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	<title>Servicio de noticias en salud Al Día &#187; distanciamiento</title>
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	<description>Editora principal - Especialista en Información  &#124;  Dpto. Fuentes y Servicios de Información, Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas, Ministerio de Salud Pública &#124; Calle 27 No. 110 e M y N. Plaza de la Revolución, Ciudad de La Habana, CP 10 400 Cuba &#124; Telefs: (537) 8383316 al 20, Horario de atención: lunes a viernes, de 8:00 a.m. a 4:30 p.m.</description>
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		<title>Casos de covid-19 aumentan 25 % en Sudamérica, advierte la OPS</title>
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		<pubDate>Sun, 03 Jul 2022 05:04:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Dra. María Elena Reyes González]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Los casos de covid-19 aumentaron 25 % en Sudamérica esta semana, dijo recientemente la Organización Panamericana de la Salud (OPS), urgiendo a los países a vacunar a la población y a no aflojar las medidas para evitar los contagios. «En Sudamérica ha habido un aumento significativo en la incidencia de covid-19, con casi medio millón [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Los casos de covid-19 aumentaron 25 % en Sudamérica esta semana, dijo recientemente la Organización Panamericana de la Salud (OPS), urgiendo a los países a vacunar a la población y a no aflojar las medidas para evitar los contagios.<span id="more-105402"></span></p>
<p><img class="alignleft wp-image-98559 size-thumbnail" title="Casos de covid-19 aumentan 25 % en Sudamérica, advierte la OPS" src="http://boletinaldia.sld.cu/aldia/files/2021/11/mutación-SARS-CoV-21-150x100.jpg" alt="mutación SARS-CoV-2" width="150" height="100" />«En Sudamérica ha habido un aumento significativo en la incidencia de covid-19, con casi medio millón de nuevos casos informados durante la última semana, un incremento del 24,6 % en comparación con la semana anterior», dijo la directora de la OPS, Carissa Etienne, en una rueda de prensa virtual.</p>
<p>Dijo que el mayor aumento relativo de casos se observó en Bolivia, seguido de Perú.</p>
<p>Las infecciones subieron, sin embargo, en todo el continente, con más de 1,3 millones de nuevos casos, un alza de 13,9 % con relación a la semana anterior.</p>
<p><em>«Estas cifras sirven como un claro recordatorio de que demasiadas personas siguen siendo vulnerables»</em>, subrayó Etienne, e instó a acelerar el ritmo de la vacunación para proteger a los que pueden sufrir las peores consecuencias del virus, como los ancianos.</p>
<p><em>«No podemos ignorar que todavía tenemos 224 millones de personas en nuestra región que no han recibido una sola dosis de vacunas contra el covid-19&#8243;,</em> enfatizó.</p>
<p>Aunque 17 países americanos superaron la meta de vacunar al 70 % de su población, y 40 países inmunizaron a más del 40 %, todavía quedan once países que no alcanzaron el primer objetivo del 40 %, de acuerdo con datos de la OPS.</p>
<p>«<em>Por favor corran la voz de que la gente necesita vacunarse»</em>, pidió Etienne en la rueda de prensa virtual. <em>«La pandemia no ha terminado».</em></p>
<p>Etienne insistió también en la necesidad de seguir usando mascarillas en espacios interiores, y de mantener un distanciamiento de al menos un metro con el resto de las personas.</p>
<p><strong>julio 01/2022 (AFP) &#8211; Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2019. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A.</strong></p>
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		<title>¿Se puede evitar realmente la transmisión del coronavirus en el interior de los bares?</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Mar 2021 04:01:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Dra. María Elena Reyes González]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Un nuevo estudio realizado en Escocia analiza el funcionamiento de las medidas anti COVID dentro de los locales con licencia para vender alcohol y cuestiona si es posible prevenir eficazmente la transmisión del SARS-CoV-2. La hostelería es uno de los sectores más afectados por la crisis económica derivada de la pandemia. Desde hace un año [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Un nuevo estudio realizado en Escocia analiza el funcionamiento de las medidas anti COVID dentro de los locales con licencia para vender alcohol y cuestiona si es posible prevenir eficazmente la transmisión del SARS-CoV-2.<span id="more-92085"></span></p>
<p><img class="alignleft wp-image-64416 size-thumbnail" title="¿Se puede evitar realmente la transmisión del coronavirus en el interior de los bares?" src="http://boletinaldia.sld.cu/aldia/files/2018/02/Aumenta-consumo-de-alcohol-150x150.jpg" alt="consumo-de-alcohol" width="150" height="150" />La hostelería es uno de los sectores más afectados por la crisis económica derivada de la pandemia. Desde hace un año se ha limitado su horario de apertura o impuesto el cierre con el objetivo de frenar la curva de contagios.</p>
<p>Un nuevo estudio, publicado en el <a href="https://www.jsad.com/doi/10.15288/jsad.2021.82.42" target="_blank"><em><strong>Journal of Studies on Alcohol and Drugs</strong></em></a>, analiza el funcionamiento de las medidas anti COVID en los negocios con licencia para vender alcohol, y argumenta si sus responsables y clientes son capaces de prevenir de forma eficaz y sistemática la transmisión de enfermedad.</p>
<p>La investigación, dirigida por la <a href="https://www.stir.ac.uk/" target="_blank"><em>Universidad de Stirling</em></a> (Escocia), se llevó a cabo entre mayo y agosto de 2020 en varios tipos de locales del país que volvieron a abrir sus puertas después de un cierre nacional, y que operaban bajo una guía detallada del gobierno destinada a reducir los riesgos de transmisión.</p>
<p><em>“Es importante comprender cómo puede surgir la transmisión en los bares con el fin de informar sobre futuras orientaciones, ayudas, sanciones u otras medidas necesarias”</em>, explica Niamh Fitzgerald, autora</p>
<p>Según Niamh Fitzgerald, directora del trabajo, sus conclusiones servirán a los expertos en salud pública y responsables políticos para considerar el impacto de la pandemia en la hostelería y los riesgos de levantar las restricciones. “<em>Es importante comprender cómo puede surgir la transmisión en los bares con el fin de informar sobre futuras orientaciones, ayudas, sanciones u otras medidas necesarias</em>”, explica a SINC.</p>
<p><em>“Nuestro estudio exploró las prácticas y comportamientos de clientes y personal de los locales para comprender si los riesgos de transmisión podrían gestionarse, y cómo, en los entornos donde se sirve alcohol”</em>, afirma Fitzgerald, que trabaja en el Instituto de Marketing Social y Salud de la universidad escocesa.</p>
<p>Como expone Simon Clarke, catedrático de Microbiología Celular de la <a href="http://www.reading.ac.uk/" target="_blank"><em>Universidad de Reading</em></a> (Inglaterra), <em>“hoy sabemos que el virus se propaga fácilmente en el interior por los aerosoles y la proximidad física estrecha es un factor de riesgo importante. Pubs y bares presentan una serie de puntos de contacto que pueden actuar como fuentes de infección, incluso cuando la gente permanece sentada. Es más, el alcohol es un diurético, por lo que el viaje a los aseos supone un aumento del contacto con las manillas de puertas, los grifosy otros”.</em></p>
<p>Cuando los pubs volvieron a abrir tras el cierre inicial en el Reino Unido, el equipo visitó estos negocios para observar cómo funcionaban en la realidad las medidas gubernamentales diseñadas para reducir los riesgos de transmisión en los entornos de hostelería, incluyendo cualquier incidente que pudiera aumentar esos riesgos.</p>
<p><em>“Entrevistamos a propietarios y representantes de los negocios antes de la reapertura para entender los retos a los que se enfrentaban, como las implicaciones financieras y el peligro de comprometer con las medidas impuestas la experiencia del cliente”</em>, añade.</p>
<p><strong>Los puntos clave para evitar el contagio</strong></p>
<p>Entre julio y agosto se llevaron a cabo 29 expediciones a locales con licencia, en las que los investigadores vigilaron durante un máximo de dos horas haciéndose pasar por clientes. El estudio descubrió que, aunque los locales habían introducido nuevas disposiciones, como la mejora de ventilación, señalización, sistemas para hacer cola, gestión del ruido y de los aseos, y disponían de puestos de desinfección de manos; estos se usaban con poca frecuencia.</p>
<p>La mayoría de locales exigían a los clientes que facilitaran sus datos de contacto para poder localizarlos, pero un 31 % de los negocios observados no lo hacían, incluido uno de los locales visitados después de que el Gobierno escocés lo hiciera obligatorio en agosto. Si bien el personal llevaba equipo de protección personal en la mayoría de los locales, en varios de ellos los trabajadores no lo hacían, llevaba mascarillas de forma inapropiada o se las quitaba para hablar con otros empleados o clientes.</p>
<p>Los expertos observaron incidentes preocupantes dentro de los locales, como clientes que gritaban, se abrazaban o interactuaban repetidamente de forma estrecha con otros grupos y con el personal, sobre todo cuando estos habían consumido alcohol en exceso</p>
<p>Casi todos los locales distanciaban sus mesas un metro o más, o habían instalado separaciones entre ellas; sin embargo, en varios tenían las mesas más juntas que sin las separaciones. La disposición de los locales y el movimiento de los clientes en su interior daban lugar a situaciones en las que era difícil evitar el contacto estrecho de unos con otros durante breves períodos.</p>
<p>Además, los expertos observaron incidentes más preocupantes, como clientes que gritaban, se abrazaban o interactuaban repetidamente de forma estrecha con otros grupos y con el personal, y que rara vez fueron detenidos eficazmente. <em>“Los riesgos potencialmente significativos de transmisión persistían en al menos una minoría sustancial de los locales estudiados, especialmente cuando los clientes habían consumido alcohol en exceso”</em>, subraya Fitzgerald.</p>
<p>Para Julian Tang, virólogo clínico de la<a href="https://le.ac.uk/" target="_blank"><em> Universidad de Leicester</em></a> (Inglaterra), <em>“necesitamos reducir mucho los niveles comunitarios del virus y aumentar la cobertura de vacunación de los adultos jóvenes que asisten a los pubs, restaurantes, y otros lugres de reunión,  para prevenir cualquier posible resurgimiento. No queremos que estos locales abran demasiado pronto solo para ver cómo esto se desperdicia si hay otra oleada de casos”.</em></p>
<p>Según los autores, aunque no es posible extrapolar los resultados directamente a otros países, sí se puede considerar lo que podría ser similar o diferente en los bares de otros territorios.<em> “El ambiente social y el alcohol son probablemente los mayores desafíos en estos locales. Sin embargo, puede haber estados con diferente cultura o en los que la gente sea más respetuosa con las nuevas normas relativas a la transmisión de la COVID-19, por lo que reducir los riesgos allí será más fácil”.</em></p>
<p><strong>El reto de ofrecer un entorno seguro</strong></p>
<p>El informe señala que las orientaciones del Gobierno escocés no detallan exactamente cómo se espera que el personal de bar o de seguridad intervenga de forma eficaz y segura en las infracciones de distanciamiento de los clientes, o en la gestión de situaciones que normalmente requerirían un contacto estrecho , como la expulsión de clientes borrachos o beligerantes.</p>
<p>De hecho, en las entrevistas realizadas por los investigadores los propietarios de los locales reconocieron que el personal tendría que recibir formación y estar capacitado para aplicar las nuevas medidas, pero también consideraron que algunos clientes podrían no apreciar la intervención o incluso no responder a ella.</p>
<p>“<em>No es posible eliminar por completo los riesgos de transmisión en ningún entorno, pero la atmósfera social y el ambiente de muchos de estos locales da lugar a riesgos adicionales en contra de las directrices sanitarias”, afirma </em>Niamh Fitzgerald, autora</p>
<p>“<em>Los propietarios están comprometidos con la creación de entornos seguros y en muchos locales se han realizado mejoras sustanciales tras su reapertura, como en la ventilación. Sin embargo, resulta difícil garantizar el cumplimiento de estos requisitos por parte de los clientes y, en ocasiones, de su propio personal”</em>, apunta Paul Hunter, catedrático de Medicina de la<a href="https://www.uea.ac.uk/" target="_blank"><em> Universidad de East Anglia</em></a> (Inglaterra).</p>
<p><em>“Este estudio ofrece una valiosa perspectiva sobre los tipos de fallos que pueden producirse en estos locales y por qué ocurren. Abrir los locales de hostelería en los próximos meses y que todos ofrezcan entornos seguros será un reto clave para Reino Unido”,</em> continúa Hunter.</p>
<p>En general, para los autores hay motivos de incertidumbre sobre el grado de aplicación de las normas en un sector en el que la interacción entre mesas, hogares y desconocidos es normal, y en el que se consume alcohol de forma habitual. <em>“No es posible eliminar por completo los riesgos de transmisión en ningún entorno”, indica Fitzgerald, “pero la atmósfera social y el ambiente de muchos de estos locales da lugar a riesgos adicionales en contra de las directrices sanitarias”.</em></p>
<p>El cierre de locales podría eliminar estos riesgos, pero también causar importantes dificultades a los propietarios y el personal. <em>“Es fundamental prestar atención al impacto de la clausura en los propios negocios y sus empleados, a la actividad económica del sector, así como a los riesgos que plantea el desvío de parte del consumo de alcohol al hogar”</em>, concluye.</p>
<p><strong>La pandemia en Escocia</strong></p>
<p>Reino Unido inició su confinamiento nacional el 20 de marzo del año pasado. En Escocia, se permitió a los locales con licencia reabrir los espacios interiores a partir del 15 de julio, con estrictas normas de seguridad para minimizar el riesgo de transmisión. Los locales debían funcionar con un mínimo de distancia física e instalar señalización adecuada, todos los clientes debían estar sentados, el personal debía llevar mascarilla y debían introducirse mejores medidas de ventilación y reducción del ruido.</p>
<p>Tras un gran brote a principios de agosto vinculado a este tipo de locales en Aberdeen, se estableció como requisito legal la recopilación de datos de los clientes para el rastreo de contactos, y se reforzaron las orientaciones sobre las colas, la permanencia de pie y el servicio de mesa. El 5 de enero de 2021, <em>Escocia volvió a imponer un confinamiento estricto, muy similar al del pasado año, debido a la nueva variante del coronavirus.</em></p>
<p><a title="https://www.agenciasinc.es/Reportajes/Se-puede-evitar-realmente-la-transmision-del-coronavirus-en-el-interior-de-los-bares" href="https://www.agenciasinc.es/Reportajes/Se-puede-evitar-realmente-la-transmision-del-coronavirus-en-el-interior-de-los-bares" target="_blank"><strong>marzo 10/2021 (SINC)</strong></a></p>
<p><strong>Referencia:</strong></p>
<p>Fitzgerald N. et al.: ‘<a title="https://www.jsad.com/doi/10.15288/jsad.2021.82.42" href="https://www.jsad.com/doi/10.15288/jsad.2021.82.42" target="_blank"><em>Managing COVID-19 Transmission Risks in Bars: An Interview and Observation Study</em></a>’. Journal of Studies on Alcohol and Drugs, 82(1), 42–54 (2021). https://doi.org/10.15288/jsad.2021.82.42 DOI: 10.15288/jsad.2021.82.42</p>
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		<title>Distanciamiento social: los animales también se protegen de las enfermedades</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Feb 2021 04:05:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Dra. María Elena Reyes González]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Grandes simios, ratones, pájaros, peces, langostas, abejas y hormigas, son algunos de los animales que toman medidas de distanciamiento entre individuos para prevenir la propagación de virus, bacterias, hongos y patógenos. Esas son las estrategias, muy parecidas a las humanas, que siguen muchos de ellos. La primatóloga Jane Goodall ya mostró en un trabajo publicado [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Grandes simios, ratones, pájaros, peces, langostas, abejas y hormigas, son algunos de los animales que toman medidas de distanciamiento entre individuos para prevenir la propagación de virus, bacterias, hongos y patógenos. Esas son las estrategias, muy parecidas a las humanas, que siguen muchos de ellos.<span id="more-91706"></span></p>
<p><img class="alignleft wp-image-82684 " title="Distanciamiento social: los animales también se protegen de las enfermedades" src="http://boletinaldia.sld.cu/aldia/files/2020/03/distanciamiento-social.jpg" alt="distanciamiento social" width="196" height="89" />La primatóloga Jane Goodall ya mostró en un trabajo publicado <a title="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/0162309586900506" href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/0162309586900506" target="_blank"><em><strong>Science</strong></em></a>, en 1986, que los chimpancés (<em>Pan troglodytes</em>) condenan al aislamiento a los miembros del grupo que no se encuentran bien, como los afectados por poliomielitis, por ejemplo.</p>
<p>Otro <a title="https://www.jstor.org/stable/2387816?seq=1" href="https://www.jstor.org/stable/2387816?seq=1" target="_blank"><em>estudio reveló</em></a> que, al evitar a los individuos que están fuera de su círculo más cercano, estos primates salen beneficiados. Este comportamiento en seres tan sociales no es inusual en el reino animal.</p>
<p><strong>Los seres humanos y otros animales comparten mecanismos similares para frenar la propagación de enfermedades,</strong> Mark J. Butler.</p>
<p>En el caso de las langostas espinosas del Caribe (<em>Panulirus argus</em>), de carácter social, los científicos observaron que un virus, transmitido en distancias cortas en el agua entre individuos, es especialmente letal entre las langostas más jóvenes. Las más sanas logran detectarlo gracias a señales químicas y <a title="https://www.nature.com/articles/441421a#:~:text=Our%20findings%20indicate%20that%20lobsters,disease%20transmission%20in%20the%20wild." href="https://www.nature.com/articles/441421a#:~:text=Our%20findings%20indicate%20that%20lobsters,disease%20transmission%20in%20the%20wild." target="_blank"><em>rehúyen de los ejemplares infectados</em></a>, negándose a compartir refugio con los enfermos.</p>
<p>En un<a title="https://royalsocietypublishing.org/doi/10.1098/rsbl.2012.0856" href="https://royalsocietypublishing.org/doi/10.1098/rsbl.2012.0856" target="_blank"><em> experimento</em></a><em>, </em> también se comprobó que los pinzones mexicanos (<em>Carpodacus mexicanus)</em>, unas aves muy sociales, esquivan a los miembros de su misma especie si estos enferman. Abundan los ejemplos entre animales, incluso entre peces, como el caso de los<a title="https://link.springer.com/article/10.1007/BF00004940" href="https://link.springer.com/article/10.1007/BF00004940" target="_blank"> j<em>uveniles del espinoso</em></a> (<em>Gasterosteus aculeatus</em>), que evitan los bancos con individuos infectados con ectoparásitos.</p>
<p>Al igual que estos animales, desde hace un año, los humanos hemos empezado a tomar medidas que distan mucho de nuestro habitual comportamiento social. La crisis de la COVID-19 ha impuesto nuevas normas a las interacciones sociales: la más evidente, <strong>el distanciamiento</strong>. Pero esta estrategia de protección no es exclusiva a las personas y, como lo demuestran los ejemplos anteriores, <strong>no es una invención humana.</strong></p>
<p><em>“Los seres humanos y otros animales comparten mecanismos similares para frenar la propagación de enfermedades, aunque nosotros hemos incluido además la vacunación y otras terapias a nuestro arsenal de defensas”</em>, comenta a SINC Mark J. Butler, investigador en el Instituto de Medioambiente de la Universidad Internacional de Florida, en Estados Unidos, y autor junto a Donald Behringer, científico en la Universidad de Florida en Gainesville, de un estudio publicado en la revista <a title="https://academic.oup.com/bioscience/advance-article/doi/10.1093/biosci/biaa176/6122880" href="https://academic.oup.com/bioscience/advance-article/doi/10.1093/biosci/biaa176/6122880" target="_blank"><em><strong>BioScience</strong></em></a>.</p>
<p><strong>Olfato y otras señales para detectar a los enfermos</strong></p>
<p><em>“Simios, ratones, pájaros, peces, langostas, abejas y hormigas, por nombrar algunos, todos usan algún tipo de distanciamiento social. Pero las especies con las redes sociales más fuertes, como, por ejemplo, las abejas y las hormigas, también comparten otros comportamientos similares a los humanos para reducir la propagación de enfermedades, como la desinfección y el entierro a distancia de parientes fallecidos”</em>, subraya Butler.</p>
<p><em>Abejas y hormigas también comparten otros comportamientos humanos para reducir la propagación de enfermedades, como la desinfección y el entierro a distancia de parientes fallecidos,</em> Mark J. Butler</p>
<p>En la naturaleza se propagan de manera frecuente infecciones entre especies animales debido a sus movimientos y la sociabilidad. Cada una de ellas, desde los simios hasta las langostas, ha evolucionado de manera independiente para hacer frente a las enfermedades. En general, la extensión de epidemias fuerza a los animales a desplazarse y alejarse, de manera eficaz, los unos de los otros.</p>
<p>Pero a diferencia de las personas, los animales salvajes tienen la capacidad de detectar de manera temprana y por medios muy simples las infecciones que los amenazan en sus entornos naturales. <em>“La mayoría de ellos las identifican de forma muy efectiva usando señales químicas (a través del olor). Quizás deberíamos considerar estas medidas también”</em>, plantea Butler.</p>
<p>Así, la clave del éxito de la prevención animal es, según los autores, su capacidad para utilizar de manera eficaz las señales, a menudo olfativas, e identificar a los individuos enfermos, mientras que los humanos normalmente confiamos en señales visuales o auditivas de baja precisión, como la fiebre o la tos.</p>
<p><em>“Algunos animales también usan señales visuales en busca de comportamientos extraños para detectar a los miembros enfermos de su grupo, al igual que hacen las personas. Otras se guían por el sonido”</em>, recalca a SINC el investigador</p>
<p>El trabajo confirma la efectividad del distanciamiento social en el mundo animal, reforzado por la adaptación de su sistema inmunitario, y muestra que los desafíos a los que se enfrentan los animales sociales, como los humanos, en cuanto a enfermedades, así como los mecanismos de protección, son en realidad similares.</p>
<p><a title="https://www.agenciasinc.es/Noticias/Distanciamiento-social-los-animales-tambien-se-protegen-de-las-enfermedades" href="https://www.agenciasinc.es/Noticias/Distanciamiento-social-los-animales-tambien-se-protegen-de-las-enfermedades" target="_blank"><strong>febrero 22/2021 (SINC)</strong></a></p>
<p><strong>Referencia:</strong></p>
<p>Mark J Butler, IV, Behringer D.C.: “<a title="https://academic.oup.com/bioscience/advance-article/doi/10.1093/biosci/biaa176/6122880" href="https://academic.oup.com/bioscience/advance-article/doi/10.1093/biosci/biaa176/6122880" target="_blank"><em>Behavioral Immunity and Social Distancing in the Wild: The Same as in Humans?</em></a>” BioScience, biaa176, https://doi.org/10.1093/biosci/biaa176</p>
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		<title>Qué dice la neurobiología de la distancia social y la falta de abrazos</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Dec 2020 04:03:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Dra. María Elena Reyes González]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Bioquímica]]></category>
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		<description><![CDATA[Nada consuela tanto como un abrazo sincero, tanto si se trata de un dolor físico o emocional. Desde marzo de 2020, la pandemia ha ocasionado numerosos momentos críticos en que los que los achuchones se agradecen más que nunca. La paradoja es que, si pretendemos frenar al virus, lo que hay que evitar es, precisamente, [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Nada consuela tanto como un abrazo sincero, tanto si se trata de un dolor físico o emocional. Desde marzo de 2020, la pandemia ha ocasionado numerosos momentos críticos en que los que los achuchones se agradecen más que nunca. La paradoja es que, si pretendemos frenar al virus, lo que hay que evitar es, precisamente, el contacto.<span id="more-90159"></span></p>
<p><img class="alignleft wp-image-90162 size-thumbnail" title="Qué dice la neurobiología de la distancia social y la falta de abrazos-" src="http://boletinaldia.sld.cu/aldia/files/2020/12/abrazo-150x140.jpg" alt="abrazo" width="150" height="140" />Es uno de los momentos de la historia en que más nos necesitamos unos a otros, en que mataríamos por fundirnos en un abrazo, no nos queda otra que resignarnos a, como mucho, chocar codos. O ni siquiera eso, según las últimas recomendaciones de la <a href="https://www.who.int/es" target="_blank"><em>Organización Mundial de la Salud (OMS)</em></a>.</p>
<p>La pregunta que queda en el aire es: ¿nos afecta esa limitación? A Robin Dunbar, catedrático de Psicología Evolutiva de la <a href="https://www.ox.ac.uk/" target="_blank"><em>Universidad de Oxford </em></a>(Reino Unido) y uno de los principales investigadores en neurobiología del distanciamiento social, no le cabe duda de que así es.</p>
<p><strong>La falta de estimulación social afecta al razonamiento, a la memoria, al equilibrio hormonal, a la conexión entre materia gris y blanca, y a nuestra capacidad de hacer frente a enfermedades físicas y mentales</strong></p>
<p>“La falta de estimulación social afecta al razonamiento, al desempeño de la memoria, al equilibrio hormonal, a la conexión entre la materia gris y la materia blanca del cerebro, y a nuestra capacidad de hacer frente a enfermedades físicas y mentales”, asegura en un artículo publicado recientemente en <a title="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1364661320301406" href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1364661320301406" target="_blank"><em><strong>Trends in Cognitive Sciences</strong></em></a>.</p>
<p>Dunbar llega aún más lejos. Está convencido de que la carencia de relaciones sociales eleva más la mortalidad de otros <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1364661320301406" target="_blank"><em>factores de riesgo</em></a> de sobra conocidos como el tabaco, el alcohol o la falta de ejercicio físico. Una <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/23395461/" target="_blank"><em>prueba de ello</em></a>, dice, es que cada vez que nuestras relaciones sociales se ven amenazadas, entran en acción las mismas áreas del cerebro que cuando corre peligro nuestra integridad física.</p>
<p><em>“El aislamiento social podría suponer la máxima amenaza para la supervivencia y la longevidad”</em>, recalca Dunbar. Traducido a números, se estima que aumenta en torno a un 30 % el riesgo de <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/23395461/" target="_blank"><em>muerte prematura</em></a>, sobre todo debido a enfermedades cardiovasculares. No es de extrañar que el año pasado la propia OMS declarara oficialmente que la soledad debe ser considerada un grave problema de salud pública.</p>
<p><strong>Bajan los contactos, bajan las defensas</strong></p>
<p>A Dunbar le interesan especialmente los efectos de esta falta de contacto sobre el <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S1053811916301835" target="_blank"><em>sistema inmunitario</em></a>.</p>
<p><em>“Parece que acariciarse y abrazarse activa los receptores de los nervios C-táctiles de la piel, que envían una señal directa a varios centros cerebrales para que produzcan endorfinas”,</em> explica a SINC.</p>
<p>Concretamente, estos opioides naturales inundan el tálamo, el estriado, la corteza cingulada y la corteza frontal, provocando sensaciones sumamente placenteras en nuestro órgano pensante. <em>“Pero lo realmente interesante de las endorfinas es que, además de producir un agradable &#8216;subidón&#8217; anímico, consiguen estimular lo suficiente al sistema inmunitario para que produzca células T-asesinas, una de cuyas misiones es destruir virus invasores”,</em> aclara.</p>
<p>Los expertos deducen de ahí que, cuando nos aislamos y racionamos los abrazos y las caricias,<em> “la actividad del sistema inmunitario desciende y nos defendemos peor de las agresiones externas</em>”. Existen evidencias científicas de que sentirse solo <a href="http://europepmc.org/article/med/15898866" target="_blank"><em>debilita visiblemente la respuesta inmunitaria</em></a> y <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5013792/" target="_blank"><em>retrasa la cicatrización de las heridas</em></a>.</p>
<p>Es más, si estamos socialmente aislados se dispara la cantidad de proteína C-reactiva que corre por nuestras venas, el marcador más claro de inflamación de nuestro cuerpo.</p>
<p><strong>Existen evidencias científicas de que sentirse solo debilita visiblemente la respuesta inmunitaria y retrasa la cicatrización de las heridas</strong></p>
<p>Tiene lógica que el aislamiento nos afecte tanto, somos animales sociales. Tan arraigado está en nosotros ese rasgo que, si nos privan del contacto humano, nos estresamos. <em>“Estudios en animales de laboratorio indican que el aislamiento social por periodos prolongados, especialmente en edades tempranas, afecta al desarrollo de procesos de plasticidad neuronal y a la capacidad de respuesta ante una situación de estrés»</em>, apunta Cristina Márquez Vega, investigadora del <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5013792/" target="_blank"><em>Instituto de Neurociencias</em> </a>de Alicante.</p>
<p>Pero pide prudencia a la hora de extrapolar resultados. <em>“A la hora de hacer un paralelismo con nuestra experiencia estos meses hay que ser cautos, entre otros factores por la duración de nuestro confinamiento, mucho más corto comparado con estos trabajos”</em>, añade.</p>
<p><strong>Los beneficios fisiológicos y psicológicos de los abrazos se multiplican si nos tocan personas conocidas</strong></p>
<p><strong>Importa cuánto&#8230; y quién</strong></p>
<p>Año 2004. Juan Mann acaba de volver a Australia, su país natal, después de romper con su novia. Pero se siente solo. Sus padres se han separado, su abuela está a punto de fallecer y sus amigos están lejos. Desolado, decide ir a una fiesta, donde una desconocida le regala un abrazo. Y siente tal subidón que decide salir a repartir abrazos a la gente que transita por la calle Pit Mall, en Sídney, con un cartel en las manos que pone en letras bien grandes: Free Hugs (abrazos gratis).</p>
<p>La historia de Mann no se quedó en una simpática anécdota aislada. En pocos meses dio origen a un <a href="https://juanmann.com/" target="_blank"><em>movimiento mundial</em></a><em>, </em>dedicado a repartir abrazos anónimos y espontáneos por doquier. Tierno pero, ¿acaso son lo mismo los abrazos anónimos que los que nos brindan nuestros seres queridos?</p>
<p>Es la pregunta que lleva años haciéndose Juulia Suvilehto, neurocientifica de la Universidad Aalto, en Finlandia. Y parece tener ya la respuesta. Por un lado, el simple contacto piel con piel tiene efectos por sí mismo, <em>“independientemente de si nos tocan las manos de un masajista desconocido o nos abraza un buen amigo”</em>, apunta. Sin ir más lejos, existen pruebas de que abrazarnos unos a otros reduce significativamente la <a href="https://journals.lww.com/psychosomaticmedicine/Abstract/2008/11000/Influence_of_a__Warm_Touch__Support_Enhancement.4.aspx" target="_blank"><em>presión arterial</em></a>, con todos los beneficios que eso conlleva para la salud. Además de bajar los niveles de cortisol, la dañina hormona del estrés.</p>
<p>En cuanto al contacto físico tenemos preferencias claras: si nos dan a elegir, la mayoría escogemos que nos toque un buen amigo o una pareja sentimental</p>
<p>Sin embargo, en las relaciones sociales se añaden otros elementos que amplifican el efecto. Dicho de otro modo, los beneficios fisiológicos y psicológicos de los abrazos se multiplican si nos tocan ciertas personas. “En cuanto al contacto físico tenemos preferencias claras: si nos dan a elegir, la mayoría escogemos que nos toque un buen amigo o una <a href="https://www.pnas.org/content/112/45/13811" target="_blank"><em>pareja sentimental</em></a><em>, </em>y <em>el contacto físico es mucho más agradable con un conocido que con un extraño, aunque objetivamente la cinemática del tacto sea idéntica”</em>, afirma Suvilehto.</p>
<p>La neurocientífica finlandesa colaboró el año pasado con Dunbar en un <a href="https://royalsocietypublishing.org/doi/full/10.1098/rspb.2019.0467" target="_blank"><em>estudio</em></a> en cinco países europeos y Japón en el que constataron que, independientemente de nuestro origen y acervo cultural, permitimos que toquen más zonas de nuestro cuerpo cuanto más estrecha es nuestra relación con alguien.</p>
<p><em>“A pesar de los distintos que somos los finlandeses de los japoneses o los italianos, en todos los casos está asociado directamente cuánto queremos que alguien nos toque, y cuánta superficie corporal permitimos que nos toquen, con lo estrecha que es la relación con cada persona”</em>, aclara la experta.</p>
<p><em>“Lo heredamos de nuestros antepasados: monos y primates mantienen sus relaciones sociales acicalándose y desparasitándose unos a otros, y nosotros mediante caricias y abrazos”</em>, añade Dunbar. En ambos casos, <em>“las neuronas C-táctiles mandan al cerebro la orden de estimular la liberación de endorfinas, que entre otras cosas tiene un efecto analgésico 30 veces superior a la morfina”</em>, aclara.</p>
<p><strong>Las consecuencias del distanciamiento social</strong></p>
<p>Sin embargo, no está claro cómo se aplica todo este conocimiento a la situación originada por la pandemia. <em>“No sabemos hasta qué punto tocarnos influye en cómo establecemos y mantenemos relaciones humanas, pero supongo que mucho. Ahora nos cuesta más conservar las relaciones sin ese contacto físico”</em>, opina Suvilehto.</p>
<p><em>“No quiero decir que sea contraproducente pedir el distanciamiento social: hacerlo plantea nuevos retos para nuestra salud mental y física a largo plazo. Pero el SARS-CoV-2 es una amenaza inmediata y no queda más remedio. No envidio a los que tienen que tomar decisiones epidemiológicas en estos momentos”,</em> reconoce.</p>
<p>Cristina Márquez Vega cuestiona que, si bien nos centramos en hablar de la pérdida de abrazos, besos y contactos sociales directos con nuestros allegados, hay más factores. <em>“No deberíamos olvidar dos cambios importantes que esta nueva normalidad ha traído: el distanciamiento social y la capacidad de interpretar señales sociales faciales tras una mascarilla”,</em> subraya.</p>
<p>Robin Dunbar está convencido de que, si el distanciamiento social se prolonga en el tiempo, <em>“merma la calidad de nuestras amistades (y el número) y puede resentirse la supervivencia”</em></p>
<p>Aunque la distancia interpersonal es muy dependiente de las culturas, incorporar un cambio en lo que debería ser nuestra <em>“distancia normal”</em> con los demás supone un esfuerzo consciente para todos. <em>“Lo que era natural tiene que ser readaptado, y generar nuevos hábitos lleva tiempo y requiere de procesos plásticos en diferentes áreas del cerebro, como la corteza prefrontal y su conexión con los ganglios basales”</em>, aclara.</p>
<p><em>“Esto no es trivial: aumentar la distancia de nuestro interlocutor hace que muchas veces sintamos que las interacciones son artificiales, y en muchos casos hasta frustrantes”</em>, insiste la neurocientífica. Mantener una atención sostenida en un contexto de tanta incertidumbre como el actual <em>“supone un alto gasto cognitivo, que depende del funcionamiento de la corteza prefrontal, entre otras, y que seguramente explique los problemas de atención y razonamiento abstracto que mucha gente está experimentando”.</em></p>
<p>Por su parte, Dunbar está convencido de que, si el distanciamiento social se prolonga en el tiempo, <em>“merma la calidad de nuestras amistades (y el número) y puede resentirse la supervivencia, porque perdemos los beneficios que acarrea el contacto humano para la salud”.</em></p>
<p>Pero coincide con Juulia Suvilehto en el orden de prioridades: <em>“Nada en la vida sale gratis: por cada beneficio, pagamos un precio”</em>, reflexiona. <em>“Ahora lo más importante es parar la COVID-19, así que tendremos que preocuparnos por nuestros contactos más adelante. Si no sobrevivimos al virus, tener amigos servirá de poco”.</em></p>
<p><a href="https://www.agenciasinc.es/Reportajes/Que-dice-la-neurobiologia-de-la-distancia-social-y-la-falta-de-abrazos" target="_blank"><strong>diciembre 20/2020 (SINC)</strong></a></p>
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		<title>Los murciélagos vampiro guardan distancia social cuando enferman</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Oct 2020 04:02:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Dra. María Elena Reyes González]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Higiene y epidemiología]]></category>
		<category><![CDATA[Medio ambiente]]></category>
		<category><![CDATA[distanciamiento]]></category>
		<category><![CDATA[murciélagos vampiros]]></category>

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		<description><![CDATA[Una nueva investigación muestra que cuando los murciélagos vampiro se sienten enfermos, se distancian socialmente de sus compañeros de grupo en su lugar de descanso. Los investigadores les dieron a los murciélagos vampiros salvajes una sustancia que activaba su sistema inmunológico y los hacía sentir enfermos durante varias horas, y luego los devolvieron a su [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Una nueva investigación muestra que cuando los murciélagos vampiro se sienten enfermos, se distancian socialmente de sus compañeros de grupo en su lugar de descanso.<span id="more-88809"></span></p>
<p><img class=" wp-image-81680 size-thumbnail alignleft" title="Los murciélagos vampiro guardan distancia social cuando enferman" src="http://boletinaldia.sld.cu/aldia/files/2020/02/murciélago-150x99.png" alt="murciélago" width="150" height="99" />Los investigadores les dieron a los murciélagos vampiros salvajes una sustancia que activaba su sistema inmunológico y los hacía sentir enfermos durante varias horas, y luego los devolvieron a su refugio. Un grupo de control de murciélagos recibió un placebo.</p>
<p>Los datos sobre el comportamiento de estos murciélagos se transmitieron a los científicos mediante computadoras «mochila» hechas a medida que estaban pegadas a la espalda de los animales, registrando los encuentros sociales de los murciélagos vampiros.</p>
<p>En comparación con los murciélagos de control en su hogar de árbol hueco, los murciélagos enfermos interactuaron con menos murciélagos, pasaron menos tiempo cerca de otros y, en general, fueron menos interactivos con individuos que estaban bien conectados con otros en el gallinero.</p>
<p>Los murciélagos sanos también tenían menos probabilidades de asociarse con un murciélago enfermo, mostraron los datos.</p>
<p><em>«El distanciamiento social durante la pandemia de COVID-19, cuando nos sentimos bien, no se siente particularmente normal. Pero cuando estamos enfermos, es común retraernos un poco y permanecer en la cama más tiempo porque estamos agotados. Y eso significa que es probable que tengan menos encuentros sociales»</em>, dijo en un comunicado Simon Ripperger, coautor principal del estudio e investigador postdoctoral en evolución, ecología y biología de organismos en la Universidad Estatal de Ohio.</p>
<p><em>«Eso es lo mismo que observamos en este estudio: en la naturaleza, los murciélagos vampiro, que son animales muy sociales, mantienen la distancia cuando están enfermos o viven con compañeros de grupo enfermos. Y se puede esperar que reduzcan la propagación de enfermedades como resultado». El estudio fue publicado en la revista <strong><a title="https://academic.oup.com/beheco/advance-article/doi/10.1093/beheco/araa111/5937165?searchresult=1#" href="https://academic.oup.com/beheco/advance-article/doi/10.1093/beheco/araa111/5937165?searchresult=1#" target="_blank">Behavioral Ecology</a>.</strong></em></p>
<p>Para este trabajo, los investigadores capturaron 31 murciélagos vampiros comunes que viven dentro de un árbol hueco en Lamanai, Belice. Inyectaron a 16 murciélagos la molécula que indujo el desafío inmunológico, pero no causó la enfermedad, y 15 con solución salina, un placebo.</p>
<p>Después de devolver a los murciélagos a su grupo, los científicos analizaron los comportamientos sociales en la colonia durante tres días, incluido un «período de tratamiento» de tres a nueve horas después de las inyecciones durante el cual los investigadores atribuyeron los cambios de comportamiento a los efectos de que los murciélagos tratados se sintieran enfermos.</p>
<p><strong>octubre 28/2020 (Europa Press) Tomado de la Selección Temática sobre Medicina de Prensa Latina. Copyright 2019. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A.</strong></p>
<p><strong>Referencia Bibliográfica:</strong></p>
<p>Ripperger S.P., Stockmaier S., Carter G.G.: <a title="https://academic.oup.com/beheco/advance-article/doi/10.1093/beheco/araa111/5937165?searchresult=1#" href="https://academic.oup.com/beheco/advance-article/doi/10.1093/beheco/araa111/5937165?searchresult=1#" target="_blank"><em>Tracking sickness effects on social encounters via continuous proximity sensing in wild vampire bats</em></a>, <em>Behavioral Ecology</em>, , araa111, <a href="https://doi.org/10.1093/beheco/araa111">https://doi.org/10.1093/beheco/araa111</a></p>
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		<title>Un proyecto internacional analiza el impacto psicológico del coronavirus</title>
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		<pubDate>Fri, 29 May 2020 04:02:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Dra. María Elena Reyes González]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Un investigador de la Universidad de Granada (UGR) participa en un macroestudio internacional denominado COVIDiSTRESS, que analizará el impacto psicológico del coronavirus en la población. En este proyecto participan más de 100 investigadores/as de 50 países de todo el mundo, y la UGR es la única institución española que forma parte del mismo. Tao Coll [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Un investigador de la Universidad de Granada (UGR) participa en un macroestudio internacional denominado COVIDiSTRESS, que analizará el impacto psicológico del coronavirus en la población. En este proyecto participan más de 100 investigadores/as de 50 países de todo el mundo, y la UGR es la única institución española que forma parte del mismo.<span id="more-84205"></span></p>
<p><img class="alignleft wp-image-69933 size-thumbnail" title="Un proyecto internacional analiza el impacto psicológico del coronavirus." src="http://boletinaldia.sld.cu/aldia/files/2018/09/Esta-comprobado-las-preocupaciones-y-el-estres-destruyen-nuestro-sistema-inmunitario-3-150x150.jpg" alt="Un proyecto internacional analiza el impacto psicológico del coronavirus" width="150" height="150" />Tao Coll Martín, investigador del departamento de Metodología de las Ciencias del Comportamiento de la Facultad de Psicología, se ha sumado a este proyecto de investigación, que surgió de una publicación en un grupo de Facebook sobre investigación en psicología por parte de un profesor de la Universidad de Aarthus, Dinamarca, Andreas Lieberoth.</p>
<p>“Este profesor hizo un llamamiento a científicos/as de todo el mundo para, en un tiempo record, poder elaborar, traducir y divulgar una encuesta sobre el impacto psicológico de la situación en la que nos encontramos derivada del coronavirus, y la UGR se sumó a este proyecto”, señala Coll.</p>
<p>La traducción al español de la encuesta se titula <strong>«¿Cómo está afectando el coronavirus a tu vida?»</strong>, y evalúa las principales variables o aspectos psicológicos que pueden verse afectados por la situación derivada del COVID-19, tales como <em>el estrés, la soledad percibida, la confianza en gobiernos y otras instituciones, el grado de cumplimiento con las medidas de prevención, el grado de preocupación por las consecuencias de esta situación y otras</em>.</p>
<p>Más allá de los contenidos que evalúa, el investigador de la UGR señala que“lo que hace especial al estudio COVIDiSTRESS es la enorme velocidad de propagación que ha tenido, pues desde su lanzamiento el 30 de marzo llevamos alrededor de 115 000 participantes de 169 países distintos. Esto ha sido posible gracias al gran compromiso y empeño que hemos puesto más de 100 investigadores/as de más de 50 países de todo el mundo, logrando traducir la encuesta a 58 idiomas distintos y darle difusión”.</p>
<p>Aunque de momento la investigación continúa en una fase de recogida de datos, que los investigadores pretenden prolongar hasta finales de mayo, los autores tienen planeado enviar pronto los primeros informes de esta investigación, tanto a organismos científicos como a instituciones de la Unión Europea.</p>
<p>“Además, otro aspecto de gran atractivo del proyecto es que trabajamos en un marco denominado de ciencia abierta. Esto implica que base de datos con todas las respuestas (anónimas) a la encuesta está públicamente disponible en su totalidad para que cualquier investigador/a, miembro u organismo interesado pueda llevar a cabo sus propios análisis y, de este modo, se pueda maximizar la utilidad de este trabajo”, señala Tao Coll.</p>
<p><a href="https://www.dicyt.com/noticias/un-proyecto-internacional-analiza-el-impacto-psicologico-del-coronavirus" target="_blank"><strong>mayo 28/2020 (Dicyt)</strong></a></p>
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		<title>El aislamiento social afecta al bienestar de humanos y de otros mamíferos</title>
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		<pubDate>Tue, 26 May 2020 04:06:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Dra. María Elena Reyes González]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Bienestar, salud y calidad de vida]]></category>
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		<description><![CDATA[El SARS-CoV-2 nos ha obligado a distanciarnos. Según una revisión de estudios realizados en animales, desde monos hasta ratones, la ausencia prolongada de interacción social puede no solo perjudicar la salud mental, sino también aumentar el riesgo de mortalidad. El entorno social en cualquier momento de nuestra vida condiciona nuestras experiencias vitales y también nuestra [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El SARS-CoV-2 nos ha obligado a distanciarnos. Según una revisión de estudios realizados en animales, desde monos hasta ratones, la ausencia prolongada de interacción social puede no solo perjudicar la salud mental, sino también aumentar el riesgo de mortalidad.<span id="more-84143"></span></p>
<p><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-83565" src="http://boletinaldia.sld.cu/aldia/files/2020/05/niño-confinado-en-casa-150x113.jpg" alt="niño confinado en casa" width="150" height="113" />El entorno social en cualquier momento de nuestra vida condiciona nuestras experiencias vitales y también nuestra salud. Esta influencia no es exclusiva del ser humano. En el reino animal, decenas de especies comparten la necesidad de interacción social para sobrevivir.</p>
<p>En un estudio publicado en la revista <a href="https://science.sciencemag.org/cgi/doi/10.1126/science.aax9553" target="_blank"><em><strong>Science</strong></em></a>, un equipo internacional de científicos ha querido comprobar cómo afecta a la salud y al riesgo de mortalidad el distanciamiento social, y para ello ha revisado la literatura científica sobre estos factores sociales en el bienestar de otros mamíferos, <em>desde roedores, delfines, caballos hasta primates no humanos.</em></p>
<p><em>“Los humanos somos animales sociales, por lo que para comprender cómo nuestros entornos sociales afectan a nuestra salud,  </em>podemos mirar a otros animales con los que compartimos una historia evolutiva”, explica a SINC Noah Snyder-Mackler, autor principal del trabajo e investigador en el Centro de Evolución y Medicina de la Universidad del Estado de Arizona de Estaos Unidos.</p>
<p>Los investigadores decidieron centrarse en los estudios sobre animales porque la sociedad humana actual ha introducido otros factores sociales que influyen en la salud, como son el acceso a la atención médica y el cuidado de la alimentación. “<em>Estas variables en realidad dificultan la identificación de si la adversidad social causa mala salud y de qué manera</em>”, añade el científico.</p>
<p><strong>Cómo afecta a la salud el aislamiento </strong></p>
<p>El estudio revela que las relaciones e interacciones sociales pueden alterar la fisiología animal, el riesgo de enfermedad y la esperanza de vida, y confirma que el aislamiento social está asociado con un mayor riesgo de mortalidad, como ya se había demostrado en estudios en humanos. De hecho, esta fue una de las razones que empujó al Reino Unido a crear en 2018 una <a title="https://www.gov.uk/government/news/pm-launches-governments-first-loneliness-strategy" href="https://www.gov.uk/government/news/pm-launches-governments-first-loneliness-strategy" target="_blank"><em>estrategia contra la soledad</em></a>.</p>
<p><strong>En la pandemia, los efectos negativos de la cuarentena serán superados por el impacto positivo que tiene la disminución de las infecciones</strong></p>
<p><em>“Sabíamos que uno de los indicadores más fuertes de todas las causas de mortalidad, incluso por encima de beber y fumar, es estar socialmente aislado”</em>, corrobora Snyder-Mackler. Con su estudio, el investigador demuestra que este vínculo entre el aislamiento social y la mortalidad se encuentra en todo el reino animal de manera <em>“sorprendentemente”</em> similar.</p>
<p>“Los animales que están menos conectados socialmente tienden a vivir vidas más cortas en todos los ámbitos”, apunta el científico, que junto a sus compañeros trató de entender la razón. “Una hipótesis es que estar conectado socialmente significa tener un entorno más predecible y menos estresante. Y sabemos que el estrés puede afectar negativamente al sistema inmunitario”, recalca a SINC.</p>
<p>Estos resultados coinciden con las actuales medidas de distanciamiento social para evitar la propagación de contagios por SARS-CoV-2. “No quiero deducir que este distanciamiento social vaya a afectar drásticamente la salud y la supervivencia, pero ciertamente está afectando a la salud mental”, dice el científico.</p>
<p>Sin embargo, los investigadores consideran que, en este caso, los efectos negativos de la cuarentena serán superados por el impacto positivo que tiene la disminución de las infecciones. El equipo también recomienda mantenerse conectado.</p>
<p>Aunque no se pueda estar físicamente con amigos y familiares, se puede hacer virtualmente. Llame a sus abuelos, haga videollamadas a su familia, envíe mensajes a sus amigos. Estas conexiones están profundamente arraigadas en nuestra historia evolutiva y pueden protegernos de las consecuencias negativas para la salud provocadas por tiempos inciertos, concluye Snyder-Mackler.</p>
<p><a href="https://www.agenciasinc.es/Noticias/El-aislamiento-social-afecta-al-bienestar-de-humanos-y-de-otros-mamiferos%20" target="_blank"><strong>mayo 25/2020 (SINC)</strong></a></p>
<p><strong>Referencia: </strong></p>
<p>Snyder-Mackler N. et al. “<a href="https://science.sciencemag.org/cgi/doi/10.1126/science.aax9553%20 Fuente:" target="_blank"><em>Social determinants of health and survival in humans and other animals</em></a>” Science 21 de mayo de 2020</p>
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		<title>La historia de la humanidad es un relato de lucha contra las epidemias y las enfermedades en general</title>
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		<pubDate>Mon, 25 May 2020 04:01:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Dra. María Elena Reyes González]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Bienestar, salud y calidad de vida]]></category>
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		<description><![CDATA[Para Adolfo Carrasco Martínez, director del Instituto Universitario de Historia Simancas (IUHS) y profesor de Historia Moderna de la Universidad de Valladolid (UVa), este confinamiento nos hace echar la vista atrás y recapacitar sobre la recurrencia de las epidemias a lo largo de la Historia. Y ésta nos dice que la población estaba más acostumbrada [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Para Adolfo Carrasco Martínez, director del Instituto Universitario de Historia Simancas (IUHS) y profesor de Historia Moderna de la Universidad de Valladolid (UVa), este confinamiento nos hace echar la vista atrás y recapacitar sobre la recurrencia de las epidemias a lo largo de la Historia. Y ésta nos dice que la población estaba más acostumbrada y sabía lo qué hacer en estos casos. <span id="more-84092"></span><img class="alignleft wp-image-83307 size-thumbnail" title="La historia de la humanidad es un relato de lucha contra las epidemias y las enfermedades en general." src="http://boletinaldia.sld.cu/aldia/files/2020/04/distanciamiento-social-150x106.jpg" alt="distanciamiento social" width="150" height="106" />La paradoja actual, según explica, es que, a mayor bienestar derivado de la interrelación entre personas y mercancías, más peligro de que se extienda este nuevo virus. Y la gran diferencia entre esta crisis sanitaria y las anteriores es que antes las epidemias las gestionaban las autoridades locales, más cercanas a los problemas.</p>
<p><strong> El confinamiento es el recurso que se está utilizando para parar esta pandemia, a usted como historiador le resultará familiar. ¿Fueron tan similares los métodos para combatir otras pandemias a lo largo de la historia?</strong></p>
<p><em>Esta ha sido desde siempre la reacción social y política básica ante un agente contagioso: para evitar su propagación invisible, no cabe otra posibilidad que aislarse.</em> Es la respuesta primaria de autopreservación que además lleva implícito el reconocimiento de impotencia ante el enemigo invisible. Así se hacía cuando se declaraba la peste, se cerraba la ciudad, los vecinos se enclaustraban en sus casas, se trataba de aislar a los enfermos y sus familias, se quemaban los cadáveres o se sacaban del perímetro urbano. Antes de que se produjera el confinamiento, quienes podían habían huido al campo. Al resto, solo les quedaba la reclusión a la espera de que la virulencia remitiese. Estos eran mecanismos recurrentes porque las epidemias eran muy frecuentes. En las Edades Media y Moderna, cada diez o quince años, había brotes epidémicos más o menos intensos. Así que el azote era más frecuente, pero al mismo tiempo, la población estaba más acostumbrada y sabía qué hacer. Estaban más acostumbrados a vivir amenazados. Creo que uno de los problemas actuales es que estamos perplejos ante el problema, porque no tenemos memoria de situaciones parecidas.</p>
<p><strong>Imagino que en estos días los historiadores tienen un papel importante al ser consultados como fuentes de los medios de comunicación para recordar las pandemias pasadas.</strong></p>
<p>Ante lo sucedido se buscan situaciones parecidas en el pasado que nos puedan dar luz sobre el presente. Pero la <em>situación es muy diferente, porque la historia nunca se repite.</em> Este virus es nuevo y vemos como la ciencia está tan sorprendida como el resto de la sociedad. <em>Lo que se repiten son las debilidades de la naturaleza humana, como el miedo, la ignorancia, las vacilaciones del poder ante lo desconocido, pero también la generosidad, la solidaridad y la resiliencia.</em> Históricamente, todo eso también se ha dado en crisis parecidas. Y con afán de ser positivo, en todo caso, lo que la historia de las epidemias nos enseña es que de todas se ha salido; con más o menos cicatrices, pero se sale. Por eso estamos aquí.</p>
<p><strong>Nos sentíamos protegidos, pero la historia nos recuerda que las crisis sanitarias son recurrentes a lo largo de los siglos. ¿Cuáles han sido las más importantes? ¿Cómo afectaron a la población?</strong></p>
<p>No es exagerado decir que la historia de la humanidad es un relato de lucha contra las epidemias y las enfermedades en general. No olvidemos que dos factores de civilización y desarrollo de las sociedades, como el crecimiento de las ciudades, y la consiguiente concentración de población, y la intensificación de las comunicaciones, viajes comerciales o de exploración, son también dos aceleradores de los contagios. Tenemos noticias directas o indirectas de constantes epidemias que azotaron a las civilizaciones más urbanizadas y más dinámicas. Y lo que quizá sorprenda más es la extraordinaria recurrencia de este tipo de catástrofes sanitarias.</p>
<p>El área mediterránea, la más poblada, urbanizada y desarrollada de Europa, empezó a sufrir periódicamente epidemias desde, al menos, el siglo V a. C. Luego las padeció el Mediterráneo romano, como por ejemplo la peste antonina del año 166, que se extendió siguiendo las rutas marítimas y las calzadas. Quizá la epidemia más grave fue la peste de 542, que vino desde Constantinopla, la gran metrópoli oriental, hasta el occidente europeo y África, y se llevó el 40 por ciento de la población de algunas regiones.</p>
<p>Quizá la Peste Negra de mediados del siglo XV sea la gran pandemia de la historia. Se caracterizó por su rápida propagación y su letalidad (las cifras estimadas de muertos van desde los 25 a los 50 millones).</p>
<p>Algunas ciudades quedaron casi abandonadas y tuvo graves consecuencias demográficas y económicas, puesto que la recuperación de las cifras anteriores no se produjo hasta cien años después. También hay que tener en cuenta el impacto infeccioso de la llegada de los europeos a América, aunque no fue inmediato. Los descubridores y los conquistadores llevaron consigo la <em>viruela y la sífilis</em> a poblaciones que no tenían anticuerpos contra estos males, de modo que se diezmó la población local en los cincuenta años siguientes a la llegada de Colón.</p>
<p>Por otro lado, la expansión económica y política de los Estados europeos en los siglos XVI y XVII estuvo acompañada por frecuentes brotes, unos locales, otros más generales. Si tomamos por ejemplo la ciudad de Valladolid, es posible constatar que, desde finales del siglo XV, cada vez diez o veinte años la ciudad recibía la visita ominosa <em>de la peste, el cólera, el tifus, la viruela o fiebres diversas</em>. Peores fueron los azotes padecidos por Sevilla, sobre todo a partir de que se convirtiese en la puerta del Atlántico; a pesar de todas las medidas de control de las tripulaciones de los barcos, la ciudad se vio golpeada por epidemias más o menos intensas, y eso sin dejar de crecer y prosperar. Sin embargo, hubo dos pestes que pusieron a Sevilla contra las cuerdas, una en los años noventa del siglo XVI y otra, la más mortífera, en 1649. Lo mismo sucedió con Londres, otra ciudad portuaria en expansión, que padeció un pico de peste en 1666, justo después del grave incendio que destruyó más de media ciudad.</p>
<p>La gran epidemia del siglo XVIII fue la peste que sacudió el Mediterráneo occidental desde Marsella, y afectó a todos los puertos del Tirreno, incluido Nápoles en 1722. El siglo XIX trajo mejoras higiénicas que atenuaron los golpes epidémicos, pero no pudo impedir que el cólera, traído de la India, se convirtiese en endémico en Inglaterra; era el peaje que debieron pagar por alzarse con un gran imperio colonial.</p>
<p><strong>¿Cuáles han sido las más recientes y más mortíferas? Se escucha en estos días hablar mucho de la gripe española.</strong></p>
<p>El pasado siglo, marcado por la gran matanza que fue la Primera Guerra Mundial, hubo de soportar, antes de que terminase el conflicto, una gran pandemia de gripe (<em>la mal llamada “española”</em>) que acabó con más seres humanos en todo el mundo que las víctimas de la contienda mundial. <em>Hay estudios que hablan de hasta cien millones de muertos en el planeta por esta gripe</em>.</p>
<p>Sería erróneo pensar que desde entonces no ha habido grandes epidemias, aunque el número de víctimas y sus efectos han sido más localizados. Es el caso del ébola en África, que desde 1976 ha venido golpeando ese continente precisamente en las zonas más deprimidas. También el virus de inmunodeficiencia humana (VIH), en los ochenta tuvo efectos devastadores hasta que la medicina lo ha ido controlando. En el siglo XXI y antes de la COVID-19, hemos experimentado epidemias de gripe A y el coronavirus SARS que, según estamos viendo, no han servido para activar mecanismos preventivos suficientes. <em>Esperemos que los organismos internacionales y los Estados, de una vez, desarrollen un sistema permanente de vigilancia y prevención epidémica.</em></p>
<p>Cualquier crisis sanitaria conlleva consecuencias en la economía de la zona afectada. En otras pandemias, ¿qué estragos causaron en las economías locales? ¿existen datos y documentos que den testimonio de su magnitud?</p>
<p>Tengamos en cuenta que tradicionalmente las epidemias no eran fenómenos únicos, sino que estaban asociadas a otras catástrofes. En las sociedades preindustriales, era frecuente que una peste, por ejemplo, se produjese al mismo tiempo que una guerra (en una ciudad sitiada largo tiempo) que, además, se acompañaba de hambre o carestía de alimentos básicos, por colapso de los mercados o falta de mano de obra en los campos. También la epidemia podía venir justo después de una inundación, una larga sequía o un terremoto. Si a ello le añadimos que las economías agrarias eran frágiles en sí mismas, nos queda un cuadro de inestabilidad económica y con tendencia a quebrase periódicamente.</p>
<p><strong>¿Qué diferencias puede haber con respecto a las anteriores?</strong></p>
<p>En la actual pandemia estamos sufriendo la cara amarga de disponer de medios de comunicación asequibles entre continentes, de la globalización económica y la interrelación de los mercados. La paradoja actual es que, a mayor bienestar derivado de la interrelación entre personas y mercancías, más peligro de que se extienda este nuevo virus.</p>
<p><em>La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un informe que alertaba en septiembre de que el riesgo de que se produjera una pandemia global estaba creciendo.</em> Antes no existían este tipo de organismos que advirtieran de los peligros, sin embargo, muchos países hemos hecho caso omiso de las advertencias, <strong>¿cree usted que no aprendemos de la historia?</strong></p>
<p>Yo creo que la gran diferencia respecto del pasado es que las epidemias se gestionaban por las autoridades locales, las más cercanas a los problemas. Si se declaraba la peste en Valladolid, era el ayuntamiento el que activaba las medidas, como sacar los enfermos fuera de la ciudad, clausurar las casas donde se hubiese producido un enfermo, quemar los cuerpos y los objetos que pudiesen estar contaminados, asegurar en la medida de lo posible el suministro de alimentos y sus precios.</p>
<p>No esperaban que una autoridad superior tomase las riendas de la situación. Y si algo hay que aprender del pasado es que la solución de los problemas, de salud o económicos, no van a venir de fuera, sino que dependen de la comunidad a la que se pertenece y, sobre todo, de cómo cada uno es capaz, con su propia responsabilidad, de contribuir a su cuidado personal, al de su familia y al de su localidad. En mi opinión, en la crisis del coronavirus, seguramente porque nadie tiene memoria o experiencia similar, hemos depositado una excesiva credibilidad tanto en la política como en la ciencia, y se está demostrando que tan sorprendidos y dubitativos están los científicos y los responsables públicos como el resto de la sociedad.</p>
<p>¿<strong>Cree usted, como vaticinan algunos, que esta crisis puede abocarnos a una nueva etapa de la historia?</strong></p>
<p>Es difícil determinarlo ahora mismo, cuando estamos inmersos en la crisis y aún no sabemos cuándo y cómo saldremos. El historiador no es como el sociólogo, el politólogo o el economista, que analizan los fenómenos mientras están sucediendo <em>(y por eso se equivocan tanto)</em>. El historiador necesita una mínima distancia con los acontecimientos, que le dé perspectiva y juicio reposado. En todo caso, lo que parece es que están cambiando muchas cosas relativas a nuestra manera de relacionarnos, de consumir y, lo que más nos importa a nosotros como universitarios, el modo de generar y de transmitir conocimiento. Es pronto para saber si estos cambios sobrevenidos van a permanecer y por ello van a marcar un antes y después decisivo, o si por el contrario las nuevas fórmulas, por lo menos las más radicales que ahora se nos han impuesto, serán arrinconadas en cuanto sea posible. Lo que me parece más importante es que, como sociedad, no permitamos que el poder imponga restricciones de las libertades alcanzadas con el pretexto de proteger la salud.</p>
<p><strong>En esta era de internet, inteligencia artificial y big data, ¿cómo se adaptan los historiadores?</strong></p>
<p>Hasta ahora estos cambios se estaban introduciendo lentamente en el trabajo de los historiadores, pero no cabe duda de que la excepcional situación actual los está acelerando. De un día para otro, nos hemos vistos obligados a recurrir solo a lo digital. Esta tendencia va a seguir cuando termine la emergencia. Sin embargo, creo que el trabajo del historiador, tan particular porque trata de comprender los hechos y comportamientos humanos, necesita la sutileza de la interpretación, y eso no puede dejarse en manos de algoritmos o de la mera acumulación de información. Al fin y al cabo, la tarea de historiar es explicar lo singular, lo humano individual o colectivo, que por mucho que esté condicionado, nunca está determinado absolutamente por el marco que pueda establecerse a partir de millones de datos y sus conexiones. En lo que sí nos podrá ayudar en el futuro la tecnología de los datos masivos es el acceso y ordenación de un gran caudal de información. La interpretación, que es el desafío del historiador, es siempre espacio para la razón, el juicio y la experiencia, y estos elementos siempre se escaparán a las máquinas. O al menos eso es lo deseable.</p>
<p><a href="https://www.dicyt.com/noticias/la-historia-de-la-humanidad-es-un-relato-de-lucha-contra-las-epidemias-y-las-enfermedades-en-general" target="_blank"><strong>mayo 22/20202 (Dicyt)</strong></a></p>
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