>
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		<title>Cinco hábitos que Stanford recomienda construir antes de los 40 años para cuidar la salud</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Jan 2026 21:25:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Carlos Alberto Santamaría González]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Bienestar, salud y calidad de vida]]></category>
		<category><![CDATA[Medicina familiar y comunitaria]]></category>
		<category><![CDATA[Psicología]]></category>
		<category><![CDATA[alimentación saludable]]></category>
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		<category><![CDATA[sueño]]></category>

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		<description><![CDATA[Entre el trabajo, los estudios, las relaciones y las obligaciones diarias, muchas personas postergan el cuidado de la salud en sus primeros años de adultez. Sin embargo, expertos advierten que las decisiones que se toman en esta etapa pueden influir de manera directa en cómo funcionará el cuerpo décadas después. Adoptar hábitos saludables entre los [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em><img class="alignleft wp-image-76717 size-thumbnail" src="http://boletinaldia.sld.cu/aldia/files/2019/06/ejercicios-de-fuerza-150x90.jpg" alt="ejercicios de fuerza" width="150" height="90" />Entre el trabajo, los estudios, las relaciones y las obligaciones diarias, muchas personas postergan el cuidado de la salud en sus primeros años de adultez. Sin embargo, expertos advierten que las decisiones que se toman en esta etapa pueden influir de manera directa en cómo funcionará el cuerpo décadas después</em>.</p>
<p>Adoptar hábitos saludables entre los 20 y los 30 años puede influir de manera decisiva en la salud a largo plazo, según expertos de la Universidad de Stanford. Iniciar rutinas beneficiosas desde etapas tempranas funciona como una inversión que ayuda a prevenir enfermedades y favorece el bienestar integral con el paso de los años.</p>
<p>El desarrollo de buenos hábitos durante la juventud es el eje de las recomendaciones de los especialistas. Los profesores Michael Fredericson, Abby King, Clete Kushida y David Spiegel coinciden en que las decisiones de esta etapa establecen la base de la salud física y mental en el futuro. Incluso pequeños cambios sostenidos en alimentación, movimiento, descanso y manejo emocional generan beneficios acumulativos, aunque en el presente no parezcan urgentes.</p>
<ol>
<li><strong> Ejercicio de fuerza para proteger músculos y huesos</strong></li>
</ol>
<p>Uno de los pilares señalados es el entrenamiento de fuerza. Fredericson explica que durante los 20 y 30 años se alcanza el punto máximo de masa ósea y muscular, lo que ofrece protección frente a lesiones y fragilidad en etapas posteriores. Este tipo de ejercicio implica trabajar los músculos contra una resistencia, ya sea con pesas, bandas elásticas o el propio peso corporal.</p>
<p>El especialista remarca que el estímulo debe ser suficiente para generar adaptación: el esfuerzo tiene que acercarse a la fatiga muscular, cuando solo es posible completar una o dos repeticiones más. Se recomiendan al menos dos sesiones semanales, una práctica especialmente importante en mujeres, ya que contribuye a preservar la densidad ósea y reducir el riesgo de osteoporosis.</p>
<ol start="2">
<li><strong> Actividad cardiovascular para reducir el riesgo de enfermedades</strong></li>
</ol>
<p>En paralelo, la actividad aeróbica cumple un rol clave en la prevención de enfermedades. Estudios recientes citados por la institución muestran que mejorar la capacidad aeróbica reduce el riesgo de infarto, accidente cerebrovascular, diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer. Un análisis indicó que aumentar la aptitud física puede disminuir la mortalidad general entre un 11 % y un 17 %.</p>
<p>King subraya que no se trata solo de entrenar, sino de moverse más a lo largo del día. Caminar alrededor de 7 000 pasos diarios ya aporta beneficios relevantes. Permanecer sentado más de ocho horas por jornada, advierten los expertos, implica un riesgo comparable al del tabaquismo. Por eso, recomiendan interrumpir el sedentarismo con pausas activas cada media hora.</p>
<ol start="3">
<li><strong> Alimentación basada en alimentos reales</strong></li>
</ol>
<p>La alimentación equilibrada es otro eje fundamental. El estudio CARDIA, que siguió a más de 5 000 adultos jóvenes durante 35 años, mostró que una dieta rica en vegetales, cereales integrales y baja en comida ultraprocesada se asocia con menor riesgo de enfermedades cardíacas y resistencia a la insulina en la mediana edad.</p>
<p>King aconseja priorizar alimentos reales y fáciles de incorporar a la rutina diaria. Tanto ella como Fredericson destacan los beneficios de la dieta mediterránea, basada en verduras, frutas, legumbres, granos integrales, grasas saludables y proteínas magras. También sugieren consumir entre 0,8 y 1 gramo de proteína por kilo de peso corporal por día, llenar la mitad del plato con frutas y verduras y limitar el alcohol.</p>
<ol start="4">
<li><strong> Dormir lo suficiente y con buena calidad</strong></li>
</ol>
<p>El descanso adecuado es igual de determinante. Kushida señala que dormir más de siete horas por noche es lo óptimo para la mayoría de los adultos. La falta crónica de sueño se asocia con mayor riesgo de obesidad, diabetes y problemas cardiovasculares, incluso si se intenta compensar durmiendo más los fines de semana.</p>
<p>Para mejorar la calidad del sueño, recomienda mantener horarios regulares, exponerse a la luz solar por la mañana y reducir el uso de pantallas antes de acostarse. Si el cansancio persiste pese a dormir lo suficiente, puede existir un trastorno no diagnosticado, como apnea o insomnio, que también afecta a adultos jóvenes.</p>
<ol start="5">
<li><strong> Desarrollar herramientas para manejar el estrés</strong></li>
</ol>
<p>Spiegel destaca que la presión emocional constante puede afectar tanto la salud mental como la física. Técnicas como la respiración profunda, la meditación y la auto-hipnosis demostraron ser útiles para reducir ansiedad y dolor en distintos estudios.</p>
<p>Además, mantener una rutina saludable en general contribuye a mejorar la capacidad de afrontar situaciones exigentes. Spiegel subraya que pedir ayuda profesional cuando el malestar se sostiene en el tiempo es una estrategia de cuidado, no una señal de debilidad, y que aprender a gestionar las emociones desde la juventud facilita la adaptación a los desafíos futuros.</p>
<p>Establecer estos hábitos desde temprano aumenta las probabilidades de llegar a la adultez con mejor salud física y mental y reduce la necesidad de revertir daños acumulados con el paso del tiempo. Para los especialistas, el cuidado no comienza cuando aparecen los problemas, sino mucho antes, en las decisiones cotidianas que se repiten a lo largo de los años.<strong> </strong></p>
<p><strong>15 enero 2026 | Fuente: <em><a href="https://www.infobae.com/" target="_blank">Infobae</a> </em>| Tomado de | <a href="https://www.infobae.com/salud/2026/01/15/5-habitos-que-stanford-recomienda-construir-antes-de-los-40-anos-para-cuidar-la-salud/" target="_blank">Noticia</a></strong></p>
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		<title>Dos razones hacen que la gente vaya al trabajo aunque esté enferma</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Nov 2015 06:04:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Dra. María Elena Reyes González]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Psicología]]></category>
		<category><![CDATA[Sociología]]></category>
		<category><![CDATA[estrés]]></category>
		<category><![CDATA[exigencia alta]]></category>
		<category><![CDATA[la falta de recursos laborales y experiencias negativas]]></category>
		<category><![CDATA[mala salud]]></category>
		<category><![CDATA[presentismo laboral]]></category>

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		<description><![CDATA[El estudio indica que hay dos tipos de empleados que van a trabajar pese a encontrarse mal: los que se sienten vulnerables y, por otro lado, aquellos a los que les gusta mucho su trabajo y les resulta difícil mantenerse alejados.  En una oficina cualquiera, hay personas realizando su trabajo con normalidad, mientras otras están [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div id="yass_top_edge_dummy" style="width: 1px;height: 1px;padding: 0px;margin: -11px 0px 0px;border-width: 0px;text-align: justify"></div>
<div id="yass_top_edge" style="height: 0px;margin-bottom: 10px;margin-left: -10px;width: 1px"></div>
<p style="text-align: justify">El estudio indica que hay dos tipos de empleados que van a trabajar pese a encontrarse mal: los que se sienten vulnerables y, por otro lado, aquellos a los que les gusta mucho su trabajo y les resulta difícil mantenerse alejados.<span id="more-46383"></span></p>
<p style="text-align: justify"> En una oficina cualquiera, hay personas realizando su trabajo con normalidad, mientras otras están en casa enfermas. Luego, hay una tercera categoría, la denominada &#8216;presentista&#8217;, que va a trabajar siempre aunque no se encuentre bien.</p>
<p style="text-align: justify">Un estudio, publicado en <a title="http://psycnet.apa.org/journals/ocp/20/4/501/" href="http://psycnet.apa.org/journals/ocp/20/4/501/" target="_blank"><em>Journal of Occupational Health Psychology</em></a>,  intenta ahora desentrañar las razones y presiones que llevan a la gente a hacer esto, ya que existen consecuencias evidentes tanto para la salud pública (especialmente durante periodos como la temporada de gripe) como para las empresas, que quieren obtener el máximo rendimiento de sus trabajadores.</p>
<p style="text-align: justify">El estudio indica que hay dos tipos diferentes de empleados que van a trabajar pese a encontrarse mal: por un lado, los que se sienten vulnerables porque su situación económica y profesional les provoca estrés, o porque sufren una enfermedad crónica; y, por otro, aquellos a los que les gusta mucho su trabajo y les resulta difícil mantenerse alejados de él.</p>
<p style="text-align: justify">“Trabajar mientras se está mal puede agravar los efectos de la enfermedad inicial y dar como resultado malas actitudes en el trabajo. Pero las posibles consecuencias de ausentarse propician que los empleados vayan a trabajar enfermos o que regresen antes de estar totalmente recuperados”, señala Mariella Miraglia, autora principal de la investigación.</p>
<p style="text-align: justify">Con el objetivo de entender mejor el presentismo laboral, los investigadores Mariella Miraglia de la Universidad de East Anglia, Reino Unido y Gary Johns de la Universidad de Concordia, Canadá han llevado a cabo un metaanálisis de 61 estudios anteriores con un total de 175 960 participantes.</p>
<p style="text-align: justify">Entre otras cosas, el dúo de investigadores descubrió que las variables correlacionadas con el presentismo “incluyen la mala salud en general y la severidad de la empresa respecto a las ausencias, aunque estén justificadas. También una exigencia alta, el estrés, la falta de recursos laborales y experiencias negativas, como la discriminación percibida».</p>
<p style="text-align: justify">Uno de los hallazgos clave de la investigación es que este comportamiento surge muchas veces de un gran sentido de compromiso con la empresa, algo que motiva a dar ese esfuerzo extra que atenta contra la salud.</p>
<p style="text-align: justify">El trabajo también señala que los empleados que están en un ambiente laboral de apoyo y con buena relación con sus supervisores, no se siente presionados para ir al trabajo durante una enfermedad. Además, están más satisfechos laboralmente y tienen mejor salud.</p>
<p style="text-align: justify"><a title="http://noticiasdelaciencia.com/not/16943/dos-razones-hacen-que-la-gente-vaya-al-trabajo-aunque-este-enferma/" href="http://noticiasdelaciencia.com/not/16943/dos-razones-hacen-que-la-gente-vaya-al-trabajo-aunque-este-enferma/" target="_blank"><strong>noviembre 11/2015 (SINC)</strong></a></p>
<p style="text-align: justify">
<div id="yass_bottom_edge"></div>
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		<title>El sueño, la depresión y el estrés influyen en la pérdida de peso</title>
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		<pubDate>Sat, 30 Apr 2011 06:01:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Lic. Heidy Ramírez Vázquez]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Enfermedades nutricionales]]></category>
		<category><![CDATA[Obesidad]]></category>
		<category><![CDATA[Trastornos del sueño]]></category>
		<category><![CDATA[estrés]]></category>

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		<description><![CDATA[Un nuevo estudio, publicado recientemente en la versión en línea de International Journal of Obesity indica que el sueño, la depresión y el estrés son componentes fundamentales de un programa de intervención para bajar de peso. Se considera que la actual epidemia de obesidad en Estados Unidos obedece a diversos elementos contribuyentes, entre ellos, factores genéticos, [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Un nuevo estudio, publicado recientemente en la versión en línea de <a href="http://www.nature.com/ijo/journal/vaop/ncurrent/full/ijo201160a.html" target="_blank"><em>International  Journal of Obesity</em></a> indica que el sueño, la depresión y el  estrés son componentes fundamentales de un programa de intervención para  bajar de peso.<span id="more-15092"></span></p>
<p>Se considera que la actual epidemia de obesidad en Estados Unidos  obedece a diversos elementos contribuyentes, entre ellos, factores  genéticos, ambientales y relacionados con el estilo de vida, tales como  las alteraciones en los patrones de sueño. Múltiples estudios han  demostrado una relación inversa entre la duración del sueño y el aumento  de peso.</p>
<p>Para comprender mejor los efectos del sueño, la duración del sueño, la  depresión y el estrés sobre el éxito para bajar de peso, los  investigadores, dirigidos por el Dr. Charles Elder del Kaiser Permanente  Center for Health Research, Portland, Oregon (Estados Unidos), llevaron  a cabo un estudio clínico aleatorio de fase 2.</p>
<p>La fase 1 comprendió una  intervención conductual no aleatoria para bajar de peso durante seis  meses en la que participaron 472 adultos con obesidad (índice de masa  corporal, 30 a 50 kg/m2). La fase 2 incorporó el mantenimiento de la  pérdida de peso. El estudio actual se enfoca en los resultados de la  fase 1.</p>
<p>La intervención de la fase 1 comprendió 22 sesiones de grupo, dirigidas  por un psicoterapeuta conductual, que se llevaron a cabo durante el  curso de 26 semanas. A los participantes se les recomendó que redujeran  el consumo de alimentos en 500 calorías al día, que adoptaran el tipo de  alimentación DASH (Dietary Approaches to Stop Hypertension -Enfoques  Alimentarios para Detener la Hipertensión- y que realizaran un mínimo de  180 minutos de ejercicio por semana.</p>
<p>La media de la pérdida de peso durante la fase 1 fue 6,3 ± 7,1 kg y 285  participantes (60%) que tuvieron una pérdida mínima de 4,5 kg fueron  seleccionados de manera aleatoria para la fase 2. Los participantes  asistieron a un promedio de sesiones de 73,1% ± 26,7%. Llenaron 5,1 ±  1,9 registros de alimentos diarios por semana y comunicaron 195,1 ±  123,1 minutos de ejercicio por semana.</p>
<p>Se demostró que el estrés y la duración del sueño eran factores  importantes para participar en la fase 2. Un cambio de un punto en la  Escala de Estrés Percibido se acompañó de oportunidades relativas de  0,966 (más eficacia asociada a menos pérdida de peso, intervalo de  confianza del 95%: 0,937 a 0,995; p =0,024). Los participantes con una  tendencia cuadrática en la duración del sueño tuvieron oportunidades  relativas de 0,797 (intervalo de confianza del 95%: 0,649 a 0,978; p =  0,030). Los participantes que dormían seis a siete horas o siete a horas  tuvieron más posibilidades de reunir los requisitos para la fase 2 que  los pacientes con otras duraciones de sueño.</p>
<p>Al ingresar en el programa, un menor estrés se relacionó con más pérdida  de peso subsiguiente (declive: 0,132; EE: 0,054; t = 2,42; p = 0,021).</p>
<p>Las modificaciones de los factores pronósticos iniciales durante el  programa tuvieron repercusiones importantes en el éxito. La reducción  del estrés entre el ingreso al estudio y una consulta de seguimiento de  pérdida de peso posterior según se midió mediante la Escala de Estrés  Percibido conllevó una mejor reducción de peso (r = 0,159; p = 0,048).  Se observó una tendencia similar en la depresión según se midió mediante  el Cuestionario de Salud Personal -Subescala de Presión (r = 0,223; p =  0,035).</p>
<p>Los investigadores no demostraron ninguna correlación entre el tiempo de  detección y el éxito para bajar de peso. La asistencia a las sesiones  se correlacionó positivamente con la eficacia en la reducción de peso (r  = -0,621), lo mismo que el ejercicio (r = -0,361) y en los registros de  alimentos (r = -0,501; todas las p &lt; 0,001).</p>
<p>Los autores del estudio terminaron diciendo que \»estos resultados  indican que los médicos y los investigadores podrían evaluar poner en  práctica medidas dirigidas al sueño, la depresión y el estrés como parte  de intervención conductual para bajar de peso.</p>
<p>Este estudio fue patrocinado por el National Center for Complementary  and Alternative Medicine, National Institutes of Health.<br />
<a href="http://www.medcenter.com/Medscape/content.aspx?bpid=20&amp;id=29081" target="_blank">abril  25/2011 (Medscape)</a> (Registrarse en el sitio)</p>
<p>C R Elder1, C M Gullion1, K L Funk1, L L DeBar1, N M Lindberg1 and V J  Stevens. <strong><em>Impact of sleep, screen time, depression and stress  on weight change in the intensive weight loss phase of the LIFE study</em></strong>. <em>Journal  of Obesity</em>. Publicado en versión preliminar marzo 2011.</p>
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