Un año después de confirmarse la aparición de un nuevo tipo de gripe, convertida en la primera pandemia del siglo XXI, la Organización Mundial de la Salud (OMS) debe aún muchas explicaciones sobre cómo un virus de efectos moderados puso al mundo en un estado de pánico.
Aunque la alerta provocada por esta crisis sanitaria se difumina cada vez más en la memoria colectiva, siguen latentes sus consecuencias financieras y su negativo impacto en la reputación y credibilidad del organismo, referente mundial en materia de salud pública.
La OMS se ha defendido en los últimos meses señalando que su responsabilidad era imponer el principio de precaución ante un virus desconocido y cuya composición -combinando genes de las gripes humana, aviar y porcina- hizo temer a los científicos que estaban ante un virus altamente proclive a mutaciones peligrosas.
Sin embargo, en pocos meses se ha confirmado que el virus A (H1N1) (conocido como gripe A) no tenía la peligrosidad que se le atribuía, lo que ha dejado a numerosos países con millonarias deudas con la industria farmacéutica por la compra de gigantescas cantidades de vacunas.
Fue la voz de alarma lanzada por la OMS la que sirvió para justificar la producción en tiempo récord de una vacuna contra la gripe A, sobre la que se precipitaron los países industrializados, mientras que para el resto del mundo esos medicamentos estaban fuera del alcance de sus bolsillos.
Desde el interior del organismo sanitario surgieron críticas contra la cúpula a la que se reclamó en vano que explicara cómo se calculó el número de vacunas que compró cada país y por qué no se hizo un estudio serio de las personas a las que se debía vacunar (en lugar de dejar entender que toda la población debía ser inmunizada).
\”La OMS tenía que haber dicho que se necesitaba un cálculo cuidadoso del número de vacunas que cada país debía adquirir para evitar lo que sucedió con Francia, donde solo el 10% de la población se vacunó frente a 90 millones de dosis compradas (30 millones más que la población total)\”, explicó a Efe un experto de la Organización que pidió mantener su identidad en reserva.
Además, \”el discurso de vender y regalar las vacunas (que sobran) al mundo en desarrollo es irresponsable, porque el virus no será el mismo en la próxima estación de gripe\”, agregó al recordar que los virus de la gripe tienen una gran propensión a mutar y nunca son los mismos de un año a otro, razón por la que todos los años las vacunas tienen una nueva fórmula.
Las campañas de vacunación contra la gripe fueron, en la práctica, un gran fracaso, lo que en parte se debe al temor que causó en la opinión pública la celeridad con la que se desarrollo la vacuna. Incluso profesionales de la sanidad mostraron reticencias a la inmunización.
A finales de diciembre, la directora general de la OMS, Margaret Chan, confesó que aún no se había vacunado -arguyó falta de tiempo-, pese a que las vacunas estaban disponibles desde semanas atrás en Suiza, país sede del organismo y donde ella reside.
En los últimos meses diversas situaciones pusieron en entredicho la voluntad de transparencia de la dirección de la OMS, como su insistencia en seleccionar a los medios de prensa que podían entrevistarse personalmente con sus principales responsables en medio de una situación tan grave como la de una pandemia.
En enero pasado, varios gobiernos elevaron la voz en las instancias oficiales del organismo -incluido su Consejo Ejecutivo- para reclamar una evaluación independiente de la actuación de esta institución frente a la gripe A.
Y el 29 de marzo, la OMS anunció finalmente que un \”Comité de revisión\” formado por 29 expertos de distintos países y áreas, comenzará el 12 de abril una investigación -que se prolongará varios meses- sobre cómo se gestionó esta pandemia.
Pero el \”alcance\” de esta investigación será decidido por el propio Comité, según dijo el \”número dos\” de la OMS, Keiji Fukuda.
Entretanto, quedan pendientes también preguntas relacionadas con el silencio que guardó el organismo con respecto a la sensible cuestión de la propiedad intelectual de la vacuna, patentada y vendida por los laboratorios a un promedio de 10 dólares la dosis.
Se estima que si se hubiesen fabricado versiones genéricas, éstas habrían costado unos 2 dólares y hubiesen estado al alcance de muchos países en desarrollo a los que se hizo depender de las donaciones.
Los mecanismos para producir genéricos de un medicamento o vacuna están previstos en acuerdos internacionales en casos de \”emergencia sanitaria\”, un concepto que coincide claramente con una pandemia.
Ginebra, abril 07/2010 (EFE)

abril 8, 2010 | Lic. Aleida Figueroa Silverio | Filed under: Enfermedades transmisibles, Epidemiología, Salud Pública, Virosis | Etiquetas: , , |

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