El frío seco agrava los síntomas de la dermatitis atópica infantil .Expertos recuerdan que los cambios de temperatura, habituales en esta época del año, aumentan el prurito, el rascado y la aparición de lesiones propias de la dermatitis atópica.

El frío seco, los cambios bruscos de temperatura y las calefacciones altas «empeoran las condiciones» de los menores afectados por la dermatitis atópica o eccema atópico, al propiciar la deshidratación de la piel», ha asegurado la doctora Elena Alonso, vicepresidenta de la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP).

Los cambios de temperatura, habituales en esta época del año, «aumentan el prurito, el rascado y la aparición de lesiones propias de la dermatitis atópica», señala esta experta, quien destaca que el aumento de casos en los meses fríos.

Además, abrigar en exceso a los niños «puede provocar sudoración y agravar los síntomas y hay que prestar atención al roce de las prendas de ropa con la piel, porque puede desencadenar brotes», advierte la pediatra.

Asimismo, las altas temperaturas de las calefacciones «aumentan la sequedad de las estancias interiores y esto también incide en el empeoramiento de los niños porque facilitan que la piel se reseque en exceso», asegura. También se deben airear las estancias y aumentar la humedad de las habitaciones con recipientes con agua en los radiadores. Esta especialista advierte de que «no se debe abusar de los humidificadores porque, incluso, pueden ser negativos».

La dermatitis atópica es la enfermedad de la piel más frecuente en niños y suele manifestarse a partir de los cuatro meses de edad», explica la doctora Alonso. Entre sus síntomas se encuentran «sequedad, aparición de rojeces e inflamación, descamación, prurito o picor», añade.

El estado inflamatorio asociado causa un aumento de la reactividad de la piel, «que hace que ésta responda ante la presencia de estímulos como el frío, los cambios de temperatura, determinadas ropas, jabones, sudoración y otros», expone.

Entre sus causas, la más identificable es la alergia, «que actúa muy a menudo también como desencadenante o como síntoma asociado a la dermatitis. Algunas de las más habituales son las alimentarias o las provocadas por sustancias ambientales», indica. Entre las primeras, la enfermedad más común asociada es la alergia al huevo aunque también puede asociarse a alergia a leche, los frutos secos, los pescados o las legumbres. Entre los alérgenos ambientales destacan los ácaros y pólenes, los hongos y la caspa de animales.

La dermatitis atópica es una enfermedad crónica que afecta a un 20 % de la población infantil en los países industrializados. Debido a que altera la calidad de vida de los niños y sus familias, la SEICAP recomienda una serie de acciones preventivas: mantener la piel bien hidratada; tomar baños o duchas con agua tibia; secar al niño sin frotar la piel; usar prendas de algodón y evitar cualquier tejido que pique, como la lana; y prestar atención a las uñas, deben estar cortas y limpias para evitar lesiones y su sobreinfección en caso de rascado.

Para su tratamiento, los pediatras alergólogos recomiendan asistir a un especialista en cuanto haya sospecha relacionada con la aparición de los síntomas. Un diagnóstico riguroso evaluará «la sintomatología, su duración, antecedentes personales o familiares, y hallazgos en la exploración del paciente», afirma la Dra. Alonso. Además, agrega, «es muy importante descartar otras enfermedades con las que se pueda confundir».

Noviembre 28/ 2014 (JANO)

 

marzo 4, 2015 | Dra. María Elena Reyes González | Filed under: Dermatología y Venerología, Enfermedades Dermatológicas, Enfermedades Inmunológicas, Medicina, Pediatría | Etiquetas: , , , |

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